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Libro del Éxodo
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El Éxodo, una lectura espiritual

La Sagrada Escritura es un texto desarrollado a través de diversos géneros literarios  cuyo  fundamento es otorgar una enseñanza ética y no dar una clase de historia.

Cada uno de los libros tiene particularidades especiales que ayudan a comprender la influencia recibida por los pueblos y civilizaciones de alrededor, con el apoyo de la arqueología bíblica  se percibe el momento histórico en el cual fueron escritos, así, se entiende que la fecha en la cual fueron escritos no corresponde al tiempo narrado en los acontecimientos, pero, esto no es un punto fundamental, a los escritores bíblicos no les interesa dar una clase de historia o historiografía, sino provocar reflexiones éticas.

Para el pueblo judío D/os se revela en la Palabra, esto es fundamental para comprender el estudio del Tanaj, el cual se vive en libertad sin dogmatizar, al contrario de otras posturas se valora la diversidad de opiniones. Dios es diferente para cada persona, por ello, no se puede ni debe desarrollar una sola forma de percibirlo, cada ser humano encuentra a Dios desde lo que es  y lo vive a través de su cultura, época y aprendizaje,  se entiende que mientras esa visión divina no dañe a nadie y se convierta en un crecimiento espiritual, esa manifestación será positiva y una verdad única para esa persona, por ello,  en la Sagrada Escritura se menciona El D/os de Abraham, el D/os de Isaac, el D/os de Iaacob, porque cada uno tiene una visión distinta la cual es valida y complementa la espiritualidad.

Al revelarse Dios como palabra a través de la Torá y en la historia del ser humano, se muestra que no se puede percibir a Dios más allá de la humanidad y que es en el encuentro con el semejante donde el Misterio de Dios se descifra y a la vez se expande, de ahí que el Shema se vuelva fundamental, esta escucha es necesaria para comprender la Palabra, si no se desarrolla, la Palabra es asesinada y con ello el encuentro con Dios a través del otro, por esta razón cualquier dogma se convierte en el asesino de la revelación, al  imponerse como verdad absoluta la cual se niega a escuchar, a dialogar, a expandir el Misterio divino que guía a la persona a sí misma.

La lectura de la Torá  entrega a cada persona enseñanzas  tan diversas como el ser humano y se enaltece que la semejanza se encuentra en las diferencias,  es desde esta posibilidad de interpretación y bajo el apoyo de otros estudiosos que describo un sentido místico del libro del Éxodo.

Cuando se llega al libro del Éxodo se ha conocido la creación del mundo y del ser humano, se han mostrado historias de hombres cercanos a Dios que han tenido un acercamiento con Dios, así se nos descubren enseñanzas  relacionadas con el individuo y la familia como parte de asimilar que para hablar de D/os es necesario comprenderlo en uno mismo y en los más cercanos.

En este período Dios busca a diversos pueblos quienes lo rechazan, pero cuando se revela al pueblo de Iaacob éste lo acepta como su D/os, entonces Israel no es el pueblo elegido sino el pueblo que acepta a Dios. Iaacob es el tercer patriarca, su padre Isaac y su antepasado Abraham habían tenido experiencias diversas con este D/os.

Abraham quien se sitúa en Ur muestra el politeísmo de sus antepasados,  él quema los ídolos de su padre y manifiesta no un monoteísmo sino una henolatría, es decir, Abraham, no niega la existencia de otros dioses pero sí hace de Yahvé su único D/os. Esta comprensión revolucionó el pensamiento antiguo porque el D/os de Abraham a diferencia de los otros dioses se preocupa por el ser humano, pero existe un punto importante en este patriarca que lo convierte en el padre de la fe de las tres religiones llamadas del Libro. Abraham camina delante no en ni con D/os,  Abraham comprendió que Dios se encuentra en todo, que al ser aceptado por el ser humano este D/os está presente en su tiempo, en su vida, en su historia, no se menciona que está con Dios, porque eso implica tenerlo a un lado o se le pide consejo, es decir,  está fuera de la persona, en cambio, quien camina delante,  lleva a D/os en sí mismo, todo lo que haga y realice tiene la esencia divina.

El Génesis  muestra a grandes personajes antes de dar paso a Moisés, personaje quien más allá de si fue un hombre de carne y hueso o tan sólo un personaje bíblico – literario ha creado y fundamentado al pueblo de Israel. Ra Tzadok Hakohen de Lublin, maestro jasídico del siglo XIX, explica que en el acontecimiento del Éxodo existen dos providencias divinas presentes en:

  1. La manera esperada.
  2. La manera que lleva a los acontecimientos a un nivel nunca imaginado.

 En el libro del Éxodo se explica que mientras el Hombre cree en una única manera de resolver las circunstancias para D/os hay otras alternativas mostrando la Redención.

Moisés a diferencia de los patriarcas anteriores demuestra un nivel de salvación distinto, mientras los otros mostraron una salvación individual y familiar, Moisés revela la salvación en comunidad, la entrega de la vida por el otro más allá si es familiar o alguien cercano.  Entonces, todo lo descriptivo se convierte en un personaje espiritual, Moisés representa a la persona que sabe escuchar a D/os y quien al observar la injusticia se revela contra ella, particularmente contra la que cada uno lleva en sí mismo. Egipto se manifiesta como ese imperio de dominio, poder el cual somete y separa de D/os, la idolatría hacia lo material, el anhelo de que los demás actúen en base a nuestras  necesidades  y deseos sin importar  el daño, el pueblo hebreo es cada uno de los lenguajes interiores en busca de  esa libertad, obtenida  ante la cual no se sabe que hacer con ella, es el miedo a crecer, a liberarse,  a soltar apariencias, posturas, placer, es nuestro arrepentimiento y deserción.

El Éxodo leído desde la espiritualidad es la salida de uno mismo para salvar al otro teniendo como centro la Misericordia.

La parte que se encuentra con Dios lucha contra ese faraón renuente a liberarse, y esto conlleva sufrimiento, perdidas, muertes espirituales, pero, llega un momento donde se entrega la libertad, se da inicio a un nuevo camino para  enfrentar al mar, a las aguas símbolo de la limpieza, un nuevo comienzo. Al verlo y enfrentarlo da miedo comenzar, reiniciar, pero ya no se puede regresar, se está en medio de lo nuevo y del pasado representado en el Imperio egipcio. Ahora el ser humano, se encuentra  en medio, tiene miedo, pero D/os se manifiesta y abre el camino, se convierte en un apoyo para caminar con seguridad.

 Cuando el pasado parece alcanzar la historia del ser humano  el agua se une, limpia y purifica,  encamina a una nueva etapa de vida donde la persona está más fortalecida a pesar de sus dudas,  con la firmeza de que encontrará un lugar seguro no sólo en sí misma sino en sus semejantes, entonces, se llega al desierto, símbolo del tiempo, la espera, la reflexión, el desierto es la representación física del Silencio necesario para reencontrarse  con lo que se es y con quienes son los demás, es un tiempo para escucharse interiormente y recibir  a Dios.

En este tiempo se comprende cada hecho pasado, particularmente el que trae sufrimiento se entiende que cada acontecimiento es necesario para desarrollar en el interior Humildad, Perseverancia y sobre todo para crear una Identidad propia sostenida en Dios con la finalidad de ofrecer fertilidad, pero, en ese momento de Silencio y de interiorización desértica  retornan deseos de lo pasado, de lo que  otorgaba estabilidad a pesar del empobrecimiento físico, emocional y espiritual, entonces se cambia todo ese camino recorrido, se toma de lo anterior fragmentos y se  convierten en el  soporte, en un dios, un ídolo de poder y dominio, ese ídolo al cual se puede chantajear para conseguir lo deseado y dominar al otro, ante esto, D/os no abandona, al contrario pronuncia su nombre, hace comprender lo que se fue, se es y será, como dice su nombre, entrega mandamientos no leyes, preceptos sin imposición para que cada persona reflexione y contemple al semejante otro en cada uno de sus actos.

El tiempo en el desierto marca un proceso de encuentro con Dios, con uno mismo y con el prójimo. Esta historia de Salvación se fundamenta  en la comunidad, enseña que si una persona sufre, si no crece y se desarrolla en libertad todo el pueblo sufre, y para su crecimiento, el pueblo de Israel debe reaccionar siempre en comunidad, ver al otro como parte de sí mismo. En ese momento de desierto Dios se manifiesta en la Misericordia la cual encuentra su significado en la Redención, cuando el dolor, las dudas, la felicidad y todo lo que le acontece al otro se vive como propio. Este proceso de encuentro tiene un tiempo determinado y fortalece los pasos para entrar en la Tierra Prometida símbolo de una nueva vida, llamado en el Cristianismo Resurrección.

Para caminar en esta nueva tierra se necesita dejar a  Moisés, -el yo interior-,  ahora es importante y necesario ceder el terreno a Josué, símbolo, esencia y reflejo del nuevo camino, de las huellas  a descubrir  principalmente en comunidad y del crecimiento, el yo  se reconoce en el prójimo y construye el pueblo de Dios, es decir, se construye una comunidad  actuante no a través de leyes humanas  condicionantes de su  comportamiento en base al castigo, sino un pueblo que experimenta y vive en Dios, una comunidad sin necesidad de leyes amenazantes y castigos, porque existir en Dios Fue, Es y Será, actuar siempre en libertad protegiendo  la dignidad del otro.

 

NOTA: el Judaísmo no pronuncia el Nombre Sagrado o Tetragramatón que aparece en la Torá y en todo el Tanaj. Cuando aparecen las cuatro letras Sagradas (Yud-Hei-Vav-Hei), se pronuncia “Adonai” o “Hashem”. Y como extensión de esa práctica, las palabras “Dios” o “Adonai” se escriben incompletas. Por ejemplo: “D-os”, “Di-s” o “D-s”, “Ad-nai”, o “Adon-i”. Fuente

Shamaim (Cielo), Adama (Tierra),Tofet (Inframundo)

Martha Leticia Martínez de León

Martha Leticia Martínez de León

Martha Leticia Martínez de León… Silencio

Hermeneuta en libros Sagrados (Vedas, Talmud, Tanaj, Biblia y Corán).
Actualmente cursa la maestría en Estudios Hebraicos en la Universidad Hebraica.
Maestra en Ciencias Bíblicas y lenguas antiguas. Licenciada en Ciencias Religiosas, por la Universidad Pontificia de México.

Tiene 26 libros publicados (poesía, cuento, ensayo, literatura infantil), 12 de Teología, Ciencia y Arte para niños. Ha publicado en México, España, Estados Unidos e Italia y ha sido traducida al inglés, italiano y francés.

Conferencista a nivel nacional e internacional.

Actualmente escribe en el área de Religión de la revista española Las nueve musas.

Catedrática de Teología y Lenguas antiguas en la Universidad Intercontinental y Coordinadora de AIEMPR México.

Creadora de “la Teología del Silencio y de la Carne”.

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