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El anciano y las discordias en el hogar

Durante las charlas impartidas sobre cómo manejar estrés, exponía a los participantes que podíamos recordar la época de la infancia, pero no podíamos evaluar el comportamiento en la Tercera edad porque la mayoría de nosotros no había llegado aún a ese momento.

A menudo se halla significativa incomprensión por parte de las nuevas generaciones sobre la forma de actuar y pensar en la Tercera edad.

tercera edadEse desconocimiento implica a menudo discordias familiares y dentro de la pareja con respecto a quienes se hallan en esa época de la vida, y las dificultades confrontadas son muy comunes a numerosas regiones del mundo. Los cambios son relativamente drásticos, y se adoptan a menudo conductas incomprensibles para los jóvenes.

Lo primero a tomar en cuenta para conocer el comportamiento en la Tercera edad es la perdida de la autoridad familiar. Es difícil, para quien ha sido jefe de familia, que sus hijos paulatinamente asuman el protagonismo en el hogar mientras ellos lo pierden. Sutilmente se imponen nuevas normas, mientras que sus padres sienten que su palabra ya no es igualmente reconocida y respetada.

Mientras son niños o adolescentes los padres se acercan y exigen sin cortapisas, pero cuando crecen no es lo mismo. Tienen sus propios criterios, y no solo eso, sino que ellos comienzan a exigir. Es difícil que dichos padres se percaten que los tiempos cambian, no es lo mismo, antes los hijos les pedían orientación para transitar en la vida, pero ya no lo hacen, sino que siguen su propio dictado. Por consiguiente, perciben que ya no son necesarios para conducirlos, y pierden su presencia en las decisiones familiares. Por lo tanto, dejan a menudo de ser atendidos, escuchados, se sienten apartados, y sin el protagonismo de antaño.

Los cambios se agudizan cuando esos hijos se establecen con sus parejas, convivan o no bajo el mismo techo. La orientación sobre el manejo de finanzas, modos de crianza de sus propios hijos, donde y como vivir, entre otros aspectos conyugales, es asumido por la nueva pareja sin contar con la familia natal.

A ello se agrega que los padres de la nueva generación sienten la pérdida de afecto, tanto de recibirlo como de brindarlo. Los nuevos adultos se ocupan y preocupan más por sus respectivas parejas o posibilidad de obtenerla, por su trabajo y lucha por la vida. Ya no es una necesidad vital el recibir comunicación ni amor por parte de sus padres.

Además, en la Tercera edad, con la correspondiente jubilación, se pierde rol social y laboral, se abandona dinamismo laboral acostumbrado, y se pierde el sentido de la vida. Por consiguiente, puede surgir el sentimiento de inutilidad, disminuidos, físico, psíquico y socialmente; faltan las fuerzas más elementales. Se siente laboralmente desplazado por las nuevas generaciones, quizás inservible, o que estorba. Ha quedado solo para ver como la vida marcha a su alrededor.

Otro factor influyente en la Tercera edad es que a menudo se produce merma de la capacidad de auto-financiamiento, por lo cual surge el miedo a quedar desamparado; a veces ni se da cuenta, solo siente el temor. Como resultado pueden convertirse en personas egoístas, tratando de preservar lo poco o mucho que lograron, y tortura el pensamiento de “no habrá más”. Por ello se aferran a objetos sin importancia, o cualquiera que les recuerde que existen.

Esta actitud los conduce necesariamente a ser desconfiados, irritables, y celosos. El sentimiento de desamparo que de ellos se apodera les alimenta el recelo hacia desconocidos, pero también hacia sus propios familiares. Temen quedar despojados de sus bienes, por poco que sean, y temen el daño que otros pueden infringirles. En ocasiones esconden alimentos u objetos en los lugares más insólitos, aun sin padecer trastornos cerebrovasculares, demencia senil o Alzheimer. Es la búsqueda de la auto-preservación.

tercera edadA ello se agrega también el sentimiento de frustración que pende sobre su mente. Quien ha logrado sus metas, y se siente satisfecho de su tránsito por la vida, no llega a sufrir considerablemente por propósitos y deseos no alcanzados. Pero en la mayoría de los casos quedan con el dolor de lo que pudieron o quisieron, hacer o tener, y no fue así. La lucha por la vida terminó y lo que antes no se logró, desde luego que en ese marco ya no se logrará. Al llegar al punto de “declinar las armas” quedan las tensiones emocionales por la frustración.

Este nuevo sentir se agudiza por el hecho de que en Tercera edad, se hace frecuente y profundo el recuento de la vida. El tiempo pasó; es momento de definir si los actos valieron la pena, qué se hizo mal y qué se hizo bien. Sobreviene la evaluación de los errores, fracasos, éxitos, y tienden a retraerse. Eso los hace muy sensibles, y en algunos casos extremadamente irritables, timoratos, deprimidos. Lo que se hallaba olvidado en el pasado regresa, en ese momento de vacío, con mayor fuerza. Se recuerdan momentos tristes y con añoranza los momentos alegres. Se agudiza el hecho de que amistades de antaño dejan de tener sentido, se aíslan, y se sienten solos; más aún cuando ven que las antiguas relaciones amistosas y familiares fallecen una a una.

Además, se pierde incentivo por intereses, costumbres, ocupaciones, distracciones, las cuales otrora eran atrayentes. Lo que antes le entusiasmaba ya les es indiferente. Añora también tiempos pasados, ocupaciones laborales, placeres juveniles que ya no tiene. Quizás no supo “vivir” su vida como hubiera querido, o siente el peso de errores y frustraciones pasadas.

Desde luego, bajo estas circunstancias la inseguridad y desamparo se hacen sentir, aun si gozan de esmerada atención de hijos u otros familiares. Necesitan protección y no siempre pueden contar con ella. Este sentimiento se agudiza si no han reconstruido nuevo sentido para vivir, por lo cual quieren dejar a un lado el desagradable ocio, y es difícil.

En algunos casos asumen el deber de cuidar nietos, pero eso no siempre es suficiente. Llega un momento, si no han fomentado un productivo nuevo sentido de la vida, en que surge la interrogante, más o menos consciente, de ¿qué hago aquí? ¿Para qué existo?

Sin embargo, si los familiares adoptan las medidas correctas, los de la Tercera edad pueden vivir más felices. Fundamentalmente se debe tener en cuenta lo siguiente:

• Hacerlos sentir importantes
• No sacarlos de su medio ni cambiar el estilo de vida que desean
• Ayudarlos a encontrar un nuevo sentido de la vida
• Propiciar el contacto con personas de su edad y estilo de vida
• Hacerlos sentir seguros financieramente

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José Ramón Ponce

José Ramón Ponce

Doctor en Psicoanálisis, Universidad de Psicoanálisis Humanístico, Brasil.

Master en Psicología de la Salud, por la Walden University, Minnesota.

Licenciado en Psicología, certificado Josef Silny & Associates, Inc. Licencia de Hipnoterapia, USA.

Investigador Agregado por la Academia de ciencias de Cuba.

Fue miembro de la Sociedad de Neurociencias de Cuba, Sociedad de Psicología de la salud de Cuba, Grupo Nacional de Termalismo. Fundador y creador de la Sociedad Cubana de Hipnosis, en la Academia de Ciencias de Cuba. Miembro de la Sociedad Venezolana de Hipertensión arterial. Participante de eventos científicos nacionales e internacionales. Le han realizado numerosos reportajes de prensa por su trabajo.

Libros publicados:

Dialéctica de las actitudes en la Personalidad
El Sistema Psíquico del Hombre
Estrés emocional y su afrontamiento
Como estudiar mejor y sin estrés
Conversando con adolescentes
Un Hombre ante sí mismo
Hipnosis y relajación emocional.
Folletos en apoyo a la docencia.​

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