Las nueve musas
El compositor Edward Elgar (1857-1934)

Al compositor británico Edward Elgar, nacido en 1857, le cabe el honor de ser el único cuya obra más conocida suele ser tomada como el himno oficial de su país, algo a lo que las propias instituciones del reino no han sido ajenas.

Por ello, y como ha ocurrido en tantas ocasiones a lo largo de la historia de la música, el resto de su catálogo permanece casi en el olvido. Y este «casi» tiene en las siguientes líneas su correspondiente justificación.

El catolicismo de Elgar no se encontraba cómodo en la Inglaterra victoriana y él mismo no se consideraba miembro de la clase social a la que pertenecía, pero su situación cambió a raíz del éxito de las Variaciones Enigma, obra compuesta en 1899 y que muy pronto le proporcionó la popularidad que no había tenido hasta entonces. Sin embargo, dos años después se superaría a sí mismo con la primera marcha orquestal de Pompa y circunstancia op. 39 (1901), que es la que siempre se asocia a la casa de Windsor y a cualquier ceremonia de cierta solemnidad, incluidas las de graduación en las universidades estadounidenses. Tres años más tarde, en 1904, fue la música que los asistentes a la coronación de Eduardo VII pudieron escuchar. Y Elgar, claro está, fue nombrado caballero.

A partir de ese momento, el compositor escribió otras obras cuya calidad es equiparable a las dos citadas, como el concierto para violín en si menor op. 61 (1910) y el concierto para violonchelo en mi menor op. 85 (1919), y fue uno de los primeros autores en mostrar interés por las posibilidades del gramófono, aparato en el que vio una gran oportunidad de difusión de la música y con el que comenzó a experimentar durante la primera guerra mundial. Sin embargo, su vida artística quedaría condicionada para siempre por Pompa y circunstancia y las Variaciones Enigma.

Las catorce piezas que forman las Variaciones sobre un tema original para orquesta op. 36 fueron compuestas para retratar a sus amigos más cercanos a partir de una improvisación que Elgar interpretó al piano a petición de su esposa, pero lo hizo de tal modo que el tema principal siempre permanece oculto. Hasta su muerte, en 1934, el autor recibió numerosas propuestas con diferentes soluciones a este «enigma», pero siempre las rechazó y jamás desveló el secreto mejor guardado de su obra.

No obstante, dejó varias pistas para que los oyentes siguieran interesados en sus variaciones, como que el tema principal es indetectable a pesar de ser muy conocido y que tan solo Dora Penny, una amiga personal que le inspiró la variación n.º 10, conocía la solución de uno de los interrogantes más divulgados de la historia de la música. Y tanto el autor como Dora Penny murieron sin desvelarlo.

Según él mismo declaró, cada variación está dedicada a una persona especial y su composición obedece a las características de los protagonistas, como su propia esposa (1.ª variación, andante), el pianista Hew David Steuart-Powell (2.ª variación, allegro), la violinista Isabel Fitton (6.ª variación, andantino), el crítico August J. Jaeger (9.ª variación, adagio) o una dama anónima que en el momento en que Elgar escribía la obra se encontraba haciendo un largo viaje por mar (13.ª variación, romanza). La última variación (allegro) está dedicada a él mismo y a su mujer, pues se basa en una tonada que ambos solían dirigirse en prueba de afecto.

Elgar jugó siempre con el enigma de sus variaciones, tal vez porque sabía que constituían uno de los pilares de su fama y que debía apoyarse tanto en ellas como en Pompa y circunstancia para que sus oratorios fueran representados y para que sus piezas orquestales o de cámara fueran ejecutadas.

Sin embargo, así como el nombre de Samuel Barber quedó inscrito en la historia de la música estadounidense por su Adagio para cuerdas, el de Elgar pertenece a la de Inglaterra por la primera marcha orquestal de Pompa y circunstancia y por las Variaciones Enigma. No es poco.

Las dos obras suelen editarse de modo conjunto, pues la audición de las variaciones apenas supera los treinta minutos. Pero si desean dedicar tan solo cinco minutos a este compositor, pueden escuchar a continuación el adagio de la 9.ª variación dirigido por Colin Davis, pero no intenten olvidarlo después: es como un telón que se abre para mostrar otros mundos posibles.

Fran Vega

Fran Vega

Nací en Logroño en 1961.

Cursé estudios de Filosofía, Biblioteconomía y Musicología, pero mi trayectoria profesional ha estado siempre vinculada al sector editorial barcelonés, en el que he dirigido numerosos proyectos durante los últimos veinticinco años.

Mi afición a la música clásica comenzó con vinilos y casetes y se centró desde un principio en el barroco y el clasicismo, aunque la ópera me ha llevado a otras épocas y movimientos.

He participado en diversos cursos y seminarios sobre historia de la música en España, Francia y Alemania y colaboro en diversos medios digitales, en los que escribo principalmente sobre temas históricos y musicales.

En la actualidad preparo el ensayo titulado Las artes en el siglo XVIII. Música y literatura.

Desde hace un tiempo compagino mi actividad editorial con la bloguera (Crónicas del Helesponto) y con colaboraciones como las aquí se presentan.

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