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Ricardo Fernández Esteban
Sábado, 19 de noviembre de 2016
Algunas pausas del verso o acentos fuertes que impiden o dificultan las sinalefas

MÁS SOBRE SINALEFAS E HIATOS

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Noticia clasificada en: Artes Poesía

Otro impedimento para la sinalefa es el acento principal del verso que recae en la penúltima silaba (la última si es palabra aguda, o la antepenúltima si es esdrújula), ya que la fuerza de esa tonicidad impide la sinalefa y, además, si hay rima distorsionaría el sonido de la misma.

Voy a empezar a profundizar en el tema de las sinalefas e hiatos, después de las nociones generales que di en el anterior artículo. Recordemos que se llama sinalefa a la unión de silabas ortográficas en una única sílaba fónica, cuando una palabra acaba en vocal y la siguiente también empieza con vocal, y a hiato lo contrario, o sea cuando en ese caso se mantienen dos silabas fónicas.

 

Como ejemplo, os improviso dos endecasílabos. En el segundo hay tres sinalefas y un hiato:

 

Por- tan-to- que- mi-ras-te- con- e-no-jo

lle-gas-te a- ser- la en-vi-di-a de e-se-  ojo. 

 

Hay sinalefas en “-te a”, “la en-“ y “de e-“; y hiato en “-se o-“. Más adelante veremos las razones.

 

Unas primeras reglas generales. El final del verso impide la sinalefa con el inicio del siguiente, por la pausa versal. También la impide la separación entre hemistiquios de los versos compuestos. En estos alejandrinos (7 + 7 sílabas) de Antonio Colinas:

 

So-pla un- cier-zo- que a-pes-ta / a- car-ne- co-rrom-pi-da,

a- cuer-no- re-que-ma-do-, / a hu-me-an-tes- es-co-rias

 

En el primer verso existen dos sinalefas “-pla un” y “que a-”, pero no existe sinalefa entre el “ta” de apesta y la preposición “a”, ya que en medio se hace la pausa que separa los dos hemistiquios o subversos. Entre el primer verso y el segundo tampoco existe sinalefa, a pesar de acabar y empezar en “a” por la pausa de final de verso. Por último, en el segundo verso tampoco existe entre sus dos hemistiquios aunque acaban y empiezan en vocal. Si se intentasen unir fónicamente esas sílabas se rompería la armonía de las estrofas alejandrinas de ese poema. En cambio, sí que existe sinalefa entre “a hu-”, ya que la hache es una consonante muda que no la impide.

 

Ya que he citado a la “h”, indico que sí que impide la sinalefa cuando va seguida de los diptongos “ia, ie, ui, ue” porque entonces tiende a pronunciarse como “y”: “la hierba > la yerba” o “g”: “la huerta > la guerta”, o si se fuerza el silencio de la hache quedan tres vocales seguidas en un orden impropio para unirse en una sílaba (tema que trataré al hablar de las trialefas, o sinalefas de tres vocales). Asimismo, la “h” fue hasta el siglo de oro en castellano una letra aspirada que se pronunciaba tendiendo a “f”, lo que impedía la sinalefa, como podemos comprobar en este verso del soneto de Garcilaso sobre Dafne: los- blan-cos- pies- en- tie-rra- se- hin-ca-ban . En época de Garcilaso “se” y “hin-“ no se pronunciaban como una sola sílaba; por ello, hay que tener cuidado al recitarlo con nuestra pronunciación de hache muda, y efectuar una parada, ya que si no lo hacemos el verso se convierte en decasílabo y pierde el ritmo respecto al resto de endecasílabos de ese soneto.

 

Otro impedimento para la sinalefa es el acento principal del verso que recae en la penúltima silaba (la última si es palabra aguda, o la antepenúltima si es esdrújula), ya que la fuerza de esa tonicidad impide la sinalefa y, además, si hay rima distorsionaría el sonido de la misma.

 

Los improvisados endecasílabos que os he copiado anteriormente son un buen ejemplo:

 

Por- tan-to- que- mi-ras-te- con- e-no-jo

lle-gas-te a- ser- la en-vi-di-a de e-se- ojo.

 

La fuerza de la tonicidad de “ojo”, que marca el final del verso, impide esa sinalefa. Además, anticipo algo que veremos más adelante al tratar de las rimas, ya que si quisiésemos forzar la pronunciación y hacer la sinalefa, la terminación de rima pasaría a ser –eojo que no concuerda con la anterior -ojo.

 

Otros acentos fuertes del verso, como suele ser el de 6ª sílaba de los endecasílabos, también dificultan las sinalefas, pero aquí ya entramos más en el terreno de las recomendaciones y no de las imposiciones. Por ejemplo, estos versos de Carmen Plaza:

 

Un-ci-da- por- la- o-la- que- con-vier-te

la- man-se-dum-bre en- cam-po- de- ba-ta-lla

 

Por la fuerza de la tonicidad de la sexta sílaba (ayudada como veremos más adelante porque la vocal más débil de las dos, la “o”, es la tónica) no se efectúa la sinalefa. En cambio, sí que existe entre “-bre en”, del segundo verso, por la ausencia de tonicidad en las dos vocales. 


En el siguiente artículo, trataré de la dificultad o no de formar sinalefas con los distintos pares de combinaciones vocálicas en función de la fuerza o debilidad de cada una de las vocales (“a”: fuerte, “o” y “e”: intermedias, “u” e “i”: débiles),  su orden y su tonicidad.

 

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