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Humberto Robles
Lunes, 31 de octubre de 2016
de bufones, trovadores y despedidas

Darío Fo

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El 13 de octubre pasado murió a los 90 años el gran Darío Fo, actor, director, escritor, ilustrador y dramaturgo italiano ganador del premio Nobel de Literatura 1997.

Darío Fo

 

“Necesitamos urgentemente locos”

 

Más que abordar su vida y obra, que ya ha sido ampliamente reseñada en días recientes, mi deseo es resaltar su pensamiento crítico y libertario.

 

Se fue Darío Fo, el juglar moderno que hizo de la comedia y la farsa sus instrumentos de crítica social y política, el que arremetió, ridiculizó y provocó la ira de los poderosos, desde Berlusconi al Vaticano, incluso del Partido Comunista Italiano, como él mismo lo expresó: “La sátira es el arma más eficaz contra el poder: el poder no soporta el humor, ni siquiera los gobernantes que se llaman democráticos, porque la risa libera al hombre de sus miedos.”

 

Prueba de su grandeza son sus obras de teatro “Misterio Buffo”, “La muerte accidental de un anarquista”, “Una pareja abierta”, “Aquí no paga nadie”, “La mujer sola”, “No hay ladrón que por bien no venga”, entre muchas más, las cuales han sido traducidas a diversos idiomas y se montan constantemente en diferentes latitudes demostrando su universalidad. Al final de sus días escribió la novela que él mismo ilustró “Lucrecia Borgia: la hija del papa”.

 

“Nunca en mi vida he escrito nada simplemente por diversión. Siempre he tratado de poner en mis letras esa grieta capaz de golpear las certezas, de hacer dudar las opiniones, de despertar la indignación, de abrir un poco las cabezas. Todo lo demás, la belleza por la belleza, no me interesa”.

 

Se casó con la que sería su inseparable pareja amorosa e intelectual Franca Rame; juntos engendraron a su único hijo Jacopo, y entre los tres fundaron su propia compañía teatral al estilo juglaresco del medievo y de la Commedia dell'Arte. Tras su fama en la RAI, los escenarios y su paso por la televisión, Fo decidió llevar su teatro a las plazas, fábricas y demás lugares no convencionales a fin de llevar sus obras a gente que no solía asistir a las salas teatrales. Esto lo hizo como un ejercicio de democratización de la cultura, de solidaridad y generosidad por parte de un artista comprometido con su sociedad y con los menos favorecidos.

 

En 1997 le fue otorgado el Nobel de Literatura; según la Academia Sueca se debió a que “siguiendo la tradición de los juglares medievales, se mofa del poder devolviendo la dignidad a los oprimidos”. Evidentemente fue un premio a su obra, a su espíritu insurrecto, al hacedor -y a los hacedores teatrales en general-, y en particular a la sátira, tan menospreciada por muchos en la intelectualidad petulante; este galardón fue, de alguna manera, la reivindicación de los géneros de la comedia y la farsa.

 

“Un pueblo que no tiene cultura, que no tiene tradiciones, que no tiene historia es un pueblo vacío”.

 

Darío FoEl 27 de marzo de 2013, fue invitado para dar el mensaje por el Día Mundial de Teatro y manifestó: “Actualmente, los actores y las compañías sufren para encontrar espacios al aire libre, así como teatros e incluso público, todo ello a causa de la crisis. Las autoridades, por lo tanto, no se han involucrado ni se preocupan por controlar a quienes se expresan con ironía y sarcasmo; ya no es necesario, puesto que los actores no cuentan más con espacios ni con público a quien dirigirse […] De tal suerte que la solución única para la crisis reside en la esperanza de que exista una gran cacería de brujas contra nosotros y, sobre todo, contra los jóvenes que desean aprender el arte teatral: así nacerá una nueva diáspora de Commedianti, de gente de teatro quienes, ante tal imposición, sin duda se librarán de este apremio y ello redundará en beneficios inimaginables para una nueva representación.”

 

La clave de Fo fue su aguda inteligencia para dominar la comedia y la farsa, dándose cuenta de que, por medio del humor y la risa, se podían llevar a la escena las miserias humanas, burlarse de los que ostentan el poder, desde el policía hasta al papa, y convertir en protagonistas a los marginados. Debido a la ámpula que levantaban sus espectáculos y al compromiso social de la pareja Fo-Rame, ella fue secuestrada y violada por neofascistas que permanecieron impunes hasta que prescribió su delito.

 

“Me indigna la gente que no se implica. Callar es una forma de colaborar”.

 

En los tiempos actuales, donde la izquierda pierde fuerza y la ultraderecha se posiciona amenazadoramente, resulta indispensable leer y montar las obras de Fo para darle voz a los desposeídos y señalar a los corruptos, los criminales y los impunes. Que venga el personaje del Loco de “La muerte accidental de un anarquista” para sacudir nuestras conciencias, poner patas arriba los escenarios y a las mentes alineadas y conformistas. Que al menos en el teatro al final sean derrotados los de arriba y triunfen los de abajo.

 

Y mientras el jugar nos dejaba, al trovador Bob Dylan le concedieron el Premio Nobel de Literatura 2016, “probablemente el más grande poeta vivo. Afortunadamente de vez en cuando la Academia Sueca premia a bufones, trovadores, cómicos de la legua y demás artesanos, no solo a los integrantes de las elites culturales.

 

Para finalizar, el pasado 16 de octubre murió el chileno Juan Radrigán, otro creador que hizo del teatro una herramienta de denuncia, lucha y resistencia, quien había sentenciado: “El mal endémico del teatro es la falta de espacios y el casi nulo, selectivo apoyo estatal. Talento hay de sobra, paciencia también, lo que falta es ira para cambiar las cosas”. El “dramaturgo de los marginados”, como lo llamaron, fue despedido por una multitud en el Teatro Nacional y las autoridades de Chile decretaron duelo nacional por su muerte.

Juan Radrigán


 

 

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