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Las nueve musas
Chalecos amarillos

Del amarillo al amarillento

El amarillo es el color de moda.

En Francia, Macron se enfrentó a las diferentes movilizaciones de protesta en las calles, que se fueron aglutinaron en un movimiento conocido como el movimiento de los “chalecos amarillos”, y llegaron las imágenes de la represión (700 detenidos el primer día), se optó por apostarlo todo a la retórica de la violencia y de nuevo París ardía.

Y el presidente de la república de repúblicas, perdió el duelo, y se entregó, y ahora anuncia que sube el salario mínimo (ni menciono la cifra, sería ofender teniendo en cuenta lo que se cobra en este país) y exenciones fiscales de todo tipo para los que más lo necesitan. Vaya por delante que por muchas medidas que aporte, siguen siendo pocas teniendo en cuenta el estercolero social que recorre el viejo continente. Pero sus atropelladas proposiciones subirán el déficit y Francia sobrepasará el ya mítico límite del 3% fijado por Bruselas, lo que a buen seguro le traerá no pocos problemas al país vecino, desestabilizará aún más a Europa que intentará poner orden, lo cual a su vez dará argumentos a los anti europeístas, más alas para el vuelo libre de la ultra derecha. Y lo más esclarecedor de todo. Pese a sus generosos anuncios, Macron no se acerca a una tregua en las protestas. Es extraño que tantos y tantos políticos no acaben de entender un mensaje tan sencillo: la gente lo está pasando mal. Y parches ya pinchados no lograran contener la vía de furia amarilla hastiada por la falta de soluciones.

Otro amarillo, en este caso el de nuestra tan mencionada bandera, es presa también de extrañas mutaciones. Durante la presentación del libro “[amazon_textlink asin=’8416601828′ text=’Nudo España’ template=’ProductLink’ store=’lasnuevemus07-21′ marketplace=’ES’ link_id=’1c17b75a-fed7-11e8-9aa9-6d6f3347e8af’]” (escrito por Pablo Iglesias y Enric Juliana) en una librería de Barcelona, un grupo de ultras de extrema derecha interrumpieron el acto en lo que muchos denominan como un escrache, aunque esa es una palabra que en estos momentos flota sin sentido alguno porque se usa sin miramientos. Baste recordar que tras la detención de un sujeto que planeaba asesinar al presidente, tanto los líderes más altivos del Partido Popular como de Ciudadanos no tardaron ni un pestañeo en comparar esa situación los con escraches sufridos por sus partidos, así que en la práctica, el escrache va desde simples protestas frente a un escaparate, atosigar a las puertas del congreso, o el magnicidio. Pero en el penoso espectáculo montado por los encapuchados un detalle chirriaba como las ruedas de un tren a punto de descarrilar. Lógicamente, además de las capuchas, iban envueltos en banderas españolas. Pero no con las que ellos defienden con tanta vehemencia y ahínco. No, qué va. Banderas constitucionalistas, el amarillo con el símbolo que detestan. ¿Prueba de que funcionan escasos de entendimiento o ya la toma de esa tela que tantas pasiones apaga y despierta, y a partir de ahora veremos a Franco junto a la bandera elegida para suplir la de su dictadura?

Y claro, el amarillo de todos los amarillos, el de la senyera, auténtico patio de recreo de lo peor de nuestros representantes.

amarillentoPor un lado, el “amarillismo político” (solo trato de ser amable, y me cuesta) al que se adscribe el presidente de la Generalitat al apelar, como solución al enjambre en el que nos han metido a todos y entre todos, a la “vía eslovena”. Algunos dicen que para presionar a Pedro Sánchez. Pero como si es un mensaje a los selenitas. Da igual el signo político al que defienda o cuál sea su cargo. Hablar de horror, de guerra, de desolación tendría que haberse traducido en su dimisión inmediata. Más no, ahí sigue, y todos los brujos del aquelarre bailando de la mano, sean del partido que sean, en torno a la hoguera, porque ahora pueden hablar de muertos, y ya no solo de lo ocurrido hace años. En periódicos y tertulias, y en boca de representantes, empiezan a planear muertos que pueden estar por venir. Aquellos que creen en la independencia deben estar atónitos ante esta deriva a teñir el amarillo de rojo en las banderas. El adalid de la cruzada es tan inepto (de nuevo mi amabilidad) que lo único que hace es entregarle armas al enemigo. El señor Torra ha perdido el norte, el sentido común y ahora camina en la cuerda floja de una mecha que él mismo aviva. Un irresponsable más sin bozal.

TorraY por otro, y también con el amarillo de la bandera catalana como protagonista, el macro show ofrecido en el Congreso para debatir así, a vuela pluma, el tema independentista y todo el asunto generado por celebrar en Barcelona un Consejo de Ministros. Duelo de titanes enardecidos. La carencia absoluta de algo medianamente cercano a la política nos permitió ser testigos de un choque de egos muy crispados. Excepto algunos grupos aislados, todos decían lo mismo, aunque de distintas maneras, y se arrojaban entre ellos los mismos argumentos. Contundencia, responsabilidad, 155 hasta en la sopa, otra vez desplazar a miles de policías. La frustración generada por su propia incompetencia, y elevados en la quimera de tomar o retomar territorios cual cruzados, los haría caer en el ridículo si no fuera por lo peligroso de las consecuencias de su ineptitud.

Por cierto, hay que agradecer a Pablo Iglesias que le recordara al señor Rivera (tan olvidadizo a la hora de recordar indultos a golpistas) que, como deferencia a la gente que le ha votado, debería leer algún libro de historia (lo mismo primero tiene que leer). Algo extensivo a demasiados políticos que ya están tiñendo de amarillo macilento las páginas blancas de lo que ocurra ahora, de la historia a partir de este momento.

La revista agradece sus comentarios. Muchas gracias
Emilio Calle

Emilio Calle

Emilio Calle (Málaga, 1963)

Crítico de cine y guionista, ha publicado el libro de cuentos “Imaginando rutas” (Huerga & Fierro, 1999), y las novelas “Linda Maestra” (Ediciones Libertarias, 1995), “La estrategia del trueno” (Huerga & Fierro, 2001) y “El hombre que pudo salvar el Titanic” (Editorial Martínez Roca, 2010, reeditada por Editorial Planeta ese mismo año).

Asimismo es coautor de “Los barcos del exilio” (Oberón, 2005 y RBA, 2010), escrito junto a Ada Simón.

Durante diez años trabajó en “El País”, en “Tras la pista”. Y colaboró en Onda Vasca en el programa “Melodías de Seducción”, dedicado a la música en el cine.

También estuvo cinco años en el suplemento infantil de “ABC”, y ha colaborado con diversos periódicos tanto nacionales como internacionales.

Actualmente prepara su nueva novela.

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