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8 M: ¿qué fue del siglo XXI?

Y de pronto, la precampaña electoral se trastoca.

Tranquilos, no tardará en hundirse en ciénagas mucho más espantosas.

A pocas horas de la más que necesaria celebración del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, toca aprovechar la jornada de huelga para empantanarlo todo con populismos a destajo, y tratar  ganar el voto femenino indeciso. Y nuestros políticos transmutan, son frutos de la misma cepa, miembros de una fraternidad sin fisuras.

Resulta que ahora todos son feministas, supurando la misma veracidad que cuando afirman que todos son demócratas (menos Vox, ellos están en contra de la manifestación, nada tienen que disimular y sí mucho que ondear).

Desentendiéndose por completo de que el feminismo es una ideología con identidad propia, nacida lejos de dogmas políticos, no hay partido de cualquier signo que no quiera atribuirse el mérito de haber logrado alzar semejante revolución. O sumarse a ella. Hasta la Casa Real da ejemplo. La Reina, hace unos días, retiró de su agenda oficial cuando acto hubiera programado para la jornada (¿y no era más sencillo apuntarle desde el primer momento tan señalada fecha sin tener en vez de borrar las citas pactadas a última hora?). Secunda la huelga.  Son los nuevos aires que recorren nuestra monarquía, tan libres de expresar su opinión como cualquier otro español de alcurnia. Los sobrinos del rey, Felipe y Victoria Federica de Marichalar y Borbón (la cual, para dejar atrás tópicos de la España del tronío lo mismo se casa con un torero, y así lleva la fiesta nacional a la casa de todas las casas, y a las cabezas de elefante ya podrán sumar las de las reses que maten en comandita) se dejan ver cada vez más en eventos de Vox. Espantados por posibles cambios, aferrándose a la Constitución como si fuera una cuenta en Suiza, muestran sus simpatías por el partido que idolatra a Francisco Franco, que fue quien puso a su abuelo en el poder (Franco, una figura emergente y sin ser exhumada, que nos aboca a una nueva distorsión obligatoria, como prueban las palabras de la fundación que lleva su nombre, cuyo presidente, Juan Chicharro, proclamaba desde la televisión pública que el franquismo había sido una “dictablanda”, habrá que colegir que según él este país no sufrió suficiente represión).

Feminismo y casas reales.

Así están las cosas de irreales.

Ciudadanos, con su habitual arrojo, prefiere envolver en papel de celofán el término y nos asombra acuñando denominación de origen propia: feminismo liberal. Y como si fueran las Tablas de la Ley, lo hace público en un decálogo. Lo extraño es que la, por razones de su importancia en el partido, debería defenderlo con más convencimiento, Inés Arrimadas, no debe haberlo leído, y ni siquiera tiene respuesta cuando le señalan que va recitando de programa en programa el ideario de Vox. Ella es más de ensimismarse en el desconcierto del que salta sin tino alguno y hasta se enzarza en debates sobre temas tan delicados como la maternidad subrogada o el vientre de alquiler, porque nadie excepto ella piensa en los miles y miles de mujeres que de un modo completamente altruista, sin esperar ni recibir  nada a cambio, se quedan preñadas, pasan el embarazo y en cuanto nacen sueltan al bebé en las manos de los afortunados y ahorradores padres.

Todo puro amor.

Eso le pasa por no escuchar a Pablo Casado.

Quizás aliviado porque nadie investigará el nada claro tema de su tesis, el líder del PP también suma a sus muchos méritos el de ser el nuevo Asimov. Tan pronto habla órganos artificiales como de análisis de retina, computación cuántica, certificación punta a punta o historial en línea, un maestro en la inteligencia artificial, el más cualificado para llevarnos hasta el futuro porque sabe de lo que habla, tanto sabe que ni siquiera el resto, pobre mortales, podemos entender lo que dice. Ahora que se discute tanto el papel de la mujer en la sociedad, ni ha titubeado en señalar el punto crucial de ese conflicto. Sin miramientos. Desde la exactitud del conocimiento científico. Directo al grano. “Creo que es bueno que las mujeres embarazadas sepan lo que llevan dentro: una vida autónoma”, así que ya no se vale eso de aparentar sorpresa a los nueve meses. No. Eso se acabó, como si no hubiera sido ya un mal trago eso de que los padres son los verdaderos reyes magos. Menudo estadista sería si no fuera tan inquietante y evidente lo que sí que se está gestando en su propio interior.

Ah, pero eso sí, este año tres mujeres del Partido Popular participarán en la manifestación del día 8. Tres. Y las que quieran ir por voluntad propia, aclaran, que si no tienen que trabajar todas son libres de hacer con su tiempo los que les venga en gana. Y uno confía en que allí estará, muy, muy al frente Cristina Cifuentes, víctima inocente de una maquinación, o de su propia maldición cuando soltó aquello de “no me voy, me quedo”, porque a este camino se va a quedar de piedra dentro de una celda no menos inmóvil. Así se avanza hacia la igualdad. El año pasado, ninguna mujer del Partido Popular. Este año, tres. A este ritmo de osadías, quizás lleguen a la media docena el año que viene.

Aunque el Gobierno lo aprobó el pasado viernes, el decreto que amplía el permiso de paternidad se atasca en un error burocrático. Y oportunamente será publicado por el BOE el día 8. ¿Coincidencia electoralista? En fin, ¿acaso la hay de algún otro tipo? De hecho, Pablo Iglesias apurará hasta el último segundo ese derecho. Nada se sabe de él. Deserciones, juicio, elecciones, y ni un par de chistes en Twitter, nada. Pero ha bastado que Irene Montero, “número dos” del partido, afirmase, rotunda, que la próxima secretaria general de la formación y candidata a la presidencia del Gobierno será una mujer (algo que ha provocado una avalancha de especulaciones en torno a la posible sustitución de Iglesias antes de las generales) para que Papa Pablo no tardase ni un pestañeo en anunciar, por boca de la diputada Ione Belarra, su regreso a lo grande, el próximo día 23, en un acto que se promete lleno de “sorpresas” para celebrar la vuelta (a saber cuáles serán, lo único seguro es que si asiste Monedero, no faltarán los payasos).

Y nos enzarzan en estos sumideros de atrasos.

Asusta, y mucho, entrever la magnitud del cambio que se avecina en el mundo.

Y mientras eso ocurre, nosotros discutimos si volver a la ley de plazos de 1985.

No entender la importancia del día 8, lo fundamental que resulta que las mujeres defiendan sus derechos, es despedirse de un siglo que poco a poco se va instalando en el futuro, mientras por estos márgenes de la desesperanza aún hay que estar explicando, por ejemplo, lo inmundo de la idea de la desigualdad salarial.

Apúntelo en sus agendas oficiales.

El día 8 nos la jugamos todos. Y el seguir luchando en colectivos que nuestros políticos buscan aislar y hacer estancos (jubilados, desahuciados, pensionistas, mujeres…) para restarles efectividad es el modo más seguro de arrojarnos a lo peor, a lo más despiadado de nuestro pasado.

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Emilio Calle

Emilio Calle (Málaga, 1963)

Crítico de cine y guionista, ha publicado el libro de cuentos “Imaginando rutas” (Huerga & Fierro, 1999), y las novelas “Linda Maestra” (Ediciones Libertarias, 1995), “La estrategia del trueno” (Huerga & Fierro, 2001) y “El hombre que pudo salvar el Titanic” (Editorial Martínez Roca, 2010, reeditada por Editorial Planeta ese mismo año).

Asimismo es coautor de “Los barcos del exilio” (Oberón, 2005 y RBA, 2010), escrito junto a Ada Simón.

Durante diez años trabajó en “El País”, en “Tras la pista”. Y colaboró en Onda Vasca en el programa “Melodías de Seducción”, dedicado a la música en el cine.

También estuvo cinco años en el suplemento infantil de “ABC”, y ha colaborado con diversos periódicos tanto nacionales como internacionales.

Actualmente prepara su nueva novela.

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