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Reinaldo Bustillo Cuevas
Miércoles, 23 de noviembre de 2016

TRÍPTICO INICIAL

Guardar en Mis Noticias.

 Porque me dieron de alma en demasía,

me ha tocado de fango demasiado.

 

En estas tres palabras, otra vez tres, quiero encerrar todas mis locas pretensiones; todos mis sueños, unos realizados, otros, la mayoría, en espera de la hora oportuna.  

 

             LUZ

 

Sólo reinaban las tinieblas

sobre un ámbito sombrío.

Nada era todavía,

ni las algas, ni las plantas, ni los peces;

nada existía.

Entonces la Palabra Omnipotente

ordenó con mandato irrefutable:

“Hágase la luz”.

Se llenó el Cosmos de energía,

vibraron los espacios

con fuerza arrolladora;

si hubiesen existido ojos para verla,

no hubiera podido la palabra humana

describirla.

Llamándola  blanca, deslumbrante, esplendorosa

no se cerca , jamás, sus dimensiones.  

Era el principio fundamental de la materia,

que en la infinitud del tiempo y del espacio

serviría a su Creador como origen primordial

de todo lo futuro.

Mucho después,

el rayo de los cielos la repite

en las ramas secas de los árboles,

y  nacida de la fricción de dos maderos

empieza el hombre primitivo a poseerla.

Prometeo la roba a los dioses del Olimpo

y la regala a los humanos

sin importarle el castigo atroz que en el Cáucaso

tuvo que pagar por su osadía.

La diosa Vesta la atiza en los hogares

para dar su calor y alumbrar los caminos

de la vida.

Los Ahaukines en el Templo

de la Llama de la Luz Eterna,

en Uxmal, cuidan de ella,

que viene desde el sol para servir a todos,

mientras sacerdotisas jóvenes,

asperjan agua bendecida  a los oficiantes,

con ramas verdes de alhábega.

Seguirá la lucha eternamente

entre Ahura Mazda y Angra Mainyu

mientras quede sobre la tierra un hombre,

como lo enseñaba Zaratustra;

pero la luz vencerá a la tinieblas,

para que el Dios Único del Fuego

reine en los espíritus creados.

Los veloces corceles de Faetón

se desbocaron

cundo Helios concedió la riendas  

al inexperto vástago,

porque la luz en su carrera inigualada 

como caballos blancos sólo obedece

al mandato que viene de los cielos.

A pesar de todo

el hombre, primogénito de lo infinito,

ecuacionó tu esencia.

 

           ESPACIO

 

Como potros de Faetón,

en su eterno y febril desbordamiento,

inició la luz su recorrido,

inventado una nueva dimensión

en su tránsito curvado y desmedido,

dejando la constancia de sus huellas,

en cada recodo del camino,

como el viejo conquistador que iba marcando

en añejos árboles y en rocosos muros

el testimonio de sus pasos.

Cuando pasa la luz inalcanzable,

va llenando, de vibraciones, el vacío

y ya, nunca más, en las esquinas de su viaje

reinará la nada,

porque su esplendor le dará súbita  muerte,

y nacerá el Espacio, como escenario de la vida,

en todo lo ancho, lo largo y lo profundo,

para formar el útero de todo lo posible,

que en cofre eterno,

con su hermano el Tiempo, guardara la historia,

mientras llegue la Implosión Definitiva,

a recoger todos los viejos cachivaches

que la Gran Explosión había prestado.

No importará  que, desaparezca de la tierra,

el hijo de los dioses, para que siga siendo,

inconmensurable valva que guarda la Creación,

curvada por el paso de los evos.       

Que sea elíptico o hiperbólico

el concepto que lo mide

no le resta valor a su existencia,

que haya una sola paralela o infinitas o ninguna,

desde un punto exterior de su camino,

y la curvatura   Espacio- Tiempo

mayor, menor o igual a nada,

no impide que midamos las distancias

y calculemos  inicio y final del universo.

El Espacio y el Tiempo irán unidos

ensanchando con la Luz, al universo,

hasta que llegue la orden perentoria

de deshacer todo el recorrido.

 

                      TIEMPO

 

La luz recién nacida, primogénita del Orbe,

con sus rizos esplendidos, de cabellera rubia,

corrió por los jardines del espacio infinito

que su Creador le diera,  como patio ancestral;

desterrando  tinieblas , jugueteó la infante,

iluminando el cielo con luces de relámpago;

y el espacio y la luz  engendraron el Tiempo.

Al instante de nacer las luces  y el Espacio,

nació también el Tiempo con sus tres estaciones,

el Tiempo es tripartito, como lo es el Espacio,

que tiene profundo, largo y ancho,

y que ahora llamaremos

futuro, pretérito y presente.

Con moldes indelebles, como en viejo petroglifo,

el Tiempo relata lo acaecido y se llama Pasado.

El pasado es  historia, también lo inamovible,

quien pretenda cambiarlo coceará sobre aguijones,

que en lugar de complacerlo, herirá sus carnes.

¡ ay quién pudiera transformar el pasado!

El pasado está escrito; y lo escrito,  escrito está.

¡ Quien pudiera regresar a la infancia!

Mirar las estrellas que brillan en lo alto

como ojos de cocuyos que alumbran parpadeantes

la cóncava techumbre que olvidó sus azules.

Aprender otra vez en la escuela de párvulos

escribir nuestros nombres  con señales abstractas

que la maestra nos enseña sus sonidos y trazos.

Aprender que se pueden  contar los juguetes,

con signos diferentes a las letras , que crecen sucesivos

a medida que avanzan.

Cuando oímos contarle a la maestra

sus bellas historias de Hadas Madrinas y enanos,

comenzaba el relato : “Érase una vez”.

Sin entender que en ese pasado,

lo real y lo fantástico se amalgaman

en una emulsión pretérita de sueños

que se difuminan en los vericuetos de la infancia.

El presente comenzó  aparejado

con  las irrealidades de las Hadas,

con la constancia de que no era Papá Noel el que llegaba

a premiar nuestro buen comportamiento,

que  Ratoncito Pérez no se lleva los dientes

para cambiarlos por juguetes,

y se fue haciendo más cruel

cuando se desgranó  la mazorca de los años,

como las hojas otoñales que se caen.

El presente es un instante

que navega entre dos instancias.

El Futuro, como hijo del tiempo, es extenso,

no ha llegado... y cuando llegue

se desvanecerá su esencia.

Del pasado lo sabemos todo, podemos ponderarlo;

el presente es la batalla cotidiana,

un trajinar constante, un átomo de tiempo

que se vuelve pasado al intentar retenerlo,

Cando llegue el futuro se mutará su esencia

para hacerse presente, olvidando el pasado,

y abriendo el camino al futuro que viene,

los tres conjugados forjarán el Tiempo.

El Tiempo está formado por lo que se fue,

por un sueño frágil y sutil que se deshace

y por lo   que aún no nos ha llegado.

¿Entonces  que es el tiempo?

Es intervalo entre dos instancias sucedidas,

es linfa de un río que  aún no ha llegado,

que cuando apaga mi sed, renuncia a la corriente

y cuando pretendo retenerla... se va de mis manos.

La luz, el Espacio y el Tiempo

nos sirven de cuna, de ámbito  y de tumba. 

  

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