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Antonio Ramos Maldonado
Lunes, 28 de noviembre de 2016
Los físicos hemos conocido el pecado

LOS AGUJEROS NEGROS Y LOS HOYOS DE GUSANOS MODELADOS POR EL CAPRICHO CIENTÍFICO - II

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Noticia clasificada en: Filosofía Humanidades

Me parece que la idea de un Dios personal es un concepto antropológico, que no puede tomarse en serio (…) Las Proposiciones matemáticas, aun cuando tienen que ver con la realidad, no son ciertas; y en cuanto que no son ciertas no tienen que ver con la realidad.

     “{‘Los físicos hemos conocido el pecado’. Tan terribles palabras fueron un mea culpa a raíz de la explosión de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki en 1945. Tan terribles palabras fueron pronunciadas por Robert Julius Oppenheimer, el padre de la bomba atómica}”, 

 

      Cuando Albert Einstein dijo que no existía el campo gravitatorio, que dicha fuerza era una ilusión, estaba arrastrando a la humanidad hacia otras vías adversas a la realidad, la introducía hacia la desorientación absoluta. Porque la idea la tomó de algo distinto a lo que él se había imaginado, de la filosofía natural, no del mundo real. A pesar de todo, quiso demostrar lo que él consideraba errores en los planteamientos  de Isaac Newton. Se trató de un error de grandes proporciones al valerse del campo gravitatorio en torno a los cuerpos atraídos por la fuerza irradiada por ambos, más la fuerza irradiada por el centro de la masa. Sabía que debía trabajar solamente basándose en conceptos físicos, pero quiso desplazar las otras propuestas, quiso darle al espacio otra función, anular la idea de que el espacio era o es el campo por donde se desplaza la gravedad que no es otra cosa que la atracción entre los cuerpos, o sea la acción que no se puede medir por los medios tradicionales, pero que sí se ven sus efectos. 

 

     “{El 2 de agosto de 1930, Albert Einstein  dirigió una carta a Franklin Delano Rooselvet  reclamando su atención sobre las investigaciones realizadas por los científicos Enrico Fermi y Leó Szilárd, mediante las cuales el uranio  podría convertirse en una nueva e importante fuente de energía. En dicha carta además, explicó la posibilidad de fabricar bombas sumamente potentes: “En el curso de los cuatro meses últimos, se ha advertido la posibilidad, por los trabajos de Joliot en Francia, así como los de Fermi y Szilard en América, de iniciar reacciones nucleares en cadena en una gran masa de uranio, mediante lo que se generarían grandes cantidades de energía y volúmenes importantes de nuevos elementos similares al radio. Es casi seguro que esto puede conseguirse en el futuro inmediato. ‘Este nuevo fenómeno llevaría asimismo a la construcción de bombas; puede suponerse, si bien con menos seguridad, que existe la posibilidad de fabricar bombas muy potentes de un nuevo tipo. Una sola arma de esta clase, que se transportara en buque y se lograra hacer explotar en un puerto, podría aniquilar todo el puerto con cierta fracción del territorio circundante. Empero, es posible que estas bombas resulten en exceso pesadas para ser transportadas por avión’}”, “Mi Credo humanista”, Albert Einstein.

 

LOS AGUJEROS NEGROS Y LOS HOYOS DE GUSANOS MODELADOS POR EL CAPRICHO CIENTÍFICO - II

 

     El giro que se les dio a los cuerpos relacionados con la filosofía natural o mecánica newtoniana, cambio realizado por los que pretendieron corregir estos principios, ocasionó un caos que estremeció los cimientos de la ciencia y le dejó una especie de hinchazón grave, una avería que se puede comparar a un barco inclinado y a punto de hundirse a raíz del corrimiento de la carga  hacia un solo costado. Los nombres de los cuerpos de la mecánica newtoniana nada tienen que ver con los planetas del sistema solar, ya que estos nombres se los adjudicaron los antiguos a los cuerpos astronómicos de la filosofía natural, cuerpos o partículas considerados dioses, como es bien sabido; dioses que han perdurado hasta la fecha pero a los que se les ha ubicado en otros planos aún más complejos, aunque con la misma simbología. No obstante, pese a la deformación, a la joroba del monstruo “Efialtes”, que es la situación de una parte de la ciencia, ésta continúa arrastrándose con sus miles de cabezas.  “{Ahora bien. Dios puso esta alma en el cuerpo del universo, ó más bien, puso el cuerpo del universo en esta alma, haciendo que sus centros coincidieran; y de esta manera resultó acabado y completo el animal racional, que es el mundo. Pero siendo el modelo del mundo un animal eterno, faltábale al mundo participar de esta eternidad, en la proporción que permite su naturaleza. Dios le dio el tiempo, móvil imagen de la inmoble eternidad, y colocó en el cielo, en el círculo de la naturaleza de lo otro, el sol, la luna y los otros cinco astros errantes, destinados á fijar y mantener los números que le miden]”, “Timeo”, Platón.

 

     “{Me parece que la idea de un Dios personal es un concepto antropológico, que no puede tomarse en serio (…) Las Proposiciones matemáticas, aun cuando tienen que ver con la realidad, no son ciertas; y en cuanto que no son ciertas no tienen que ver con la realidad}”, “Mi credo humanista”, Albert Einstein.

 

     La teoría de la relatividad especial y general también nació del espacio tiempo en que Isaac Newton ubica los cuerpos, los movimientos “incomprensibles” de éstos. Porque Albert Einstein y muchos otros físicos no podían concebir que en otro nivel distinto del físico, paralelo al físico, “otro mundo”, la mecánica se diera de modo diferente.

 

    “{Mme. Curie junto a su esposo Pierre Curie, empezaron a estudiar el raro fenómeno que había descubierto Becquerel. Estudiaron diversos minerales y se dieron cuenta de que otra sustancia, el torio, era "radiactiva", término de su invención. Demostraron que la radiactividad no era resultado de una reacción química, sino una propiedad elemental del átomo. El fenómeno de la radiactividad era característico de los núcleos de los átomos. En 1898 descubren dos nuevas sustancias radiactivas: el radio y el polonio, mucho más activas que el uranio. Pierre estudiaba las propiedades de la radiación, y Marie intentaba obtener de los minerales las sustancias radiactivas con el mayor grado de pureza posible. Pierre probó el radio sobre su piel, y el resultado fue una quemadura y una herida; pronto el radio serviría para tratar tumores malignos. Era el comienzo de las aplicaciones médicas que Mme. Curie daría a la radiactividad}”.

 

     Vamos a mostrar  de qué manera se puede manejar esto de la filosofía natural partiendo de una idea base o de una idea genuina. Esto es posible gracias a las posibilidades infinitas que existen en este campo. Gracias a esto, todos los que la conocen se familiarizan con la procedencia de las ideas, los planteamientos. Quien no la conozca, encuentra inconsistencias, y termina haciendo críticas injustificadas; termina desviando las ideas, creando otras cosas que pueden resultar dañinas, como de hecho ha sucedido, tal es el caso de la fabricación de las bombas atómicas que destruyeron  Nagasaki e Hiroshima.

 

      Las cinco leyes que se muestran a continuación, las escribió este autor en un tiempo de diez minutos, hoy 20 de noviembre de 2016, a las 11 de la mañana, basándome en los cuerpos de que se habla en la filosofía natural. Pude haber expuesto una mayor cantidad de leyes, pero entonces no me estaría ajustando a la razón principal de este ensayo, que es demostrar que las teorías  sobre los agujeros negros, los hoyos de gusanos, la mecánica cuántica o cuanto de acción, de Max Planck, el espacio-tiempo como cuarta dimensión, más otras ideas endebles, se tomaron de lo que ellos, los físicos teóricos, rechazan. Pude haber utilizado algo diferente a la astronomía de la filosofía natural, pude haber utilizado la gravedad, pude haber utilizado el tiempo, el espacio, los distintos movimientos de los cuerpos, los únicos dos movimientos percibidos sin esfuerzo alguno, arriba y abajo; los otros movimientos, los elípticos y circulares, etc., no brindan mucha claridad, lo cual, de intentar ubicarlos y darles forma a través de un esfuerzo, podría ocasionar confusión.

 

     Primera ley: Todo cuerpo puede ser obligado a cambiar de curso con respecto de su desprendimiento o caída (como en el caso de la caída de la manzana a la que se refiere  Isaac Newton) aplicándole una fuerza de masa contraria a la del objeto que amenaza con desprenderse de su sitio. Nunca la fuerza que se aplique para desviar dicho cuerpo debe corresponder a los mismos elementos; de corresponder, se produciría una explosión catastrófica que acabaría con los demás cuerpos, inclusive con los que se encuentran en estado de reposo, los más lejanos.

 

     Segunda ley: Ningún cuerpo se desplaza a los lados después de su detención, sino que vuelve a su punto de partida, donde pierde todo movimiento y forma parte de los demás cuerpos muertos.

 

     Tercera ley: Todo cuerpo en las condiciones a que se hace referencia en la ley anterior, puede ser activado nuevamente siempre y cuando se le suministre una fuerza que corresponda a la naturaleza de su masa; esto se ha comprobado infinidad de veces.

 

     Cuarta ley: Todo cuerpo a que se hace referencia en la ley anterior, adquiere una fuerza cuádruple gracias a la suma de la fuerza con que se lo active; de manera que este cuerpo, en su descenso hacia  la tierra, aumenta de tamaño, gracias a que toda fuerza que se le envíe es insuficiente para detenerlo; en este caso, lo único que se puede hacer es enviarle una fuerza de su mismo peso y mismas  propiedades de su masa.

 

     Quinta ley: La explosión producida con el ejercicio a que se hace referencia en la ley anterior, ocasiona una inactividad  imprecisa en cuanto al tiempo de duración, dependiendo este resultado de la sensibilidad restante en el núcleo del cuerpo desde el cual se envió la fuerza de detención; si la sensibilidad se supera, la agrupación de los restos de los cuerpos destruidos puede tardar eones.

 

     Sexta ley: …

 

     Séptima ley: …, etc.

 

      “[Se comprenderá ahora sin esfuerzo lo que quiero decir si formulo la siguiente afirmación: Por su aguda crítica no sólo imprimió Hume un decisivo avance a la filosofía sino que además -aunque sin culpa suya- creó un peligro para esta disciplina, pues a causa de dicha crítica surgió un fatídico ‘miedo a la metafísica’ que ha llegado a convertirse en una enfermedad de la filosofía empírica contemporánea. Esta enfermedad es la contrapartida del antiguo filosofar en las nubes, que creía poder menospreciar lo que aportaban los sentidos y prescindir de ellos…]”, Albert Einstein.  ¿¿¿???...

 

Jules Henri Poincaré     Nos atrevemos a afirmar que parte de la quimera comenzó cuando se intentó comprender lo que se dice con relación al movimiento de tres cuerpos  bajo la acción de su campo gravitatorio mutuo, ya que resulta caótica la dinámica de los tres cuerpos, porque se pensó que la fuerza general del campo resulta ser la suma de éstos, lo que no permitiría un desplazamiento uniforme en torno al núcleo sino un entrelazamiento de fuerzas, que terminaría en choque. Lo que no supieron los críticos de esta ley newtoniana es que dichos cuerpos no son físicos, no son el sol, la Tierra ni la luna; son cuerpos de la filosofía natural. Sin embargo, se tomó esta supuesta rareza para comenzar a hablar de “curvatura del espacio-tiempo” luego de que  Jules Henri Poincaré propusiera, a pesar de la anomalía espaciotemporal,  lo de la hipersuperficie cuyo tensor de curvatura  crece sin límite, lo cual implica, sin embargo, que el espacio-tiempo no puede ser modelizado  dentro de la teoría que intenta desplazar la gravedad. No obstante, con esta contrariedad “científica” “nacieron” lo agujeros negros y los hoyos de gusanos.

 

     “[En una interpretación de interpretaciones, que goza por cierto de gran predicamento, se ha convenido en reducir la obra teórica de Kant en una ‘justificación’  filosófica de la física de Newton. Kant habría encontrado en Newton, reproduciendo esquemáticamente el argumento, lo que previamente había hallado alborozado en la lógica aristotélica: un conocimiento definitivo no susceptible de ulteriores alteraciones. Impactado con el encuentro, su obra no sería sino el canto de glorificación filosófica de la buena nueva, de la nueva y definitiva imagen del mundo, del triunfo del imperio de la ley: el cielo estrellado fuera de mí y dentro de mí, también,  el más riguroso de los órdenes; este es el epitafio, este es el postrero legado kantiano. Sin embargo, a principios del siglo XX se iba a hacer añicos este repulido y fidedigno espejo de la razón ilustrada. El siglo XX   es el siglo en el que entra en escena quien, a la postre, se convertirá en el personaje más célebre de la centuria, Albert Einstein, que con su Teoría de la Relatividad iba a poner patas arriba y arrinconar la hasta entonces omnipotente física de Newton]”, “La nueva imagen del mundo:  El impacto filosófico de la Teoría de la Relatividad”, Agustín Gonzalo Ruiz.

 

      Si Isaac Newton no hubiera escrito “Philosophiae Naturalis Principia Mathematica” de seguro no existirían la relatividad general de Albert Einstein, la mecánica cuántica de Max Planck, la teoría de cuerdas ni se hubiera disparado la fila de físicos teóricos proponiendo modelos de distintas índoles de agujeros negros, donde cada “inventor”  manejó su estilo propio. A pesar de que Isaac Newton manejaba algo distinto a la ciencia del plano físico, sirvió para que ésta se disparara, sin que los que utilizaron “Philosophiae Naturalis Principia Mathematica” como catapulta, le dieran los créditos correspondientes.

 

     “{Los que han abordado la filosofía natural pueden reducirse a tres clases aproximadamente. De entre ellos, algunos han atribuido a las diversas especies de cosas cualidades ocultas y específicas, de acuerdo con lo cual se supone que los fenómenos de cuerpos particulares proceden de alguna manera desconocida. El conjunto de la doctrina escolástica, derivadas de Aristóteles y los peripatéticos, se apoya en este principio (…) Algunos se muestran contrarios a esta física celeste porque contradice las opiniones de Descartes y parece difícil de reconciliar con ellas. Dejemos que disfruten con su propia opinión, pero pidamos que hagan ellos lo mismo, sin negarnos a nosotros la libertad que para sí exigen}”, Isaac Newton.

 

  ¿Qué sucede realmente?,  ¿por qué  una idea o proposición mal interpretada termina convirtiéndose en una bola de nieve incontrolable en su descenso, creando a la vez un monstruo de miles de cabezas que amenaza con  un caos global sin precedentes? ¿Será cierto que solamente existen dos fuerzas cósmicas que  se pelean el dominio de todo y que el hombre como tal  es utilizado en el combate pero sin que él  observe que lo que hace es prestar servicios, que todas sus acciones dependen de otros movimientos propios de la estructura que llamamos universo? Es como si todas las acciones del hombre correspondieran a esas dos fuerzas que lo disfrazan todo con toda clase de disfraces, todo bajo el dominio de la gravedad.  Porque cómo es posible que existan personajes que menosprecien los trabajos de otros personajes considerados insuperables en sus acciones, a la vez que éstos consideran de poca valía a otros más antiguos también considerados insuperables? Existe en el tiempo una lista de personajes que realizaron trabajos apreciables, de altísimo valor, mas sin embargo otros de la lista, más recientes, no los consideran o consideraron tan brillantes, tan exactos en sus cálculos, en sus estudios, y no sólo les atribuían equivocaciones, sino que señalaban dónde estaban sus errores. Al final de cuentas era como si ninguno de ellos hubiera tenido derecho a encontrar lo que buscaban; era como si todo lo que hallaran en la memoria sólo fuesen imágenes errantes que se formaran de acuerdo a la velocidad del viento, como si se tratara de nubes que tomaran formas, y casi al instante se desvanecieran o tomaran otros aspectos. Podría estar sucediendo que las voces que corrían en el espacio no provinieran de una fuente confiable sino de regiones donde solamente quedaran voces o se hubieran formado voces de manera arbitraria.

 

     “{No creo que la civilización ha de desaparecer en una conflagración atómica. Tal vez perezcan las dos terceras partes de la humanidad, pero muchos hombres capaces de pensar sobrevivirán y habrá libros suficientes para comenzar de nuevo]”, ‘Mis Creencias’, Albert Einstein.

 

     De haber tenido más tiempo este señor habría acabado con el mundo.

 

 

     Robert Julius  Oppenheimer fue un físico estaunidense nacido el 22 de abril de 1904. Fue director del laboratorio de los Álamos, donde se llevó a cabo la fabricación de la bomba atómica con que se bombardearon las ciudades de Hiroshima y Nagasak, con un resultado de 200.000 mil muertos. A pesar de todo, al causante de esta desgracia lo condecoraron con el prestigioso premio “Enrico Fermi”, otorgado por la Comisión de Energía atómica de los Estados Unidos de América.

 

      “{Una ciencia de todas estas posibles clases de espacio sería sin duda la empresa más elevada que un entendimiento finito podría acometer en el campo de la Geometría... Si es posible que existan extensiones con otras dimensiones, también es muy probable que Dios las haya traído a la existencia, porque sus obras tienen toda la magnitud y variedad de que son capaces}”,  Immanuel Kant.

 

     “{El movimiento del todo es idéntico  a la suma de los movimientos de las partes; en otras palabras, la traslación del todo a otro lugar es idéntico  a la suma de las traslaciones de las partes a otro lugar, por lo cual el lugar del todo es idéntico a la suma de los lugares de las partes, y esa es la razón de que sea interno y esté en todo el cuerpo}”, Isaac Newton.

 

      Traemos a colación la anterior cita a fin de mostrar la mecánica del espacio de la astronomía newtoniana, donde muestra una astronomía que no tiene nada que ver con la de este mundo. Escritos como el del párrafo anterior se ven en todo el libro “Philosophiae Naturalis Principia Mathematica”.

 

     Precisamente, en sus tiempos, a estos padres de la filosofía natural los llamaron los grandes faros, debido a que fueron ellos los que comenzaron a iluminar al mundo; iluminarlo de manera literal, iluminar a la gente; les daban luz, y los que la recibían, también la daban. El mundo estaba iluminado para entonces, y toda la gente entendía lo que escribían los grandes faros.

 

    Fueron ellos los primeros que hablaron del “otro mundo”, de cómo lo armaron los constructores; hablaron del cuerpo del mundo; del origen de la especie humana y de la naturaleza (la naturaleza de ese otro mundo), del otro universo; sobre el gobierno perfecto, es decir la forma como debemos manejar nuestros actos.  Fueron los primeros que hablaron sobre la larga vida en la proporción que permitía su naturaleza, lo de verse libre de enfermedades, de la ancianidad, de la muerte, porque nada exterior podría afectar a ese otro mundo. Hablaron de que ese otro mundo era esférico, al ser la forma más conveniente, al tratarse de un cuerpo que comprendía todos los cuerpos. Siendo redondo, se movía de manera uniforme y circularmente, girando sobre sí mismo. Antes del cuerpo del mundo, los constructores ya habían formado el alma del mismo a fin de animarle, para que el mundo fuese un animal racional, el animal perfecto, el que comprendía a todos los anímales inteligibles particulares. Los grandes faros fueron los primeros en afirmar que no había más que un animal racional visible, que comprendía a todos los animales visibles particulares. Fueron los primeros en llamar animal racional al mundo, en llamar  al cielo “círculo de la naturaleza de lo otro”, “lo desconocido” donde estaban los dioses, siendo los más cercanos y visibles el dios sol, la diosa luna, y los cinco astros errantes.

 

     Todo lo anterior y mucho más que había sido leído y releído por los reformadores, fue motivo para que éstos se dieran a la tarea de lanzar sus opiniones, sus propuestas. Sin embargo, por otro lado se pensaba que lo que más los enloqueció fue cuando se enteraron de que en ese “otro mundo”, los animales no eran más que hombres castigados y degradados. Que las mujeres mismas no eran más que hombres que fueron temerosos y pasaron su vida faltando a la justicia. Que los  animales terrestres procedían de los hombres que negaban la existencia de los constructores. Que los torpes habían recibido cuatro pies para estar más firmemente adheridos a la tierra; que los más incrédulos de las cosas de Dios andaban de barriga ni los lagartos. Que los animales acuáticos representaban a hombres enteramente desprovistos de sensatez,  indignos de respirar un fluido sin contaminación, y estaban condenados a vivir en el fondo de las aguas.

 

     Pero los reformadores creyeron que esto calificaba en su mundo, y optaron por hacerle la guerra a los grandes faros.

 

     “{Aunque inicialmente el concepto de campo se consideró sólo como un artificio matemático conveniente, varias evidencias llevaron a considerar el campo electromagnético y el campo gravitatorio no sólo como campos de fuerzas definidos matemáticamente, sino como entidades físicas reales, detectables y medibles a las que era posible asociarles energía. De hecho en la moderna física cuántica se considera que no existen partículas materiales sino simplemente campos materiales. Cuando un campo está muy concentrado en una región del espacio razonablemente bien definida aparece a escala macroscópica como una partícula]”

 

     Sencillamente Albert Einstein no conocía la filosofía natural (la filosofía de la naturaleza humana); la despreciaba porque no alcanzó a comprenderla, pensando que era inferior a lo que él profesaba, sin saber, o sin querer aceptarlo, que de esta ciencia emergió la que él practicaba, nació en el sentido de que, con la crítica destructiva que se le hacía, salió un abanico de ideas transformadas que corrieron en sentido contrario; fue como si lo que se extrajera de un ave en pleno vuelo, no volara, sino que sólo pudiera moverse impulsándose con la cola, impulsándose sobre el suelo, sin poder levantar el abdomen y el pecho.

 

     Este abanico de ideas salidas de la mecánica newtoniana sufrió tal transformación que se desprendieron teorías como los agujeros negros, los hoyos de gusanos, la mecánica cuántica, el concepto de que la luz posee dos propiedades, física y sin masa, o sea que se traslada en ondas y como partículas a la vez, concepto que todavía continúa en la incertidumbre.

 

     El concepto de infinitud obstaculiza los intereses de quienes pretenden diseñar el universo físico a su manera, sin la intervención de una inteligencia fuera del razonamiento humano, una inteligencia creadora compenetrada con la gravedad misma, la gravedad en función en el tiempo y en el espacio, interactuando consigo misma a fin de ir produciendo sabores que aumenten la sensibilidad hasta el punto en que éstos se subdividan y se vayan tras otros con olores más atrayentes y formen colonias de sabores y olores hasta alcanzar tamaños, formas y peso, de modo que el peso y el tamaño conforman la masa, que resulta ser gravedad densificada, conociéndose que la gravedad es la forma de energía más abundante, y por lo tanto más presente, la que se convierte en todo, en todas las fuerzas, en radiación, en campo magnético, en toda energía, valga el término. Toda esta verdad es la que rechazan los que no aceptan el concepto de infinito, pues en tal caso la gravedad lo sería (como de hecho lo es), también el tiempo y el espacio.

 

     Intentando borrar este concepto de infinitud de la gravedad, del espacio y del tiempo, propusieron otros conceptos: crear con los tres los agujeros negros, darles otro aspecto: el terrorífico. Al hacer esto, fue como si hubieran tomado un ave blanca y la hubieran convertido en un reptil de pantano. Quizá todo fue premeditado, como cuando alguien rompe un vestido para provocar la ira de sus adversarios.

 

Subrahamanyan Chandrasekhar    “{Cuando los físicos Subrahamanyan Chandrasekhar y Lev Landau mostraron que en la teoría de la gravitación newtoniana un cuerpo frío de masa superior a 1,5 veces la del sol no podría soportar la presión producida por la gravedad, surgió la pregunta de qué sucedería con la relatividad general. Robert Oppenheimer y dos de sus colaboradores (Volkoff y Snyder) demostraron en 1939 que una estrella de semejante masa colapsaría hasta reducirse a una singularidad, esto es, a un punto de volumen cero y densidad infinita}”,  Stephen Hawking.

 

    Al enterarse de esto, Albert Einstein procedió a transformar el concepto de gravedad, espacio y tiempo, pues sus cálculos lo habían llevado a crear algo insólito. Sin embargo este monstruo continúa  en la imaginación de mucha gente: los agujeros negros.

 

      Esta idea de infinito transformaba Albert Einstein, lo enloquecía, llevándolo a lanzar ideas absurdas. Nos atrevemos a afirmar que se sintió atraído por las ideas de Gottfried Leibniz, quien decía que el espacio no existía, que antes de que existieran los objetos materiales, el espacio no existía, que el espacio solo es la relación espacial entre objetos, olvidándose que espacio significa el lugar donde se sitúan los objetos y los movimientos, y que si el objeto se quita, el espacio queda; el espacio suele definirse como homogéneo, continuo, tridimensional e ilimitado.

 

     “{Si la fuerza resultante que actúa sobre una partícula no es cero, la partícula tendrá una aceleración proporcional a la magnitud de la resultante y en la dirección de esta fuerza resultante}”, Isaac Newton

 

     “{Al contrario, aunque yo no incluya en el concepto de cuerpo en general el predicado “pesado”, designa, sin embargo, aquel concepto un objeto de la experiencia por medio de una parte de la experiencia total, a la cual puede aún añadir otra parte de la misma como perteneciente a ella}”, Immanuel Kant.

 

     En estos dos conceptos newtoniano y kantiano se está trabajando con la fuerza de la sustancia, su accionar o mecanismo, lo que se conoce como mecánica; encierra el resultado de un proceso que puede dejar una fuerza considerable o una fuerza leve. Por eso Newton se refiere a la posibilidad de que la fuerza restante sea cero, considerado ideal este resultado, aunque no es muy frecuente que la experiencia  deje partículas sin fuerza, pues casi siempre son partículas cargadas, con algo de peso. En este caso se puede pensar que la masa se divide en dos partes, se fracciona gracias a la experiencia, donde la parte mayor se transforma en un cuerpo valioso, mientras que la parte restante, que es menor, queda girando para tomar fuerza y convertirse en un cuerpo pesado. Por eso Kant dice que este otro segmento  pertenece al anterior.

 

     Se debe recalcar que en filosofía natural la experiencia tiene otro significado, no es del tipo de “se busca mecánico con experiencia”; no es esa clase de experiencia.

 

     Traemos a colación estos juicios newtonianos y kantianos para referirnos a Einstein cuando critica a Kant en torno al espacio.

 

     Si en la filosofía natural se dice que todos los cuerpos se vuelven pesados con el tiempo y tienden a caer si no se busca la forma de evitar esta caída, no se está engañando a la gente, se le está diciendo la verdad. Porque los cuerpos son como frutas (como en el caso de la caída de la manzana a la que se refiere Isaac Newton), que se maduran y caen. Porque desde un principio se habló de ese árbol que alimentaba a los dioses, unas veces con leche, otras veces con frutas, aunque también se supo de algunos dioses que lograban alimentarse con la miel de ese árbol.

 

     Los frutos son cuerpos que permanecen en lo alto durante cierto periodo de tiempo, como todo fruto, permanecen cargándose de sustancia jugosa. Por eso son tan apetecidos y se presentan combates entre los que pretenden robarlos.

 

     Si la filosofía natural dice que este robo corresponde a la atracción entre los cuerpos, están diciendo la verdad.

 

     “{Hasta ahora la concepción del tiempo y del espacio era tal que si se sacara todo lo que hay en él, sin que quedase nada, todavía quedaría para el hombre el tiempo y el espacio. Pero es que con mi teoría, inclusive el tiempo y el espacio dejarían de existir porque están inseparablemente unidos a las concepciones de la materia. (Como consecuencia un diario publicó un gran título: ‘Einstein dijo hoy que había destruido el tiempo y el espacio’)}”, pagina 30 de Mi credo humanista.

 


 

 

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