comprar en amazon
Las nueve musas
ad astra

En el imperfecto camino personal que cada uno afrontamos en nuestra vida resulta muy cómodo culpar a otros de nuestras decisiones, de nuestras carencias, de nuestros vacíos.

Algo así parece suceder en la mente de Roy Mc Bride (Brad Pitt) cuando encuentra la ocasión de emprender una misión suicida al confín de la galaxia en busca de un padre que no le ha querido nunca.

Ad astra Saldar cuentas u obtener respuestas para interrogantes que, realmente, no existen porque en nuestro interior siempre hemos conocido los porqués, aunque nos empeñemos en mirar hacia la galaxia para querer encontrarnos cuando bastaría con mirarse al espejo con sinceridad. Pitt se mira mucho al espejo durante el desarrollo de la película, obligado como astronauta, a someterse a periódicos y regulares controles psicológicos informáticos, la colocación de los dispositivos que le evalúan y la práctica del rutinario test le enfrentan con una pantalla que le devuelve un rostro, cuyos enigmas, el personaje no quiere dar por sabidos cuando la respuesta es mucho más terrenal que la apuesta por la que decide abandonarlo todo.

La idea del camino, en este caso galáctico, como sendero de autodescubrimiento, ni es original ni será la última vez que se utiliza como base de argumento artístico. Y es que del cine de Gray puede decirse mucho, pero no puede decirse que sea original, rompedor o contracorriente. Sus esquemas le colocan en el neoclasicismo fílmico, donde lo que se cuenta  cobra más importancia que el como visual, que un riesgo estético o narrativo. Que la cámara no se note parecería una máxima de su cine, aunque sea a fuerza de recurrir una y otra vez al plano-contraplano para dar espacio a un diálogo o conversación. No oculta, y así lo dice Gray en las entrevistas, cuáles han sido las obras literarias que inspiran la suya. Nada más ni menos que la conradiana «El corazón de la tinieblasAd astra 1» y el «Moby DickAd astra 3» de Melville, lástima que del dicho al hecho medie la larga distancia del producto para mayorías que diluye cualquier pretensión intelectual en la película para devolver al protagonista, sin evolución alguna, en un viaje de ida y vuelta, al mismo lugar desde el que partió, con, se pretende, un aprendizaje que solo necesitaba sinceridad personal y no un alarde de efectos especiales.

Y es que la, probablemente, menos conseguida película de Gray junto con «The inmigrant» se desluce desde el propósito inicial intelectual y el que se consigue finalmente como mero divertimento de acción, transformando la seriedad de la idea de un reto de crecimiento en un juego pirotécnico de efectos especiales que, pese a que el director hable de querer dar «plausibilidad» a la historia de ciencia ficción, eliminan cualquier vestigio de seriedad o credibilidad en la propuesta. Hay un empeño en colocar a una serie de directores norteamericanos en un pedestal generacional como si de una nueva edad dorada del cine de ese país se tratara, y pasadas dos décadas de trabajo, la perspectiva de grandeza se diluye como esos globos inflados que se dejan al sol y terminan perdiendo su contenido. Gray puede gustar más o menos, contar mejor o peor, acercarse a momentos estelares, conseguir una gran escena en medio de una película para mí mediocre (la escena final de The inmigrant o la ruptura entre el astronauta y su pareja la primera vez que trata de ella en la película), pero también puede hacer que la aventura resulte insustancial cuando lo importante está en casa (como ocurría en The lost city of Z) o que el drama clásico entre padres e hijos se pierda en tramas criminales que alejan al espectador del propósito central, es un director claramente irregular capaz de mezclar lo peor y lo mejor en sus películas, el problema surge cuando ni lo mejor aparece.

La irregularidad de Gray es una buena noticia en cuanto le acerca al cineasta que no puede ser modelo ya que no lo pretende con sus esquemas clásicos y reiterados, pero al menos en la coherencia de la concepción del relato y su seguimiento con hechuras psicológicas sería capaz de superar a una inmensa mayoría de cineastas, pero para eso tiene que demostrar seguridad en lo que hace, y «Ad astra» carece de eso, de objetivo. Y su idea, pese al revestimento de «cine de género» es cercana a su filmografía, asistimos al enésimo conflicto padre-hijo en su obra. El planteamiento inicial remite, sin grandes alardes intelectuales, a la misión en busca de Kurtz en «Apocalipsis nowAd astra 5» que bebe de la obra de Conrad. Un militar-astronauta rebelde, perdido en los confines del mundo visitable y cuyos experimentos ponen en peligro la vida en los planetas ocupados por el hombre, un hombre que hay que encontrar y, en definitiva, eliminar, y con él un proyecto científico en busca de vida inteligente en el espacio (los porqués no interesan a Gray, en definitiva ésta es una de las muchas fugas del relato con una humanidad en estado de guerra). Nada mejor que un hijo abandonado hace 25 años para que sirva de señuelo y el rebelde revele su ubicación. El viaje a la luna, y el posterior a Marte y Neptuno, rememoran el viaje de «2001«, imágenes lunares incluídas, la aparición de la nave noruega se acercan al «NostromoAd astra 7», pero también a la película checa Ikarie XB-1Ad astra 9, y el tramo final definitivamente abandona cualquier propósito de ser «plausible», acercándose a la feria increíble del peor Cuarón, el de «GravityAd astra 11», con copia manifiesta de las soluciones increíbles de aquélla, viaje gravitatorio incluído como caballero medieval surcando un mar de meteoritos en  la órbita planetaria protegido por un escudo metálico, previa pérdida del ser querido en el proceloso mar de oscuridad cambiando a George Clooney por un escasamente convincente Tommy Lee Jones, pese a que recite a su hijo un pasaje de «Moby Dick» como si fuera de su propia cosecha antes de la revelación íntima.

Es en la amalgama donde la película naufraga, la mezcla de estilos, ideas y narrativas, le otorga un calificativo de errática propuesta cuya solución final ha anticipado el director en los minutos iniciales de la película en uno de los incontables monólogos interiores (léase voz en off) que el protagonista nos brinda. Al final las tres ideas motrices de la película encallan, encalla el viaje interior porque el viajero no modifica nada de su personalidad en su aventura, encalla la búsqueda del padre porque ese macguffin queda resuelto a las primeras de cambio cuando comprobamos que ese viaje interior es absurdo porque el protagonista tiene sus respuestas antes de subirse a cualquier nave, solo necesita escucharse; y encalla la redundante referencia amorosa del protagonista porque, sorprendentemente, Gray intenta parecerse al Malick de «To the wonderAd astra 13» y no sabe cómo ir y venir por el tiempo por una historia sin recorrido al repetirse en las situaciones del pasado, provocando el efecto muy negativo de querer remachar la idea de ruptura y las razones de la misma como si el espectador, ante una mujer que deja unas llaves al irse de casa no entendiera que es lo que significa. Gray confirma así que esta generación de directores como él, Nolan, Villeneuve, David Fincher, han sido encumbrados con demasiada rapidez, con demasiado dinero a su favor para mover a las masas, porque inspirándose en Coppola o Kubrick (dejemos el intento malickiano como una pincelada) ha hecho una película que le acerca a Cuarón, Chazelle y un poco de Nolan, y eso no deja de ser una mala noticia para su progresión a tirones. Nada que ver, por cierto, y hablando de astronauta, con la, cada vez más sólida en el recuerdo, película de Claire Denis, «High life». En definitiva tanto perfeccionismo visual como vacío de sentimientos, la película de Gray no transmite una gota de emoción.


AD ASTRA. EEUU. 2019. Dirección: James Gray. Guión: James Gray, Ethan Gross. Casting: Douglas Aibel. Dirección de Fotografía: Hoyte van Hoytema. Música: Max Richter, Lorne Balfe. Edición: John Axelrad, Lee Haugen. Dirección artística: Kevin Constant. Productores: Dede Gardner, James Gray, Anthony Katagas, Jeremy Kleiner, Arnon Milchan,  Brad Pitt, Rodrigo Teixeira. Productores ejecutivos: Marc Butan, Jeffrey Chan, Paul Conway, Sophie Mas, Anthony Mosawi, Lourenço Sant’Anna, Michael Schaeffer, Dong Yu. Diseño de producción: Kevin Thompson. Compañías productoras: Plan B Entertainment, Regency Enterprises, Keep Your Head Productions, MadRiver Pictures, 20th Century Fox Film Corporation, New Regency Pictures, RT Features, Bona Film Group. Intérpretes: Brad Pitt, Liv Tyler, Ruth Negga,Tommy Lee Jones, Donald Sutherland, John Finn. 124 minutos.

La revista agradece sus comentarios. Muchas gracias
Avatar

Miguel Ángel Martín Maestro

Miguel Ángel Martín Maestro, nacido en Palencia en 1967.

Cinéfilo por vocación, magistrado desde 1995 por necesidad para poder ser cinéfilo.

Colaborador habitual en el periódico "Ultimo Cero" de Valladolid como comentarista cinematográfico y único responsable de la web "noshacemosuncine.com"

portada-almanzor

¡Suscríbete a nuestro boletín!