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Las nueve musas
Valle de los Caídos

De mal en prior

El pasado domingo, Santiago Cantera Montenegro, prior de la comunidad benedictina del Valle de los Caídos, y por ende, máxima autoridad del lugar, concedía una entrevista a “La Razón”, donde el buen hombre se jactaba de pasarse por el forro de su sotana lo que diga el gobierno de este país, las leyes que se aprueben y la voluntad (hilarantemente declarada soberana) de aquellos elegidos para representarnos.

Con un compendio de florituras en el desplante, dejaba muy clara su posición en torno al tema de la exhumación del cuerpo del dictador, de Francisco Franco, o del abuelito, como tan cariñosamente le llama Ana Rosa Quintana: “No se puede tocar el cuerpo de un difunto que se encuentra en un templo custodiado por una orden religiosa en un espacio que es inviolable”.

Dejemos de lado el hecho de que, por otorgarle la categoría de fantasía, vivimos en un país laico, y que la opinión de este sujeto no tendría que valer más que la de un tertuliano. Y también que, en su calidad de custodio, se suba a la desfachatez de señalar lo que el gobierno puede o no puede hacer. Lo que escandalizó y alteró tanto la polémica sobre sus palabras fue el uso del término inviolable, defendiéndolo a ultranza al referirse a un espacio, a un espacio que, obviamente, le pertenece.

¿A qué viene el bullicio?

Analicemos la palabra. Inviolable. “Que no se debe o no se puede violar”, según nos asegura el Diccionario de la RAE, que será el que se seguirá citando para ajustarnos a lo que la Academia tiene la amabilidad de aclararnos al respecto. Demos un paso más en las pesquisas. Entonces, ¿qué es violar? Mal empezamos al topar con la primera acepción que concede la RAE. “Violar1. De viola2. 1. m. Sitio plantado de violetas.” ¿Entiende el prior que oscuras fuerzas de un gobierno izquierdista va a plantar violetas en un lugar de culto ya sembrado de muertos? Absurdo. Quizás el prior se refería a algo más. Armados de fe en los encargados de articular nuestra lengua, hay que seguir leyendo, y algo de luz podremos encontrar. “Violar 2. Del lat. violāre. 1. tr. Infringir o quebrantar una ley, un tratado, un precepto, una promesa, etc. tr. Tener acceso carnal con alguien en contra de su voluntad o cuando se halla privado de sentido o discernimiento. 3. tr. Profanar un lugar sagrado, ejecutando en él ciertos actos determinados por el derecho canónico. 4. tr. Ajar o deslucir algo.”

El prior puede infringir una ley surgida del parlamento, pero el gobierno no puede ni toser sobre la ley con la que se rigen ellos. Y con la que de paso, amparan sus crímenes.

Y uno desconfía. La entrevista, las declaraciones, se propagaban pocos días antes de que el Papa inaugure la cumbre antipederastia que busca soluciones reales a las denuncias y a los abusos cometidos a miles y miles de niños, una cumbre que no se limite a pedir perdón una vez más y seguir como si nada hubiese pasado (aunque, cómo no, eso no va con la Conferencia Episcopal española, que ayer emitía una nota donde se podía leer “pedimos perdón por los abusos cometidos contra niños por parte de pastores y fieles de la Iglesia”, ya largando parte de la culpa a los feligreses, y es una lástima que no pidieran ya perdón por futuros abusos y así se ahorraban las notitas). La Iglesia española también estrena el primer órgano para atender a víctimas de abusos. Y despreciando ya desde el comienzo. Para atender a víctimas, algo que cuesta creer que no se esté haciendo ya con todos los medios posibles. Pero nada de poner en el tapete la posibilidad de que los culpables terminen en la cárcel, como cualquier otro depredador sexual. Tanto facha echando espumarajos por la boca para pedir prisión permanente revisable, o cadena perpetua para violadores, y sin embargo, por razones nunca explicadas por nadie, jamás añaden en ese hediondo grupo a los miembros de la iglesia que los comenten y exigir que acaben en el mismo agujero que cualquier otro animal que abuse de menores. De hecho, la comisión será coordinada por el obispo de Astorga, Juan Antonio Menéndez, quién duda de su compromiso sabiendo que tanto bien hizo para proteger al abusador José Manuel Ramos Gordón, apartado de su cargo después de que las denuncias contra él fuesen ya imparables (tanto que llegaron a las manos del propio Papa), y cuyo terrible castigo fue quedar confinado en un monasterio, un violador en viviendo en un lugar inviolable.

Pero claro, no es comparable la violación a un ser humano con la de llevar a un puñado de trabajadores al Valle de los Caídos para que le extirpen la herejía (¿o no lo es venerar a falso ídolos?) para que cese ese continuo rendir culto a un genocida. Y con la paradoja de que es precisamente la propia Iglesia la que no permite que se entierre  al abuelito de una vez por todas en la Catedral de La Almudena, aterrorizada de reconvertir y rendir la casa de Dios, en un garito de reunión para exaltadores del fascismo más violento y aterrador.

Inviolable para salir y para entrar.

Sin miramiento alguno, hacen suyas las palabras de Cristo. Su reino no pertenece a este mundo.

Y las víctimas de abusos aún más abandonadas en el olvido.

No acaba ahí la entrevista al locuaz prior de prioridades.

Ese hombre de Dios, custodio infatigable de la tumba de un civil incrustada en un templo supuestamente erigido para alabar y repartir la gloria de Dios, aún tiene tiempo de añadir un chiste a sus inquietantes digresiones (por no decir diversiones), mientras mira una concha que adorna el lugar en vez de estar atento al entrevistador: “<<La historia de esta concha es muy divertida y me enteré de ella hace poco. Es una vieira que simboliza el nombre de Santiago, que así se llamaba el artista que hizo el mosaico, Santiago Padrós, resulta que se la regaló Camilo José Cela, que fue censor durante el franquismo>>, relata con una sonrisa algo pícara.” Vamos, para llorar de la risa. Sí que es una historia increíblemente divertida. Y aunque la picaresca reduzca a sonrisa del prior la risotada que merece el relato, desde un posicionamiento netamente darwiniano, emulando el poder de las fábulas, al leer sus palabras la pregunta que salta es inevitable: ¿pero se puede saber de qué se ríe tanto la hiena? Pero ya desde el racionalismo, desde debajo de su cúpula de nuestro desamparo, la respuesta, irrefutable, es que se ríe de nosotros, y de todos aquellos que, según les convenga a sus antojos, no se han ganado la categoría de inviolable en ninguna de sus reales acepciones.

La revista agradece sus comentarios. Muchas gracias
Emilio Calle

Emilio Calle

Emilio Calle (Málaga, 1963)

Crítico de cine y guionista, ha publicado el libro de cuentos “Imaginando rutas” (Huerga & Fierro, 1999), y las novelas “Linda Maestra” (Ediciones Libertarias, 1995), “La estrategia del trueno” (Huerga & Fierro, 2001) y “El hombre que pudo salvar el Titanic” (Editorial Martínez Roca, 2010, reeditada por Editorial Planeta ese mismo año).

Asimismo es coautor de “Los barcos del exilio” (Oberón, 2005 y RBA, 2010), escrito junto a Ada Simón.

Durante diez años trabajó en “El País”, en “Tras la pista”. Y colaboró en Onda Vasca en el programa “Melodías de Seducción”, dedicado a la música en el cine.

También estuvo cinco años en el suplemento infantil de “ABC”, y ha colaborado con diversos periódicos tanto nacionales como internacionales.

Actualmente prepara su nueva novela.

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