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La lectura según la experiencia previa del lector

Voy a dedicar unas líneas  a la distinta percepción que un lector tiene de una obra literaria, en función su experiencia previa; o sea, sus conocimientos, sus simpatías y sus afinidades con el entorno o escenario en que se desarrolla la obra.

La pregunta final será: ¿Todo vale? ¿Hay unos lectores mejores que otros? ¿Debe dar el autor pistas sobre sus intenciones y el entorno en que se desarrolla la obra?

La lectura según la experiencia previa del lectorEste es un tema sobre el que no he encontrado ensayos que lo traten específicamente. Si que se ha escrito mucho sobre la “Crisis del autor y la importancia del lector” pero, al menos yo, no he sabido encontrar referencias al sencillo enfoque que le quiero dar al asunto.

Una obra literaria, en el sentido amplio, se construye sobre un escenario. Un marco histórico, geográfico y cultural. Dicho escenario puede ser más o menos real, o más o menos crucial. Yendo a los extremos, no es lo mismo un manual de historia que una obra de ficción en un entorno totalmente inventado.

En un manual de historia ese escenario constituye la base de la obra, que será más o menos objetiva (si es que se puede emplear este término) o interpretativa, pero que de cualquier forma pivotará sobre dicho marco histórico-geográfico analizado. En una biografía el escenario es el fondo de esa representación de la vida del biografiado. En un libro de viajes es evidente la importancia del escenario donde se desarrolla. En muchos ensayos también es básico ese marco en que se mueven los hechos o conceptos analizados. En una novela dependerá de si se desarrolla en un marco totalmente de ficción, o el autor la ha basado en un entorno más real; en ese caso, aunque la historia sea pura ficción, se construye sobre un escenario reconocible para algunos lectores.

El conocimiento previo del lector de ese escenario y las afinidades que tenga con él, condiciona su lectura y sus conclusiones. Analicemos al lector según sus características: “Diacrónicas” (época de vida del lector), “Diatópicas” (lugar de vida del lector) y “Diastráticas” (ambiente en que se desenvuelve el lector). A estos conocimientos inherentes hay que sumar los adquiridos por estudio, por vinculación o por el grado de empatía con dicho escenario.

En resumen, el lector percibe la obra a través de un filtro, un amplificador, o un espejo distorsionante (depende del caso) como consecuencia de su conocimiento previo o empatía con el entorno en que se desarrolla la obra literaria, donde se podrán distinguir vectores históricos, geográficos, culturales o sociales. Como el asunto es muy amplio trataré de acotarlo con unas preguntas.

¿Nos sentimos más lejos de personajes que se mueven en un mundo que no hemos conocido que un lector contemporáneo de los mismos? ¿Esa lejanía nos permite acercarnos a los personajes con una mayor frescura y sin condicionantes? ¿O por el contrario, esa lejanía histórica nos conduce a algo similar a la “arqueología literaria”?

¿El habitante de una ciudad lee una obra ambientada allí de igual forma que quien no la conoce ni de oídas?

¿Un historiador especialista en una época se enfrenta a una obra sobre dicha época, sea histórica o de ficción, de una forma distinta a quien no conoce profundamente esa época?

¿Un militante de un partido político lee las memorias de un líder de dicho partido y las interpreta de igual forma que un militante de un partido rival?

Unos cuantos ejemplos más concretos en los que personalizo mi perspectiva:

Remontándonos a inicios del XIX, de qué forma tan distinta a la mía leerían los madrileños de la época a Larra. Reconocerían a personajes reales absolutamente desconocidos para nosotros. Aceptando la validez de muchas de las conclusiones de Larra, hoy lo vemos como un innovador, pero de un tiempo pretérito.

Isabel II
“Sentada está en su poltrona con chulo, cetro y corona.” – Ilustración de los hermanos Bécquer en el libro “los borbones en pelota” firmado bajo el seudónimo Sem

Otro ejemplo del XIX, la reina Isabel II. Yo he leído las biografías de Ricardo de la Cierva e Isabel Burdiel, aparte de un capítulo que le dedicó Michener en su obra “Iberia” de 1968, y también podría añadir los comics pornográficos que le dedicaron los hermanos Bécquer. Cuando yo leo novelas o historia de la España de mediados del XIX en que aparece la reina y los políticos de la época (con su conducta licenciosa y sus múltiples líos de cama), seguro que tengo una visión distinta a la de las personas que no conocen esta parte de la historia de España que ha sido bastante ocultada.

¿Cómo lee los ensayos de Ortega o Unamuno, frente a cómo lo hacían sus coetáneos? Para ellos sus reflexiones eran un punto de partida, para nosotros una forma de comprender una época pasada y de ver si sus expectativas y previsiones se han cumplido o no.

¿Se identifican los lectores de menos de 60 años con “El Jarama”, con “Tormenta de verano” o con “El fulgor y la sangre”, como puede hacerlo yo mismo, que no viví esa época, pero si tengo referencias cercanas de la misma, a lo que podríamos llamar la transición de posguerra a la España del desarrollo?

Félix de Azúa
Félix de Azúa

Cuando Félix de Azua, presenta la “Historia de un idiota contada por el mismo”, o Joan de Sagarra habla de la Barcelona de hace 40 o 50 años, ¿reconoce el lector los locales donde ellos tomaban copas y a los personajes que aparecen con nombre real o figurado? Para la mayoría de los lectores esa puede ser la historia de la Barcelona de los 70’s, para mí es algo conocido y para sus amigos de entonces es el recuerdo de su juventud. O cuando Luis Racionero en su autobiografía “Sobrevivir a un gran amor, seis veces” va desgranando sus historia sentimental de la A a la F, resulta que a la “F” la conozco y a la “E” la vi mucho por la televisión.

Cuando leo un libro sobre viajes por Grecia, sea “Hacia el mar Egeo” de Geoffrey Kirk, o “Verano griego de Lacarrière”, o “Las islas Griegas”de Lawrence Durrell, que relatan viajes y peripecias por las islas griegas durante la segunda mitad del pasado siglo; yo estoy identificando los lugares donde he pasado mis últimos veinte veranos, buscando diferencias, tratando de imaginar cómo eran  aquellos lugares que ahora yo acabo de pisar. Evidentemente, la interpretación de estos libros es muy distinta de la efectuada por quien nunca ha viajado a las islas griegas.

O al leer las autobiografías de Alfonso Guerra, Baltasar Garzón, Jordi Solé Tura o Fabián Estapé, mi interpretación es distinta de la de una persona de 20 años. No digo que sea mejor, tengo más elementos de juicio, pero quizá por eso mismo estoy condicionado por posiciones políticas o personales. Seguro que un militante del PP las lee e interpreta de forma distinta que uno de Izquierda Unida.

Otro ejemplo, “Corre Rocker”, la autobiografía de Sabino Méndez, el letrista y compositor de Loquillo y los Trogloditas”. Para algunos pueden parecer las batallitas de un cincuentón, que superada la droga y desplazado de la música se ha refugiado en la filología, el periodismo y en contar su vida. Una visión muy distinta de la mía que iba a sus conciertos en los 80,s y de alguna manera he vivido algunas historias similares.

Ruiz Zafón

Pero no todo es la edad, también está la geografía. Supongo que un peruano sitúa mucho mejor los escenarios y personajes de la Lima de “Conversaciones en la Catedral”. O un polaco comprenderá mejor una obra ambientada en la Polonia de la caída del comunismo que yo. O un neoyorkino leerá de forma distinta una obra de Paul Auster ambientada en Nueva York, que quien nunca ha estado allí. O los innumerables lectores extranjeros de Ruiz Zafón, no se enfrentan a sus novelas igual que quienes conocemos los escenarios físicos de Barcelona; por ejemplo, yo  fui al mismo colegio que él y en “” he visto representado, tanto el Edificio como el barrio circundante.

Pero, además de la cronología y la geografía, también están los condicionantes sociales. Los lectores de ochenta años del Guinardó que vivieron la posguerra correteando por el barrio y las faldas del Carmelo contando “aventis”, leen de una forma distinta a Marsé que los de su misma edad de Pedralbes. Los de la Bonanova, que hacían la ruta de Boccaccio al Jazz Colon, pasando por Tuset Street, entienden mejor a Joan de Segarra cuando hace sus crónicas que los de la Zona Franca, y en cambio estos se identifican mucho más con Paco Candel.

Y no solo condicionantes sociales, sino profesionales o culturales. Seguro que un catedrático de literatura, o un lector empedernido, lee a Vila Matas de una forma distinta a mí, ya que su bagaje literario le permite adentrarse en su metaliteratura; en cambio yo he de reconocer que a veces me pierdo entre las florituras de su erudición literaria. 

Esta lista de ejemplos nos conduce al tema central de la exposición. Creo que las lecturas en las que el sustrato, lo que he llamado entorno, tiene una base histórica, geográfica o social reconocible son muy diferentes en función del conocimiento que tiene el lector de dicho sustrato y también de su empatía o vinculación con el mismo.

¿Pero son por ello unas lecturas mejores que otras? ¿Si se desconoce el entorno es más difícil la lectura? ¿O simplemente, es diferente y permite que imaginación vuele libre? En todo caso, hemos de reconocer que son lecturas distintas.

Otro ejemplo diferente, pero relacionado. ¿La visión de  una película previamente a la lectura de la obra literaria en la que se basa, cambia esta lectura? Evidentemente que sí, ya que pone rostro e imagen a personajes y paisajes y condiciona dicha lectura.

Yendo más allá. ¿Es correcto que un autor no dé pistas sobre la veracidad de esos entornos o dé por supuesto su conocimiento? ¿O, por el contrario, debe el autor dar las suficientes indicaciones para orientar al lector no versado en el tema? ¿Lecturas solo para iniciados o para iniciar a los no iniciados?

No sabría dar una respuesta absoluta. En todo caso habría que distinguir entre dos extremos: La novela pura (como total ficción) en la que todo vale; y la biografía (o autobiografía) con pretensiones históricas en la que hay que ser mucho más cuidadoso con las explicaciones. Por en medio se mueve el amplio campo de la literatura, en el que unos disfrutan leyendo sobre lo que conocen o creen conocer y otros también disfrutan imaginando paraísos o infiernos desconocidos.

De cualquier forma, por cerrar con una nota de humor estas líneas, no estaría mal que en el prólogo, o en la contraportada, el autor hiciera una declaración de intenciones. Por ejemplo:

“Libro para iniciados en la materia, legos abstenerse”

“No tengáis miedo, aunque no seáis expertos en el tema, lo explico muy facilito, con dibujitos, notas explicativas y anécdotas divertidas”

“Se recomienda especialmente para el disfrute y engorde de los incondicionales del Partido XX”

“Tratado o biografía histórica, datos contrastados y garantizados por la Real Academia de Historia. Si alguien no está de acuerdo que se querelle contra mí”

“Novelación histórica, no se admiten responsabilidades. Esto es ficción; porque algo esté escrito no tiene por qué ser verdad”

“Aviso por anticipado, esto no es una biografía ni una novela, es lo que a mí me ha dado la gana que sea”

Pues hasta aquí estas reflexiones a las que les gustaría oír las vuestras, sean a favor o en contra, que de todo se aprende menos del silencio.

Ricardo Fernández Esteban

Ricardo Fernández Esteban

Nacido en Barcelona en 1947.

Es Ingeniero Industrial, Master en Finanzas y Licenciado en Filología Hispánica.

Ha dedicado su vida profesional a las finanzas de empresa, ha ejercido la docencia en universidades y escuelas de negocios y ha participado en numerosas asociaciones profesionales. Dice de sus estudios que son más oxímoron que tríada, pero pueden ayudar a desvelar el porqué de su autodefinición “de formación ingeniero, de profesión financiero y de vocación poeta”.

Su afición por la literatura y la poesía es antigua, pero ha comenzado a publicar en este siglo. En poesía ha editado una trilogía de poemarios de viajes por las islas griegas Cuadernos de las islas griegas; un libro de rimas, Pensando en vosotras, en el que el narrador recorre las relaciones con las mujeres de su vida; un poemario digital sobre su relación con la pintura De museos por Madrid, en el que se pueden contemplar las obras en que se inspira; y una plaquette bilingüe (español-griego) Islario de Pasiones sobre los círculos viciosos y virtuosos del navegante de islas. Además, tiene publicado un libro de minirrelatos Cuentas de cuentos que buscan la complicidad y sorpresa del lector. Por otra parte, ha participado en numerosas Antologías poéticas y de relatos cortos.

Es miembro de la junta directiva de la ACEC (Asociación Colegial de Escritores de Cataluña), y de la tertulia poética de El Laberinto de Ariadna.

Participa en numerosos recitales y es ferviente defensor de acercar la poesía y la literatura al público, con medios tradicionales o innovadores, para que recuperen la importancia que deberían tener en la sociedad actual.

Está especialmente interesado y organiza actos sobre el presente y futuro de la literatura digital y la necesidad de adaptación del autor a la misma. Desde el año 2000 mantiene un blog de poesía La palabra es mágica en el que divulga obra propia y de autores que le interesan y que ya ha alcanzado las 400 mil visitas.

Poesía

Cuadernos de las islas griegas, 2006.
Adendas del Dodecaneso, 2009.
De museos por Madrid, 2009.
Más islas, más adendas de Grecia, 2010.
Pensando en Vosotras, SIAL Ediciones, 2011.
Islario de Pasiones (plaquette bilingüe español – griego, traducida por Maira Furnari), 2015
La palabra es mágica, 2010-2016

Relatos cortos

Cuentas de Cuentos, Ònix editor, 2015 (edición en papel)
Cuentas de Cuentos, Bebookness, 2016 (edición digital)

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