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Las nueve musas
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La oración desde las perspectivas psicológica, lógica y gramatical

La función y el significado de las palabras están siempre supeditadas al conjunto del que forman parte, que no es otro que el que conocemos tradicionalmente con el nombre de oración.

En este artículo procuraremos aproximarnos a dicho concepto, pero desde tres perspectivas distintas: la psicológica, la lógica y la gramatical.

  1. La perspectiva psicológica
Karl Vossler
Karl Vossler

 Hablar supone siempre un doble proceso de análisis y síntesis. El hablante elige, entre las muchas opciones mentales que ha logrado distinguir, aquellos contenidos de conciencia que quiere comunicar a los demás. Vossler llamaba lo mentado al conjunto de contenidos seleccionados.[1] Huelga decir que la correspondencia entre lo mentado y su expresión verbal no siempre es perfecta, pero incluso en el caso de que sí lo sea, el proceso no se cumplirá hasta que el hablante sea «entendido» por el oyente. Este, a partir de la expresión verbal que percibe, intentará evocar a su vez lo mentado por el hablante. Indudablemente, puede haber discordancias entre lo evocado y la expresión verbal percibida; pero, aun cuando estas discordancias no se produzcan, lo evocado nunca será igual o lo mentado. Su igualdad no es más que aparente, astucia que tiene como principal objetivo que hablantes y oyentes puedan entenderse entre sí.[2]

En la oralidad, por ejemplo, abundan expresiones en las que faltan elementos lógicos o gramaticales, en las que se advierten palabras implícitas o sobrentendidas, interjecciones, elipsis, etc.; no obstante, para la perspectiva psicológica, si el hablante y el oyente pueden comprenderse, a estas expresiones nada les falta. Así pues, la unidad psíquica denominada oración se basa en leyes propias, diferentes —aunque no contrapuestas— a las que rigen la lógica y la gramática.

Con frecuencia se dice que una oración es una unidad de sentido con la cual exponemos, pedimos, preguntamos u ordenamos algo. El propio Esbozo, insuperable en la mayoría de sus categorizaciones, define la oración como «la unidad más pequeña de sentido completo en sí misma en que se divide el habla real».[3] La oración puede estar formada por una sola palabra o por varias; asimismo, puede articularse en un grupo fónico o en muchos; no obstante, lo que la caracteriza en cualquiera de los casos es la unidad de sentido y, por supuesto, la intención con que ha sido expresada.

Ahora bien, los elementos de la oración guardan entre sí relaciones lógicas y estéticas que concuerdan casi siempre con su expresión verbal: el orden de las palabras, frases y oraciones; la concordancia en género y número; el enlace por medio de preposiciones y conjunciones, etc. En la oración psíquica, ya se ha dicho, estos elementos de relación interna no son relevantes (y, muchas veces, ni siquiera existen). Sin embargo, las oraciones psíquicas mantienen entre sí una relación de continuidad representativa o afectiva, es decir, un vínculo de orden superior, que suelen tener expresión lingüística en recursos tales como la anáfora; la repetición u oposición de ciertos sintagmas, morfemas o sonidos; en la duración relativa de las pausas, y en otros vínculos de naturaleza extraoracional.

  1. La perspectiva lógica
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La oración, desde la perspectiva lógica, presenta caracteres mucho más restrictivos. Para la lógica, una oración (o proposición) no es más que la expresión verbal de un juicio,[4] y este, a su vez, el producto de la relación entre los conceptos de sujeto y predicado. Por lo general, en una oración decimos algo de alguna persona o cosa. Pues bien, esta persona o cosa sería el sujeto de la oración. Así, en las oraciones Los árboles nos daban sombra; Trabajaba de sol a sol el jornalero; Marta deambula a todas horas por los barrios bajos de Santiago; El diario de mi madre estuvo oculto varios meses, observamos que Los árboles, el jornalero, Marta y El diario de mi madre son personas o cosas de las cuales se dice algo y, por lo tanto, el sujeto de la oración de la que forman parte.

En estos mismos ejemplos vemos que, además del sujeto, aparecen otras palabras con las que expresamos todo lo que pretendemos decir de alguien o de algo: nos daban sombra; Trabajaba de sol a sol; deambula a todas horas por los barrios bajos de Santiago; estuvo oculto varios meses. Estas palabras son las que forman el predicado.

Es innegable que las leyes lógicas del juicio han determinado (y determinan todavía) la estructura de la oración gramatical. Por lo tanto, a nadie le debe sorprender que la interpretación analítica de los hechos sintácticos se base en la lógica con que los elementos de la oración se articulan en torno al sujeto y al predicado. Todo lo que por exceso o por defecto queda fuera de esta explicación es tomado como licencia, figura o transgresión gramatical, y, por lo tanto, se lo estudia como fenómeno aparte.[5]

3. La perspectiva gramatical

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Desde esta perspectiva, que es la que les concierne a los gramáticos, es mucho más fácil precisar y clasificar los distintos fenómenos lingüísticos que intervienen en el plano oracional. Advirtamos que, para la gramática, en principio, el eje de la unidad sintáctica es un verbo en forma personal.[6] De modo que cualquier elemento, palabra o frase que se relacione de manera inmediata o mediata con un verbo de este tipo constituye con él una oración.[7]

Esto se da porque, en español, todo verbo en forma personal expresa de por sí la relación entre sujeto y predicado. Las formas escribo, naciste, llegará, hemos hablado, consiguierais, regresarán corresponden, respectivamente, a los sujetos yo; ; él, ella o usted; nosotros o nosotras; vosotros o vosotras; ellos, ellas o ustedes, los cuales pueden ser ampliados o determinados mediante otras palabras.[8] No en vano, la Academia decía en su momento que el predicado verbal «contiene en sí al sujeto, sea determinado o indeterminado, y equivale por sí solo a una oración completa»[9].

Con todo, esta idea de oración, basada en la presencia explícita del sujeto en la forma verbal, da lugar a dos posibles objeciones. La primera tiene que ver con los casos de omisión del verbo cópula en las oraciones atributivas, omisión que deja a la oración sin verbo expreso, apenas si reemplazado por una coma. La segunda tiene que ver con las oraciones coordinadas, las cuales tienen más de un verbo en forma personal sin que ninguno de ellos se imponga sobre el conjunto, como sí sucede en las subordinadas; en estos casos, habría que considerar cada uno de los verbos coordinados como una oración independiente, opción que se contrapondría a otras ideas de oración más orientadas a lo ortográfico,[10] o entenderlos como ejes sintácticos de una proposición, que es la alternativa que, finalmente, terminó prevaleciendo.


 

[1] Karl Vossler. Introducción a la estilística romance, Buenos Aires, Ediciones del Instituto de Filología de la Universidad de Buenos Aires, 1942.

[2] Vale la pena señalar que la expresión lingüística pocas veces define los contornos de lo mentado. Esto explica por qué una expresión lógica o gramaticalmente incompleta es a menudo suficiente para que sea comprendida.

[3] Real Academia Española. Esbozo de una nueva gramática de la lengua española, Madrid, Espasa-Calpe S.A., 1973.

[4] Véase Edmund Husserl. Investigaciones lógicas (2 volúmenes), Madrid, Revista de Occidente, 1967.

[5] De este tipo fenómenos se ocupaba en su momento la sintaxis figurativa, disciplina prácticamente olvidada en nuestros días.

[6] Como es sabido, son personales las formas del verbo adoptadas por cualquiera de las seis personas gramaticales (las tres en singular y las tres en plural), esto es, todas las del indicativo, imperativo y subjuntivo.

[7] Recordemos que el infinitivo, el gerundio y el participio no son formas personales, por lo tanto, no constituirían oración por sí solos.

[8] No ocurre lo mismo, por ejemplo, en inglés, idioma en el que es obligatoria la anteposición del pronombre sujeto para compensar la pérdida total de las desinencias personales.

[9] Academia Española. Gramática de la lengua española, Madrid, Espasa-Calpe, 1931.

[10] Una idea orientada a lo ortográfico bien puede ser aquella que establece que la oración debe empezar con mayúscula y terminar con un punto.

La revista agradece sus comentarios. Muchas gracias
Flavio Crescenzi

Flavio Crescenzi

Flavio Crescenzi nació en 1973 en la provincia de Córdoba, Argentina.

Es docente de Lengua y Literatura, y hace varios años que se dedica a la asesoría literaria, la corrección de textos y la redacción de contenidos.

Ha dictado seminarios de crítica literaria a nivel universitario y coordinado talleres de escritura creativa y escritura académica en diversos centros culturales de su país.

Cuenta con cinco libros de poesía publicados:
«Por todo sol, la sed», Ediciones El Tranvía (Buenos Aires, 2000);
«La gratuidad de la amenaza», Ediciones El Tranvía (Buenos Aires, 2001);
«Íngrimo e insular», Ediciones El Tranvía (Buenos Aires, 2005);
«La ciudad con Laura», Sediento Editores (México, 2012);
«Elucubraciones de un "flâneur"», Ediciones Camelot América (México, 2018).

Su primer ensayo, «Leer al surrealismo», fue publicado por Editorial Quadrata y la Biblioteca Nacional de la República Argentina en febrero de 2014.

Su más reciente trabajo publicado es «Del nominativo al ablativo. Una introducción a los casos gramaticales» (Editorial Académica Española, 2019).

Desde 2009 colabora en distintos medios con artículos de crítica cultural y literaria.

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