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Revista Las nueve musas » La seducción de lo ambiguo

La seducción de lo ambiguo

«Hay días sencillos / sin estridencias // […]», leemos en la segunda parte del poema doble de Lola Irún, Adrià.

De esos días, de las emociones frágiles, beben los poemas de la autora: de lo inefable, lo sutil, lo efímero, lo discreto.

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Sabedora de que la esencia está en los dobleces, su mirada se detiene hechizada por la seducción de lo ambiguo.

Lola Irún rinde culto a la riqueza sugerente del lenguaje sabio, de aquel que interpela a quien lo lee o lo escucha, provocando sentidos más allá de lo dicho en la sintaxis, el lenguaje que se abre a la interpretación insólita y latente: «[…] // Mientras me hablas, / algo eterno / anida en tu mirada.» (La belleza de amar). De ello dan fe las citas que anteceden a muchos de sus poemas, a cual más incitante. A modo de ejemplo la de R. M. Rilke, que abre el libro: «Dichosos los que saben / que detrás de los lenguajes / está lo indecible». Irún se nutre de versos, reflexiones, sentencias de autores que, por la fuerza de sus imágenes, la interpelan a ella, a su yo íntimo, y remueven una emoción recóndita, una luz instantánea, que la impulsa a crear, ella misma, poesía. Así Habitar la incertidumbre se vertebra alrededor de voces como las de Rilke, Sandor Marai, Safo, Poe, Martín Taffarel, Ramón Andrés, Juan Ramón Jiménez, Gil de Biedma, Chantal Maillard, Esther Zarraluki, Corredor-Matheos, Stefan Zweig, Anne Sexton, Anna Ajmátova, Carlos Marzal, Cernuda… cuyas citas diríanse parte integrante del poema. A Irún la seduce la alusión insinuante, la que sugiere sin decir, a la espera de un lector que interprete palabras misteriosas, porque sabe que lo explícito está reñido con la verdad de cada uno. De ahí que sus referentes cultiven asimismo este lenguaje.

Más allá de las testimoniales citas, el conjunto está lleno de otros indicios que dan fe de su gusto por lo enigmático, lo ambiguo, lo incierto, lo que le provoca duda, lo que interroga a la voz poética y desata una imperiosa necesidad creativa que sabe inagotable y desea eterna. Irún quiere habitar la incertidumbre y se instala para quedarse en ella como perenne fuente de creación. Gusta de acercarse a lo misterioso, pero no desvelarlo: ¿qué sería de la poesía sin misterio?: «[…] // Me rindo al misterio / a la lógica oculta // de sus leyes precisas» (Lógica oculta), y, en otro poema —La pregunta—, la cita precedente reza: «Ojos humildes / se acercan al misterio» (La pregunta).

Los epígrafes en que divide los distintos apartados del libro corroboran en buena medida la fascinación de Irún por lo enigmático: «Habitar la incertidumbre», «La palabra y su doble», «Voces», «¿Pérdida o azar?», «Sombras y luces», «Tiempo desvelado», «La memoria del agua», «Casi en silencio», «Leyenda».

Y en este recorrido, para empezar, la voz poética declara con convicción y dialéctica casi brechtiana que la inocuidad de la poesía es pura apariencia y que la poesía es la verdadera fuerza que nos mueve: «De qué sirve un bosque acorazado / en el frágil sendero del poema? / […] // Tal vez, un solo instante, / desvele en el paisaje / la sintaxis de un gesto, / mujer azul del cuadro, / el rostro indescifrable del enigma. // […]» (El enigma). La reflexión en torno a la palabra (o a su ausencia, el silencio) como síntoma de un sinfín de actitudes humanas —una gama variadísima que abarca lo uno y su contrario— interesa a la autora, desde el mutismo tenso del desamor: «El frío de una taza de té / el silencio sometido / las manos paralelas / la sequedad de un beso / todo suena cautivo / en los te quiero / del teléfono // […]» (Intemperie), hasta el silencio cálido que ampara y acompaña: «Hay voces ásperas / que dañan / la escucha sosegada // Si es a ti / a quien alcanza el filo / de ese corte helado / haz silencio // Aléjate al bosque / serás un roble centenario / […] / el vaivén cobrizo de tus hojas / oscilará afable en otra voz / buscando en cada verbo / un velado matiz» (Matices).

El sujeto poético se recrea en ocasiones en lo filosófico del lenguaje: «Extraños los contrarios. / Parece que no existen en sí mismos. / Piensas en la sombra y la memoria te devuelve / una imagen de luz. / Tampoco el silencio está en la oscuridad. // ¿Acaso la palabra es ajena a las tinieblas? // […]» (Sombras); observando el comportamiento humano se detiene en la reflexión inteligente, traza un símil entre la zozobra del ballenero de Moby-Dick de Melville en la tempestad y la singladura amorosa, y escribe: […] // Algunas mujeres naufragan en su sombra, / lejos de amar a un hombre / aman contra otra mujer.» (La ballena blanca). O da voz al impuesto mutismo apuntando a los difusos límites entre el valor y el riesgo de lo discreto: «Muy pocos se dan cuenta / de mi callar velado. // Y si alguna vez pasa / que el otro me descubre, / incluso me regaña / por no mostrar la herida / y en un punto me ama, // si eso pasa, / sencillamente callo / y doy las gracias.» (Herida). Y recobra la memoria del pasado y de las ausencias, que evoca con añoranza. En un poema que dedica a su padre leemos: «No pudiste seguir / con el mañana / y / te apeaste / en el temprano agosto / de mis ojos. // […]» (Agosto).

Irún logra un admirable equilibrio en los temas que le interesan y trata poéticamente; si bien tiende con preferencia a la vivencia personal a la que sabe dar proyección universal, se siente igualmente afectada por el sinsentido de la violencia infringida a otros, vive sensiblemente el dolor ajeno como suyo y evoca algunos de los momentos más oscuros de la historia de la humanidad con el mismo registro intimista, lejos del panfleto. La contemplación del Guernica la incita a una descripción poética de aquel horror: «[…] // Bocas y cuerpos dispersos, / una figura implorante, / el toro vaciado, negro, / el terror de los fragmentos / de esa imagen calculada. // […]» (Blanco negro gris).

En lo formal Irún utiliza el verso libre con gran sentido del ritmo. Sin embargo, la temática elegida parece exigirle otro registro; una buena parte de los poemas cristalizan en la forma japonesa del haiku (en 5-7-5). Los versos entonces, por su brevedad y contundencia tienden a la sentencia (algunos en «Tiempo desvelado» y todos, menos el último poema, en «Casi en silencio»): «No está en el bosque / habita en las raíces / de nuestro árbol // […] // Entre rastrojos / siguen nuestros abuelos / la tierra llora» (El mal). La poeta no trata de modo aislado cada haiku, como momento fugaz captado y eternizado en tres únicos versos, sino que los encadena con libertad creadora hasta dar forma a un poema propio, variando así la forma tradicional. Evocando los campos de exterminio nazis, escribe: «Unos tras otros / van en silencio tenso / por un mendrugo // […] // Listas de alambre / arrancan a los nombres / de sus raíces // […] // Cruel agonía / carceleros banales / negro silencio // […] (Filas).

El libro va precedido de un sensible prólogo de otra poeta, Teresa Martín Taffarel, que conoce bien a la autora: «El lenguaje poético de Lola Irún vive en el latido de una visión femenina del mundo que se revela en la manera de afrontar temas, imágenes y cadencias».

Poemas sabios, sensibles, que dejan huella.

Lola Irún

Habitar la incertidumbre

Stonberg Editorial, 2018, 144 pp.

Anna Rossell

Anna Rossell

Anna Rossell (Barcelona –España, 1951)

De 1978 a 2009 profesora titular de la Universidad Autónoma de Barcelona en la especialidad de Lengua y Literatura Alemanas (Filología Inglesa y Germanística) y crítica e investigadora literaria en Barcelona, Bonn y Berlín.

Actualmente se dedica a la escritura creativa, la crítica literaria y la gestión cultural. Como gestora cultural organiza los recitales poéticos anuales estivales Poesía en la Playa, en El Masnou (Barcelona) y ha sido miembro de la comisión organizadora de los encuentros literarios bianuales entre continentes TRANSLIT. Actualmente organiza los Recitals de Poesia i Música VinsIdivina.

Colabora regularmente en numerosas publicaciones periódicas literarias nacionales e internacionales: Quimera, Ágora de arte gramático, Crítica de Libros, Revista Digital La Náusea, Realidades y ficciones, Las nueves musas, Nueva Grecia, Terral, Núvol y en revistas especializadas de filología alemana.

Entre sus obras no académicas ha publicado los libros Mi viaje a Togo (2006), El meu viatge a Togo (2014), Viaje al país de la tierra roja, Togo y Benín (2014), Viatge al país de la terra roja, Togo i Benín (2014), los poemarios La ferida en la paraula, (2010), Quadern malià / Cuaderno de Malí (2011), Àlbum d’absències (2013), Àlbum de ausencias (2014), Auschwitz-Birkenau. La prada dels bedolls/La pradera de los abedules (2015) y las novelas, Mondomwouwé (2011) y Aquellos años grises (España 1950-1975) (2012), Aquells anys grisos (Espanya 1950-1975) (2014).

Es coautora del libro de microrrelatos Microscopios eróticos (2006).

Cuenta en su haber con algunas traducciones literarias del alemán al español, entre ellas El Elegido, de Thomas Mann.

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