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Del pacto al impacto

En una semana tan trascendental para nuestro futuro inmediato, y no tan inmediato, la palabra “pacto” ha sido ya tan zarandeada, tan saqueada de significados y usada de un modo tan arbitrario que ya, por recurrir a la vieja fórmula, incluso se admite como animal de compañía.

Todos contra todos. Incluso contra sí mismos.

Por lo visto, nos faltan enemigos. O nos sobran. Y todo el mundo es un traidor. O no.

Todo ese pende más que depende del pacto con el que se mira.

Durante semanas se ha estado afirmando de manera grotesca, soliviantada y en apariencia incontestable, por parte de políticos y periodistas, que el gobierno socialista había pactado con los independentistas catalanes la rendición incondicional de España, pero se ve que los segundos no entendieron muy bien las condiciones del acuerdo y terminaron ajusticiando los presupuestos generales, lo que como primera consecuencia les libra de llevarse más de dos mil millones de euros extra, y provocar que nos esperen meses y meses de ir a votar una y otra vez, aunque susurros viperinos afirman que forma parte de una estrategia, la efervescencia de la derecha generará un rebrote nacionalista frente a las represión que se les viene encima, en clara sintonía con las intenciones de  PP, Ciudadanos y Vox de hacerse con el poder conjuntamente tras las elecciones y aplicar leyes más severas (la misma semana que empieza el juicio a varios independistas en prisión desde hace más de un año), así que lo mismo también las banderas contrapuestas quizás hayan pactado bajo tanto ondeo. Y eso por no mencionar que todas las ayudas sociales (y bueno, de más está señalar que todas aún son muy pocas) incluidas en ese presupuesto se desvanecen. A nadie le importa el desfalco a nuestros derechos. El hacer más profunda la desigualdad y la pobreza. Hasta Podemos malvive como puede después de descubrir que Errejón había pactado con Carmena para concurrir juntos a las elecciones, nadie más capaces que ellos mismos para desactivar sus propios logros.

En Andalucía, donde se ha obrado el milagro de que nadie haya pactado con nadie, matan el tiempo subiendo sueldos (pero no el SMI, el propio), y Moreno, aupado al poder, según parece, por mandato divino, cede el destino de la ley de memoria histórica a Vox, quien, aprovechando que no hay nadie en el tronío, propugna, por aquello de equilibrar igualdades, la celebración del día del orgullo “hetero”, aunque no aclaró si del orgullo heterosexual, del orgullo heterodoxo, del orgullo heterogéneo o del orgullo heterónomo.

PP, Ciudadanos y Vox, en la manifestación del domingo, habían pactado hacerse una foto, pero llegado el momento de posar, Rivera, que sigue pensando que este es un país de gente tan ignorante como él, intentó desmarcarse del encuadre, así, como quien no quiere la cosa, pasito a pasito, como si interponiendo personas por medio logrará librarse del ridículo y de la alienación a la que no le queda más remedio que someterse. Y se fue apartando, y tan lejos llegó en su empeño que acabó rodeado de banderas LGTBI, sin que a día de hoy sepamos muy bien cómo aparecieron por ahí tan oportunamente, ni como lograrían abrirse paso en el mar rojigualda, con tanto bañista homófobo.

Y claro, para no desmarcarse de este arrebato por dejar que las insensateces campen por los que ya son sus fueros, el PSOE llega a un acuerdo con su archienemigo el Partido Popular para cerrar la comisión que investiga las irregularidades en la financiación de los populares, lo que evitará Mariano Rajoy tenga que declarar como testigo, total, era el presidente del partido, y del Gobierno, qué podría aportar que no fueran hilillos de plastilina.

Para agilizar los plazos, arguyen.

Pero la plaga va en aumento.

Sin ni tan siquiera conocerse las fechas de las elecciones, todo el mundo ya proclama con quién o quién no pactará. Irrita sobremanera comprobar una y otra vez que, pese a las apariencias, la partida ya está jugada. Hastía tanto simulacro. Da igual las veces que lo digan, o lo mucho que lo repitan. Casado, que anuncia que se siente preparado para gobernar, ya ha retado, entre otros, a Rivera para que aclare si se repetirá “el pacto del abrazo”, gracias al cual Sánchez llegó a la Moncloa. Rivera lo niega categóricamente, nada de Sánchez, esto es, no lo repetiría con el actual presidente, pero y si… Y se deja ahí, no vaya a ser que otro socialista se haga con la presidencia y a él le toque ya caerse del escenario para no volver a repetir más huidas para evitar fotos, y  total, donde dije pacto, dije reparto, y aquí no ha pasado nada. Y el partido de Pablo Iglesias anuncia que se acabó su pacto con el actual gobierno, y que mejor atusarse un poco para afrontar un posible electoral.

Mientras tanto, la crisis que tantos dicen que ya pasó, que está cerrada, cada vez sangra más.

Nos hemos acostumbrado al desgobierno, cualquier medida que suponga un retroceso en libertades es la favorita de titulares, programas y amplificada en las redes (menuda campaña de publicidad gratuita la que se traen algún medios), sin que varíe en lo más mínimo su puesta en marcha, los derechos se ven cada vez más vulnerados, así que vayamos preparándonos para que más pronto que tarde terminemos escuchemos sentencias como la de Groucho Marx  (interpretando al presidente de Libertonia), quien tras ser informado de los empleados del país exigían trabajar menos horas, atendía de manera inmediata a sus demandas:

– Concedido. Les daremos menos horas. Empezaremos por quitarles la hora del almuerzo.

Emilio Calle

Emilio Calle

Emilio Calle (Málaga, 1963)

Crítico de cine y guionista, ha publicado el libro de cuentos “Imaginando rutas” (Huerga & Fierro, 1999), y las novelas “Linda Maestra” (Ediciones Libertarias, 1995), “La estrategia del trueno” (Huerga & Fierro, 2001) y “El hombre que pudo salvar el Titanic” (Editorial Martínez Roca, 2010, reeditada por Editorial Planeta ese mismo año).

Asimismo es coautor de “Los barcos del exilio” (Oberón, 2005 y RBA, 2010), escrito junto a Ada Simón.

Durante diez años trabajó en “El País”, en “Tras la pista”. Y colaboró en Onda Vasca en el programa “Melodías de Seducción”, dedicado a la música en el cine.

También estuvo cinco años en el suplemento infantil de “ABC”, y ha colaborado con diversos periódicos tanto nacionales como internacionales.

Actualmente prepara su nueva novela.

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