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Valdemar Ramírez Loaeza
Domingo, 23 de octubre de 2016
la mayoría de los críticos de cómic tienen una visión limitada

CÓMIC: ELEMENTOS DE ANÁLISIS

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Noticia clasificada en: Cómic

Casi toda la crítica de cómic que he leído no es más que reseñas del tipo de Amazon o de “booktubers” (eso sí, sin hacer “spoiler”), o una simple letanía de adjetivos.

Gabriel Vargas; creador de la Familia Burrón

 

No es que eso sea malo en sí: forma parte de la libertad de expresión. Me irrita que, a más de cien años de existencia, este arte no tenga una crítica tan profunda, sistemática y nutrida como la han tenido la literatura. Un buen crítico de cómic debería, idealmente, no sólo comentar si la obra le gustó o si espera con ansias el final de la saga: debería decirnos también cómo se conjugan sus diversos elementos.

 

A mi entender, la mayoría de los críticos de cómic tienen una visión limitada: suelen leer exclusivamente cómic; muchos de ellos son artistas visuales que no tienen cultura literaria, o personas que sí la tienen pero, precisamente por eso, ven al cómic como un subproducto “comercial” en el sentido más peyorativo. Suelen ser de las carreras de Comunicación o Mercadotecnia, no de Literatura, de Artes Plásticas ni de Cine. Otros tantos desprecian esta disciplina por desconocimiento y sospechas ante un producto que vendió mucho en décadas pasadas; pero, ¿el que una obra literaria, por ejemplo, venda bien, implica automáticamente que es de baja calidad? Entonces, ¿por qué se formula ese reproche con tanta facilidad a la historieta?

 

Precisamente por la relación del cómic con la literatura y la ilustración es por donde quiero abordar mi propuesta crítica. He aquí algunos elementos de análisis que considero útiles. Pienso en usarlos con flexibilidad dependiendo de la obra, para no caer en un academicismo asfixiante como el que suele hacerse con las obras literarias, ni en el otro extremo que reitero: las vaguedades en que consiste casi toda la actual crítica. Algunos elementos pertenecen a la literatura, otros a las artes plásticas, pero en el cómic, idealmente, deben estar fundidos. Por eso mi lista no los divide en estas dos categorías.

 

  • Tema: ¿De qué trata la obra? Debe poder enunciarse en pocas palabras. Sobre todo en el cómic de autor (como el cine de autor), nos transmite lo que piensa el argumentista. Ejemplo: el tema de “La Familia Burrón” es las dificultades que atraviesa una familia pobre de la Ciudad de México para sobrevivir y salir adelante, con una mujer como jefa.
  • Trama: ¿Qué se cuenta? ¿Cómo se consigue? ¿Es verosímil? ¿Es original, en la medida en la que puede serlo cualquier mensaje humano? ¿Cuáles son sus antecedentes e influencias?
  • Narrativa visual: ¿Cómo comienza y termina la narrativa en cada página?, es decir, ¿cómo es el ritmo? Este tema fue expuesto por Will Eisner en su libro “El cómic y el arte secuencial”. Compárese la narrativa visual de Esiner (de ritmo impecable) con una de Jim Lee (donde cada viñeta pareciera ser la más espectacular, de modo que al final ninguna es más importante y por lo tanto se percibe un ritmo monótono, plano).
  • Composición: este elemento se une indisolublemente con el anterior. Aunque lo esencial del cómic es narrar algo, y por lo regular en el cómic occidental la lectura tiene la misma lógica que la de los libros y periódicos occidentales (izquierda a derecha y de arriba a abajo), entre los mejores autores siempre hay cierta composición que crea armonía entre los elementos de cada página, e incluso de cada viñeta, pudiendo romper a veces esta lógica de lectura. Compárese una página de “Tarzán” de Burn Hogart o de “Duda”, de José Chávez Peón, con una de Erick Larsen y se verá la abismal diferencia.
  • Recursos literarios: No sólo es lo que dice el texto, sino cómo lo dice. Algunos cometen el error de dar toda la importancia únicamente la imagen, en detrimento del texto. Sólo unos ejemplos de autores de texto magistrales: Barry Windsor Smith, Carlos Giménez, Frank Miller. Incluso conozco casos de texto e imagen que se complementan muy eficazmente, pero que también podrían apreciarse por separado y conservar todo su efecto: los cómic-poemas de Ricardo Peláez para “El Gallito Inglés”.
  • Edición: Una ortografía y una puntuación descuidadas, repeticiones innecesarias o una sintaxis sucia pueden estropear una obra excelente en potencia. Si en los libros se pone tanto esmero en la edición, ¿por qué se descuida con frecuencia en el cómic?
  • Trazo: Una trama grandiosa y un entintado genial de nada sirven si el dibujante no domina cuestiones como la anatomía, la perspectiva, las proporciones. Compárese la extraordinaria variedad de posiciones y perspectivas para las manos que domina Barry Windsor Smith con la obsesión de Rob Liefeld por ocultar las manos de sus personajes.
  • Tinta: Las adaptaciones de “Conan el Bárbaro” ¿habrían sido lo mismo sin las tintas de dibujantes filipinos como Alfredo Alcalá o Tony de Zuñiga? ¡Lo dudo! Las texturas, los contrastes de luz y sombra, los medios tonos, todos esos detalles pueden llenar de vida un cómic o matarlo.
  • Fondos: Este elemento está ligado al trazo y a la composición. Lo comento por separado porque, a diferencia del cómic de los años 60, se tiende cada vez más a una especie de “fordismo historietístico”, que a veces produce errores tan graves como un intercambio accidental de diálogos entre personajes.
  • Letra: Hoy a la mayoría de los cómics se les inserta el texto electrónicamente. Esto es práctico hasta cierto punto, pero desgraciadamente quienes forman el cómic casi nunca cuidan aspectos como el espacio entre letras, que puede dificultar bastante la lectura (no han tenido la experiencia de formar publicaciones donde las palabras son las protagonistas). Al menos hasta la década de 1990, en México aún había dibujantes especializados en la letra. ¡Qué lejos estamos de la genialidad de Walt Kelly, que otorgaba a cada personaje una fuente tipográfica (mejor dicho, un tipo de letra caligrafiada) relacionada con su personalidad! Véase su genial tira “Pogo”.
  • Color: En el cómic este elemento se halla, por lo regular, bien lejos de la intención pictórica, en la cual hay matices de tonos sumamente cuidados, perspectiva, contrastes, en pocas palabras, teoría del color. Si los personajes usan cierta vestimenta y aparecen una y otra vez a lo largo de las páginas, sería necio pedir una exquisitez como la de la pintura. Agreguemos que el cómic es un producto industrial sujeto a cierta periodicidad y cierta. Sin embargo, recomiendo echar un vistazo a “Weapon X”, de Barry Windsor Smith, para apreciar algo muy cercano a lo que los críticos de pintura llamarían “una paleta audaz”.
  • Existen otros elementos que pueden estar o no, como las líneas cinéticas, las secuencias descriptivas (recurso estudiado por Roman Gubern) y las onomatopeyas, ese recurso que ha sufrido burlas hasta el cansancio. Hasta aquí mi propuesta de elementos de análisis, de ninguna manera exhaustiva, pero que pretendo sea un faro y no una camisa de fuerza.

 


 

 

 

 

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