Las nueve musas
pablo casado
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Casado llamando a Houston

Ante la publicación de su flamante “Código Ético y de Conducta” (de lectura seguro muy recomendable si es que se logra superar la hilaridad inicial), parece un ejercicio saludable analizar bajo ese prisma, su prisma, si el reciente comportamiento de algunos líderes populares se ajusta al juego limpio o si de nuevo se suman más derrapes hacia la extrema derecha, cada vez más concurrida.

¿Es ético que Pablo Casado se plante en Europa para sembrar todo tipo de argucias de segunda con las que erosionar la imagen que se pueda tener nuestro país en tan altas cumbres?

pablo casado¡Houston, España tiene un problema. Socorro!. Pues vaya con el líder. A las primeras de cambio pidiendo auxilio al hermano mayor. ¿No es un poco inquietante que quien dice tener las soluciones para todos nuestros males de repente se hunda en el esperpento con ese lloriqueo enfurruñado y con ese tono acusica de patio de escuela? Seño, seño Merkel, Sánchez no me deja sentarme el sillón azul que me gusta y nunca dice viva el rey después de cada frase. Cansan ya estas peligrosas farsas. Y aunque no arremete contra ninguno de los artículos de su código ético, lo cierto es que tiene un deje rastrero, por debajo incluso del más hediondo de los populismos. Apenas 24 horas después tenía la oportunidad y el privilegio de lanzar sus panfletos desde el Congreso de los Diputados (supuesto territorio, pese a lo quebradizo, donde se busca mejorar esta sociedad y esta democracia, y donde debería proclamar esas denuncias). Y nada más y nada menos que con Albert Rivera como chica del coro, que repartió el término ilegal como si su pensamiento se hubiera quedado aún más atascado. Adelantar sus soflamas deja la imagen de un Casado demasiado nervioso, precipitado, que dice lo que se le antoja, que infla artificialmente proclamas y acude a las alarmas para llamar la atención que de otra manera le sería negada.

¿Es ético que la vicesecretaria de Acción Social de los populares, Isabel García Tejerina (si es que con ese apellido…), en plena campaña electoral andaluza, nos haya obsequiado con una nueva andanada de desprecios por doquier?  “En Andalucía lo que sabe un niño de 10 años es lo que sabe uno de ocho en Castilla y León”. Toda una bofetada de perplejidad. Es una de esas frases que por muchas vueltas que se le dé nunca tiene sentido, y menos aún si intentas razonarla. Un dato arrancado de manera torticera de un informe sobre educación en el mundo. Las garras de la ética causan estragos. Porque eso no es un desliz, ni un error. Es un mensaje dirigido a un sector muy concreto al que se le piden votos. Susana Díaz encontró el adjetivo que mejor definía su actitud: supremacista. Quizás eso nos proporcione la pista de por dónde van los desatinos. Pero irrita sobremanera el tener que defenderse por ser andaluz bajo el chorro inclemente de los tópicos de esta pandilla de mercachifles.

Un apunte más, que también roza en parte al Partido Popular.

¿Es ético que Juan Cotino, ex director general de la policía con José María Aznar, después presidente de las Corts Valencianes, y actualmente imputado un sinfín de sumarios por corrupción a destajo, sea la estrella invitada a presentar un libro sobre ética policía y ciudadanía, a requerimiento de la propia policía nacional? Eso sí que es una estrategia de marketing. Nuestro evento de hoy cuenta con un delincuente de renombre para que ponga las cosas claras sobre cómo manejar la ética con la gente, basta recordar sus continuas ofensas a los familiares de las víctimas del accidente del metro de Valencia. Que cunda el ejemplo, que Bárcenas ofrezca seminarios para contables, que la Juan Carlos I se apresure en contratar a Camps (master: corbatas y deportivos), a Billy el Niño para vigilar la puerta o mismísimo Urdangarín para impartir cursos sobre financias y confidencias matrimoniales.

No hay mucho que leer en el documento del Partido Popular para saber que nada de esto lo consideran falto de ética. Más que nada porque bajo ese prometedor epígrafe únicamente se esconde un manual sobre donde no se debe meter la mano. Vamos, que se acabó eso de ir tirando confeti en su garaje montado a un coche de lujo de origen desconocido. Nada de comprar en Ikea, que sus empleados son muy descuidados. ¿Fotos con narcos? No. Y  mucho cuidado con regalarle nada a alguien del PP, es un campo de minas. Y se le rompe a uno el corazón pensar en los desolados cumpleaños que les esperan a Casado y compañía.

Y en mitad de este galimatías de amoralidad, una noticia se escapa de la nada, y sirve de luz, y es hermosa. La filosofía regresa a las aulas. Es oficial. Y una ayuda fundamental para que dentro de algunos años las nuevas generaciones entiendan que una palabra como ética debería ser la garantía que definiera a los que buscan ostentar el poder.

Emilio Calle

Emilio Calle (Málaga, 1963)

Crítico de cine y guionista, ha publicado el libro de cuentos “Imaginando rutas” (Huerga & Fierro, 1999), y las novelas “Linda Maestra” (Ediciones Libertarias, 1995), “La estrategia del trueno” (Huerga & Fierro, 2001) y “El hombre que pudo salvar el Titanic” (Editorial Martínez Roca, 2010, reeditada por Editorial Planeta ese mismo año).

Asimismo es coautor de “Los barcos del exilio” (Oberón, 2005 y RBA, 2010), escrito junto a Ada Simón.

Durante diez años trabajó en “El País”, en “Tras la pista”. Y colaboró en Onda Vasca en el programa “Melodías de Seducción”, dedicado a la música en el cine.

También estuvo cinco años en el suplemente infantil de “ABC”, y ha colaborado con diversos periódicos tanto nacionales como internacionales.

Actualmente prepara su nueva novela.

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