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Edgar Allan Poe y el mesmerismo

Melancólicos, maniacos y obsesos fueron incluidos alguna vez por Paracelso en su clasificación de enfermos privados de la razón. Una categoría para locos verdaderos a causa de un desvío de su naturaleza humana, un desarreglo, un disturbio de la mente que desplazó de los diagnósticos médicos la superstición y la fe.

Como todo ilustre del Renacimiento otros intereses circundantes poblaron sus horas. La astrología y la alquimia fueron los más transitados, también el esoterismo turco y árabe, los viajes, y la minerología enriquecieron su experiencia clínica.

Edgar Allan Poe y el mesmerismoEl suizo desaconsejó el pesimismo y el odio para el equilibrio del alma, y recomendó la práctica de la respiración. El campo de las investigaciones psíquicas a lo largo de la historia continuó el curso que el hombre trazó para su propia comprensión; desde el tabú al Tratado de las pasiones, de los inicios de la neurología al psicoanálisis, una afluencia de tratamientos escudriñó el alma de los hombres.

Durante la segunda mitad del siglo XVIII, en plena Ilustración europea, el médico alemán Franz Mesmer arribó a una conclusión personal: todos somos poseedores de magnetismo animal. Una suerte de energía vital capaz de equilibrar etéricamente a cada individuo. Mesmer afirmaba que los desórdenes nerviosos (que rompían el flujo correcto de tal equilibrio) necesitaban la terapéutica de aquella fuerza invisible a través del uso de imanes o de la imposición de manos. Ciertamente, las suyas. Ya en su tesis doctoral Dissertatio physico-medica de planetarum influxu[1] mostró una tendencia a especular sobre fluidos invisibles, que derivaba tanto del cartesianismo del Opticks (1704) de Newton, así como de las observaciones de este sobre el “espíritu más sutil que penetra y se esconde en todos los cuerpos gruesos”.

Estas sesiones obtuvieron un éxito sorprendente, en particular entre las clases altas de Viena y París, pero sus detractores miraban con desconfianza las convulsiones de muchas damas de la nobleza durante el proceso de sanación. El propio Luís XVI se sintió interpelado por los trances de estas prácticas mesméricas a tal punto que en 1784 creó la Comisión Real Francesa integrada por Antoine Lavoisier, Joseph I. Guillotine, Jean Bailly (astrónomo que estudió el cometa Halley) y Benjamín Franklin. Luego de una serie de experimentos con discípulos arrojados que intentaban reproducir el escenario de las imantadas sesiones, las conclusiones de los expertos no le quitaron al alemán su carisma, pero lo ubicaron en el escenario profético de la sugestión. Una cura fallida y el tiempo socavaron su prestigio y fama, pero la idea acerca del poder que la mente ejerce sobre el cuerpo no pasó inadvertida para los continuadores de la obra mesmeriana ni para los escritores que vieron en ello múltiples posibilidades estéticas.

El poeta y clérigo inglés Chauncy H. Townshend prologado por Poe y a quien Dickens dedicara Grandes expectativas (1861) estudió el mesmerismo y publicó algunos artículos sobre el tema. En Facts in Mesmerism (1840) señala algunos fenómenos relacionados con el sonambulismo como estado inducido por un magnetizador, que se caracteriza por la potenciación de las facultades perceptivas. Concluye:

“Lo que hemos aprendido […] es que el hombre puede ejercer una acción sobre otro hombre, en cada momento y prácticamente a voluntad, mediante un esfuerzo de la imaginación, que los signos y gestos más simples pueden producir los efectos más poderosos […] cuando es ejercido sobre pacientes que tienen fe en el procedimiento”. 

El cirujano J. Braid también exploró estas técnicas como indagación de sus capacidades terapéuticas, pero rechazó la idea de Mesmer en relación a la influencia del magnetismo físico de los cuerpos. Acuñó así el término hipnosis definido como la reconcentración de los músculos del ojo sobre un objeto brillante en movimiento capaz de provocar un “sueño nervioso”.

Edgar Allan Poe y el mesmerismoInteresados en lo que ahora se conoce como parasomnia los teóricos del magnetismo experimentaron también con médiums. Es el caso de Alexis Didier, un clarividente francés quien inspirara a Balzac el personaje de Louis Lambert. El clérigo Townshend quiso probar sus facultades paranormales haciéndole relatar la visión de una de sus casas en la campiña por medio de telepatía. El resultado fue apenas de dos errores en la descripción.

Puységur[2] denominó a estas técnicas sonambulismo provocado puesto que resultaban en una disociación de ciertas áreas del cerebro que no impedía la realización de acciones simples e incluso complejas en un estado de semiinconsciencia, similar al proceso de sonambulismo. En esos trances algunos individuos llegaron a demostrar condiciones de precognición. El umbral de los fenómenos psíquicos y las capacidades humanas latentes estaba siendo traspasado.

Ya en el siglo XX Bruce Mills hace notar en Poe, Fuller, y las artes mesmericas. Estados de Transición en el Renacimiento Americano la relación entre el mesmerismo y literatura. Sugiere que así como en las prácticas magnéticas el poder en la creencia con todo su sistema de ritos, de concentración mental, y la imposición de manos creaban las condiciones de una sugestión que favorecía la cura, estos autores, atentos al poder de las ideas y las palabras, ejercían también una especie de fascinación sobre los lectores. En este caso, los signos y los símbolos eran los ritos que en el universo de la imaginación conducían en estados propicios a una percepción extendida.

El mesmerismo arribó a los Estados Unidos en la figura del francés Charles Poyen de Saint Sauveur. Al principio llegó a ser asociado a la frenología y durante un tiempo más extendido al espiritualismo que produjo el movimiento Nuevo Pensamiento que impactara fuertemente en William James[3]. Según Rober Fuller, el entusiasmo y la ausencia de crítica por este método se vio favorecido a causa de la fuerte impronta religiosa de la población. Autores como E.T.A Hoffmann, Flaubert, Balzac, Dickens o Mark Twain tomaron también al mesmerismo e incluso a la hipnosis como recursos en algunos de sus textos.

Pero hablemos de Poe. Como todos sabemos fue un escritor muy consciente de su obra, en el sentido de la dilucidación del hecho estético, de procedimientos y técnicas narrativas y de las posibilidades literarias del horror. En su Filosofía de la composición a propósito del poema El cuervo explica esto de manera muy llana y cabal. Las decisiones del autor persiguen un propósito claro, una unidad de efecto. Esto es la intensidad, el tono, el interés, el crescendo, la belleza y la originalidad que la literatura reclama. Explica Poe:

Lo cierto es que la originalidad —exceptuando los espíritus de una fuerza insólita— no es en manera alguna, como suponen muchos, cuestión de instinto o de intuición. Por lo general, para encontrarla hay que buscarla trabajosamente; y aunque sea un positivo mérito de la más alta categoría, el espíritu de invención no participa tanto como el de negación para aportarnos los medios idóneos de alcanzarla.

Un episodio curioso. En Londres el semanario The Popular Record of Modern Science; a Journal of Philosophy and General Information recoge la anécdota del cuento de Poe, Revelación mesmérica, como real y da por probada su autenticidad por el relato en sí mismo. Los hechos de la trama son los siguientes: un paciente con tisis le propone al narrador, un magnetizador que lo atiende en el hospital donde se halla internado, que le realice una serie de indagaciones durante el estado magnético. Esa singular entrevista acerca de la inmortalidad del alma solo es posible, según el enfermo —él ha podido colegir la resistencia de sus argumentos apartado del sueño mesmérico— gracias a la exaltación del razonamiento que el trance posibilita. Sus revelaciones y el conocimiento acerca de Dios, el espíritu y la muerte son la materia de la narración.

El editor inglés con absoluta fe toma por verdad una ficción, acaso fascinado por la fuerza de su propia convicción e inmerso en el procedimiento literario. Poe refiere con humor e ironía esta confusión del semanario y le dedica una nota que publica el Graham’s Magazine, y que forma parte de sus Marginalia. La misma impresión acerca de la verosimilitud del texto tiene el reverendo Bush, líder del movimiento swedenborgiano, cuando elogia al poeta que, amablemente, aclara: “La historia es pura ficción del principio hasta el final”.

Pero Poe escribe dos relatos más durante 1844 cuyo tema gira en torno al mesmerismo. Se trata de El caso del señor Valdemar y Una historia de las montañas Ragged, aunque solo el primero provocó, otra vez, enfáticas confusiones.

Edgar Allan Poe y el mesmerismoLa práctica de la escritura admite muchas veces la reunión de dos fenómenos particulares: la consolidación del pensamiento y la materialización de la intuición. De ambos podría decirse que mientras el sonámbulo halla en la noche una visión oscura, pero de ojos abiertos, el escritor traspasa el nebuloso abismo interior y da el paso hacia una claridad que relampaguea muchas veces su razón para transformar un manojo de sombras en una realidad menos esquiva. La creación literaria le ofrece un estado alterado de conciencia en la más lúcida vigilia. Como la figuración del sonámbulo, el escritor se asoma a esos lugares de los que siempre puede regresar vigilante, pleno de imágenes y palabras como quien ha visitado una región inhóspita de la cual se regresa con un sourvenir. Y en esos trances, quizá, andaría Poe cuando le hace decir a su personaje:

 Dirán ustedes ahora, claro está, que yo soñaba; pero no era así. Lo que veía, lo que oía, lo que sentía, lo que pensaba, no tenía nada de la inequívoca idiosincrasia del sueño. Todo era rigurosamente consistente por sí propio. […] Ahora bien. Cuando alguien sueña y en su sueño sospecha, esta sospecha no deja nunca de confirmarse, y el durmiente se despierta casi enseguida. Por eso Novalis no yerra al decir que “estamos próximos al despertar cuando soñamos que soñamos”.

Pero la intervención de un magnetizador a favor de un estado de penetración agobiante probablemente haya sido lo menos sorprendente para Poe. Quizá le interesó no tanto el poder de la mente y su férrea voluntad como las propiedades de esa transición, porque los personajes de estos relatos vuelven del estado magnético con alguna especie de sabiduría o verdad última que una vez pronunciada opaca la vida. De alguna manera, Poe encontró en las consideraciones del olvidado Mesmer un rito de pasaje hacia otro plano donde la especulación filosófica es pura materialidad tangible. Otro modo de acceso al conocimiento que como la ficción explora las razones primordiales del ser.

Sin embargo, la fuerza que  lo dirige es por encima de todo literaria. Una figuración donde ensaya sus más profundas aspiraciones espirituales e intelectuales, como en su bello Eureka donde no vacila en proponer la Verdad acerca del universo. Claro es que otras de sus obras poseen también ese trasfondo mesmérico a tal punto que Sarah Whitman, poeta y trascendentalista del círculo de Emerson y amiga, cuenta en su correspondencia que muchos lectores veían extrañas todas esas historias, ante lo cual él esbozaba siempre una sonrisa.

Pero Poe comandaba su propia transición. Era consciente de los poderes mayúsculos que nos habitan, de la tensión entre materia y espíritu, entre naturaleza y cultura. Dispuesto a ahondar en las facultades de lo anómalo comprendió a través de la escritura que el cuerpo es un límite parcial y temporario. Por nuestra parte, a los lectores, nos queda la sensibilidad de su visión interna, la magia que ocurre por la fe en la magia. Y es en esa comunión de rituales recíprocos donde nos asomamos cada vez con asombro a la alquimia de sus signos.

Desde el sur del Sur escribe Adriana Greco


[1] Disertación sobre la influencia de los planetas sobre las enfermedades humanas (1766). Mesmer creía en la existencia de un fluido magnético físico interconectado con cada elemento del universo, incluidos los cuerpos humanos. Estudió la influencia de los planetas y la luna sobre el cuerpo humano y las enfermedades, en estrecha relación con lo que se dio en llamar Astrología médica o iatromatemática.

[2] Armand-Marie-Jacques de Chastenet, Marqués de Puységur (1751-1825).  conocido como uno de los fundadores pre-científicos de la hipnosis, lo que en su época se denominaba magnetismo animal o mesmerismo.

[3] Psicólogo y filósofo norteamericano. Hermano mayor del novelista Henry James.


 

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Adriana Greco

Adriana Greco

Adriana Greco nació en Buenos Aires,

Es docente, correctora literaria y bibliotecaria.

Tiene publicados en colaboración tres libros: Poetas y Narradores Contemporáneos (Argentina: Editorial de Los Cuatro Vientos, 2004) donde recibió medalla de plata y el tercer premio de poesía de un jurado seleccionado por la editorial; participó de la antología Poesía y Narrativa Actual (Argentina: Nuevo Ser, 2006), y colaboró con cuentos, poesías, y en la redacción de contratapa para La Tinta y el Blanco (Argentina: Ediciones Mallea, 2010).

En 2011 crea el blog Correctores en la Red.

Durante el 2012 y 2013 participó con columnas literarias en el programa Paranormales de Radio Zoe.

En 2015 obtiene con Mala entraña el tercer premio en el II Certamen "palabra sobre palabra" de Relato Breve (España).

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