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Las nueve musas
Jamal Khashoggi

La madre de todos los momentos

No es el momento

¿Les suena?

Seguro que sí.

Cuatro palabras que son más que una insalvable coletilla, las mismas que articulan la cantinela de moda entre políticos y esos tertulianos que no son más que rémoras de esos mismos políticos. Cuatro, como los jinetes del apocalipsis. Van de boca en boca, de responsable en responsable, de artículo en artículo. Una raquítica retórica, un sonsonete despectivo y tajante, un credo sin fe ni fondo. Cuatro, como las estaciones y los puntos cardinales. Y tan acomodaticias que no hay pregunta que se le resista: ¿Qué tal si, como no se cansan de pedirlo por las calles los que han llevado a cuestas este país durante toda su vida, por fin blindamos las pensiones para preservarlas de malos futuros? No es el momento. ¿Subimos los sueldos para que no parezcan una macabra humorada? No es el momento. ¿Una puesta al día de la Constitución? No es el momento. Hay crisis, ¿qué tal si se destina parte de lo recaudado a los que no tienen forma de afrontarla y no finiquitar a la clase media? No es el momento. Vaya, se acabó la crisis, ¿por qué no ayudar a los que han quedado rezagados? No es el momento. Señor presidente, ¿qué le parece si, por aquello de hacer honor al nombre del partido del que es secretario, pone en juego políticas realmente sociales? No es el momento. Señor Rivera, ¿le importa pasar por el control del aeropuerto? No es el momento. ¿No sería mejor dejar ya de una vez por todas de venderle armas a Arabia Saudí? ¡Que no es el momento! ¿Desmantelamos los archivos de la Universidad Juan Carlos I para dejar bien clara la diferencia entre verdaderos alumnos y ladrones de títulos? No es el momento. ¿Y si dejamos de ser el segundo país con más fosas comunes del mundo? No es el momento. ¿Y qué pasa con eso de prestar más atención y dedicar más recursos a las mujeres que continúan en el azogue sin fin de la violencia machista? No es el momento. ¿Algo que decir sobre la monarquía? No es el momento. Ya que la gente se sigue matando en su intento de traspasar una frontera, ¿no sería cuestión de poner remedios en vez de sumar cuchillas? No es el momento. ¿Truco o trato? No es el momento.

Feas corrientes ideológicas se vertebran por Europa, especialmente gracias al amparo que se les abona con este culto al posponer. Y también allende los mares, con Trump, cuya agenda es un turbio canto a su ego. Cuatro palabras que parecen una plaga que carcome el mundo. Un ejemplo: tras la confirmación de la asesinato del periodista Jamal Khashoggi, la gravedad del asunto hace que todos se rasguen las investiduras. Pero nada de tomar decisiones para depurar hasta la última sima de oscuridad de este brutal ataque contra un periodista crítico con la monarquía de su país. Escandalizados, sí, pero no es el momento de hacer nada. Mejor esperar. A que pase el tiempo, a que el musgo del olvido (que tan rápido crece últimamente) ahogue la hediondez de tantos estados amparando un mismo asesinato, a que se pueda asimilar el verdadero destino de los que se atreven a denunciar, a que el hombre llegue a Marte, a esperar lo que sea con tal de refrendar que, una vez más, no es el momento.

Obviamente la pasividad suicida de este puñado de políticos hace que otros muchos sí que decidan que este sí que es el momento, y la intransigencia se hace fuerte en el silencio de ese tiempo muerto que se nos inocula como el veneno que es, el virus de la indiferencia. Con dos elecciones en ciernes (europeas y andaluzas) es alarmante el desinterés de los partidos por mirar de frente los efectos de su inactividad.

Y luego llegan los sustos.

Y entregan nuestra sociedad a populismos de inquietantes derivas.

Afinen su voto.

Porque a lo mejor sí que ha llegado el momento de que muchos se vayan a la calle.

La revista agradece sus comentarios. Muchas gracias
Emilio Calle

Emilio Calle

Emilio Calle (Málaga, 1963)

Crítico de cine y guionista, ha publicado el libro de cuentos “Imaginando rutas” (Huerga & Fierro, 1999), y las novelas “Linda Maestra” (Ediciones Libertarias, 1995), “La estrategia del trueno” (Huerga & Fierro, 2001) y “El hombre que pudo salvar el Titanic” (Editorial Martínez Roca, 2010, reeditada por Editorial Planeta ese mismo año).

Asimismo es coautor de “Los barcos del exilio” (Oberón, 2005 y RBA, 2010), escrito junto a Ada Simón.

Durante diez años trabajó en “El País”, en “Tras la pista”. Y colaboró en Onda Vasca en el programa “Melodías de Seducción”, dedicado a la música en el cine.

También estuvo cinco años en el suplemento infantil de “ABC”, y ha colaborado con diversos periódicos tanto nacionales como internacionales.

Actualmente prepara su nueva novela.

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