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Las nueve musas
Las cartas sobre la musa

Las cartas sobre la musa

Ante este torrente de idearios preelectorales tan contundentes, cabe preguntarse: ¿alguien se acuerda de que tenemos una Constitución?

Más allá de mirar para otro lado cada vez que la ven, o defenderla sin ni  siquiera haberla leído, ¿no debería ser ella la única musa de nuestro presunto estado de derecho?

NRAEn un país donde casi todos los políticos se declaran constitucionalistas, ellos mismos no hacen otra cosa que no sea escribirles cartas de desamor. Una tras otra. Y no hacen falta tsunamis sociales, ni brutales quiebras en los engranajes financieros, ni tan siquiera existe movimiento popular que conmueva a nuestra clase política (o si se prefiere, a políticos de esa clase). En este momento, lo que se dirime ni aparece en la carta magna. En una partida tan descaradamente amañada, al equino y ecuestre líder de Vox le basta una frase para llevarse todo el protagonismo. Ni tan siquiera un programa. Un puñado de palabras y España es suya. Ahora, atrincherado en una campaña que aviva alegremente la oposición (y fichando para sus listas electorales a seis ex militares, varios de ellos firmantes de alguna que otra exaltación franquista), sale al ruedo el tema del derecho a vivir armados. ¡Pero qué clase de país es este en el que ni siquiera uno puede llevar un revólver o una escopeta de cartuchos para bajar a comprar el pan o el periódico! ¡Y qué si quiero un rifle automático por si Maduro se decide a invadirnos! Lo de la violencia doméstica no era hablar por hablar. Tan sólo prologaba esta propuesta de llenar los hogares de balas. Defenderse con armas es una prerrogativa, un derecho. Aunque, por ejemplo, no es con la miseria con la que se acaba a tiros, pero sí se puede abatir con ella a quienes la padecen.

Pero tampoco uno termina de entender ese requerimiento de Vox. Ellos no necesitan ir armados. Un miembro de VOX, José Ignacio Vega, además de pertenecer a grupo un neonazi para ir abriéndose camino en el mundo de la política, fue condenado en 1992 por la repugnante agresión que dejó con un 20% de discapacidad a un profesor de la Universidad de Valencia, el cual tan solo trataba de defender a un joven al que Vega propinaba una brutal paliza.

Esto de las armas que a lo más tendría que haberse ganado algunos chascarrillos en las redes, adquirió de pronto carácter de estado. Desde la oposición al completo hasta el propio gobierno, todos se mostraron contrarios al disparate, cuando el verdadero dislate era ponerse todos a discutir sobre algo de lo que ni siquiera tendría que haberse comentado. Todos los partidos legitiman las ideas de Vox, y Vox marca la agenda, el paso a seguir por cuanto partido concurra a las elecciones, algo que deberían tener en cuenta sabiendo que otra de las propuestas de la caballería de Abascal es directamente prohibir la existencia de determinadas fuerzas políticas, desde independistas a cuanto rojo bolchevique haya logrado la KGB colar entre las filas de nuestra impecable clase política, en algunos casos tan impoluta que ni siquiera se han tenido que manchar las manos de tinta para llenarse de títulos universitarios falsos.

El viejo edicto marxista sigue en vigor. ¿Por qué lo llaman regeneración cuando quieren decir degeneración?

Marcos de Quinto
Marcos de Quinto

Y claro, bajo esa premisa, las nuevas incorporaciones a los partidos desconciertan. Rivera, el cual ya no sabe qué hacer para remontar la ola de fascismo con la que se dirige directamente hacia un desastre electoral, opta por presentarnos a su número dos para las elecciones generales, Marcos de Quinto, cuya apasionante trayectoria política pasa por ser ex vicepresidente de Coca-Cola, y escribir cientos y cientos de “tuits” para arremeter contra todo lo que se le ponga por delante y no huela a exhumación, un experto en marketing porque ya no se trata de ofrecer ideas, sino de vender productos tan prefabricados y artificiales con el propio Albert Rivera. Leamos, por ejemplo, su definición del actual presidente del Gobierno, Pedro Sánchez:

“un resentido sin escaños apoyado por una izquierda bolivariana en ruinas, un independentismo lisérgico y unos ex terroristas en blanqueo”

Habrá que darle las gracias a San Samuel Colt de no ser (todavía) parte del santoral de nuestros píos próceres.

Ya hasta las cadenas que en teoría están buscando algo de rigor periodístico, también aparcan la ética y se abrazan a esta ceremonia de confusión. La Sexta, sin ir más lejos, y en un mismo fin de semana, sometió a dos líderes de la oposición a entrevistas radicalmente distintas. Ana Pastor, en su programa, pudo hablar con Pablo Casado, y fue tan condescendiente con él, que, quitando esa curiosa costumbre que tiene de interrumpir, no se mostró nada incisiva, más bien al contrario, y el presidente del PP soltó su chorreo de paridas, y afirmó que Sánchez es un golpista (ergo, vivimos bajo el yugo de un tirano, eso sí, tirano efímero), y, una vez más, alardeó de que él es la única posibilidad de salvar España y que, quién lo puede dudar a estas alturas, lo primero que hará al llegar al gobierno será bajar todos los impuestos. Las chuches ya por los suelos. Muy al contrario que Hilario Pino, cuya entrevista al regresado Pablo Iglesias tendría que hacer que todos nos planteáramos que también algunos periodistas deberían dimitir después de mostrar tan a las claras sus intenciones. Porque atosigar a Iglesias sobre el uso que había hecho de su permiso de paternidad hubiera resultado simplemente patético de no ser porque uno ya está harto de que tanto periodista lo único que haga es enturbiar lo que, en teoría, debería intentar aclarar, y sin recurrir a paridas mentales cuando tendrían que hablar de un país que se sigue desangrando. Menudas entrevistas. Sería recomendable que a partir de ahora tanto Ana Pastor como Hilario Pino presenten sus programas llevando una entrevista aclarándonos a quienes debemos votar y dejen de hablar de periodismo de investigación, cuando sólo logran instigar. Tanto subterfugio nos sigue condenado a no salir del pasado. Y ya no son meros espejismos. El número dos del Partido Popular en las próximas elecciones será Adolfo Suárez Illana, hijo del tantas veces glorificado ex presidente Adolfo Suárez. Ya saben, pueden prometer, y prometen.

Y ahí está, nuestra Constitución. Que no se debe reformar. Ni respetar. Ni leer. Ni acatar. Ni defender.

Podemos estar tranquilos.

Los partidos políticos se están llenando de personajes que se encargarán de escribirle a la constitución la carta definitiva, aquella en la que se le comunica su fulminante despido.

Total, para lo que sirve. Es lo que tiene la autarquía, ese tipo de papeluchos están sobrando. Y tal y como está la cosa, no sería de extrañar que finalmente se termine exhumando a Franco (lo cual, menudo disgusto, dañaría el honor del rey emérito según la fundación FF) y su destino final no sea un cementerio ni una catedral, y mejor que ya acuerden colocarlo en el sillón azul de la presidencia, ese que al parecer nunca abandonó.

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Emilio Calle

Emilio Calle (Málaga, 1963)

Crítico de cine y guionista, ha publicado el libro de cuentos “Imaginando rutas” (Huerga & Fierro, 1999), y las novelas “Linda Maestra” (Ediciones Libertarias, 1995), “La estrategia del trueno” (Huerga & Fierro, 2001) y “El hombre que pudo salvar el Titanic” (Editorial Martínez Roca, 2010, reeditada por Editorial Planeta ese mismo año).

Asimismo es coautor de “Los barcos del exilio” (Oberón, 2005 y RBA, 2010), escrito junto a Ada Simón.

Durante diez años trabajó en “El País”, en “Tras la pista”. Y colaboró en Onda Vasca en el programa “Melodías de Seducción”, dedicado a la música en el cine.

También estuvo cinco años en el suplemento infantil de “ABC”, y ha colaborado con diversos periódicos tanto nacionales como internacionales.

Actualmente prepara su nueva novela.

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