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Leer bajo el agua
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Esto está escrito para leer bajo el agua

La imaginación poética del psicoanalista

                   “De rodeo en rodeo el sujeto en la punta de la lengua, no es una  palabra o  una frase que se pueda decir. Es el aire de las palabras que sin ese aire no tienen sentido, y uno está solo para escuchar y uno trata de escribir”

Henri Meschonnic.

           Escuchar en Psicoanálisis es atender a otra escena, suspender el sentido habitual de las  palabras esperando la emergencia del sujeto del inconsciente. El análisis es un acto de escritura y reescritura, donde  la posición de  analista y paciente frente al lenguaje,  trascienden  el querer decir, comprender o explicar.

        Sostendremos que en los momentos fecundos de un análisis sucede algo comparable al efecto de lectura de una obra literaria, al encuentro con un hecho artístico que conmueve,  dado que aunque el paciente intente relatar qué lo movilizó allí, algo se mantiene evanescente, resistente a la  significación; pero circula y sigue generando efectos, sujeto a la función metafórica y metonímica del lenguaje.

        Sostendremos que un analista transcurre aún en su vida cotidiana,  abierto a la polisemia, que su trabajo de artesano en la palabra, se nutre también del goce estético y es por ello que muchos de nuestros ensayos refieren a las bellas formas del decir y el hacer, en escritores, poetas, filósofos o artistas plásticos.  Un camino sobre el que va Lacan en el Seminario 25:   “No hay más que la poesía, se los he dicho, que permita la interpretación. Es por eso que no llego más, en mi técnica, a lo que ella sostiene. Yo no soy bastante poeta. No soy bastante poâte”

       Henri Meschonnic, lingüista y poeta,  reflexiona sobre los vínculos entre poesía e histeria, subrayando que Freud comienza a interesarse en el lenguaje al observar los efectos de esta última sobre el cuerpo. Es en la histeria donde se evidencia que el organismo es más que referencia de lo biológico,  es cuerpo bordeado por el lenguaje,  el  lugar donde se  encarnan las metáforas.

       Es en la poesía, en la oralidad, donde la fuerza de la carga pulsional toma una dirección inversa, se dirige desde el cuerpo hacia el lenguaje y ya no desde el lenguaje hacia el cuerpo como se observa en la histeria. “Poner al cuerpo en el lenguaje, utilizando su energía es la función de la oralidad”. [1]

        En este sentido el Psicoanálisis subvierte la práctica de la Psiquiatría como una clínica de la mirada, centrada en la observación y clasificación de síntomas y se troca en una clínica de la palabra. Debemos recalcar que se trata de la palabra otorgada al paciente.

       En “El poeta y los sueños diurnos”  Freud compara la actividad del poeta con el juego en el niño y el fantasear del adulto.  Tanto el niño como el poeta crean un  mundo propio. Cuando el  niño juega lo impulsa la deriva pulsional, un hacer restitutivo  y expresivo que lo satisface.  De la misma forma la fantasía del neurótico, el ensueño diurno, recrea y permite la satisfacción de un deseo insatisfecho del que proviene la fuerza pulsional que lo dirige.

       Pero solo el poeta logra que su experiencia, una impresión individual bordee  lo universal, que un objeto simple, cotidiano,  arroje una luz nueva; que  un paisaje ajeno se nos vuelva familiar, próximo y lejano a la vez; que allí  algo nos hable.

        Para  Rilke  “lo abierto” designa  ese instante  en el cual sin que un límite haga obstáculo, lo seres y las cosas entran al espacio de la percepción pura. Dice en La Octava Elegía de Duino: “Con plenos ojos, la criatura ve lo abierto, solo nuestros ojos están invertidos y colocados en torno a ella por entero…”

        Siguiendo a Gérard Pommier “Lo abierto remite a esa experiencia de lo infinito en lo finito, es ese momento en el que  a partir de una mirada dirigida a una cosa simple,  todo es aceptado, consentido… Lo abierto aparece cuando tomo una palabra en el hueco de mi mano y cuando  espero”[2].

        Aún lo terrible se vincula con lo bello a través de las palabras del poeta, algo se hace poético en la vía metafórica que constituye el síntoma.

       Tomemos  entonces  los  versos de la poeta Selva Casal: “El universo flota en el espacio sideral / Tú  en el mar  / Como en el líquido amniótico” [3]. Sus palabras son la entrada al poema: “Esto está escrito para leer bajo el agua”. Al leerlo las imágenes que evoca me llevaron de inmediato al recuerdo de esta  viñeta clínica:

      Una mujer  embarazada de su primer hijo. ¿Cuáles son los rastros de su madre en ella? No tiene certezas sobre su verdadero origen. La muerte de su madre de crianza la dejó con la incógnita. Ya sin lazos familiares, los de esa familia conocida en la que todos se han ido, la inminencia de su propia maternidad  la lleva a intentar  volver a un  punto desconocido.    Un ritual  se le impone. Tiene que llenar el lavatorio con agua para meter la cabeza adentro. Una, dos, tres veces. Teme que si no lo hace algo podría sucederle a  su  bebé. Más tarde insiste en meter la cabeza en espacios continentes. Abre las puertas del ropero con la misma compulsividad.

          Alguien dice que deberían internarla, le podría pasar algo al bebé.

 Otro escucha, lee la metáfora  y relanza la palabra. Desata  las preguntas amordazadas para que ella misma escriba una respuesta. 

        Tras el sufrimiento del síntoma algo de planteado por Lacan  en el Seminario 25,   remite a lo que muestra el caso. Leemos: “Trabajo en lo imposible de decir. Decir es otra cosa que hablar. El analizante  habla, hace poesía. Hace poesía cuando llega —es poco frecuente, pero es arte[4]

       Desde el decir poético de  Clarice Lispector  en Agua Viva: Escribir es usar la palabra como carnada, para pescar lo que no es palabra. Cuando esa no palabra, la entrelínea, muerde la carnada, algo se ha escrito”.

            Y allí estamos, en el arte de la espera. Por esa palabra que llega y lanzamos a rodar.

 

(Cabecera: fotografía de Laura Rivera)


[1] Meschonic; Henri. La poética como crítica del sentido. Mármol Izquierdo Editores. p.162

[2] Pommier, Gerard. “La excepción femenina, Ensayos sobre los impases del goce.”Alianza Editorial.1996 p.105

[3] Casal, Selva. “Biografía de un Arcángel”. Estuario Editora. Montevideo. 2012. p. 9

[4] Lacan Jaques. Seminario 25. Clase 3 1977.Ed digital.p. 9


 

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Victoria Fabre

Victoria Fabre

María Victoria Fabre. (1968, argentina).

Es Licenciada en Psicología y Maestra de Artes Visuales.

Desde su interés por las relaciones entre Psicoanálisis y Arte publica sus notas en el blog - “El eco de Psique: Arte, Literatura y Psicoanálisis”

Ha realizada colaboraciones en el género poesía para la Revista Monolito. Mención de Honor en Poesía en el Concurso Literario Nacional “Paco Urondo “2015. Colaboraciones en los géneros cuento y ensayo para Revista Jus Digital.Redactora en el Semanario Las Nueve Musas.

Publicó ensayos breves sobre temáticas ligadas al ejercicio de la Psicología en compilaciones realizadas por la Editorial Letra Viva.

Coordina la Comisión de Cultura del Colegio de Psicólogos Distrito XII. Bs As. Argentina. Representante de la citada institución en el Comité Consultivo de la Biblioteca Virtual en Psicología Argentina. Ejerce como docente de Psicología en CBC. UBA

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