Las nueve musas
concurso relato breve

El mundo no tiene sentido. Joven, buena, dan ganas de llorar.

¿Qué sentirán los muertos o mejor dicho los vivos al morir? No podemos hacer otra cosa que pensar con ideas de vivos. Morir en tiempos de guerra o peste evita ritos, te queman en grupo sin pedir ni necesitar permiso pero, en tiempo de paz, con estructuras sociales más o menos establecidas, es todo un evento en el que al fin de cuentas el muerto suele quedar olvidado.

Abuelita, ¿Qué fue de tu alma? ¿Y la nuestra?

La sala se llenó de murmullos y hasta risas. En un momento con el calor y el encierro era difícil acordarse el motivo de la reunión hasta que alguien abre la puerta y de inmediato se produce silencio absoluto, el recién llegado se santigua, alguien ahoga el llanto, silencio absoluto, voces entrecortadas y susurros, murmullo, charla a rauda marcha.

¿Quién pensó en tu alma solitaria? Si es cierto que creemos que nuestra alma anda por ahí en sitio y situación desconocida, no viene mal un rezo.

Era muy joven cuando el asunto se le metió en la cabeza.

—Padre, tengo miedo a morir. Estoy muy apegada a los placeres terrenales.

—La soledad trae malos pensamientos.

—¿Pasaba mucho tiempo sola?

—Seguro.

—Gente con buenos pensamientos también muere.

Es verdad que algunas noches dormía poco pero comparada con el resto de su familia ni les pisaba los talones, eran insomnes genéticos. Lo suyo era una intranquilidad en el existir. No fue la falta de sueño lo que la llevo a tener malos pensamientos.

—¿Esos de allá quiénes son?

El frío calaba. Tan frágil contra el viento, tan indefensa entre sus brazos. Se le enfriaban la punta de la nariz y los dedos.

—Todo empezó en el embarazo.

—Antes teníamos hijos y punto. Ahora hay curso, gimnasia, análisis.

—Le dicen depresión.

—Que le digan nada para hacer. Hay que tener tiempo para deprimirse. Es por lo flacas que son.

No fue el embarazo el motivo de perturbación. Es increíble como un suceso matinal común le pincho el corazón.

La gata  maullaba con desesperación dando vueltas de acá para allá. Faltaba uno de los gatitos. El perro de los fondos linderos ladraba  enloquecido con las patas sobre el alambre que separaba los terrenos. Tal vez  el perro había saltado como otras veces y se había llevado al gatito que sin embargo apareció en la puerta de adelante, algo casi imposible porque era muy chiquito y se pasaba el día en el galpón. ¿Cómo pudo llegar allí?

Actúo como un animal asustado.

—Él no es tan bueno como dicen.

—¿De dónde sacaste eso?

—Si el que vive con vos se enferma de tristeza y vos seguís tan tranquilo da para pensarlo.

Pasos junto a la ventana.

—¿Estabas durmiendo?

—Sí, pasa.

—¿Dormís vestida?

—A veces.

—Se nota que no vivo con vos.

Las vecinas habían caminado largas cuadras para ir al funeral, no era cuestión de irse enseguida y además estaba entretenido.

—¡Justo con el embarazo! ¡Pobre criatura inocente! No va a faltar el que en unos años le diga algo y después quedan mal para toda la vida.

—Hay que ver que la dulce espera de dulce no tiene mucho y diría todo lo contrario. Sin ir más lejos yo vomite los nueve meses, lig varices y cuernos.

—¿No sirven café?

El invierno fue largo, se supone que las estaciones tienen tres meses pero no terminaba nunca. Se pasaba el día soñando con un campo en primavera y la soledad absoluta.

¿Por qué me enseñaste a jugar? ¿Cuándo cerré las puertas y ventanas del alma y ya no pude airearme?

El alma no tiene puertas ni ventanas. El día que las cerraste fue el que las inventaste.

No le encuentro sentido al mundo adulto. Es preferible ser niño y vivir rodeado de princesas, monstruos, guerreros valerosos y eternos. Cuando el alma cae prisionera del hombre solo piensa en la muerte.

Te fuiste abuela ¡Qué sola me siento! ¿Te acaricie lo suficiente o te abandone como a tantos viejos con sus dolores, demencia, soledad, recuerdos? Hablando de caricias, me enamore ¡Otra vez!

El inmenso placer de amar es como un mar. En algún momento pareces nadar en sal y te da nausea y picazón en la garganta. Tomas litros de agua hasta dormir y nunca sacias tu hastío ni tu necesidad amar. Pasará un día, un mes o un año y seguirá inmenso, sin medida, inconmensurable.

—Estaba medio turula.

Los viejos se ríen, atreven, no tiene vergüenza pero si se volvieron hombres solo esperan el fin.

Mamá, ¿No se aburren?

La pregunta de siempre cuando van de visita al hogar de ancianos.

—Son maneras de vivir. Busca una excusa para pasar cada día.

¿Cuál es la pena de mamá? ¿Cuál es su excusa para levantarse cada día?

Coser, tejer, bordar, abrir la puerta, sacar piojos, trabajar. ¿Algo de eso puede hacerme feliz?

—Hacía un tiempo que no la cruzaba  pero dicen que dejo de hablar y hasta de saludar.

—Bueno, no hay mucho de qué hablar. Como decía mi abuela ciega: “Por lo que hay que ver”.

—Tu abuela murió hace mil años.

—Tuvo mal fin.

—¿Usaba pañales?

—¡No!

—Mi suegra  uso  cinco años, era un mueble ¡Y ni hablar del humor! ¡Las que  aguante!

—Ella no llego a vieja.

Las vecinas se felicitaron y compadecieron por la caridad de soportar viejos y siguieron con la firme esperanza de llegar a serlo.

Mamá, temo ser engañada por las personas, no las comprendo.

A veces imagino o sueño que vuelo y alcanzo tanta velocidad que temo chocar contra una pared pero siempre doblo a tiempo y al pasar por debajo de la mesa encojo las alas. ¿De qué son mis alas? Puedo sentir el viento en mi rostro. ¡Qué bella sensación es flotar de cara al cielo!

—La suegra se seca el agua nasal, se nota que la quería.

—No es poca cosa que te quiera tu suegra.

—Es que no se metía con nadie, eran discreta, nunca un chusmerío.

Cuando uno vislumbra que el yo tiene tanto que ver con el ellos termina perturbado.

Los hombres  matan por la libertad en vez de asesinar a los inventores de esa mentira.

Su novio escondido, ese que nadie conoció, se fue con los revolucionarios.

Al novio revolucionario le explotó una bomba en los matorrales serranos y no pudo presenciar la derrota. Quedo sordo, quemado y mudo. Dicen que vende estampitas en el subterráneo. Su familia pago una fortuna de rescate y dicen que ahora viven en un asentamiento o un hotel familiar y se volvieron devotos.

Quedo mudo porque los soldados le cortaron la lengua y la hicieron en escabeche o a la vinagreta. Ella pasaba tardes y tardes dando vueltas en el subte, dando limosna y comprando baratijas a vendedores ambulantes que le dieron varias y confusas pistas que nunca la llevaron a encontrarlo, eso deprime a cualquiera.

—Ahora que no está dicen unos cuentos  pero para mí ella lo quería al gordo y se llevaban bien.

—A mi ese tipo me da mala espina. Ella fue una víctima.

Ayer pensé que de tener la posibilidad de volver a vivir cometería algunos crímenes. ¿Cuál vieja costumbre nos hace repudiar el mal? ¿Por eso es que me avergüenza desear que sufras? No sé dónde comprar un arma y acercarme a gente que me la vendan me haría muy vulnerable.

El novio cantor tomo tanto vino que reventó. A ese ni lo lloro.

—Dicen que el hijo no es del gordo.

La madre llora junto al ataúd.

—Vestirla como cuando era bebé. Duerme en esa cuna cajón a la luz de las velas. ¡Hija mía que te fuiste y no recuerdo haberte besado!

—La semana pasada nos vimos de casualidad por la calle y prometimos visitarnos como cada vez que nos encontrábamos. ¡Pensar que éramos tan amigas!

Vi a Clara. Nos topamos en una esquina y casi no sabíamos que decirnos. Recuerdo las horas que pasamos juntas imaginando ser adultas. Ella iba a tener una empresa de diseño de ropa y yo un vivero. He olvidado cuando deje de tener proyectos, ideales, ideas.

—No conozco a aquellas personas.

—Serán de otro barrio.

—Al final conocía a mucha gente.

—Es que antes tenía una vida más movida.

Algo debe faltarme ya que a mis conocidos les faltan partes. Carlos perdió el meñique en la carpintería, ¡Que raro! Nadie se corta el meñique, es un dedo que parece no servir para nada y tiene un nombre tan largo y lindo, burbujeante. Miluchi perdió los dientes y nunca tuvo dinero para ponerse otros, a mamá no le gusta su tipo de vida. Manita no tiene mano y el marido es medio tarado pero parecen felices. La vida me tiene perpleja, va pasando y yo sin salir de mi asombro no sé qué hacer en ella. ¿Soy feliz?

—¿Qué significa movida?

—Mover la pollera le decíamos en nuestra época.

—¡No lo puedo creer!

—Hace años que vivo al lado, veía entrar amigos cuando ella estaba sola.

—¿Quiénes? ¿Conocías a alguno?

—Sin ir más lejos el que está allá.

—¿Cuál?

—El de camisa azul.

—Ese es el marido de Perlita, la hija de Sara, la que plancha. ¡Mira, pero si habla con el viudo! ¡Sos una mal pensada!

—Desconfía y acertaras decía mi abuela.

—¿Tu abuela ciega?

—No es por criticar a la pobrecita desgraciada pero…. —Miradas furtivas a los costados.—No era el único.

No me dejan tranquila. La policía me saco de la plaza, tengo moretones en el brazo. Solamente me hamacaba, no hacía nada malo.

A vos nadie te toca bonita.

—Cuando la vi no parecía que estaba triste ni nada. Ese gordo le arruino la vida. Ella antes era alegre.

—Fui testigo del casamiento. ¿Para qué casarse?

—¿Ese es el Faca? Me dijeron que estuvo preso por pegarle a un policía.

—Llego Miluchi, cartón lleno. Trabajo un tiempo en la fábrica ¡Ni te imaginas la de cuentos que hay! ¡Es cualquiera!

—Es lo que te digo, el matrimonio tiene la culpa de todo.

—No seas yeta, me caso este año.

 Mar

La casa del viejo

José Rico

José Rico

Oviedo (España) 1956. Gestor cultural.

Director-Editor de la revista de artes, ciencias y humanidades "Las nueve musas".

Fundador y administrador de la red social de escritores en lengua castellana "palabra sobre palabra".

En octubre de 2016 funda el Ateneo Las nueve musas donde se imparten cursos online de artes, ciencias y humanidades.

Autor, junto a Alonso Pinto Molina, del blog "Ángel González - poeta", homenaje al poeta de Áspero mundo y Tratado de urbanismo.

Editor de "MEMORIA 2012" (Editorial Círculo Rojo), "El viaje" (2013) Editorial círculo Rojo, "La gramática de las cigarras" (2014) Editorial Círculo Rojo. "En este banco" (2016) Ruíz de Aloza Editores

En agosto de 2017 comienza con el proyecto editorial Las nueve musas ediciones.

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