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Historia de un soneto

Historia de un poema: origen y descendencia de “Un soneto me manda hacer Violante”

Si hay un soneto famoso en literatura española, ese es el de Lope de Vega, que todo el mundo recuerda por su primer verso: “Un soneto me manda hacer Violante”.

Un soneto me manda hacer Violante,

que en mi vida me he visto en tanto aprieto;

catorce versos dicen que es soneto;

burla burlando van los tres delante.

 

Yo pensé que no hallara consonante

y estoy a la mitad de otro cuarteto;

mas si me veo en el primer terceto,

no hay cosa en los cuartetos que me espante.

 

Por el primer terceto voy entrando,

y parece que entré con pie derecho,

pues fin con este verso le voy dando.

 

Ya estoy en el segundo, y aun sospecho

que voy los trece versos acabando;

contad si son catorce, y está hecho.

 

Su fama es tal, que mereció una escena destacada en la película Lope (2010), que dirigió Andrucha Waddinton y protagonizó Alberto Amman. Mi intención no es hacer aquí la crítica de la película -que, como todos pudieron ver, se concibió bajo la estela de Shakespeare in love (1998)- pero sí quiero reparar en un momento muy concreto de la cinta que circula de forma independiente por Internet. Me refiero al recitado del soneto:

La impresión que saca un espectador tras ver el fragmento es que Lope era una gran virtuoso, capaz de improvisar, en una reunión entre amigos, un soneto, que no es poco. Y esta idea, que a la vista de su obra es probablemente real, hay que matizarla, y mucho.

Es cierto que Lope es una obra de ficción y, como tal, puede adaptar los sucesos históricos al interés de la trama. Pero se ha de respetar siempre, porque se trata de una película histórica, la época y su forma de ser. La ambientación histórica no se ha de reducir a los escenarios (castillos, edificios, etc.) o los trajes y elementos de atrezo (cubiertos, sillas de montar, armas, carruajes, etc.). Por encima de todo ha de prevalecer la verdad histórica, los usos sociales, pues el objetivo, más allá de los hechos, es presentar cómo fueron una época y sus protagonistas.

En este caso, lo importante es mostrar no solo la vida de Lope, sino la mentalidad y, sobre todo aquí, la forma de escribir. En la película, además de falsear los hechos, el origen del soneto, se da una imagen muy equivocada de la manera de escribir de la época.

Historia del soneto

El soneto a Violante no fue en absoluto improvisado, ni concebido y escrito como poema independiente. Pertenece a una comedia, La niña de plata, publicada en 1617. En ella, un criado, Chacón, recita el soneto (vv. 2608-2621, en el tercer acto). Los personajes que están escuchándolo en escena comentan,  literalmente, que es un “desatino” (v. 2622), dado su tono burlesco.

Como los datos históricos son tan objetivos como obvios, la película pierde su oportunidad histórica, en todos los sentidos: mostrar cómo escribían los autores en el momento. Para empezar, no podemos decir que la originalidad no fuese un valor, pero no era el principio compositivo. Esto pertenece a nuestra mentalidad, la heredera del romanticismo. En el Siglo de Oro predomina el principio de la imitación (imitatio le llaman los teóricos): es mejor escritor quien imite mejor a los clásicos. Los motivos circulaban de un poeta a otro, de una lengua a otra (sobre todo del italiano),  de modo que el poeta se inserta en una corriente de géneros y estilos, y en la que se siente cómodo. No se inventa partiendo de la nada, sino siempre dentro de una tradición. Y, en ella, se busca la originalidad o, por mejor decir, la voz propia.

Veamos como Lope no inventó ni improvisó su soneto en ningún momento. Ni tan siquiera fue invención del propio Lope, pues se origina en la poesía toscana del trecento.

En el origen debe situarse el poeta florentino Pieraccio Tedaldi.  Nació en 1285 y murió hacia 1328. Considerado un poeta secundario, han llegado hasta nosotros 43 sonetos. Fue el primero -que sepamos- en condensar la poética del soneto en el titulado Come dev’essere fatto un sonetto, y que copio:

Qualunque vuol saper fare un sonetto,

e non fusse di ciò bene avvisato,

s’è’ vuol esser di questo ammaestrato,

apra gli orecchi suoi e lo ‘ntelletto.

 

Aver vuol quattro pie, l’esser diretto

e con dua mute, ed essere ordinato,

ed in parte quattordici appuntato

e di buona rettorica corretto.

 

Undici silbe ciascun vuole punto,

e le rime perfette vuole avere,

e con gentil vocabuli congiunto;

 

dir bene a la proposta il suo dovere:

e, se chi dice sarà d’Amor punto,

dirà pili efficace il suo parere.

 

El parecido es tan obvio que parece imposible que Lope no llegase a conocerlo. Pueden existir otros eslabones (como Antonio Pucci y su soneto “Fammi di piè quattordici il sonetto), pero el origen está en Tedaldi, mientras no se encuentre una formulación anterior. El soneto debió pasar de Italia a la Península (seguramente a través de Nápoles), pues el motivo lo encontramos al menos en dos casos más. El más antiguo es del andaluz Baltasar del Alcázar (1530-1606), que conocería uno de los poemas:

 

Yo acuerdo revelaros un secreto

en un soneto, Inés, bella enemiga;

mas, por buen orden que yo en éste siga,

no podrá ser en el primer cuarteto.

 

Venidos al sigundo, yo os prometo

que no se ha de pasar sin que os lo diga;

mas estoy hecho, Inés, una hormiga:

que van fuera ocho versos del soneto.

 

Pues ved, Inés, qué ordena el duro hado:

que teniendo el soneto ya en la boca

y el orden de decillo ya estudiado,

 

conté los versos todos y he hallado

que, por la cuenta que a un soneto toca,

ya este soneto, Inés, es acabado.

 

Encontramos otro posterior, que desarrolla el mismo motivo:

 

Pedís, reina, un soneto: ya le hago;

ya el primer verso y el segundo es hecho;

si el tercero me sale de provecho,

con otro verso el un cuarteto os pago.

 

Ya llego al quinto: ¡España! ¡Santiago!

Fuera, que entro en el sexto. ¡Sus, buen pecho!

Si del sétimo salgo, gran derecho

tengo a salir con vida deste trago.

 

Ya tenemos a un cabo los cuartetos.

¿Qué me decís, señora? ¿No ando bravo?

Mas sabe Dios si temo los tercetos.

 

Y si con bien este soneto acabo,

nunca en toda mi vida más sonetos.

Ya deste, gloria a Dios, he visto el cabo.

 

El autor de este último es incierto. Fue publicado en una antología poética, Primera parte de las flores de poetas ilustres de España, de 1605 (págs. 65-66). Allí se atribuye a Diego Hurtado, que en ocasiones se ha identificado con el poeta renacentista y diplomático Diego Hurtado de Mendoza (1503/4-1575). Otro cancionero, el del Duque de Estrada, lo atribuye al duque de Osuna.

Soneto

Descendencia del soneto:  los sonetos sonetiles

Sea cual sea su autor, lo que está claro es que Lope no inventó nada; más probablemente imitó un soneto, y como resultado, creó un nuevo paradigma: el soneto sonetil (tal es su nombre), como lo demuestra su larga y fructífera descendencia, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. Lo imitó, entre otros, el poeta francés Vincent Voiture (1597-1648), quien codificó la poética del rondeau, una estrofa de trece versos característica de la poesía francesa:

 

« Ma foi, c’est fait de moi, car Isabeau

M’a conjuré de lui faire un rondeau.

Cela me met en une peine extrême.

Quoi ! treize vers, huit en eau, cinq en ême

Je lui ferais aussitôt un bateau.

 

En voila cinq pourtant en un monceau.

Faisons-en sept en invoquant Brodeau,

Et puis mettons, par quelque stratagème :

Ma foi, c’est fait.

 

Si je pouvais encor de mon cerveau

Tirer cinq vers, l’ouvrage serait beau ;

Mais cependant je suis dedans l’onzième,

Et ci je crois que je fais le douzième ;

En voilà treize ajustés au niveau.

Ma foi, c’est fait. »

 

En nuestra literatura, el poema reaparece (con alguna reminiscencia en el XIX) en siglo XX, cuando ya no podemos hablar propiamente de imitatio, sino de juego intertextual. Se trata, en un principio de poemas satírico-burlescos, imitadores del que suponen original de Lope, y que se quedan en el puro juego poético, con mayor o menor fortuna. Entre ellos destaca el del poeta colombiano Víctor Sánchez Montenegro (1886-1985), que sabe jugar ingeniosamente con la tradición:

Qué!

So …………… No

ne- .:………….. lo

to? ……………. ves?

 

Yo

me …………….. Ya

me-. …………… es

to. …………….. tá.

 

En la Península, el motivo fue retomado por varios autores. Manuel Machado (1874-1947) publicó en Poemas varios, de 1921, el siguiente soneto titulado Alfa y omega, en el que el devenir del soneto se convierte en imagen del paso del tiempo y de la vida:

 

Cabe la vida entera en un soneto

empezado con lánguido descuido,

y apenas iniciado ha transcurrido

la infancia, imagen del primer cuarteto.

 

Llega la juventud con el secreto

de la vida, que pasa inadvertido,

y que se va también, que ya se ha ido,

antes de entrar en el primer terceto.

 

Maduros, a mirar a ayer tornamos

añorantes, y, ansiosos, a mañana,

y así el primer terceto malgastamos.

 

Y cuando en el terceto último entramos,

es para ver con experiencia vana

que se acaba el soneto… Y que nos vamos.

 

Gerardo Diego también escribió su soneto a Violante (“Yo no sé hacer sonetos más que amando”), en el que destacan las metáforas amorosas (“¿cómo quieres que yo no arda en vehemencia / y por catorce llamas de impaciencia / no exhale el alma que te está cantando?”), aunque, personalmente, y por no extenderme, prefiero y copiaré el de Dámaso Alonso (1898-1990). Profundo conocedor de la poesía del Siglo de Oro, estudioso de la técnica y del misterio poético, expresó en este soneto con estrambote el dominio al que el escritor ha de someter la palabra para domesticar la estrofa y dar rienda suelta a la expresión poética. De ahí su título: El corcel.

 

Voy a montar este animal bravío:

dicen que muchas veces se rebela.

Yo le ahormaré: con freno y con espuela

imprimiré en su furia mi albedrío.

 

Pasó la curva. Y, espumoso río,

flecha vibrante, por la recta vuela,

ya hacia mitad del curso, y aún se encela

¡hacia meta, hacia gloria, corcel mío!

 

Nueva curva: ceñido salió. Sale

como querencia tras un gozo. Fuerte

huella a compás el campo el ritmo neto.

 

Curva final. «¡Hale —le grito—, hale!

¡Meta! ¡Morir! ¡Igual da meta o muerte!»

Y llega, triunfa y muere mi soneto.

 

¿Soneto ya completo?

Nueva vida y alada ahora le brote,

¡y sea su recuerdo el estrambote!

 

Imitación y originalidad

Ahora que sabemos que Lope no inventó nada, ¿hemos de restar valor a su poema? Nada de eso. Al contrario, porque ahora entendemos cómo se escribía en el siglo XVII: tomando los motivos que le ofrece la tradición, el poeta los reelabora a su modo y con su propia intencionalidad artística, de manera que los proyecta hacia el futuro, y los ofrece a lectores y a quienes sepan darle nuevas posibilidades expresivas. Esto es, ni más ni menos, la imitatio, el proceso retórico y creativo usual y que, en su torbellino revolucionario, arrinconó el romanticismo, en nombre de la libertad y la originalidad. Y esto es incidir en la tradición literaria: situarse entre el antes y el después, como hizo Lope.

Jorge León Gustá

Jorge León Gustá

Jorge León Gustà, Catedrático de Instituto en Barcelona, es doctor en Filología por la Universidad de Barcelona.

Su trabajo se ha desarrollado en estas dos direcciones: por un lado, como autor de libros de texto dirigidos a secundaria, y por otro, en el campo de la investigación literaria.

En el área de la educación secundaria ha publicado diferentes manuales de Lengua castellana y literatura en colaboración con otros autores, así como una edición de La Celestina dirigida al alumnado de bachillerato, Barcelona, La Galera, 2012..

Sus líneas de investigación se han centrado en la poesía del siglo XVI, el teatro del Siglo de Oro y las relaciones entre la literatura española y la catalana en el siglo XX.

Entre sus artículos destacan los dedicados a la obra de Mosquera de Figueroa: “El licenciado Cristóbal Mosquera de Figueroa, de quien ha publicado las Poesías completas, Alfar, Sevilla, 2015.

Las investigaciones sobre el teatro del Siglo de Oro le han llevado a colaborar con el grupo Prolope, de la Universidad Autónoma de Barcelona, cuyo resultado fue la edición de la comedia de Lope de Vega, Los melindres de Belisa, publicada en la Parte IX de sus comedias, en editorial Milenio, Lérida, 2007.

Además, ha sido investigador del proyecto Manos teatrales, dirigido por Margaret Greer, de la Duke University, de Carolina del Norte, USA, con cuyas investigaciones se ha compilado la base de datos de manuscritos teatrales de www.manosteatrales.org. Su colaboración de investigación se centró en el análisis de manuscritos teatrales del Siglo de Oro de la antigua colección Sedó que están depositados en la Biblioteca del Instituto del Teatro de Barcelona.

En el campo de las relaciones entre las literaturas catalana y española, ha estudiado la influencia del poeta catalán Joan Maragall sobre Antonio Machado, así como la de Rusiñol en la génesis de sobre Tres sombreros de copa de Mihura.

Del estudio de la interinfluencia del catalán y castellano ha publicado un artículo de carácter lingüístico: “Catalanismos en la prensa escrita”, en la Revista del Español Actual (2012).

Ha publicado el libro de poemas Pobres fragmentos rotos contra el cielo

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