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Antonio Ramos Maldonado
Sábado, 12 de noviembre de 2016
La astrofísica manejada desde la curva cónica o campo gravitacional newtoniano

LOS AGUJEROS NEGROS Y LOS HOYOS DE GUSANOS MODELADOS POR EL CAPRICHO CIENTÍFICO

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A Isaac Newton lo transformaron en una pelota de tanto echarlo para un lado y para el otro, buscando acomodar su trabajo científico al capricho de los trabajos de los físicos teóricos

     “[Albert Einstein revisó la teoría newtoniana en su teoría de la relatividad general, describiendo la interacción gravitatoria como una deformación de la geometría del espacio-tiempo  por efecto de la masa de los cuerpos; el espacio y el tiempo asumen un papel dinámico. Según Einstein, no existe el empuje gravitatorio; dicha fuerza es una ilusión, un efecto de la geometría. Así, la Tierra deforma el espacio-tiempo de nuestro entorno, de manera que el propio espacio nos empuja hacia el suelo. Una hormiga, al caminar sobre un papel arrugado, tendrá la sensación de que hay fuerzas misteriosas que la empujan hacia diferentes direcciones, pero lo único que existe son pliegues en el papel, su geometría]”

 

     Aunque parezca absurdo, la ciencia también cae en la fuerza de gravedad del fanatismo, y cae con el  mismo impulso con que se estrellan el fanatismo religioso y el fanatismo político. A estos dos últimos comportamientos se les puede perdonar debido a que se mueven a ciegas, pero en el caso de la ciencia, siempre se ha creído que se trata de un cuerpo lleno de ojos por dentro y por fuera, como los ángeles. Obviamente no en todos los campos científicos sucede esto. Sería como llover sobre mojado si nos ponemos a señalar los desastres ocasionados por el fanatismo religioso a través del tiempo; las estadísticas al respecto son de dominio común, solamente los fanáticos religiosos se hacen los de la vista gorda y los sordos. Lo propio sucede con la política.

 

      Hemos llegado a concebir que una parte de la ciencia se parece  mucho al material que los ríos arrastran, como troncos, plantas acuáticas y otras clases de desperdicios que terminan acumulándose en las ensenadas. En este caso los físicos son como pájaros que picotean “aquí” y “allá”, “picotean” la información que encuentran en libros antiguos con informaciones que se sostienen con cierta fuerza. Se trata de informaciones fuera de lo común y que  tienen la suficiente calidad e interés como para ser sometidas a investigación. Uno de estos temas es lo que se relaciona con otros mundos, físicos y no físicos. El tema sobre ovnis y hombrecitos verdes ocupa un lugar de mucha relevancia en el mundo, y la ciencia no es ajena a ello. También sobresale lo relacionado con las personas que “regresan” de la muerte y hablan de ese otro mundo. La documentación sobre estos casos es extensa; las investigaciones al respecto también crecen como las bolas de nieve. Se suman a estas inquietudes los libros de alquimia, metafísica, ciencias ocultas, la religión, la filosofía clásica, los misterios del antiguo Egipto y muchos otros misterios que no dejan dormir a mucha gente. Todo esto es lo que comparamos con lo que arrastran los ríos.

 

LOS AGUJEROS NEGROS Y LOS HOYOS DE GUSANOS MODELADOS POR EL CAPRICHO CIENTIFICO

 

    De entre todo este material se picoteó, además de otras propuestas,  lo correspondiente  a los agujeros negros,  los hoyos de gusano. Sobre estas dos figuras se ha dicho de todo, se los ha volteado al derecho y al revés como si se tratara de un juguete del que se debía disfrutar mientras se pudiera. La ciencia participa del baile armado con lo que dicen los unos y los otros. En este aspecto los agujeros negros no se están quietos en cuanto a las distintas opiniones que van apareciendo en el “tablero”, corren como si jugaran a “ser” o “no ser”, “estar” o “no estar”, “ser así” o de “este otro modo”.

 

     “[Philosophiae Naturalis Principia Mathematica es, seguramente, el libro más importante en la historia de la física. Editado en 1687, corrió con una suerte peculiar, ya que aunque muy pocos estaban capacitados para entenderlo cabalmente, fue aceptado casi incondicionalmente de manera inmediata y le permitió a su autor, Isaac Newton (1642-1727), gozar en vida de una extraordinaria popularidad, no sólo en los ámbitos académicos, sino incluso en los políticos]”

 

     Como si se tratara de escoger un objeto cualquiera y cambiarlo por otro, como por ejemplo escoger entre varios floreros uno que debe colocarse en la mesa del comedor, etc., de igual manera se hizo con la gravedad universal de que hablan algunos filósofos clásicos y otros personajes como Isaac Newton.

 

     “[Einstein, en la teoría de la relatividad general hace un análisis diferente de la interacción gravitatoria. De acuerdo con esta teoría, la gravedad puede entenderse como un efecto geométrico de la materia sobre el espacio-tiempo. Cuando cierta cantidad de materia ocupa una región del espacio-tiempo, provoca que éste se deforme. Visto así, la fuerza gravitatoria no es ya una ‘misteriosa fuerza que atrae’, sino el efecto que produce la deformación del espacio-tiempo —de geometría no euclidea— sobre el movimiento de los cuerpos. Según esta teoría, dado que todos los objetos se mueven en el espacio-tiempo, al deformarse éste, la trayectoria de aquéllos será desviada produciendo su aceleración.]”

 

    En este aspecto se ha metido una “pata de cabra”, como se dice en el juego de dominó cuando se intenta colocar una ficha que no corresponde. Si bien es cierto que Einstein se refiere a la gravedad como si se tratara de un efecto geométrico de la materia sobre el espacio-tiempo (geométrico para referirse al espacio que ocupa el cuerpo o los cuerpos, su entorno) se observa claramente que se vale de la explicación de Isaac Newton cuando éste se refiere a que dos partículas o dos cuerpos cuyas dimensiones son pequeñas comparadas con las distancias entre ellos, lleva a que ambos cuerpos describan una curva cónica respecto de un sistema de referencia inercial con origen en el centro de la masa del sistema…, donde particulas o cuerpos no tienen nada que ver con los planetas del sistema solar ni ningún otro planeta, sino a componentes sustanciales; es una observación metafísica; la gravedad aquí es otra cosa, no lo que suponía Einstein. En este caso se habla de partícula y de masa, y de una curva cónica debido a las dos partículas o cuerpos que están dentro de un campo gravitacional con referencia inercial  cuyo origen es el centro de la masa, el núcleo. Se muestra que la gravedad es mínima entre los tres cuerpos o partículas. Aquí operan tres cuerpos: la fuerza del núcleo, que, dependiendo de la distancia entre los cuerpos, puede ser fuerte o puede ser débil (en metafísica, el núcleo resulta ser un cuerpo de densidad mayor que los cuerpos que lo circundan), y las dos partículas que describen, debido a su poca atracción, la curva cónica que termina en punta pues se conecta con el núcleo o centro de la masa.

 

     “[Desde la época de Newton se ha intentado hallar soluciones matemáticamente exactas del problema de los tres cuerpos, hasta que a finales del siglo XIX Henri Poincaré demostró en un célebre trabajo que era imposible una solución general analítica (sin embargo, se mostró también que por medio de series infinitas convergentes se podía solucionar el problema). Solo en algunas circunstancias son posibles ciertas soluciones sencillas. Por ejemplo, si la masa de uno de los tres cuerpos es mucho menor que la de los otros dos (problema conocido como problema restringido de los tres cuerpos), el sistema puede ser reducido a un problema de dos cuerpos más otro problema de un solo cuerpo.]”

 

     Esta forma cónica representada en la gravedad y manejada por Isaac Newton es lo que Einstein llama efecto geométrico de la materia no euclidea, no euclidea  porque aquí la materia es otra cosa, es una observación en el plano metafísico, y no se habla de mediciones de planos, no se habla de medidas, de ángulos, rectas ni curvas, solamente del efecto de atracción. También considera que la curva cónica es la deformación de la materia debido a la presencia de los cuerpos, cuerpos que resultan ser parte “externa” de la masa. Podríamos decir que todo esto resulta ser una misma cosa pero con proyecciones distintas, la una en su punto exacto, la de Isaac Newton; la de Einstein, sin brújula. Einstein le dio al campo gravitatorio un giro manejado con mucha astucia.

 

     Las dimensiones no son largo, ancho y alto; esos son lados o caras de los cuerpos; dimensiones se les llama a los universos paralelos, otros mundos, etc. Lo de llamar dimensión a los lados de los cuerpos obedece a falsear la información a fin de hallar respuestas a lo ininteligible.

 

     A Isaac Newton lo transformaron en una pelota de tanto echarlo para un lado y para el otro, buscando acomodar su trabajo científico al capricho de los trabajos de los físicos teóricos. Le anexaron tantas ideas amañadas, que actualmente se necesita de una lupa potente para extraer lo verdadero y deshacer lo inservible de lo que el río ha acumulado durante tantísimos años en la ensenada. Los libros donde se trata de explicar “Los Principios matemáticos de la filosofía natural”, se parecen mucho a un circo; a cualquier postulado de Newton le enganchan una cantidad impresionante de arandelas; leen algo y escriben lo primero que se les ocurre, ideas que adquieren otras formas en un plano donde lo falso puede considerarse verdadero. Es como si a “Los Principios matemáticos de la filosofía natural” se lo obligara a expulsar monstruosidades a fin de crear otros libros enmascarados, llenos de falsedad pero aceptados por todo el mundo como compendios. ¿Cómo es posible que la gente se deje embaucar de esta manera? El hombre, Einstein, se burló de todo el mundo, se rió a escondidas, detrás de las puertas, se reía mientras se comía las uñas, se las comía no de miedo, sino de complacencia, mostrando una expresión siniestra, de  diablillo saltimbanque; seguramente diría: “¡Me los eché en el bolsillo, partida de idiotas!” La acción astuta de anexarles ideas amañadas a los trabajos newtonianos  se parece mucho a la acción de robarse un objeto y pintarlo con otro color y hacerle otros cambios a fin de que se parezca lo menos posible al original. 

 

Michio Kaku

 

     "[Si usted pensó que los agujeros negros regulares eran tan extraños y misteriosos como el espacio lo concibe, se equivoca, porque por primera vez, los físicos han simulado con éxito lo que sucedería con los agujeros negros en un mundo de cinco dimensiones, y la forma en que se comportan podría amenazar nuestra comprensión fundamental de cómo funciona el Universo. La simulación ha sugerido que si nuestro universo se compone de cinco o más dimensiones - algo que los científicos han luchado para confirmar o refutar - la teoría general de la relatividad de Einstein, el fundamento de la física moderna, sería un error. En otras palabras, los agujeros negros en los universos de cinco dimensiones contendrían gravedad tan intensa, que las leyes de la física tal como las conocemos, con la relatividad einsteniana a bordo, caerían a pedazos. En un universo de cinco dimensiones, los físicos han planteado la hipótesis de que los agujeros negros son más parecidos a los anillos muy finos en lugar de agujeros, y a medida que evolucionan, pueden dar lugar a una serie de ‘protuberancias’ que se vuelven más y más delgadas con el tiempo, y eventualmente romperse para formar mini agujeros negros en otro lugar. Estos agujeros negros en forma de anillo (o anillos negros) se propusieron por primera vez en 2002, pero hasta ahora, nadie ha sido capaz de simular con éxito su evolución. Esto ha sido posible gracias al superordenador COSMOS en la Universidad de Cambridge en el Reino Unido- el mayor equipo de memoria compartida en Europa que puede realizar 38,6 billones de cálculos por segundo]”,  Michío Kaku.

 

     Al considerar la gravedad una curvatura del espacio-tiempo o un efecto geométrico de la materia sobre el espacio- tiempo estaban  creando una monstruosidad en cuanto a lo absurdo de la relación gravedad-espacio-tiempo-agujeros negros, donde señalan que el efecto geométrico de la materia, mismo campo gravitacional newtoniano, es causante de los agujeros negros.

 

     "[... todo lo relativo a la gravedad, levedad, elasticidad, resistencia de los fluidos y fuerzas por el estilo, ya sean de atracción o de repulsión, que representan los principios matemáticos en filosofía, ya que toda la dificultad de la filosofía parece consistir en que, a partir de los fenómenos del movimiento, investiguemos las fuerzas de la naturaleza y después desde estas fuerzas demostremos el resto de los fenómenos (…) ... A partir de los fenómenos celestes, por medio de proposiciones demostradas matemáticamente en los libros anteriores, se deducen las fuerzas de la gravedad por las que los cuerpos tienden hacia el Sol y a cada uno de los planetas]",  “Philosophiae Naturalis Principia Mathematica”, Isaac Newton.

 

     En el caso del sistema de referencia inercial en el centro de la masa, lo que podríamos también llamar núcleo, puede sufrir cambios de fuerza, o sea que puede alcanzar una fuerza infinita, o caer en una fuerza mínima, soportable, lo cual se conoce como tiempo de reposo de la masa. El campo de fuerza irradiado por las dos partículas gracias a su conexión con el centro de la masa, que es otra partícula, es el campo gravitacional  newtoniano. La fuerza es una sola, lo de las interacciones fundamentales no es sino una deformación malintencionada del concepto de gravedad con el fin de llamar la atención. El campo gravitacional de que habla Isaac Newton no tiene nada que ver con el espacio ni con el tiempo, así se halle en el espacio y en el tiempo. Para que se diera este caso, se necesitaría que el tiempo y el espacio fueran energía. Pero, de ser energía, no habría movilidad, pues los cuerpos se adherirían unos con otros al ser atraídos por el espacio-tiempo energizado. En cambio la luz sí interactúa con los cuerpos pesados, es decir éstos la atraen gracias a la gravedad, lo cual no interviene en los movimientos de ningún cuerpo. El tiempo y el espacio no se pueden ver ni tocar, mientras que con la luz sucede lo contrario.

 

     “[En 1915, Einstein desarrolló la relatividad general  y demostró que la luz era influida por la interacción gravitatoria. Unos meses después, Karl Schwarzschild encontró una solución a las ecuaciones de  Einstein, donde un cuerpo pesado absorbería la luz. Se sabe ahora que el radio de Schwarzschild es el radio del horizonte de sucesos de un agujero negro que no gira, pero esto no era bien entendido en aquel entonces. El propio Schwarzschild pensó que no era más que una solución matemática, no física. En 1930, Subrahmanyan demostró que un cuerpo con una masa crítica, (ahora conocida como límite de  Subrahmanyan y que no emitiese radiación, colapsaría por su propia gravedad porque no había nada que se conociera que pudiera frenarla (para dicha masa la fuerza de atracción gravitatoria sería mayor que la proporcionada por el principio de exclusión de Paulil. Sin embargo, Eddington se opuso a la idea de que la estrella alcanzaría un tamaño nulo, lo que implicaría una singularidad desnuda de materia, y que debería haber algo que inevitablemente pusiera freno al colapso, línea adoptada por la mayoría de los científicos]”

 

Subrahmanyan Chandrasekhar

 

     Se especula que los agujeros negros son regiones finitas del espacio en cuyo interior existe una concentración de masa lo suficientemente elevada o densa capaz de generar un campo gravitatorio de tal magnitud que ninguna partícula material, ni siquiera la luz puede escapar de ella. De ser así, los agujeros negros serían parte del espacio, lo que Einstein quiso llamar curvatura del espacio o efecto geométrico de la materia, mismo campo gravitacional newtoniano, también: lo que encierra la curva cónica dentro de la cual se hallan los cuerpos, únicamente dos cuerpos, ya que el otro cuerpo es el conductor. Siendo así, los agujeros negros estarían hechos de espacio, misma gravedad, en este caso, demarcados por una concentración de masa. ¿Será posible que, según esta propuesta einsteniana, entre dos partículas con cargas opuestas exista un agujero negro? 

 

      [“Isaac Newton escribió más de un millón de palabras sobre este tema, algo que tardó en saberse, ya que la alquimia era ilegal en aquella época. Como alquimista, Isaac Newton firmó sus trabajos como Jeova Sanctus Unus, que se interpreta como un lema anti-trinitario: Jehová único santo, y es además un anagrama  del nombre latinizado de Isaac Newton, Isaacus Neuutonus - Ieova Sanctus Unus. En el jardín tras su habitación construyó un cobertizo a modo de laboratorio, donde de continuo el fuego estaba encendido, y allí hacía experiencias en ese terreno. El primer contacto que tuvo con la alquimia fue a través de Isaac Barrow y Henry More, intelectuales de Cambridge. En 1669 redactó dos trabajos sobre la alquimia, Theatrum Chemicum y The Vegetation of Metais. En este mismo año fue nombrado profesor Lucasiano de Cambridge. En 1680  empezó su más extenso escrito alquímico, Indeux Chemicus  (100 pp.), el cual sobresale por su gran organización y sistematización, que concluyó a finales de siglo. Además, en 1692 escribió dos ensayos, de los que sobresale De Natura Acidorum,  en donde discutía la acción química de los ácidos  por medio de la fuerza atractiva de sus moléculas. Es interesante ver cómo relaciona la alquimia con el lenguaje físico de las fuerzas. Durante la siguiente década prosiguió sus estudios alquímicos escribiendo obras como Ripley Expounded, Tabula Smaragdina  y el más importante Praxis, que es un conjunto de notas sobre Triophe Hermétique,  de Didier, libro francés cuya única traducción es del mismo Newton]”.

 

     Todos estos físicos que se apoyaron en los trabajos de Isaac Newton debieron saber, por medio de sus libros, que éste era un practicante consagrado de la metafísica,  la alquimia y la filosofía natural. Eran las ciencias que predominaban en ese tiempo, con Newton a la cabeza, quien a su vez se apoyaba en Aristóteles y Ptolomeo; por eso atrajo la atención de los físicos y otros estudiosos que se interesaban en el origen del universo. De modo que las ciencias modernas tienen como base esas otras ciencias que actualmente se hallan rezagadas.

 

     Sobre Isaac Newton, la ciencia escribe lo que le conviene a fin de que la relatividad  einsteniana  y otras teorías no se desplomen completamente; se intenta hacer creer que la ciencia practicada por Isaac Newton está relacionada con el cosmos, con la astrofísica y la astronomía de la actualidad.  Obviamente se ve que se lo utilizó como chivo expiatorio, tal como sucedió con Immanuel Kant y Jean-Jacques Rousseau respecto de su filosofía. (Continúa).

 

 

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