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Arqueología médica: Egipto

Cada día que pasa hay más descubrimientos arqueológicos sobre las antiguas civilizaciones, de los que deberíamos aprender.

Hesire, jefe de médicos bajo Zoser (2700 a.C)

Hoy hablaremos de la medicina en el Antiguo Egipto, con datos que creo que serán sorprendentes para muchos. Tendemos a creer que estamos descubriendo todo ahora. No es cierto. Veamos:

No vamos a hablar del controvertido tema, por lo menos hoy, de cuando y como aparece la civilización egipcia, perfectamente estructurada, con lengua y creencias propias, ni nos vamos a preguntar de donde proceden. Ese debate está abierto aun a día de hoy y yo no puedo descubrir la pólvora. Hablaremos hoy de cómo trataban las enfermedades y accidentes.

Podemos decir sin equivocarnos, que, según lo que sabemos y lo que nos ha proporcionado la arqueología y la paleopatología, muy en auge últimamente, los egipcios fueron la primera civilización (que sepamos) que creó la “medicina preventiva”. Esto es, dar instrucciones precisas al pueblo sobre su alimentación ya que lo necesitaba para trabajar. Sobre todo a los constructores, no de las tres pirámides más conocidas, pues no hay texto contemporáneo a ellas que nos informe de su construcción, pero sí de otras pirámides y templos. Esto consistía en darles de comer a los trabajadores solamente cantidades diarias de cereales, tubérculos, cebolla y ajos. Sabemos esto gracias a varios papiros, el más conocido de ellos, el papiro Ebbers, básicamente un papiro médico. ¿Por qué esta alimentación a diario? En su momento ellos lo sabían y ahora nosotros también. La cebolla y el ajo, especialmente este, es un poderosísimo antibiótico natural sin efecto secundario y altamente saludable para la tensión, el corazón, el sistema circulatorio o el estómago. Protege contra cualquier enfermedad intestinal y digestiva. ¿Cómo podían saberlo los médicos y consejeros de aquella época? Estamos hablando del Alto imperio. Obviamente debían de beber de la medicina tanto caldea como babilónica, pero no tenemos escritos concretos. Sin embargo es un hecho que cualquier persona que se formase para medico tenia altos conocimientos del valor de las hierbas y los alimentos, que era con lo que curaban cualquier enfermedad.

Hagamos un pequeño inciso. Para ser médico en Egipto debías ser hijo o familiar de una persona influyente o, como en varios casos, haber destacado por tu inteligencia desde pequeño y que hubiese llegado a oídos de algún “sacerdote”. La palabra adecuada sería profesor a día de hoy. Muy joven entrabas a las llamadas “Casas de la Vida”, grandes recintos con todo lo necesario para formar tanto médicos, como astrólogos, matemáticos… y anexos o bien al palacio real o a algún templo famoso. Allí pasaban de 10 a 15 años de su vida. Los primeros años eran dedicados a aprender perfectamente a leer y escribir junto a  matemáticas, astrología y música. Después entraba la época de especialización. De eso no tenemos casi datos pues eran escuelas especialmente herméticas en su formación. Tras tu periodo de aprendizaje e incluso siguiendo en la “Casa de la Vida” ya podían ejercitar su profesión. Lo normal es que, si no eras un médico privado del Faraón o algún personaje muy ilustre, ejercieses tu profesión a quien pudiera pagártelo, pero residiendo siempre donde te habías formado. Realmente, nunca dejaban de formarse. Para ellos todo iba encadenado: la medicina con la astrología, la adivinación, la fabricación de amuletos…

Eran estos los médicos con los que contaba el Antiguo Egipto. Sobradamente preparados. ¿Qué aprendían allí? A día de hoy es casi imposible de saber, pero viendo los resultados, podemos hacernos una idea. Veamos un ejemplo.

Desde tiempos remotos hasta el día de hoy, la enfermedad que más ceguera provoca en el mundo es el Tracoma, una gran infección de la córnea producida por la picadura de una mosca y muy infecciosa. Se da mayormente en países cálidos y húmedos y degenera todo el sistema ocular desde el exterior. Egipto era idóneo para eso. A día de hoy, el tratamiento, si bien un poco largo, es sencillo. Primero necesitas tapar el ojo con una gasa totalmente esterilizada y llevarlo tapado durante todo el tratamiento. Un colirio para humedecer esa zona de la córnea que se queda totalmente seca usado varias veces al día. A la vez hay que untar la córnea con una pomada rica en electrolitos, un elemento natural que a día de hoy se usa tanto en pomada como en colirio y que es fundamental para el correcto funcionamiento de la córnea. Es una hormona que nuestro cuerpo le proporciona de forma natural. Para terminar necesitas tomar antibióticos vía oral para bajar la inflamación ocular.

Ahora veamos cómo se curaba en el siglo XVII a.C. en Egipto. Primero se hacía una infusión de diferentes hierbas con agua hirviendo para que no quedase ninguna bacteria en ellas. Con estas se hacía un parche totalmente antiséptico que tapaba el ojo. El agua del Nilo en muy baja proporción con agua dulce y hervida, por el mismo motivo, era usada como colirio al enfriarse, para humedecer siempre la zona. A la misma vez se hervía un trozo diario de hígado de buey y se colocaba directamente sobre el ojo y bajo el parche. Durante todo este tiempo, la dieta era a base de leche, cereales, y ajo, gran cantidad de ajo preparado de diferentes formas ya que, como hemos dicho, es un potente antibiótico natural. Pero ¿y el hígado de buey? En el siglo XIX se descubrió que precisamente este alimento es el elemento con más electrolito dentro del mundo, que se libera al hervirlo y colocarlo sobre el ojo. Como hemos visto, el tratamiento es el mismo exactamente que a día de hoy, con una salvedad. Los antibióticos actuales suelen tener efectos secundarios mientras que el ajo, no suele. Es muy curioso que ambos datos, la proporción de electrolito en el hígado de buey y las propiedades antibióticas del ajo y la cebolla fueran “redescubiertas” en el siglo XIX.

Dedo protésico de madera y cuero
Dedo protésico de madera y cuero

Si bien los médicos egipcios eran grandes internistas,  destacaban también por su maestría para la cirugía. Sin embargo hay una idea muy extendida que es totalmente falsa, que es la de que los egipcios tenían prohibido abrir cuerpos. Nada más falso. Si bien no podemos saber los estudios superiores que tenían lugar en las “Casas de la Vida” si sabemos por papiros de otros temas, que muchos cadáveres eran llevados allí para su estudio, generalmente los de los esclavos o trabajadores.  Tenían por tanto un gran conocimiento del cuerpo humano en todos sus ámbitos y todos los órganos. De hecho, aun siendo médicos, había especialistas, como hoy: sistema circulatorio, cráneo, esqueleto y traumas… Todo este conocimiento es transmitido después a Grecia y posteriormente a Roma, que aporta también conocimientos etruscos.

Los egipcios son también pioneros en la asepsia (del griego no-dolor). Desinfectar para superar la herida o enfermedad. La palabra VIRUS viene de ellos, y viene a decir: “sustancia muy  pequeña transmitida a través del neuma (aire)”. ¿Cómo podían tener conocimiento de la existencia de las bacterias? ¿Y de la necesidad de eliminarlas para una curación completa?  Para eliminar todo resto de ellas recurrían a paños hervidos, caldos de hierbas curativas hervidos y en muchos casos, aplicados a elevadas temperaturas. Por ejemplo en el caso de las operaciones en la cabeza o intervenciones cerebrales. El primer paso siempre era lavar continuamente la zona y todo lo aplicable a ella con un caldo de hierbas hirviendo. Cuando hacían una trepanación, el elemento introducido era igualmente hervido varias veces y con varias hierbas diferentes. Esto no hacía que sobreviviesen todos, pero si muchos. A día de hoy, estas operaciones son de alto nivel, y la asepsia es un componente fundamental para no inflamar el cerebro, lo que provocaría la muerte.

Como hemos visto, conocían perfectamente el cuerpo humano y la función de cada órgano. Eran los grandes embalsamadores de la antigüedad. Por ejemplo, y volviendo al Papiro de Ebbers, este habla sobre la enfermedad en la construcción de grandes edificios. Fracturas, caídas, heridas… Según los médicos actuales, las descripciones de cómo se tratan los huesos, las articulaciones e incluso el sistema para coser las heridas es exacto al actual. Las plantas que solían usar para estas cirugías eran las que llevaban más concentración de nitrógeno y ácido, lo que mata las bacterias rápidamente cuando tenían que curar a alguien en un campo de trabajo o una batalla.

Para el corazón, elemento fundamental para ellos y su simbología, usaban un tratamiento descubierto en pleno siglo XX: La Digoxina, enzima proveniente de la planta “digitalis purpurea”.  Tomada en infusiones diariamente era capaz de tratar a un paciente con problemas de corazón y prolongarle la vida durante años. Exactamente igual que hoy.

Otro tema muy llamativo es ¿Qué clase de anestesia usaban? El pueblo llano solía usar el alcohol, como harán después los romanos, incluso en batallas, aunque cabe destacar que para cosas menores, incluyendo empastes, sacar una muela o un esguince, no solían usar nada más que salmos. Sin embargo, en operaciones o intervenciones de mayor envergadura usaban opio, la morfina de hoy, solo que menos perjudicial, ¿por qué? Pues porque era puro, sin mezclar, no se inyectaba, se fumaba o se aspiraba como una barra de incienso. Incluso era bebido en infusión. Otras técnicas era por ejemplo la marihuana. Si bien no es ni remotamente originaria de Egipto, ya van unas 15 momias donde se han encontrado restos de marihuana, tanto en su organismo como en su ajuar, lo que significa que era un producto caro y estimado. Por supuesto que era caro. En el siglo XVIII a.C. el único sitio donde había marihuana creciendo libremente era Sudamérica. ¿Llegaron los egipcios a Sudamérica? ¿Pudieron aprender algo de las civilizaciones Mesopotámicas? La ciencia ha demostrado que sí, pero en los libros de historia aún tardará en aparecer. Pero una evidencia siempre es una evidencia.

momia egipcia FK3 con marihuana en su cuerpo
Momia egipcia FK3 con marihuana en su cuerpo

Por último, ya que quería hacer un breve acercamiento a la medicina egipcia, recalco lo de breve, los egipcios, sin duda influidos por los babilónicos, crean, o mejor dicho, usan lo que hoy llamamos “efecto placebo”. Junto a cualquier curación, dolor, intervención… rezaban unos ensalmos compuestos por ellos mismos o heredados de un medico anterior, que hacían rezar también al paciente, a la vez que solían usar de manera frecuente amuletos, algunos generales, como la cruz ank o el cuerpo de un hombre, y otros más específicos como un pie, si esa era tu dolencia, un corazón, una cabeza, una mano… en definitiva, amuletos con la forma de lo que querían curar que convencían al paciente de que iba a ser curado, lo que ha perdurado durante milenios hasta el día de hoy. Mi opinión es que los propios médicos creían en la magia de estos amuletos. En época romana, ya no, como puede leerse en la “Vida de Adriano” donde su médico afirma que los amuletos, si bien no sirven para nada, “pueden hacer bien a la moral del paciente”.  Hay que señalar que esos amuletos se hicieron tan famosos que se llegaron a fabricar por miles, llegando aquí a España con los fenicios primero y más tarde con los griegos, y se han encontrado en miles de tumbas iberas de diversos puntos de la península.

Como hemos visto en estas breves pinceladas de lo que era la medicina egipcia, hay casi más preguntas que respuestas. ¿De dónde proviene su conocimiento? ¿Cómo podían ser tan precisos en su diagnóstico basándose solo en el blanco de los ojos o el color del paladar? ¿Cómo pudieron averiguar la composición de las plantas?  No sé si llegaremos a saberlo, he oído miles de teorías, cada uno tiene la suya y yo la mía también, por supuesto. Dejo estas preguntas en el aire. Cada uno que las conteste a su manera. Preguntarse el porqué de las cosas es muy beneficioso.

El único problema es que tras la caída de Roma, todo este saber se perdió, LITERALMENTE, aunque cierto conocimiento pudo permanecer en el pueblo llano, y no es hasta el siglo XIX cuando “creemos” que la medicina avanza a pasos agigantados.

Cerraremos con esta inscripción del Templo de Knossos: NO HAY NADA NUEVO BAJO EL SOL.

 

Mi eterno agradecimiento a mi gran amigo JOSE ALONSO, medico cardiólogo, paleopatólogo e historiador por sus interminables e increíbles charlas.

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Quiteria Méndez Fernández

Quiteria Méndez Fernández

Murcia, 1983

Licenciada en Historia del arte por la Universidad de Murcia, promoción 2001/2006 (Fin de los estudios en el curso 2014-2015)

Curso de restauración de maderas doradas y policromadas por la Academia TABA (Murcia). Curso de restauración de patrimonio eclesiástico por la Academia TABA con prácticas en los talleres de la Catedral de Murcia.

Perito judicial en falsificación de obras de arte impartido por INTESA (Barcelona) en su modalidad on line.

Diplomada en Historia y arqueología por la UNED (cursando 3º curso)

Actualmente realizando prácticas en el Centro de Estudios del Próximo Oriente Antiguo (CEPOAT) con el proyecto AEGYPTIACA y en labores de biblioteca y radio.

Colabora en Revista MUNDO MISTERIOSO (Bimensual) Revista on line www.lasnuevemusas.com y Revista HISTORIA Y VIDA (Mensual)

EXCAVACIONES:

* Campaña de excavación en Villaricos (Mula, Murcia), veranos 2015, navidad 2015 y verano 2016. Yacimiento romano siglo II d.C.
* Excavación y exhumación de cadáveres de la guerra de la independencia española. Badajoz. Verano 2014.
* Ayudante en la prospección del Castillo de los Velez de Mazarrón (Murcia) a tiempo parcial durante 2007 y 2008. Medieval.
* Excavación de las Cuevas del Lido (Venecia, Italia). Medieval. Desde mayo de 2005 hasta septiembre de 2006.

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