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Las nueve musas
“Corre, rocker” de Sabino Méndez » sabino méndez

Crónica personal de los ochenta sobre cómo navegar a través de la música rock, superar los escollos de la droga y arribar hasta la isla de las palabras.

  1. Corre, rocker
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    Introducción

Lo primero será presentar al personaje, al protagonista de la historia que navegó a través de la música rock de los ochenta del pasado siglo, superó los escollos de la droga y arribó hasta su isla de las palabras, esa Ítaca en la que pudo fondear al abrigo de tempestades.

Sabino Méndez nació en Barcelona en 1961. A finales de la década de los setenta se introdujo en el mundo del rock y el grupo que le dio fama fue “Loquillo y los Trogloditas”. Sabino fue el creador de este nombre, Trogloditas, y autor de las canciones más carismáticas, aunque el protagonismo recayese en el cantante José María Sanz “Loquillo”. Luego tuvo importantes problemas con la droga, abandonó el grupo en 1989, cursó Filología en la Universidad de Barcelona, consiguió desengancharse de la heroína y ha centrado su actividad profesional posterior en la literatura. En esta nueva trayectoria ha publicado 5 libros de carácter autobiográfico (Corre Rocke“Corre, rocker” de Sabino Méndez » sabino méndezr, ‘Limusinas y Estrellas“Corre, rocker” de Sabino Méndez » sabino méndez‘, ‘Hotel Tierra“Corre, rocker” de Sabino Méndez » sabino méndez‘, ‘Historia del hambre y la sed“Corre, rocker” de Sabino Méndez » sabino méndez‘, y ‘Literatura universal“Corre, rocker” de Sabino Méndez » sabino méndez‘) y colabora como columnista en diversos periódicos.

Este artículo se centra en la lectura de su primer libro publicado: Corre, Rocker[1] “Crónica personal de los ochenta” en el que, a través de su biografía y las peripecias del grupo que cofundó, nos relata la historia de la música rock de esa época en España, las características e incidencia de la droga en esa generación y su particular interés por la literatura que al final ha llegado a ser su profesión. Escribí estas notas hace casi 10 años cuando leí la primera edición de este libro, que había sido publicado por Espasa Calpe en el año 2000 y a esa edición pertenecen las citas. En esa época el libro estaba descatalogado y era casi imposible encontrarlo. En 2018 este libro ha sido reeditado por Anagrama con un prólogo de Carlos Zanón y el autor indica en la introducción que lo ha dejado tal cual estaba sin modificarlo.

  1. La opinión del autor y la de un crítico literario sobre el libro

Loquillo y los Trogloditas Dice Sabino[2] que al estudiar Filología se sintió atraído por el género autobiográfico, que había sido menospreciado durante años en nuestro país que identificaba la “buena literatura” con la ficción. Él afirma, al respecto, que la autobiografía hay que tratarla utilizando los recursos de la novela.

En la introducción del libro, el autor se presenta someramente como alguien de unos 40 años que se enfrenta a los recuerdos de hace tres lustros; de esa década prodigiosa de los 80,s “decorado de libertades perdidas” y cita la relatividad del recuerdo que depende de la perspectiva (el escritor, el que recuerda, el protagonista) y del momento en que es recordado.

Para mí, no existe pasado, presente o futuro. Existe recuerdo, percepción e inferencia; y luego, el salvavidas del sentido común para conjuntarlos.

(…/…)

El texto es una crónica de emociones subjetivas acumuladas principalmente durante la década de los ochenta. Intentos como este reciben en la actualidad nombres como autoficción o egodocumentalismo en los gabinetes de estudios universitarios. Yo prefiero decir que me gustan las historias y los viejos cuentos. A partir del momento en que aparece el verbo en el sintagma “contar una realidad”, nos adentramos ya en el pantanoso terreno de la ficción. Por otra parte, sin el verbo contar el concepto realidad nos rinde escaso servicio. Podemos intentar palparla o sentirla, pero difícilmente transmitirla o compartirla. De ahí lo indefinible de la palabra emoción, que siempre apela a realidades más que a abstracciones. No será este, de tal manera, un recuento cronológico de encuentros en la agenda histórica.

(…/…)

…mas allá de la brega con el lenguaje, lo alucinador y estimulante de la experiencia retrospectiva ha sido, no tanto comprobar cómo nuestra idea de realidad se diluye al intentar contarla a través del recuerdo, como descubrir fascinado, a medida que estos recuerdos se acercan al presente, que están igual de modificadas subjetivamente las rememoraciones de hace quince años como las de hace quince segundos. De ahí, a deducir que la percepción es una especie de memoria instantánea, tan solo hay un paso.

Esa memoria inmediata …/… hace que todo lo que llamamos realidad sea para mí algo ajeno y excesivo …

Y comprendo por qué hechos situaciones y personas pueden resultar monumentales y fascinantes en sus minucias. Éramos, pues, jóvenes. Éramos desmesurados. Éramos tan estúpidos que, de puro estúpido, éramos prodigiosos…

Sabino Méndez
Sabino Méndez

 Toda una declaración de intenciones sobre cómo enfocar el recuerdo. Respecto a su público, al estilo de Larra, a quién dice que leyó y de quién aprendió cuando se inició en el ámbito periodístico, se pregunta: ¿Quién es su público? Responde indicando que originalmente este trabajo era de tamaño más reducido y dedicado a los integrantes de su mundo musical (músicos y seguidores), aunque después, asesorado por su profesora Anna Caballé, lo amplió y dirigió a un público más amplio.

 …el texto conserva la huella de su intención original orientada a ese público cómplice y escéptico. Es un público que comparte muchos de mis defectos; es decir, una notable insignificancia social y una enorme soberbia artística. No ignora cuanto de autocomplacencia hay en el misántropo.

 En una entrevista posterior[3] (2005), dice Sabino: “Corre, rocker” fue, ante todo, una autobiografía entendida como simulacro (el escritor sabe que la mejor manera de hacerlo es contar su vida como la mejor de las novelas)…

Para aumentar esa visión del autor, la suplementaré con la crítica de Anna Caballé, que como cita Sabino fue la instigadora de este libro en su forma definitiva.

Por cierto, hablando de críticas literarias de este libro, no las encontré en mi búsqueda por la red, lo que ya citaba Anna Caballé[4] al año siguiente de la publicación: “no ha habido ocasión de leer hasta la fecha una reseña decente…”  Quizá la razón era que el libro se apartaba de lo común en su género; o sea personajes del mundo musical que publican unas memorias para “fans”, normalmente escritas por un periodista o un “negro”. Y esta novedad no se atrevían a enjuiciarla los críticos musicales (al no ser unas memorias musicales), ni los críticos autobiográficos (al considerarlas musicales y no de los personajes a que están acostumbrados).

Loquillo y los TrogloditasVeamos lo que opinaba Anna Caballé en su crítica. Tras citar las derivaciones que ha sufrido el género autobiográfico, indica: “es un libro que atrapa la esencia de muchas cosas: memoria de un grupo musical, autobiografía, crónica de una generación, ensayo, defensa de sí mismo…”. Continúa haciendo breve un repaso al entorno social y musical de la época, para añadir: “Sabino Méndez se ha propuesto hurgar en aquella perfomance permanente, revisarla y observarla con la lucidez de un superviviente. Su libro tiene esa voluntad minuciosa de escribir la pequeña inconmovible verdad de un ser humano que ha vivido un momento excepcional y quiere saber que ha quedado de él en el presente. La suya es una verdad todavía encendida por los rescoldos de aquel fuego. … y el autor se ha tomado en serio y honestamente su labor de cronista de un tiempo y un modo de sentir. …le ha salido una memoria entre dolida y mordaz de un tiempo durante el cual su autor vivió en la cresta de la ola.”

Respecto al estilo, dice que ha recurrido a un tono “bradominesco”, utilizando suaves metáforas renovadoras del género y que la metonimia es el rasgo de estilo más presente. También indica que el libro responde a una necesidad íntima de convocar los diferentes yoes y destaca que: “el entorno tiene nombre y se llama Loquillo”, en cuanto a que el relato tiene algo de ajuste de cuentas, reivindicación, defensa ante otras versiones que circulaban sobre su separación del grupo musical. Opina que la historia invita a una lectura cómplice y sutil de alusiones y parodias: “No estamos ante un relato autobiográfico ingenuo, de aquellos que pretenden que las cosas contadas caigan por su propio peso siguiendo un hilo presuntamente cronológico”. Al respecto, ya nos ha dicho antes que el lector puede leer el libro en una clave de indagación personal, además de como una interesante historia.

Loquillo
Loquillo

Cita también: “la mayoría de autobiografías pecan de ser un punto de llegada para el escritor que, ocasionalmente, concluye con ella una dilatada trayectoria y no está para muchos trotes, el caso de Sabino es el contrario se estrena con un libro autobiográfico. No estoy del todo de acuerdo; sí lo estoy en el caso de los escritores, pero no en el de otros personajes, políticos, científicos, jueces, etc., muchos de los cuales se han iniciado en la literatura a través de sus memorias. La diferencia de Sabino es que con esta obra inicia una carrera literaria y la continuará con otros libros y artículos periodísticos.

Sigue diciendo que es un relato vivo de un escritor joven y con ganas, que crea un atractivo suspense en su relato. Y concluye: “el narrador está encantado de conocerse, cumple él mismo con todos los papeles: es el héroe, el autor del libreto, el director de escena, el cámara, el responsable de las luces, incluso ha escrito el programa de mano. Quizá podría pedírsele un poco más de acción. Es el único reparo que puedo ponerle a un libro tan duro y conmovedor como la vida que describe”.

Al repasar ahora este artículo para publicarlo encuentro una reseña de la segunda edición del libro publicada por “El Cultural”[5] en enero de 2018:

Sabino Méndez estuvo allí y sobrevivió para contarlo. “Corre, rocker” es la crónica de primera mano de una década convulsa y creativa (…/…) Poco sexo y mucha droga es lo que nos ofrece una autobiografía por la que desfila una larga hilera de conocidos personajes de la música pop y sus alrededores contemplados, al modo de Rousseau en sus ‘Confesiones’ y más tarde Proust,  como si todos -buenos y canallas- formaran parte de la estructura de la vida. Aunque Méndez reconoce al malvado y al compañero leal, no condena ni salva a nadie. En todo caso él ha sabido escapar del abismo.

Fue una época de rebeldía, genialidades y excesos, una década canalla y prodigiosa durante la que el país se transformó y algunos se asomaron al abismo. Méndez la evoca sin mistificaciones ni edulcoramientos. Escrito en el año 2000, “Corre, rocker” merece sin duda ser recuperado: no solo es uno de los testimonios más lúcidos sobre ese periodo, sino también una crónica personal de una extraordinaria potencia literaria.

Tras la opinión del autor y de la crítica, para tener la visión faltan otros dos cuadrantes que completen los 360 grados: lo que dice el público y lo que dice un lector que vivió esa época. Para esta última función me escojo a mí mismo, perteneciente a una generación anterior (la que Sabino llama “los progres”), pero cercano a quienes él dedicaba la obra.

  1. ¿Y qué opina un lector?

Loquillo y Los TrogloditasYa he indicado que el lector voy a ser yo, que viví esa época en una generación anterior, pero que estuve bastante cerca de esos movimientos musicales (de hecho Loquillo y los Trogloditas fueron uno de mis grupos favoritos), lo que me da la ventaja de ser lector y a la vez poderme identificar con lo relatado. Dice Sabino de mi generación[6]:

Los progresistas que habían nacido tres lustros antes que nosotros, después de desgastar su primera juventud bajo el techo gris de la última suela franquista, se decepcionaban ante unos frutos de la transición democrática que siempre resultaban magros en relación con sus anhelos. Agobiados además por las primeras señales de alopecia y celulitis, dieron por sentado de manera superficial que a nuestra posición estética le debía acompañar necesariamente la misma toma de posición ideológica. Lo mínimo que nos llamaron fue fascistas.

 Por generación (nací a mitad de siglo) estoy claramente encuadrado como “progre”, también luche contra la última etapa franquista, también me decepcioné y asimismo tuve tempranos signos de alopecia; pero ni tuve celulitis, ni consideré fascistas a esos grupos musicales, o en general a la gente de su estética. Quizá soy una “rara avis” o quizá Sabino generaliza demasiado. Sí que es verdad que manteníamos varias divisiones musicales, en la primera seguían estando los cantautores que nos habían acompañado en nuestra primera juventud y en la segunda los grupos de rock nacional que nos gustaban para bailar y divertirnos; pero de eso a fascistas…

Bueno, pues este “progre” quería hacer caso a Sabino y leer su libro mientras escuchaba las canciones que dan título a los capítulos, pero fue imposible ya que no pude encontrar el disco que había desaparecido del mercado. También me había sido difícil encontrar el libro, que por fin localicé en una biblioteca municipal, ya que estaba descatalogado y era imposible comprarlo en las librerías. Y eso que complementé esa búsqueda del libro y disco rastreando ediciones físicas o digitales en internet.

Volvamos a la obra y ya que no podemos disponer del disco que grabó Sabino mientras escribía sus memorias, pondremos un recopilatorio de Loquillo y los Trogloditas donde figuran varias piezas compuestas por Sabino: Carne para Linda, Rock suave, La mataré, El rompeolas y Todo el mundo ama a Isabel.

En líneas generales, el libro desarrolla tres planos. En los capítulos iniciales se centra en el ambiente musical, luego lo simultanea con la adicción a la droga y los intentos de desintoxicación, y por fin toma protagonismo la literatura que coexiste con los dos anteriores hasta llegar a la ruptura con la música y la definitiva derrota de la droga. Es un recurso estilístico muy logrado al introducir sucesivamente los temas y permitir la descripción separada de los mismos, destacando la influencia que han tenido en el protagonista y su entorno. Lo anterior, hilvanado por sus desencuentros con el líder del grupo “Loquillo”, acompaña toda la historia, en ese particular ajuste de cuentas entre quien se considera el alma creadora del grupo y el líder mediático del mismo.

Un ordenado desorden cronológico nos lleva a recorrer desde la juventud de Sabino hasta su ruptura con Loquillo en 1989: El libro se centra en la década de los 80’s en la que esos veinteañeros de la movida musical sufrieron un empacho de gloria, en un momento en que las libertades democráticas, conquistadas años atrás, devinieron en un libertinaje de sexo y drogas, que no todos pudieron superar. Por eso la década que empezó prodigiosa se fue tornando trágica, cuando entre las drogas, cada vez más duras, y la irrupción del SIDA se llevaron por delante a buena parte de ese estrato musical y cultural.

Sabino sabe describir muy bien esa época, y no se limita a escribir un libro para fans, sino muestra todo lo que formaba parte del entorno, las grandezas, las locuras y las miserias. A través del relato vemos su relación con tres mundos, que como hemos citado penetran escalonadamente en el libro: el musical, las drogas y la literatura. Todo esto lo relata Sabino de una forma que parece sincera y en momentos muy descarnada. Pienso que en esta autobiografía se ha colocado muchas flores, pero también muchos “marrones” y es difícil reconocer en público todo lo que él se reconoce.

Lo que distingue este libro de otras memorias musicales, es eso precisamente: que más que una memoria musical es la memoria de una generación, o al menos la memoria del estrato de esa generación que se dedicó a la música. Además, se trata de un libro escrito en  primera persona, sin periodista intermediario, explícito u oculto, que la ordene y la homogenice (palabras tras la que se ocultan unos claros intereses comerciales para complacer a la potencial audiencia). Por último, quiero citar como diferencia la calidad literaria del libro. Aunque hablar de calidad es algo bastante subjetivo a mí me ha gustado leer estas memorias; lo que no quiere decir que comulgue totalmente con el estilo del autor, quiere decir que es un libro ameno, aunque a veces cuente muchas “batallitas” y se pierda por dentro de la “movida”, como si estuviese todavía dando tumbos por una de aquellas noches de juerga.

Un tema siempre importante en unas memorias en las que aparecen amigos, conocidos y en general coetáneos, son las opiniones que se vierten sobre ellos o las historias que se cuentan de sus andanzas, tanto para asegurar la verosimilitud de las mismas, como para evitar problemas con esos otros personajes de la historia sean afectivos, profesionales o hasta judiciales. Preguntado Sabino sobre esto[7], respondió que había hecho leer los borradores a dichos protagonistas secundarios y que en caso de rechazo había variado lo necesario, silenciando o dulcificando pero no mintiendo. Respeto esa respuesta de Sabino, pero apunto la dificultad de la consulta masiva y me detengo en un personaje no secundario, un cuasi “coprotagonista”, con el que no creo que pudiera seguir esta práctica: Loquillo.

Quizá lo mejor sea reproducir alguna de las referencias a sus relaciones mutuas u opiniones que van hilvanando todo el libro, hasta el momento de su ruptura en 1989. Efectúo esta recopilación, teniendo en cuenta lo difícil que es reproducir frases fuera de un contexto y asegurando que no me guía un morbo malsano, sino simplemente profundizar algo en esta relación que es uno de los hilos conductores del libro.

De la primera época de su relación, cuando eran dos adolescentes que querían introducirse en el mundo musical, extraigo:

“Tenía una inmensa vocación de ascenso social”. “Interpretábamos una cándida versión del Pijoaparte de Juan Marsé pasada por la hora de los teleñecos”. “El necesitaba un discurso y yo era su discurso”[8]

 “…yo como lector disperso y convulsivo que era, fingía un barniz cultural que no poseía. Eso deslumbró a Loquillo que identificaba lujo intelectual con ascenso social.[9]

 “De esa época no quedaba rasgo documental, las imágenes habían sido expurgadas (Loquillo con pantalones cortos y peinado afro). Existía un salto enorme, un vacío, entre unas fotos infantiles de peinado aceptable para el registro de la época y el joven rocker reciente.”[10]

 Luego durante los años de las giras de éxito, sus críticas se van haciendo más duras. El desencuentro se acentúa y Sabino reitera los celos profesionales y el miedo de Loquillo ante su mejor preparación intelectual:

“Tenía unas enormes lagunas en su educación que no se podían explicar solamente por la procedencia de barrio” “Acepté así con naturalidad, como un hecho justificable e inevitable de la vida, que mi compañero se construyera desde su esquizofrenia sentimental con una faceta pública de progresismo insurgente, de reivindicación de los desposeídos, mientras en lo privado se comportaba con los habituales rasgos de homófobo, misógino y hasta racista diluido que caracterizan al reaccionario civilizado”[11]

 “La suspicacia de Loquillo frente a la crítica ajena imposibilitaba la reflexión literaria” “Su ingenuidad residía en pensar que se puede conseguir ese prestigio intelectual sin leer, sin escribir o sin componer una obra, tan sólo con el uso de los materiales de promoción”.[12]

“El Loquillo juvenil era bromista, lo bastante vulnerable para ser conmovedor, lo bastante tímido para ser discreto. Estos rasgos, sin embargo, empezaban a deslizarse hacia una prepotencia fuera de registro”[13]. “La ausencia de sutileza le convertía en un manipulador bastante tosco”[14]

“Para desear el papel de líder generacional juvenil, nuestro cantante había llegado tarde a su cita con la historia. O bien fue sencillamente que, en el momento decisivo, le fallaron las piernas” [15]

 En la etapa final existen pocos restos de la amistad juvenil, simplemente continúan unidos por el negocio comercial y la relación entre ellos es prácticamente inexistente. Los estragos de la droga se han cebado en Sabino, que intenta escapar de su adicción y comenzar una carrera literaria en paralelo con la musical, quizá como ayuda para apartarse de la droga y del submundo que ésta conlleva:

Nuestro cantante, sin ningún tipo de consulta previa, usó el accidente para justificar mi ausencia de las actuaciones del grupo durante los siguientes meses. Durante ese lapso de tiempo sólo tres amigos me visitaron” (no cita a Loquillo)[16]

“Esa esquizofrenia constante le llevaba a mostrar cíclicamente una desconfianza inusitada hacia sus colaboradores, una especie de odio puro donde las descalificaciones eran constantes. …. Nos necesitaba y no podía prescindir de nosotros, pero existía el miedo”[17]

 La última conversación telefónica entre ellos después de que Sabino dejase el grupo, es también la última vez que en libro se le menciona directamente a Loquillo:

“…me dice que debería hacer una declaración pública sobre mi marcha. Le pregunto la causa del inesperado giro de opinión y enlaza vaguedades sin dar una respuesta satisfactoria…. En Loquillo lo más revelador son las vaguedades… Voy directamente al centro de la cuestión y le pregunto  a qué tiene miedo. Como única respuesta me cuelga el auricular de un golpe seco y brusco”[18]

 Son evidentes las dificultades por las que atraviesa la relación. El autor se posiciona claramente a su favor, quizá lo contrario sería pedir un imposible masoquismo. No obstante, en las últimas páginas del libro matiza algo estas opiniones y no es tan taxativo:

Me costaba mucho aceptar la evidencia de los desperfectos que el paisaje adulto de la decepción había perpetrado en nuestro cantante y amigo.[19]

 Pero era una idea a todas luces desorbitada pretender que mi amigo se comportara según mi deseo, y yo me negaba a compartir esta verdad tan evidente. Son las desventajas de haber creado una criatura de Frankenstein en sociedad cooperativa. Puede que mi amigo acabara confundiendo su identidad real con la del personaje que interpretaba, pero yo no terminé, aunque resulte paradójico, menos damnificado por el proceso. Él llevaba la carcasa exterior y yo la interior. A cada uno nos tocaba lidiar con nuestra parte de esquizofrenia …/… Todo pinta un paisaje de luces y sombras, una moneda con haz y envés…[20]

No es mi objetivo saber quién tiene razón en esta disputa, simplemente he citado una serie de frases para ilustrar esa desavenencia creciente entre ambos que es uno de los hilos conductores de la historia. Si se quisiese profundizar en ese análisis, habría que pedir la opinión a la otra parte y los motivos que tuvo para apartarse de un Sabino que, inmerso en su dependencia de la droga, no debía de ser un compañero fácil.

Dejémoslo aquí, posteriormente las relaciones entre ellos han mejorado y volvieron a actuar juntos en el año 2005 y yo mismo los vi colaborar en un espectáculo poético musical en la Plaza del Rey de Barcelona. Asimismo, se habló de un proyecto de llevar al cine esta obra, “Corre, Rocker”, con la participación de Loquillo, y algunos discos posteriores hay colaboraciones de Sabino. Mejor así, que las amistades de juventud se mantengan o al menos no se enfrenten.

  1. ¿Y qué dice el público en general?

 No es posible efectuar una encuesta directa, por lo que acudo a la red para ver qué comentarios se encuentran surfeando por internet.

Dice Ferdydurke en su Blog” La docta ignorancia” el 20.6.2007:

En esta lectura personal de crónica de los 80 españoles me he topado con una sorpresa agradable …/…Siendo un texto autobiográfico, y relatando hechos que a todos nos suenan, aunque a mí ya me pillaran lejos, Méndez retrata acertadamente esa década movida y abierta a una libertad hasta entonces desconocida. Las experiencias musicales, personales y yonquis se mezclan en una prosa muy cuidada de excelente recursos estilísticos y léxicos, que nos acerca en un lenguaje atemperado a unas experiencias que por cercanas no dejan de sernos ajenas.

 Quizá el mayor acierto del autor sea la capacidad de aunar en un mismo texto una prosa magnífica con una temática que usualmente acostumbra a hospedarse en sintaxis poco cuidadas. Al ser una obra biográfica, no peca Sabino Méndez de incongruencia en tal punto. Ya que el libro está escrito desde un futuro letrado y no desde un presente acuciado en lo instantáneo.

 Librito recomendable. A lo mejor demasiado engreído en ciertos puntos. Pero recompensado en instantes de gran sinceridad a la hora de reconocer fallos y carencia. No debe ser fácil reconocer todo lo que Méndez reconoce en “Corre, rocker”.

Loquillo y Sabino
Loquillo y Sabino

Y dice Andrés Moreno en “La muerte pelá” el 11 de Enero de 2007:

Fruto de su talento innato y de sus sesudos estudios literarios, en el año 2000 publica “Corre, rócker. Crónica personal de los 80”, debut de nuestro amiguete como escritor. Es un buen libro, aunque en mi modesto entender es como si Sabino pretendiera concentrar y verter del tirón en el libro todas sus experiencias, todas sus emociones y todos sus aprendizajes como escritor, no en plan “Mira qué inteligente soy y qué bien escribo”, sino más bien como explosión creativa final después de un largo periodo de aprendizaje y lecturas, casi como el parto de un retoño literario tras años y años de embarazo.

El hombre ajusta cuentas con los 80, con su pasado, con Loquillo (a quien pone a caer de un burro y de quien nos muestra algunas miserias en un ejercicio de rencor mal curado) con las drogas, con la creatividad, con el mundo del rock, en fin, que se queda descansando. No es, desde luego, un libro recomendable para quien busque la típica “biografía rockera” con detalles escabrosos (que los hay, pero que en ningún momento son el punto central del libro), pero resulta un debut altamente prometedor. Como puntos débiles, pues un servidor apuntaría un puntito de “pretenciosidad intelectual” que puede resultar por momentos cargante y farragoso, pero creo que, en general, el libro rezuma honestidad y sinceridad.

En resumen, dos comentarios con los que me identifico bastante, y no pude encontrar más buscando por la red en esa época en que el libro estaba agotado y le sería difícil encontrar nuevos lectores.

  1. ¿Y en conjunto, cuál creo que es el resumen de esta visión en 360 grados?

 Una vez recorridos los cuatro cuadrantes, el autor, el crítico, un lector y la opinión del público, se impone un pequeño resumen por parte del autor de este trabajo.

En conjunto creo que es un buen libro. A través del recorrido autobiográfico por la década de los 80 se nos muestra el mundo musical de la época y la agitada vida de sus miembros, castigados por la adición a la droga. Sabino no tiene inconveniente en mostrar lo bueno y lo malo de este mundo, y de su trayectoria vital por el mismo.

Este libro se distingue de otras autobiografías de personajes musicales, porque está escrito realmente por el protagonista y porque éste tiene aficiones literarias y ha cambiado su inicial carrera musical, por la de escritor y periodista. Esto se nota en la calidad del libro, donde el autor puede por fin ejercitar su afición juvenil y cuida el producto que ha escrito.

También el libro le sirve para explicar su versión del desencuentro con su amigo y compañero Loquillo, y aquí no quiero tomar partido, no es mi misión y soy admirador musical de los dos. Quizá Sabino abusa de demasiados detalles, historias o historietas respecto al mundo musical, pero este era su mundo y en parte el libro también es una crónica musical, además de personal, por la década de los 80.

Como resumen final me sirve el subtítulo que le he puesto a este trabajo: “Cómo navegar a través de la música rock, superar los escollos de la droga y arribar hasta la isla de las palabras”. Esa Ítaca personal, su afición juvenil, ha llegado a ser su profesión, superadas las tormentas que se interponían en el camino. Porque, en definitiva, lo más importante es que este libro ha podido ser escrito, que el autor ha superado sus problemas con la droga y que creo que la literatura le ha ayudado en ello.

Esta es otra función social de la literatura, en concreto de la autobiográfica. Además de proporcionarnos el placer de leer, también proporciona al autor la posibilidad de ajustar cuentas con su pasado recreando su memoria histórica; y en toda recreación siempre hay una parte de subjetividad. Aceptémosla, el autor ya se ha castigado bastante consigo mismo mostrando las miserias de parte de su vida y también tiene, como todos nosotros, “su corazoncito”.

Ahora, tras la reedición del libro, los nostálgicos o interesados en la época tienen la oportunidad de rememorarla en este ameno libro que se sale de lo habitual.


[1] Corre, Rócker. Sabino Méndez. Editorial Espasa Calpe. Madrid, 2000

[2] Conversación personal con el autor en 2009

[3] Revista Lateral. Entrevista a Sabino Méndez “Para pelear hay que degradarse”. Marzo 2005

[4] Anna Caballé. Aquellos lejanísimos años. Cuadernos Hispanoamericanos, nº 608 (Febrero de 2001) pp. 118-121.

[5] El Cultural.Libros. 24 de enero de 2018

[6] Corre, Rocker p. 39

[7] Conversación personal con el autor en 2009

[8] Corre, Rocker p. 45

[9] Corre, Rocker p. 61

[10] Corre, Rocker p. 83

[11] Corre, Rocker pp. 91 y 92

[12] Corre, Rocker pp. 145 y 151

[13] Corre, Rocker p. 190

[14] Corre, Rocker p. 210

[15] Corre, Rocker p. 218

[16] Corre, Rocker p. 254

[17] Corre, Rocker p. 263

[18] Corre, Rocker p. 265

[19] Corre, Rocker p.269

[20] Corre, Rocker p.270

La revista agradece sus comentarios. Muchas gracias
Ricardo Fernández Esteban

Ricardo Fernández Esteban

Nacido en Barcelona en 1947.

Es Ingeniero Industrial, Master en Finanzas y Licenciado en Filología Hispánica.

Ha dedicado su vida profesional a las finanzas de empresa, ha ejercido la docencia en universidades y escuelas de negocios y ha participado en numerosas asociaciones profesionales. Dice de sus estudios que son más oxímoron que tríada, pero pueden ayudar a desvelar el porqué de su autodefinición “de formación ingeniero, de profesión financiero y de vocación poeta”.

Su afición por la literatura y la poesía es antigua, pero ha comenzado a publicar en este siglo. En poesía ha editado una trilogía de poemarios de viajes por las islas griegas Cuadernos de las islas griegas; un libro de rimas, Pensando en vosotras, en el que el narrador recorre las relaciones con las mujeres de su vida; un poemario digital sobre su relación con la pintura De museos por Madrid, en el que se pueden contemplar las obras en que se inspira; y una plaquette bilingüe (español-griego) Islario de Pasiones sobre los círculos viciosos y virtuosos del navegante de islas. Además, tiene publicado un libro de minirrelatos Cuentas de cuentos que buscan la complicidad y sorpresa del lector. Por otra parte, ha participado en numerosas Antologías poéticas y de relatos cortos.

Es miembro de la junta directiva de la ACEC (Asociación Colegial de Escritores de Cataluña), y de la tertulia poética de El Laberinto de Ariadna.

Participa en numerosos recitales y es ferviente defensor de acercar la poesía y la literatura al público, con medios tradicionales o innovadores, para que recuperen la importancia que deberían tener en la sociedad actual.

Está especialmente interesado y organiza actos sobre el presente y futuro de la literatura digital y la necesidad de adaptación del autor a la misma. Desde el año 2000 mantiene un blog de poesía La palabra es mágica en el que divulga obra propia y de autores que le interesan y que ya ha alcanzado las 400 mil visitas.

Poesía

Cuadernos de las islas griegas, 2006.
Adendas del Dodecaneso, 2009.
De museos por Madrid, 2009.
Más islas, más adendas de Grecia, 2010.
Pensando en Vosotras, SIAL Ediciones, 2011.
Islario de Pasiones (plaquette bilingüe español – griego, traducida por Maira Furnari), 2015
La palabra es mágica, 2010-2016

Relatos cortos

Cuentas de Cuentos, Ònix editor, 2015 (edición en papel)
Cuentas de Cuentos, Bebookness, 2016 (edición digital)

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