Las nueve musas
Tirantes bandera española
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Dies Irae

Se acerca la Navidad pero en una reyerta un tipo mata a un  hombre por la espalda.

Se trata de un injustificable y vil acto de cobardía ante el que no caben medias tintas. Un claro e infame crimen de odio atendiendo al relato que desde el minuto uno empieza a circular.

Rodrigo LanzaNos cuentan que unos peligrosos antisistema entran en un bar en donde hay un hombre con unos inocentes tirantes rojo y gualda. Un hombre bueno que lleva la patria en los tirantes. Le increpan por ello y le insultan. Él responde pero decide abandonar el lugar para evitar problemas. Entonces es agredido por la espalda con una barra de hierro o con un sillín de bicicleta, el objeto en cuestión no aparece, y es pataleado una vez en el suelo con resultado de muerte cerebral.

El relato de la parte contraria, mucho menos difundido por los medios y  a tenor de la autopsia y testimonios mucho más improbable, nos habla de un joven sudamericano de “estética okupa”, ya maltratado en el pasado por la justicia española, atacado a traición por un furibundo nazi armado con una navaja, que tampoco aparece, ante el cual se ve obligado a defenderse de frente, a puñetazos y patadas, con el trágico resultado que todos conocemos.

Un mismo hecho con dos interpretaciones divergentes y la única y triste certeza de un hombre que ya no se levantará más.

En este artículo no se pretende, ni de lejos, exculpar al homicida ni culpabilizar a la víctima. Tampoco mostrar una equidistancia que siempre es injusta allí donde hay una víctima y un verdugo.  No podemos, ni pretendemos, aventurar responsabilidades ni fijar unos hechos que compete esclarecer a los tribunales. De hecho resulta penoso tener que recordar que no es en los medios donde se tienen que sentenciar los asuntos. En este artículo sólo pretendemos, una vez más, reflexionar acerca de la creación mediática de imágenes para su utilización política y en ese sentido, este caso resulta paradigmático.

Desde el minuto uno, cuando aún no se sabe casi nada del caso, alguien piensa que es importante señalar que el homicida es un radical de ultraizquierda mientras que la víctima simplemente llevaba tirantes con la bandera nacional. Se abunda en los medios en resaltar la bonhomía de la víctima, haciendo caso omiso de sus probadas relaciones filonazis frente a los violentos antecedentes del homicida antisistema. Sobre éste, podemos hallar en la prensa, aparte de las normales referencias a sus antecedentes,  alusiones directas e inculpatorias acerca de su aspecto, incluso de su peinado, asimilando de un plumazo la estética “okupa” con el asesinato. Valga a modo de ejemplo esta perla  del diario El Mundo: “un joven fibroso, con rastas y los laterales de su cabeza rapados al cero. Es Rodrigo. Su estética es similar a la que lució hace 10 días cuando volvió a la senda del mal (…) camiseta de death metalpiercings y dilataciones en las orejas”. En un texto de intensa teatralidad, el joven en cuestión pasa de delgado a “fibroso”, que da más miedo, y toda una estética,  no pocas veces relacionada con el pacifismo “perroflauta” y el “buenismo” de sus portadores, pasa nada menos que a “abrazar el mal” en el imaginario que se pretende fijar. Se obvia estrepitosamente que esa misma estética la podemos hallar a menudo en jóvenes muy comprometidos socialmente, voluntarios y cooperantes internacionales que pasan así  a ser toscamente pintados como peligrosos radicales y metidos en el mismo saco que el homicida. Curiosamente, respecto a la apariencia paramilitar de la víctima, todo queda reducido a la alusión a unos inocentes y patrióticos tirantes.

Suponemos que, si para dar una información más rigurosa se alude tan profusamente a la estética del homicida, habría también que ilustrar al lector acerca de la del finado, por ser también “extremada” y porque, aun suponiendo su total inocencia en el incidente, ha sido igualmente determinante en el criminal desenlace pues no olvidemos que incluso dando por bueno que fuera el homicida quien inició el enfrentamiento, se le acusa de haberse metido con él por su aspecto.

 Quizás la finalidad del artículo no sea la mera información y se pretenda conscientemente evitar la definición del suceso como un desgraciado enfrentamiento entre radicales que nunca debió producirse. Resulta evidente la voluntad de criminalización, no ya del propio criminal sino de todo aquél de similar aspecto físico. Instalado de este modo en el imaginario colectivo, cualquier malabarista callejero se convierte en una “fibrosa” amenaza y cualquier  mercadillo, cualquier  feria alternativa, se convierte en un Mordor con olor a curry que todo ciudadano de bien debe evitar por seguridad.

Culo sucio

Es en este punto donde le viene a uno a la memoria el triste fin de Culo Sucio, aquel monstruo bueno de ridículo aspecto en aquella gamberrada de serie de dibujos animados que fue “South Park”. Culo Sucio es una especie de bigfoot, con una pierna que es Ricki Martin y una mano que es una ramita de apio, que vive en un bosque por donde los niños salen de excursión con el tío cazador de uno de ellos y su inenarrable amigo paramilitar traqueotomizado. Para poder disparar tranquilos sobre cualquier animal, por inofensivo que aparente ser, gritan compungidos – ¡Va a atacarnos!- antes de disparar. Se desata una erupción volcánica y pese a su inenarrable aspecto, Culo Sucio les salva ayudándoles a cruzar un rio de lava. Una vez a salvo y pese al considerado y amistoso comportamiento del monstruo, que les despide desde la otra orilla, ceden a la tentación de cobrarse tan rara pieza y al consabido grito de va a atacarnos, matan al pobre Culo Sucio.

Aludimos a este disparatado ejemplo por su brutal claridad. Es una práctica desgraciadamente muy extendida la de tratar de culpabilizar previamente a aquél que pretendemos destruir. Se trata simplemente de arrasar cualquier rasgo de simpatía hacia él por parte del público que observa nuestros actos porque su maldad nos hará pasar por buenos mientras le destruimos. Porque buscamos que su mala imagen nos vuelva impunes.

El juego es tan burdo que no importa convertir en daño colateral la paz social. Convenientemente situada en el disparadero toda una tendencia estética, todo aquél que muestre simpatía hacia ella puede ser tachado de excéntrico cuando no de cómplice. El homicida lleva rastas luego un partido que tiene o defiende a gente con rastas es un partido violento y por ello susceptible de ser reprimido, al menos electoralmente. Este es el fin real de tanta inflamación mediática y defender lo contrario es ETA… Vivimos así un prolongado Dies Irae en las redes sociales, que van perdiendo su carácter de medio libre de expresión para convertir paulatinamente en sumidero de odio lo que podría ser un espacio de sano contraste de ideas y entendimiento. Dies Irae por el discurso único que acaban propiciando que dos hombres, radicalizados y con escaso autocontrol se enfrenten trágicamente unos días antes de Navidad. En cierto modo este es el amargo regalo navideño que han ofrecido a la víctima, que nos ofrecen a todos, esos medios que ahora tanto la ensalzan. Han creado para ella un estrecho mundo binario, un espacio carente de calma y reflexión, atizado de odios virtuales en el que esta vez le ha tocado, tristemente, perder algo tan real como la propia vida.

Alfredo Llorens

Alfredo Llorens

Alfredo Llorens (Valencia).

Licenciado en Bellas Artes por la Universidad Politécnica de Valencia en la especialidad de Escultura.

Máster en producción artística y profesor asociado del Departamento de Escultura en dicha Universidad (2010-2012).

Realizando en la actualidad su tesis doctoral que compagina también con su trabajo como escultor para la compañía Lladró.

Aborda en sus obras una revisión marcadamente irónica, mecanicista y caricaturesca de los comportamientos humanos, con especial atención al concepto de Poder.

Realiza esculturas y dibujos organizados en exposiciones temáticas que van desde la pieza de pequeño formato hasta la instalación de gran volumen.

Exposiciones individuales:
- 1997 "La Grandeur" (con sus secuelas "La Grandeur Encore" y "La Grandeur Encore Plus").
- 2005 "Elogio del Artefacto".
-2009 "La vida Ingrávida".
-2012 " Mecánicas del Dominio".

Cuenta con obra en "Museo de Escultura al Aire Libre" de la Universidad Politécnica de Valencia así como en numerosos organismos oficiales y colecciones particulares.

8 comentarios

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  • Señor LLorens:

    Bien que podría haber ahorrado la excusa, a modo de amable prolegómeno, en la que dice no querer enjuiciar las apariencias, porque el resto del texto conlleva un rastro de demagogia basada en la suposición, obviando que Víctor Laínez es la víctima de este acto de violencia.

    Usted presupone con vergonzosa hipocresía conocer las afinidades neonazis de Victor Laínez y basa la defensa de su asesino en el engaño de la apariencia física. Créame que hiede su texto pero para advertirlo hay que llevar esa pinza moral en la nariz que permite no relativizar los malos actos para criminalizar a las víctimas. Justo lo que hacen demagógica y descarnadamente los que pretextan actos violentos por la condición de sus víctimas; ergo filoterroristas, vamos, los de siempre.

    Y con no menos hipocresía, porque no le creo ignorante de ello, obvia que el asesino de las rastas que atacó por la espalda a Victor Laínez, antes fue el responsable de apedrear a un agente al que ha condenado a una silla de ruedas por el hecho de vestir un uniforme.

    Lamento decirle que no es la primera vez que asoma su plumero de manipulación bajo la impronta literaria de un buenismo que lo justifica todo; aunque sea tan repugnante como un vil crimen contra la que resultó ser una persona absolutamente indefensa ante el radicalismo de este salvaje que usted, no lo niegue con falsario introito de aparente imparcialidad, exculpa con una bajeza incalificable poniendo al mismo nivel al fallecido con el repugnante criminal que le arrebató la vida.

    Sí le creo que pueda ignorar el análisis de los forenses o las declaraciones de los testigos, incluso amigos del que cometió un execrable asesinato que a fin de cuentas, usted acaba justificando por los tirantes con bandera de España que portaba Víctor Laínez. Una estética propia de moteros con el tipo de moto que él conducía,

    Del mismo modo que usted puede enarbolar con orgullo una hoz y un martillo que es representación de cien millones de muertos, en democracia nadie debería juzgar, como usted hace, las ideas que debemos respetar aunque no nos gusten. Lo que sucede es que cuando la moral retorcida pretende erigirse en juez del pensamiento ajeno pasa que se mata y otros pretextan y relativizan para culpar a los que más pierden en situaciones brutales como esta. Así sucedió con los asesinados por ETA.

    Para algunos, actos despreciables como este de Lanza son excusa para retratarse pase lo que pase. Se lleva en la sangre, en la mala sangre como la del uruguayo Rodrigo Lanza, un cobarde y asesino , sin excusas baratas que solo los ciegos no quieren ver.

    • Señor Candela,
      Veloz como un rayo, sin frenos, me brinda usted un soberbio ejemplo de aquello sobre lo que a menudo escribo.
      La petulante hostilidad con que se dirige usted a mí me disuade de ofrecerle punto por punto las pertinentes aclaraciones, cosa que con otro tono habría hecho encantado, acerca de un texto que no ha entendido en absoluto aunque usted cree que sí.
      Comprenderá que insultar como un redicho energúmeno no es la mejor manera de iniciar un diálogo. Obviamente no es lo que usted busca.
      Esa petulancia muestra que su proceder no es incultura,de hecho junta usted palabras como si no hubiera un mañana, sino simple prepotencia que me indica que me hallo ante alguien muy pagado de si mismo. Tanto como para incluirme de un plumazo en su particular lista de amigos imaginarios, adjudicándome públicamente las ideas e intenciones que le dictan sus delirios para cuadrar su triste batallita interior. Le ruego que no me utilice a mí para esas cosas.
      Si quiere usted jugar al macarthismo, si ve usted comunistas y filoetarras por doquier, le comunico que puede usted estar tranquilo, q ue generalmente no lo son.Es sólo gente que no opina como usted pero no es peligrosa, no quiere hacerle daño.
      Ya ve, Sr Candela aun siendo tan resabido, es usted transparente.

  • Señor Fernández Candela, me asombra su desproporcionada reacción a este artículo, ciega y visceral reacción diría yo.

    Estamos, previsiblemente, ante un asesinato de odio o ideológico y el artículista, el Sr. Llorens deja meridinamente claro desde el principio, su opinión sobre el “injustificable y vil acto de cobardía”. Pero eso a usted no le importa porque cual elefante en una cacharrería despliega una argumentación que solo demuestra una cosa: a usted le importa un pepino lo que Llorens haya querido expresar aprovechando la ocurrencia de un acto violento entre dos personas de ideologías radicales y opuestas.

    A usted solo le importan los tirantes con la bandera de España de la víctima y las rastas del presunto asesino, En base a un patriotismo fuera de lugar toda su argumentación se basa en el desprecio al artículista señalando su “reiterada manipulación” e incluso lo cataloga, por arte de birle y birloque, de “enarbolar con orgullo una hoz y un martillo”.

    Triste lectura, Sr. Candela, la suya de un texto que solo quiere expresar el peligro (de la prensa más radical y los lectores más ciegos) de juzgar y sentenciar a cualquier persona por su estética personal, da igual que sea un motero de los templarios que un okupa con rastas.

    Cuando nuestras preferencias solo nos dejan ver conspiraciones judeo-masónicas, poco dialogo posible existe.

    Tenga usted un buen día y que el 2018 le inunde de serenidad.

  • Señor LLorens y Sr. Redondo:

    Tienen razón. Soy lo más parecido a un elefante en una cacharrería. Les pido disculpas pues razones han dado para valorar mi comentario. Lamento la molestia y les deseo un Feliz Año Nuevo 2018.

    Nadie dijo que este mundo fuera fácil y estas cuestiones de injusticia se viven con pasión. No deseo que se desborde esa pasión, sobre todo cuando unos y otros sienten de verdad lo sucedido,

    Que tengan un Feliz 2018.

    • Sr. Candela, dijo una vez el crítico literario John Ch Collins “La mitad de nuestras equivocaciones en la vida necen de que cuando debemos pensar, sentimos, y cuando debemos sentir, pensamos”. Su comentario demuestra no solo su humildad y señorío, también que es un hombre con sentimientos y pasiones y hay radica la grandeza del hombre.

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