Las nueve musas
Marta Sánnchez
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¡Habemus himno!

Basta de hablar de intrascendencias. A Marta Sánchez se le ha ocurrido una letra para nuestro desnudo de palabras himno, y ya todos podemos discutir sobre lo que de verdad es importante.

Dentro de un sospechosamente espontáneo arranque de la cantante que no tardó ni un pestañeo en hacerse viral, ella misma contó en la Cadena Ser el conmovedor periplo de ese fulgor en su inspiración: “La letra se me ocurrió hace un año y medio en mi casa de Miami, y ya en Madrid, cuando supe que iba a hacer un concierto de piano en la Zarzuela, hice los arreglos para que sonara bien en piano y acabé la letra”.

¿Cabe acaso otro calificativo que el de enardecedor para un relato tan cercano a la realidad de este país? Allí, en su muy española casa de Miami, Murcia, una fuerza más allá de lo mundano le llenó la cabeza versos, estalló la bomba de creación y aunque se vio obligada a hacer retoques a su sueño para que “sonara bien” al menos con un piano (aunque eso de “hacer conciertos” suena fatal), su propuesta ha terminado por generar otro debate artificial que ya tiene a los descerebrados de guardia gritando por las esquinas la prioridad de contar con una letra en el himno, una ausencia que como todos hemos entendido ya es la causa principal de la marginación colectiva a la que estamos siendo sometidos.

Marta Sánchez

Lo extraño es que si se analiza la tan celebrada puesta al día del sonido patrio uno encuentra inquietantes dejes que forman nebulosas de preocupación. Su comienzo, por ejemplo: “Vuelvo a casa, a mi amada tierra, la que vio nacer un corazón aquí”. De momento, la voz cantante no vive en el país que piensa loar, lo que le permite tener una mirada muy poco estable desde la que poder opinar. Ha vuelto, no sabemos de dónde (¿referencia a la ya ingente cantidad de españoles que han tenido que salir disparados de un lugar donde nacen corazones pero luego no hay forma de hacerlos latir?), y menos aún para qué, aunque los siguientes versos pueden explicar las razones: “Hoy te canto, para decirte cuanto orgullo hay en mí, por eso resistí”. Ha venido para cantar (normal, es su profesión), para proclamar a todos los vientos que se siente orgullosa de no vivir aquí, y aprovechando que el himno atraviesa las cuerdas vocales de un icono del mundo gay, no le tiembla la cara dura y parece colar un “resistí” que al carecer de referencias habrá que interpretar como un homenaje al “Sobreviviré” de Gloria Gaynor, quizás el himno del mundo homosexual, no descartemos por tanto versiones trance o disco de la propuesta martiana. A partir de ese momento, la letra entra en barrena y no hay escapatoria: “Crece mi amor cada vez que me voy, pero no olvides que sin ti no sé vivir”. De nuevo azuzando al personal para que se vayan acostumbrando a su más que probable condición de inmigrantes, por lo visto sólo se puede venir aquí para ir por ahí exhibiendo los orgullos o de visita a los que no hayan podido escapar.  A estas alturas de su ingenio, Marta ya debía estar enjugándose las lágrimas con toallas, allá, en su chabola de Miami. Pero saca entereza de flaquezas: “Rojo, amarillo, colores que brillan en mi corazón y no pido perdón”, unas palabras entre el delirio y lo hermético porque desde cuándo hay que disculparse por la gama cromática que uno luzca en su corazón, en su alma, o en el escudo de su equipo de petanca. Habrá que deducir que esa estrofa es en realidad el preámbulo del momento cumbre de su obra, la verdad envenenada que no sabe ocultar este insulto a los que la miseria les ha comido la vida y la patria, y sin dejar resquicio a la esperanza de que el himno pudiese representar a todos los nacidos en este país donde hay que pedir perdón si te gustan ciertos colores. “Grande España, a Dios le doy las gracias por nacer aquí, honrarte hasta el fin”. Es obvio que los adjetivos una, grande y libre no casaban bien con las notas de la melodía, pero con el que elije uno ya se hace una idea. Y claro, Dios en la puerta, como la esposa malhumorada esperando al marido borracho. Si eres ateo, agnóstico, mormón, budista, jugador de Pokemon o piensas que este mundo lo diseñó un ente extraterrestre, esta letra no va contigo, así que te quedas sin cantar al principio de los partidos que juegue España, grande, sí, pero por lo visto con poco espacio (si es que la especulación inmobiliaria es muy dañina). El himno está a punto de terminar, y el desastre se produce. “Como tu hija llevaré ese honor, llenar cada rincón con tus rayos de sol”. Visto el panorama sexista, ni la musa de Marta Sánchez se cree que hay hombres de pelo en pecho y pelo en bandera que se van a poner a dar gorgoritos en público proclamando que son hijas de nadie. No funciona así. Todos somos hijos de Dios, no hijas. El uso del masculino es concluyente a la hora de solventar esas dudas. Se nos adjudica además un honor: llenar cada rincón (del mundo, teniendo en cuenta las incansables referencias al estar lejos de nuestros suspiros) con los rayos de sol, los mismos rayos que ya llevan décadas abofeteándonos en la cara. No obstante, el final nos devuelve a las cumbres de la exaltación: ”Y si algún día no puedo volver, guárdame un sitio para descansar al fin”. La dramática conclusión de que quizás haya mucha gente que no encuentre la forma de regresar al país que aman, con himno o sin él, por muchas fascinaciones patriótica que esté despertando, nos deja en el desierto de la tristeza. Algo que tenemos que celebrar cantando.

 

Como himno es una baratura.

Pero como epitafio a un país no tiene desperdicio.

 

Emilio Calle

Emilio Calle (Málaga, 1963)

Crítico de cine y guionista, ha publicado el libro de cuentos “Imaginando rutas” (Huerga & Fierro, 1999), y las novelas “Linda Maestra” (Ediciones Libertarias, 1995), “La estrategia del trueno” (Huerga & Fierro, 2001) y “El hombre que pudo salvar el Titanic” (Editorial Martínez Roca, 2010, reeditada por Editorial Planeta ese mismo año).

Asimismo es coautor de “Los barcos del exilio” (Oberón, 2005 y RBA, 2010), escrito junto a Ada Simón.

Durante diez años trabajó en “El País”, en “Tras la pista”. Y colaboró en Onda Vasca en el programa “Melodías de Seducción”, dedicado a la música en el cine.

También estuvo cinco años en el suplemente infantil de “ABC”, y ha colaborado con diversos periódicos tanto nacionales como internacionales.

Actualmente prepara su nueva novela.

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