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Violeta Demonte
Violeta Demonte recibe el Premio Nacional de Investigación 2014 de Humanidades
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La participación argentina en la «Gramática descriptiva de la lengua española»

La Gramática descriptiva de la lengua española fue una obra publicada en 1999, que la RAE incluyó en su colección Nebrija y Bello. Dirigida por Ignacio Bosque y Violeta Demonte, esta gramática se presentó como una obra colectiva, amplia y de múltiple acceso. La participación argentina, si bien no fue numerosa, fue sin lugar a dudas decisiva.

En este artículo la recordaremos merecidamente.   

  1. Aclaraciones preliminares
Gramática descriptiva de la lengua española
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Todas las gramáticas, más allá de la estabilidad genérica que muestran las partes en que se dividen, son sensibles no solo a desarrollos teóricos, sino también a las particulares circunstancias de enunciación y de circulación sociales. Esto a menudo se nota en las decisiones programáticas, la disposición general del texto, la selección de los ejemplos y la representación discursiva de los posibles destinatarios. Naturalmente, la obra que aquí glosamos no es una excepción.

Para empezar, la Gramática descriptiva de la lengua española contiene en su título palabras de múltiples resonancias, a su vez inscritas en polémicas que, en el momento de la aparición de la obra, no estaban aún resueltas y que atravesaban tanto el pensamiento gramatical como las decisiones políticas sobre la lengua. Pero vayamos a un aspecto central: la diferencia entre una gramática descriptiva y otras gramáticas. Una gramática descriptiva tiende a contemplar la diversidad de usos, incluyendo las producciones orales, a diferencia de la gramática normativa que consagra una variedad vinculada estrechamente a la lengua escrita. La gramática normativa exige, por lo general, un centro que determine, como señala Lázaro Carreter en el preámbulo de la obra, «el bien hablar y el bien escribir»[1], y ese centro es institucional: a la gramática de la Academia —cito otra vez a Lázaro Carreter— «la elabora una comisión, la examinan los plenos de la Española y de las Academias correspondientes y asociadas y, al fin, se publica sin nombre de autor o autores»[2]. No puede admitir el nombre del autor o de los autores ya que esto podría relativizar lo que se muestra como un saber universal, legítimo y autorizado sobre la lengua. Sabemos que el  fue elaborado y redactado por Salvador Fernández Ramírez y Samuel Gili Gaya, pero sus nombres no figuran en el texto, pese a su insistencia en la «condición provisional de la obra»[3], que suspendía la autorización académica. En suma, la norma solo puede ser impartida por la más alta institución (en este caso, la RAE), siempre y cuando se cumplan todos los pasos establecidos; de no cumplirse, cualquier afán normativo carecerá de validez.[4]

Por sus características generales, los capítulos de la Gramática descriptiva del español están firmados por notables personalidades académicas del mundo de habla hispana. A cada uno de los autores convocados se le pidió, en principio, que redactara capítulos de entre cincuenta y cien páginas, a fin de facilitar la tarea de edición, aunque estos números no se cumplieron en todos los casos al pie de la letra.

En la «Introducción», los directores lamentan que la presencia de autores hispanoamericanos sea proporcionalmente menor que la de colaboradores españoles. Aun así, la República Argentina está representada en siete capítulos por seis gramáticos de primerísima línea, que en orden alfabético son Violeta Demonte, María Beatriz Fontanella de Weinberg, Ofelia Kovacci, Marta Luján, Pascual Masullo y Margarita Suñer. Tres de ellos desarrollaron la carrera profesional en la Argentina: María Beatriz Fontanella en Universidad Nacional del Sur, Ofelia Kovacci en la Universidad de Buenos Aires y Pascual Masullo en la Universidad Nacional del Comahue. En cambio, Violeta Demonte, Marta Luján y Margarita Suñer hicieron una carrera brillante en el exterior: la primera, en la Universidad Autónoma de Madrid y en el Instituto Universitario Ortega y Gasset; la segunda, en la Universidad de Austin, Texas, y la tercera, en la Universidad de Cornell, Nueva York.

A continuación, comentaré sucintamente —aunque no en el orden en que aparecen en la obra—[5] los capítulos que estuvieron a cargo de estos gramáticos argentinos.

II. La participación de María Beatriz Fontanella de Weinberg

María Beatriz Fontanella de WeinbergUno de los capítulos dedicados al pronombre aparece en forma póstuma. Es el firmado por María Beatriz Fontanella de Weinberg, que inesperadamente, tras una enfermedad de acelerado desenlace, murió en 1995, cuando aún podía esperarse mucho de su brillante madurez. Fontanella se dedicó al estudio del español de la Argentina, en especial al de la región bonaerense. En sus últimos años había trabajado en el estudio histórico del español de la región, dentro del proyecto internacional impulsado por la ALFAL (Asociación de Lingüística y Filología de América Latina). No le fue ajeno, sin embargo, el español de América y de España, ni el interés por los problemas teóricos de los sistemas lingüísticos.

En el capítulo que escribió para la Gramática descriptiva, el 22, «Sistemas pronominales de tratamiento en el mundo hispánico», Fontanella abordó un tema complejo de la gramática española, ya que existen distintos sistemas pronominales de segunda persona, que se combinan con diferentes formas verbales y se relacionan también con fórmulas de tratamiento nominales. El enfoque del artículo es necesariamente diverso. Por una parte, comprende la descripción de las variaciones dialectales y de la evolución histórica que dio origen a las formas actuales; por otra, comprende el examen de los valores semánticos que esas formas realizan y sus diferencias pragmáticas, es decir, la variación en el uso concreto de los tratamientos, vinculada con las relaciones simétricas o asimétricas entre los interlocutores, con los grupos de edad, con su carácter urbano o rural, con las características culturales de distintas comunidades, etc. Distingue con estas pautas cuatro sistemas:

  • El sistema I, empleado en la mayor parte de España, es de estructura simétrica singular/plural, lo que puede verse en las formas de confianza /vosotros y las de formalidad usted/ustedes; las primeras con paradigmas flexivos de segunda persona (te, ti, contigo, tuyo, tuya; os, vosotras, vuestro, vuestra), y las últimas con paradigmas de tercera persona (lo, la, le y sus plurales; se, su, suyo, suya y sus plurales). Las formas verbales son las canónicas (tú eres, vosotros sois). Frente a este sistema, los restantes son asimétricos, en el sentido de que no aparece la forma plural vosotros, y la oposición semántica confianza/formalidad se neutraliza en plural con el empleo de ustedes, aunque con alguna interferencia del primer sistema.[6]
  • El sistema II, que conserva las formas de singular /usted, tiene gran extensión: Andalucía occidental, Canarias, México, el Perú, las Antillas, parte de Colombia y Venezuela, y una pequeña parte del Uruguay. Hay zonas donde en ciertos niveles socioculturales se mantiene el sistema verbal castellano, creando construcciones mixtas (por ejemplo, habla popular de Andalucía occidental: ustedes os vais).
  • El sistema III muestra la coexistencia de las formas de singular /vos en Chile, partes de Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Centroamérica. Su uso, acompañado de formas verbales peculiares, está condicionado en ciertas zonas por el nivel sociocultural, por el estilo o por la distancia entre los interlocutores. Se han descrito tres para el Uruguay: vos, y usted.
  • El sistema IV es el argentino, de uso general, con conciencia de que es ajeno al dialecto. Este sistema se emplea asimismo en Paraguay, Costa Rica, Nicaragua, Guatemala, El Salvador y Honduras.

La autora estudia también la variación y distribución de las formas verbales del voseo, las que pueden ser, además de cantás, temés, partís, otras como cantáis, teméis, partís.

Este capítulo completa oportunamente los dedicados al «Pronombre personal. Formas y distribuciones. Pronombres átonos y tónicos» y a «Leísmo, laísmo, loísmo», escritos por otros autores.

III. La participación de Marta Luján

Marta LujánOtro capítulo referido al pronombre, pero de naturaleza muy diferente al de Beatriz Fontanella es el 20, «Expresión y omisión del pronombre personal», de Marta Luján. La autora sostiene una tesis acerca del valor de la presencia o la ausencia del pronombre tónico en posiciones de alternancia libre: la alternancia es significativa, y establece un contraste entre énfasis y neutralidad. La pregunta ¿Crees que tengo alguna duda? sería un caso de neutralidad, pues hay un sujeto tácito, es decir, un sujeto que se manifiesta por la flexión verbal; en cambio, la pregunta ¿Crees que yo tengo alguna duda? sería un caso de énfasis, pues el sujeto yo está expreso.

El valor neutral, asimismo, caracteriza la presencia obligatoria del pronombre, que es lo que sucede en A tu vecino no le gusta que se hable de él. Esta caracterización y las condiciones sobre las cuales se realiza se apoyan también en otras construcciones, como, por ejemplo, la correferencia de persona entre cláusulas, lo que permite la omisión del pronombre: Cuando trabaja, Juan no bebe o Juan no bebe cuando trabaja. En este contexto, la presencia del pronombre él obligaría a una interpretación errónea Cuando él trabaja, Juan no bebe.

La autora examina también casos en los que la forma tácita se liga a un cuantificador con interpretación correferencial, por ejemplo, Nadie imagina que va a ganarse la lotería. Aquí, en cambio, el pronombre expreso se interpreta como forma libre no correferencial: Nadie imagina que él va a ganarse la lotería. Otro caso es la interpretación del sujeto tácito en la coordinación con el segundo miembro elíptico: Juan cree que aprobó el examen y Ana también, en el que la anáfora es variable: Ana cree que Juan aprobó el examen o Ana cree que ella aprobó el examen. Con el pronombre explícito Juan cree que él aprobó el examen y Ana también, la segunda interpretación no parecería ser posible.

IV. La participación de Margarita Suñer

Margarita SuñerMargarita Suñer es autora del capítulo 35, «La subordinación sustantiva: La interrogación indirecta», que aparece en el volumen II, tomo dedicado a construcciones sintácticas fundamentales. A partir del inventario de las funciones que cumple la interrogación indirecta —que no se aparta del listado tradicional— y de las pruebas sintácticas que las identifican, la autora se refiere a dos variedades según su forma: una, la interrogación parcial o pronominal (Le pregunté cuántos años tenía), encabezada por pronombres del grupo llamado cu[7] (qué, cuál, quién, etc.); la segunda variedad es la interrogación indirecta total con el introductor si (Ya nos dirán si puedes venir). Se detiene luego en los predicados regentes que seleccionan la interrogación indirecta, los que pueden ser verbales, como en los ejemplos anteriores, nominales (Me carcome la duda de si vendrá José o Me carcome la duda de quién vendrá) o adjetivales (Es importante cuántas horas duerme). Suñer pasa revista a diez clases semánticas de predicados regentes propuestas por distintos autores, clasificación que no considera satisfactoria por su falta de valor predictivo, especialmente para distinguir dos subtipos de interrogativas: las preguntas indirectas verdaderas y las preguntas indirectas impropias, a las que dedica el núcleo de su trabajo.

Encuentra una diferencia sintáctica entre las dos subclases: las verdaderas encierran una incógnita Le preguntaron a quién invitó Susi, que admite la variante Le preguntaron que a quién invitó Susi, o Repitieron si visitaría a sus abuelos, que admite también la variante Repitieron que si visitaría a sus abuelos; las impropias: Confesó cuánto había perdido en el casino o Sabía si visitaría a sus abuelos, que no admiten la anteposición de que: *Confesó que cuánto había perdido en el casino, *Sabía si visitaría a sus abuelos. Las impropias no introducen incógnitas, sino proposiciones, entendidas aquí como «algo que se juega como verdadero o falso en un mundo posible o en una situación»[8], en coincidencia con la caracterización de las oraciones declarativas.

Suñer extiende el análisis a los verbos o predicados que pueden introducir interrogativas indirectas verdaderas, y a los que solo permiten la construcción con las impropias; y concluye que solo los primeros se corresponden con preguntas directas: aparte de preguntar, verbos de modos de decir: susurrar, balbucir, gritar y verbos como repetir, decir, comentar, etc., ejemplo: Andrés preguntó/gritó/dijo/*explicó/*sabía/ quién va al partido o Andrés preguntó/gritó/dijo/*explicó/ *sabía/ que quién va al partido.

Con estas precisiones es posible establecer, por ejemplo, que una subordinada aseverativa se coordina con una interrogativa impropia, ya que ambas son proposiciones; por ejemplo: Confirmó que viajaba el lunes y cuándo llegaba el avión, pero no es posible *Confirmó que viajaba el lunes y que cuándo llegaba el avión.     

 El estudio agrega otras características sintácticas que apuntalan su análisis, como los efectos de isla y la dislocación a la izquierda. Asimismo, presta atención a las preguntas encubiertas, que también se distinguen como verdaderas: Le preguntó su dirección, relacionada con Le preguntó [que] cuál era su dirección, ya como impropias; Sabía su dirección, en relación con Sabía [*que] cuál era su dirección. Otros aspectos destacados son el examen del orden de los constituyentes, como el caso de la posición del sujeto en la interrogativa, para lo que describe el español general (que permite No sé quién eres tú) y el español caribeño (que permite No sé quién tú eres); el truncamiento (Está enojado y no sabemos por qué); las formas verbales en la interrogativa indirecta; el solapamiento con la exclamativa indirecta, etc.  

V. La participación de Violeta Demonte y Pascual Masullo

Pascual MasulloEl capítulo 38, «La predicación: los complementos predicativos», estuvo a cargo de Violeta Demonte y Pascual Masullo. En este complejísimo trabajo, también parte del segundo volumen, los complementos predicativos se definen como «aquellos constituyentes que modifican simultáneamente al predicado verbal y a un sintagma nominal de la misma oración, típicamente, al sujeto y al objeto directo sintáctico»[9], por ejemplo, Juan guardó la camisa sucia o Consideran a tu hermana de muy buen carácter. El primer caso es ambiguo; por una parte, sucia puede referirse solo a camisa como su atributo, y así solo sería modificador nominal; pero también puede referirse a camisa y a guardó, y este es el valor de predicativo. Con este último valor, la oración implica que Juan guardó la camisa, lo que indica que el predicativo no es obligatorio. En cambio, es obligatorio el predicativo de Consideran a tu hermana de muy buen carácter, ya que no es gramatical un texto como *Consideran a tu hermana en correspondencia con el original, con el significado verbal ‘juzgan’ (el texto es gramatical si se otorga al verbo otro significado: ‘tratan bien’). La interpretación predicativa de sucia en Juan guardó la camisa sucia se relaciona con otras construcciones: la pronominalización del objeto directo no afecta al adjetivo (la guardó sucia); el predicativo puede preceder al objeto directo por «reanálisis» (Guardó sucia la camisa); puede preceder al resto de la oración como foco contrastivo (Sucia guardó la camisa), y ocupar el foco en la perífrasis de relativo (Es sucia como guardó la camisa). En contraposición, los modificadores nominales no aceptan estas pruebas.

Los autores mencionan también la existencia de «predicativos del objeto indirecto», como en A Lucía le extrajeron la muela anestesiada, pero estos predicativos están restringidos a ciertos verbos, además de tener comportamientos distintos a los referidos al sujeto y al objeto. El trabajo se desarrolla, pues, considerando fundamentalmente estos últimos.

Tras la exposición aquí resumida, Demonte y Masullo examinan con lujo de detalle los tipos de complementos predicativos adjuntos y los seleccionados léxicamente. A la hora de describir los segundos se detienen en la interpretación estructural de la construcción de predicativo del objeto directo entre dos posibilidades: o bien considerarla cláusula mínima, es decir, un constituyente unitario de sujeto y predicado sin verbo, o bien postular que el verbo principal tiene dos complementos obligatorios (el directo y el predicativo).

Finalmente, los autores se refieren a casos limítrofes entre la predicación y la complementación, específicamente las construcciones con verbos de medida, y las de verbos del tipo constituir, implicar, etc.

Violeta Demonte, a su vez, es autora única del capítulo 3, «El adjetivo: Clases y usos. La posición del adjetivo en el sintagma nominal», incluido en el volumen I. La claridad meridiana de este otro trabajo permite que me ahorre cualquier explicación respecto de su contenido.  

VI. La participación de Ofelia Kovacci

Ofelia KovacciOfelia Kovacci se ocupó del capítulo 11, «El adverbio», que forma también parte del volumen I. Como introducción, la autora trata de delimitar la clase como sistema semántico, que comprende adverbios léxicos y adverbios pronominales: los primeros son los adverbios llamados propios (bien, mal, etc.), los adverbios en -mente, los adjetivales (hablar fuerte, volar alto), los prepositivos o transitivos —que pueden llevar complemento y ser término de preposición, como cerca, arriba, antes, luego—, los temporales (temprano, tarde, pronto) y los modales (quizá, acaso); los pronominales son los deícticos (aquí, allá, ahora, mañana, así, tanto, etc.), los cuantitativos (poco, bastante, siempre, todavía), los numerales (primero, segundo, medio), los identificativos (mismo, , tampoco) y los relativos, interrogativos y exclamativos (donde, dónde, cuando, cuándo, etc.). Se agregan, además, locuciones adverbiales como sin duda, lisa y llanamente, en absoluto, etc. El estudio de todo este repertorio está distribuido en varios capítulos de la obra, de modo que Kovacci se centra en los adverbios terminados en -mente, más allá de que en varios lugares requiera la comparación con otros de los tipos de adverbios enumerados.

La estructura morfológica de los adverbios en -mente puede interpretarse de varias maneras: como forma flexional del adjetivo, como derivado, como frase o como palabra compuesta sobre un adjetivo. Para Kovacci, esta última es la caracterización más apropiada. Sin embargo, la autora no deja de señalar que esta caracterización tiene sus restricciones: no cualquier adjetivo puede entrar en la formación; así, se excluyen varias clases semánticas de adjetivos: *inglesamente, *viejamente, *azulmente, etc.

La ubicuidad de los adverbios obliga a considerar sus relaciones y diferencias con otras clases de palabras (adjetivo, sustantivo, preposición) y su papel en las nominalizaciones de sintagmas verbales. El principal problema, sin embargo, es su caracterización funcional, ya que, además de las funciones generales que se les reconocen tradicionalmente, forman oraciones unimembres (¡Qué temprano!; ¡Más despacio!), estructuras complejas con vocativos (Adelante, compañeros), predicados (Primero las mujeres y los niños) y construcciones paralelas (¡Fuera con eso!). No obstante, tienen funciones muy productivas; una es la función de circunstancial, caracterizada por aceptar la perífrasis de relativo: El pianista toca magistralmente o Magistralmente es como toca el pianista, así como otras pruebas sintácticas: respuestas a preguntas, focalización, funcionamiento en el ámbito de la negación y la interrogación.

La mayoría de los adverbios circunstanciales son de modo, pero también los hay de tiempo (recientemente, posteriormente); los primeros comprenden tres clases: de agente (alegremente, silenciosamente), de acción (fácilmente, dificultosamente) y de resultado (orientados hacia el objeto: herir gravemente, conocer parcialmente, razonar adecuadamente), aunque también existen adverbios que expresan simultáneamente modo y otras nociones.

Además de los adverbios circunstanciales, que forman parte del predicado, están los adverbios de marco, que son externos al predicado y se refieren a la oración entera: entre otros rasgos, no los afecta la interrogación ni la negación (Mañana, ¿nos veremos temprano?; Actualmente no trabaja como antes; Finalmente, ¿se dispersaron los temores?).

Frente a los adverbios de predicado y de marco, que forman parte del dictum, están otros externos a este, que se caracterizan por aceptar paráfrasis diferentes para cada caso. Los adverbios de modus se relacionan con la modalidad o la enunciación. Los que se relacionan con la modalidad se refieren a la actitud del hablante frente al dictum (probablemente, posiblemente; supuestamente, aparentemente; indudablemente, evidentemente). Los que se relacionan con la enunciación se orientan hacia el emisor o el receptor (francamente, lisa y llanamente) o hacia el código mismo (resumidamente, textualmente, exactamente).

Otro grupo estudiado por Kovacci es el de los adverbios conjuntivos (consecuentemente, precisamente, casualmente, etc.), que cumplen la función de conectar oraciones e incluso párrafos.


[1] Ignacio Bosque, Violeta Demonte (directores). Gramática descriptiva de la lengua española, Espasa-Calpe, Madrid, 1999.

[2] Ibíd.

[3] Real Academia Española. Esbozo de una nueva gramática de la lengua española, Espasa-Calpe, Madrid, 1973.

[4] En la actualidad, la ‘‘  (2009), última gramática oficial de la RAE, es la que tiene la potestad normativa en este terreno.

[5] Tratándose La gramática descriptiva de la lengua española de una obra de múltiple acceso, opté por darle a esta exposición el mismo orden de uno de mis últimos recorridos de consulta.

[6] En la Argentina, por ejemplo, tanto en lengua escrita como en lengua oral, se suele encontrar el posesivo diferenciado: Quiero hablar con ustedes y manifestarles mi solidaridad con vuestra situación

[7] Esta nomenclatura alude a los fonemas iniciales de la mayoría de los pronombres interrogativos.

[8] Ignacio Bosque, Violeta Demonte (directores). Gramática descriptiva de la lengua española, Espasa-Calpe, Madrid, 1999.

[9] Óp. cit.

Flavio Crescenzi

Flavio Crescenzi

Flavio Crescenzi nació en 1973 en la provincia de Córdoba, Argentina.

Es docente de Lengua y Literatura, y hace varios años que se dedica a la asesoría literaria, la corrección de textos y la redacción de contenidos.

Ha dictado seminarios de crítica literaria a nivel universitario y coordinado talleres de escritura creativa y escritura académica en diversos centros culturales de su país.

Cuenta con cuatro libros de poesía publicados:
"Por todo sol, la sed", Ediciones El Tranvía (Buenos Aires, 2000);
"La gratuidad de la amenaza", Ediciones El Tranvía (Buenos Aires, 2001);
"Íngrimo e insular", Ediciones El Tranvía (Buenos Aires, 2005);
"La ciudad con Laura", Sediento Editores (México, 2012);
"Elucubraciones de un 'flâneur'", Ediciones Camelot América (México, 2018).

Su primer ensayo, "Leer al surrealismo", fue publicado por Editorial Quadrata y la Biblioteca Nacional de la República Argentina en febrero de 2014.

Desde 2009 colabora en distintos medios con artículos de crítica cultural y literaria.

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