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El singular mundo del Ministro Catalá

Juguemos a las adivinanzas. ¿Qué puede lograr que dimita el actual ministro de Justicia, Rafael Catalá? ¿Tendremos que esperar a ver si su afición por la cosmética le lleva a cometer pequeños hurtos?

Ni eso sería suficiente. Catalá ya merece una serie de súper héroes propia.

Rafael CataláÉl solito, sin más ayuda que su turbio ingenio, es nuestra Liga de la Justicia Nacional al completo. Si hay alguien invencible, es él. No existe la kryptonita que logre ni siquiera hacerle pestañear.

Ya parecería motivo suficiente como para mantenerlo lo más alejado posible de la política el hecho de haberse ganado el (al parecer) honorable título de primer político reprobado por el Congreso. ¿Motivo? “Obstaculizar la acción de la Justicia en las causas judiciales por delitos relacionados con la corrupción”, usando todo el poder de su cargo para lograr, qué adecuado, que los engranajes de la ley dejasen de funcionar. Las tropelías inherentes dentro de su propio partido, que ya tiene más enemigos dentro que fuera. Dejémonos de eso de “en cualquier otro país moderno ya habría…”. Este es un país que ha dado innumerables muestras de que la sociedad civil ha avanzado a pasos agigantados, así que basta de birlibirloques y lo mismo ocupar el primer lugar en las primeras listas de pobreza, desigualdad o fracaso escolar tiene más que ver con mantener en el puesto a ministros de justicia dedicados a burlarse de la ley.

Ni tampoco le ha provocado mella alguna para dejar su cargo, y de paso librarnos de su carga, que la ONU o el Parlamento Europeo hayan alertado de lo inquietante de la sentencia del caso de “La manada”, unas llamadas de atención a las que uno supone que un ministro de Justicia debería responder con solvencia y propuestas muy incisivas para demostrar que se sabe ganar el sueldo que nos cuesta.

Pero no. Catalá ha desnudado su alma y su pensamiento (en nombre de la libertad de expresión, lo cual no deja de ser de un cinismo apabullante, formando parte de un gobierno que está mandando a mucha gente a prisión por expresarse) y ha decidido arremeter contra al magistrado que emitió su polémico voto particular, acusándolo de “tener un problema singular”. Y ahí se acabaron las explicaciones. Singular. O, según la RAE, “extraordinario, raro o excelente”, tres adjetivos muy alejados de lo que parece insinuar el ministro, a falta de saber si el ministro conoce el significado de insinuar. Sin embargo, logró lo que buscaba: que todo el mundo esté pidiendo la dimisión de alguien que no dimitirá ni por bula papal. Y de paso, añadir horror al crimen juzgado. Porque de un nauseabundo exabrupto de pura bajeza política, se ha pasado de luchar contra la sentencia emitida a rebuscar entre la basura vertida algo que explique el “problema singular” que ya nos afecta a todos.

Y la víctima, más sola y desamparada, cubierta de más olvido.

No hemos visto ni oído hablar al Ministro de Justicia, para poner remedio inmediato, adjetivo alguno sobre lo aterrador que resulta que los datos personales de la joven agredida se estén repartiendo alegremente por Internet como si fueran sobres en Génova, prueba de la diligencia de nuestros gobernantes. Sí sabemos que la policía ya ha actuado, pero uno se pregunta dónde está ahora la voracidad desbocada de la fiscalía que no da abasto para atender las peticiones de cárcel para raperos y aquellos que pongan mácula en el honor de algún torero.

La joven agredida es el ejemplo más dolorosamente vivo del respeto que se les tiene a las víctimas en este país. Porque la semana deparó otro cargamento de desprecio cuando pudimos asistir al show de la disolución del grupo terrorista ETA, lleno de proclamas e intentos de allanamiento a la historia real, pero sin una sola palabra de reparo a las familias y allegados de las casi novecientas personas a las que asesinaron, ningún arrepentimiento, ni una brizna de perdón.

¿Lograremos saber algún día a qué se refería el ministro con eso de “un problema singular”?

Porque, por usar sus propias palabras, lo que es cada vez más evidente es que este país sí que tiene un problema singular cuando la secretaria de Estado de Comunicación, Carmen Martínez de Castro, persona que goza de la más alta confianza de Rajoy, le comentaba a un compañero del PP, en referencia a los jubilados que se manifestaban frente Ayuntamiento de Alicante a la hora en que llegaba el presidente: “¡Qué ganas de hacerles un corte de mangas de cojones y decirles: ‘Pues os jodéis'”. Y claro, en vez de la dimisión, nos ha regalado una nueva perla de hemeroteca: “Es un comentario jocoso con un amigo dentro de una conversación privada, pero cuando pasa del ámbito privado al público, pues se convierte en unas palabras muy inadecuadas en fondo y forma, y pido disculpas a aquellas personas que se han podido sentir ofendidas por ellas.”, dando por hecho que hay alguno que no se han ofendido al escucharlas.

Jocoso, singular.

Debe ser el tipo de peculiaridades de la política a las que el otro día nuestro Presidente se lanzaba a defender asegurando, para agradecer el acto en el participaba, que “hay cosas más bonitas, como ésta, y otras que no lo son tanto y no me acuerdo de ninguna”.

Al parecer, olvidar forma parte de su trabajo.

A los pensionistas, a las mujeres, a los parados, a los estudiantes…

Pero sobre todo, a las víctimas.

Porque no se acuerda de ninguna.

 

(Cabecera: sede del Ministerio de Justicia en el Palacio de la Marquesa de la Sonora – Madrid) 

Emilio Calle

Emilio Calle

Emilio Calle (Málaga, 1963)

Crítico de cine y guionista, ha publicado el libro de cuentos “Imaginando rutas” (Huerga & Fierro, 1999), y las novelas “Linda Maestra” (Ediciones Libertarias, 1995), “La estrategia del trueno” (Huerga & Fierro, 2001) y “El hombre que pudo salvar el Titanic” (Editorial Martínez Roca, 2010, reeditada por Editorial Planeta ese mismo año).

Asimismo es coautor de “Los barcos del exilio” (Oberón, 2005 y RBA, 2010), escrito junto a Ada Simón.

Durante diez años trabajó en “El País”, en “Tras la pista”. Y colaboró en Onda Vasca en el programa “Melodías de Seducción”, dedicado a la música en el cine.

También estuvo cinco años en el suplemento infantil de “ABC”, y ha colaborado con diversos periódicos tanto nacionales como internacionales.

Actualmente prepara su nueva novela.

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