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¡Busquen, comparen y… desistan!

Pese a que aún falten dos meses para las elecciones generales, y también lejos de que comience oficialmente la campaña, todos los protagonistas ya han acampado, atrincherándose en sus posiciones, mirándonos desde la atalaya de sus ambiciones.

Albert Rivera, tan quebradizo y lapidario a la vez, anuncia que su proyecto de país pasa por no pactar con Sánchez, pero ya conocemos sus habilidades como saltimbanqui, y de tanto ir saltando de un lado a otro, ha terminado saltando a los calderos de la prensa del corazón, que no titubearán a la hora de saquear sentimentalmente a este adalid de la transparencia y la honestidad.

Begoña Villacís
Begoña Villacís

Como honesta y transparente ha sido Begoña Villacís, candidata de Ciudadanos a la alcaldía de Madrid, cuando mintió sonrisa en ristre, tras descubrirse que había ocultado una sociedad patrimonial de dos millones de euros, para proclamar que hacía muchos años que había cesado su participación en ese entramado (de por sí, ya digno de que se buscase otro trabajo), y hoy mismo aparecen pruebas notariales de que falseó su cese en la sociedad. ¿Rivera ha exigido su fulminante dimisión? Parece ser que se le ha olvidado. Y puede que la causa de esa ceguera venga provocada al haber quedado deslumbrado por la llegada de Inés Arrimadas a la política nacional, por lo que abandona el Parlament de Cataluña, donde ejerce como líder de la oposición del desgobierno, para instalarse en el Congreso de los Diputados en la próxima legislatura como número uno de la lista de Ciudadanos por Barcelona. No es para menos. La que fue ganadora de las elecciones en Cataluña (aunque eso no le permitiera alcanzar la presidencia, y ni tan siquiera le llegase el empuje para presentar una moción de censura, por muy simbólica que fuera) parece ajena a cuanto tenga que ver con la política real. Es más de gestos, de duelos verbales para afinar sus torpezas, de pantomimas con banderas y pancartas, de presentarse como una especie de súper heroína nacida para salvarnos. Y el prólogo a sus aventuras no ha podido ser más contundente: plantarse en Waterloo, Bélgica, y frente a la residencia donde vive Puigdemont y extender una pancarta, ayuda por un contadísimo número de discípulos, donde se podía leer: “¡La república no existe, Puigdemont!”, aunque en su discurso de investidura como intelectual no dejó claro si lo que no existe es la república como concepto, la República Francesa, “La república” de Platón o la república independiente de nuestra casa. Y es de imaginar el agradecimiento de los independentistas con este regalo para Puigdemont, repartiendo a diestro por toda Europa su populismo, y darle alas internacionales al conflicto. ¿Y? Lo que importa es que Inés estaba ella allí, como si la realidad no fuera con ella, absorta en desplegar los súper poderes mediáticos que le permitirán aupar a Rivera hasta La Moncloa.

El Bigotes
Álvaro Pérez, “El Bigotes”

El Partido Popular, cuyo primer eslogan pre campaña pre electoral es “Garantía para España, siempre“, fiel a su tendencia de eternizarlo todo, juega a la despreocupación. Como si ya hubiera ganado. Forma parte del apego a la inmediatez que define a la clase política actual. Pablo Casado, justo ahora que comienza a especular sobre posibles debates, ya ha dejado claro que él participará en toda esa parafernalia a la que toca sumar a Vox, pero que el debate ineludible debe ser un cara a cara con Pedro Sánchez. Su partido ha emponzoñado hasta la saciedad el ambiente, y junto a otros cruzados, logró el adelanto electoral. Pero da igual que diga que lo que importa es que él se enfrente a solas con el todavía presidente. A nadie escapa que el peor enemigo vive en sus mismos fueros. Necesita a cualquier precio consolidar su posición como la única posibilidad real de que la derecha regrese al poder, sin intermediarios, ni concesiones, ni tripartitos, ni tridentes surgiendo de sus propias profundidades. Y desbancar a Rivera y a Abascal no pinta como tarea sencilla, ahora que a todos les ha dado por sacar los dientes. Además de que sufre de esa plaga de amnesia que aqueja a tantos y tantos miembros de su partido, a los que se les olvida que aunque sean nombres nuevos en el engranaje del sistema, no dejan de formar parte del organismo que los generó o los degeneró. Pero raudo, Álvaro Pérez, también llamado “El Bigotes” a más saña, uno los cabecillas de la trama Gürtel, ha aprovechado que tenía que declarar por el caso Taula para recordarle al Partido Popular no pierda tanto el norte: “Casado debería saber que todavía tiene mucha mierda en la mochila”.

Sobran las interpretaciones.

Como también parece sobrar Pablo Iglesias, disfrutando de su derecho a ejercer como padre, aunque ausente ahora mismo en esas disputas sobre la paternidad de un partido que revela muchas fisuras en un momento tremendamente delicado. Y aunque son claros en sus mensajes, solo parecen proyectar el desconcierto que provoca su propia falta de reacción. Hundiéndose cada vez más en las encuestas (en este momento, es el partido que más perjudicado saldrá de la convocatoria), siendo ninguneados en cualquier pacto de los que previsiblemente se avecinan, Podemos se ha quedado sin propuestas, más allá de que podrían jugar mejor en las municipales.

Están, pero no sirven. Y nadie parece encontrar una bocanada de aire que les permita volver a respirar.

Javier Ortega Smith
Javier Ortega Smith

Mientras tanto, Abascal sonríe con malicia, como si estuviera saboreando el viejo proverbio chino que asegura “siéntate en la puerta de tu casa y verás pasar el cadáver de tu enemigo”. Aunque se le presente como figura emergente, lleva muchos años ya en política, en lo peor de sus entresijos, adoctrinado por la vieja guardia del PP. Sabe que esta corriente puede llevarle muy lejos, incluso si la aventura termina por ser efímera. Puede decir lo que sea, todo cala. El arte de soliviantar. Y siempre con Javier Ortega Smith de avanzadilla, quien hoy mismo, en una entrevista con Ana Rosa Quintana, clavaba espuelas en su ideario, y de nuevo arremetía contra la violencia de género que según él es violencia intrafamiliar. Un planteamiento muy original. Apelar a la igualdad de derechos a cambio de recortar realidades, porque afirmaba tajante que deben tener exactamente igual los mismos derechos una esposa maltratada o asesinada por su marido (por remitirnos al ámbito familiar tan querido por él) que un abuelo al que su nieto le da palizas, problema este, como es bien sabido, que sigue socavando los cimientos de nuestra sociedad, y los más ancianos no solo han tenido que soportar el costo de que su familia intentase salir de la crisis, o ver cómo se rechazan sistemáticamente sus mucho más que legítimas reivindicaciones en torno a las pensiones. Ahora Vox destapa un complot de nietos maltratadores con sus abuelos, sin dar cifras, pero seguro que serán desorbitantes. Quedamos a la espera de posibles sanciones de Naciones Unidas al respecto.

Y claro, Sánchez ya redactando “Manual de supervivencia, las secuelas”, con varios miembros del gobierno en funciones lloriqueando por las televisiones porque los de Ciudadanos no van a querer juntarse con ellos (hasta les han remitido una carta) en el patio de la escuela. Todas las encuestas auguran una victoria del Partido Socialista (aunque, eso hay que aclararlo, todos los expertos afirman que jamás habíamos vivido una elecciones donde las encuestas puedan deparar sorpresas para todos los gustos, malos y buenos, porque no hay forma de insinuar siquiera un desenlace), pero que ni por milagro logrará una mayoría suficiente para gobernar, lo que casi nos deja al desamparo de otra interminable racha de convocatorias electorales, sin que haya un modo de que se puedan poner de acuerdo entre ellos y, de ser posible, empezar a construir un país.

Todos contra todo y todos.

Ah, no, no es cierto. Sí que tienen sus puntos de encuentro. Con la excepción de Podemos, todos estos partidos reconocieron como válida la auto proclamación de Guaidó como presidente de Venezuela. Y Guaidó está pidiendo de un modo oficial una intervención militar estadounidense. Y aquí no hablamos de un páramo desierto tomado por un puñado de fanáticos. El poderoso ejército venezolano, sin ser por supuesto el de Estados Unidos, no es un enemigo menor, ni mucho menos. De hecho, está enteramente dedicado a prepararse precisamente de la siempre temida intervención yanqui. No tienen otro objetivo que perfeccionar esa disciplina. Incluso cuenta con una milicia ciudadana, con acceso a todo tipo de armas, y con centro de mandos propios, listas para convertirse en resistencia de guerrillas en el caso de que la agresión llegara a producirse.

De momento, los legitimadores de Guaidó guardan un pacto común de mutismo al respecto.

Lo que importa es que hay elecciones.

Toca ser felices en esta cada vez más efervescente fiesta de la democracia selectiva.

Emilio Calle

Emilio Calle

Emilio Calle (Málaga, 1963)

Crítico de cine y guionista, ha publicado el libro de cuentos “Imaginando rutas” (Huerga & Fierro, 1999), y las novelas “Linda Maestra” (Ediciones Libertarias, 1995), “La estrategia del trueno” (Huerga & Fierro, 2001) y “El hombre que pudo salvar el Titanic” (Editorial Martínez Roca, 2010, reeditada por Editorial Planeta ese mismo año).

Asimismo es coautor de “Los barcos del exilio” (Oberón, 2005 y RBA, 2010), escrito junto a Ada Simón.

Durante diez años trabajó en “El País”, en “Tras la pista”. Y colaboró en Onda Vasca en el programa “Melodías de Seducción”, dedicado a la música en el cine.

También estuvo cinco años en el suplemento infantil de “ABC”, y ha colaborado con diversos periódicos tanto nacionales como internacionales.

Actualmente prepara su nueva novela.

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