Las nueve musas

El 24 de agosto de 1807 la Gaceta de Portland informaba que el capitán Amasa Delano había sido recibido por el rey de España y galardonado con una medalla de oro por haber rescatado el barco español Tryal de manos de esclavos rebeldes.

Una década después se publica en EE.UU el libro de Delano Narrative of voyages and travels in the Northern and Southern Hemispheres donde relata en el capítulo dieciocho los detalles del abordaje al navío en aguas del pacífico. De su autor sabemos que fue un capitán de barco estadounidense de Duxbury, Massachusetts, que luego de servir en la adolescencia a la revolución americana se embarcó en varios viajes por mar. El objeto de la narración que alude dicho episodio tuvo intenciones pedagógicas más que literarias, solo le interesó a su autor educar al público sobre los peligros en los mares abiertos. En 1823 un aviso funerario en el Boston Repratory informa que el otrora capitán ha muerto  “repentinamente” a los sesenta años.

Hacia 1955, Melville recoge la historia del Tryal y lo convierte en el Santo Domingo y el Perseverance del capitán americano muta en el Bachelor’s Delight. El único nombre propio que no nos sustrae es el de Delano. De la ficción de una realidad y de la realidad de una ficción nace la verdadera trama de Benito Cereno, un relato en apariencia extraño que Melville arroja contra la petulancia y la falsa inocencia del mundo.

Si bien el narrador es omnisciente, es a través del espacio mental de Amasa Delano de donde surge el relato tal cual llega al lector en términos de conocimiento de la información. Sabemos así que el capitán del Bachelor’s Delight supone en apuros al barco avistado por su catalejo, desde donde estaba fondeada su nave, y decide ofrecer su ayuda enviando la ballenera y abordándola él mismo. Nos enteramos por él que Benito Cereno es el capitán del Santo Domingo cuya majestuosa y decadente embarcación española navegaba a la deriva, cerca de la costa del puerto chileno de Santa María, y al que Delano llegará para auxiliarlo.

Su versión de Benito Cereno y de las relaciones existentes en el barco se ajusta en su manera de considerar la realidad a los tópicos románticos; un ejemplo de esto se muestra cuando el americano ante la persistente reserva de Cereno medita sobre su origen, para él el comportamiento del español es una incógnita, un misterio, en parte porque Cereno no condesciende a la usual camaradería de a bordo (entre oficiales del mismo rango) en agradecimiento del socorro brindado por alguien de su misma jerarquía, y en tal sentido, socava desde el primer momento la capacidad de liderazgo de aquel al observar un temperamento de orden nervioso e inestable.  Delano infiere que su colega propende a una circunspección elaborada y consciente que está en estrecha relación con su experiencia acerca de la autoridad.

Desde el romance hay una consideración más libre de la realidad que es vertida, si pensamos en Chase, “con menor volumen y detalle”. Esto no implica que los elementos  narrativos que reconstruyen para el lector la imagen del Santo Domingo, de su tripulación y de los hechos que allí suceden desde el abordaje del capitán americano sea infiel a una realidad objetiva, sino más bien que  esa perspectiva  de materialidad se vuelve subjetiva cuando Delano la toma para sí y difiere de la verdad última que el lector encontrará al finalizar el texto. Por eso, los personajes a bordo del Santo Domingo se presentan bidimensionales, en el sentido de que carecen de complejidad pues lo que esta instala no los tornaría planos, alegóricos, sino que los colocaría en una intrincada trama de relaciones sociales, históricas y psicológicas más cercanas a las múltiples aristas de los personajes novelescos. Toda su lectura de la marinería blanca en contraposición casi naturalista de la negra devuelve la confianza y la tranquilidad que el propio Delano precisa porque funciona como una confirmación del mundo como debe ser. Hay también marcas del narrador que no están ligadas al proceso mental de aquel y que actúan como guiños al lector para hacerlo  dudar de ese mundo que es el barco, y que introduce, en consecuencia, un atento y sugerente análisis del estado de cosas diferente a como él lo propone.

Hasta aquí hay una adaptación de la realidad del Santo Domingo desde un punto de vista romántico, sin embargo, el relato da un vuelco conceptual cuando el narrador describe el momento que Cereno salta hacia la ballenera, seguido por tres marineros españoles que se arrojan al mar cuando Delano se retira con el fin de regresar a su propio navío. A partir de allí, la mascarada anterior declina a favor de una realidad áspera.

Ocurre una serie de episodios violentos, y esclarecedores, que culminan en la persecución del Santo Domingo por parte de la tripulación del Bachelor’s Delight. Luego el narrador nos ubica en un contexto posterior y nos ofrece los extractos de los “documentos oficiales españoles” para iluminar los hechos sobre la travesía del navío español antes de llegar a la isla de Santa María y ser avistado por el americano.

En este punto del relato es el personaje de Cereno quien refiere, sin intermediarios, su versión que coincide, oscuramente, con la verdad de los hechos. A esta altura el lector ya está al tanto de que la comedia representada por toda la tripulación del Santo Domingo ha sido una farsa y que la supuesta armonía reinante en dicho barco es producto de una falsificación con el propósito de ocultar las consecuencias de un violento motín de la tripulación negra contra la blanca, en altamar.

De aquí en más todo el relato ulterior hasta su culminación se ubica a partir de formas realistas más que simbólicas o alegóricas. La complejidad y densidad de los personajes, velada hasta entonces, se presenta clara y nos permite acercarnos a una trama humana más profunda y dolorosa de lo que aparentaba en la superficie, que nos sitúa en los pormenores de la esclavitud, en el tráfico de cuerpos y almas, en su consideración de la vida humana como una mercancía. Advertimos así que el móvil del motín no es más que el deseo de libertad, un empuje titánico y conmovedor hacia la tierra natal, un retorno al lugar de pertenencia, al origen.

Se produce entonces un desajuste de la realidad. La farsa llevada a cabo a bordo del Santo Domingo representa al mundo tal cual debiera ser, su orden natural, el Statu quo en términos de la prevalencia económica de una raza y una cultura “supuestamente” superior sobre otra inferior y menoscabada. Es por ello que Delano quiere creerla fervientemente. El desorden es ocultado, una realidad alternativa es escondida deliberadamente para que el americano y los lectores la consideren válida. En tal sentido, hay una muestra de ironía en esta subversión del orden que Melville reseña en los documentos, puesto que el narrador advierte que las revelaciones de Cereno “se consideraron dudosas, tanto por razones naturales como científicas”. Diríamos, dado que la elaboración de estratagemas, la creación de intrigas y la naturaleza misma del pensamiento racional y civilizado puesto al servicio de la inteligencia no puede concebirse ni natural ni científicamente en seres inferiores, Melville aunque no les concede el triunfo argumental a los negros impone por un corto tiempo un orden subvertido. Efímeramente, el motín, fue el inverso del mundo.

Las distintas capas de realidad se superponen en la ficción, y todas las versiones que abarcan su representación, desde que el Delano real aborda el Tryal en el pacífico y su sosías hace lo propio con el Santo Domingo, conforman todas ellas la misma cosa. Una misma trama.

En uno de sus prólogos para los volúmenes de la colección Biblioteca personal, Jorge L. Borges dice acerca de Benito Cereno, “Hay quien ha sugerido que Herman Melville se propuso la escritura de un texto deliberadamente inexplicable que fuera un símbolo cabal de este mundo, también inexplicable”.

El Delano de Melville ante un Benito Cereno ensombrecido por el horror de una realidad insoportable, reflexiona sobre la naturaleza y el tiempo que ajenos en su eternidad a las vicisitudes de los hombres, a sus ficciones y crueldades ofrecen apenas un impávido consuelo: “Olvidémoslo. Mire, ese sol resplandeciente lo ha olvidado todo, al igual que el mar azul y el cielo azul; éstos han dado vuelta las viejas páginas”.

Desde el sur del Sur escribe Adriana Greco.

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Adriana Greco

Adriana Greco

Adriana Greco nació en Buenos Aires,

Es docente, correctora literaria y bibliotecaria.

Tiene publicados en colaboración tres libros: Poetas y Narradores Contemporáneos (Argentina: Editorial de Los Cuatro Vientos, 2004) donde recibió medalla de plata y el tercer premio de poesía de un jurado seleccionado por la editorial; participó de la antología Poesía y Narrativa Actual (Argentina: Nuevo Ser, 2006), y colaboró con cuentos, poesías, y en la redacción de contratapa para La Tinta y el Blanco (Argentina: Ediciones Mallea, 2010).

En 2011 crea el blog Correctores en la Red.

Durante el 2012 y 2013 participó con columnas literarias en el programa Paranormales de Radio Zoe.

En 2015 obtiene con Mala entraña el tercer premio en el II Certamen "palabra sobre palabra" de Relato Breve (España).

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