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Rosabel Serrano Llopis
Sábado, 22 de octubre de 2016
Patrimonio de la Humanidad

Los Monasterios ortodoxos de Meteora

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Hubo un tiempo en el que los griegos querían tocar el cielo. Y así fue como en el siglo X y la llegada del eretismo, muchos de los ascetas encontraron en estas formaciones rocosas el lugar ideal donde aislarse del mundo terrenal.

El acceso a los monasterios es posible en la actualidad

 

En un principio, los eremitas se alojaban en cuevas y chozas, al resguardo de las formaciones rocosas que hoy soportan los monasterios. Fueron monjes ortodoxos-bizantinos los que empezaron la construcción de los monasterios en las cimas de estas formaciones, en el siglo XIV. La situación aislada del lugar, les era tan oportuna, que la población de monjes aumentó, y con ello el número de monasterios, que llegaron a ser 24 construcciones en su momento de máximo esplendor.  En la actualidad, solamente seis permanecen activos, los cuales han sido testigos de multitud de guerras y altercados en las tierras griegas, que han ido dejando al resto en ruinas.

 

Los ascetas de Meteora, solamente podían ascender a los monasterios mediante un cesto y una cuerda, pero, con el tiempo, ha pasado a ser una anécdota de la visita a la zona (ahora se accede mediante escaleras y puentes). Estos ascetas, solamente bajaban a la Iglesia los domingos y días festivos, y permanecían en sus monasterios el resto de la semana, sumergidos en el retiro y la oración.

 

La historia quiso que la posición aislada de los monasterios, les protegiese, por un lado, del ataque de turcos y albaneses. Por otro lado, ser un lugar tan estratégico, propició el ataque a los monasterios bizantinos a lo largo de la historia, e incluso durante la Segunda Guerra Mundial, fueron invadidos por los nazis, al esconder a miembros de la resistencia griega. Con todo ello, pese a la cantidad de frescos y pinturas que se perdieron, y aquellos edificios que ya no se pudieron reponer, Meteora sobrevivió.

 

En 1.988, cuando se declaró Patrimonio de la Humanidad, Meteora empezó a ser reconocido por el valor artístico y arquitectónico que representa para la historia griega y la religión ortodoxa, y hoy por hoy, supone una visita obligada para los que practican esta religión. Las construcciones están localizados a las afueras de Kalambaka, una pequeña ciudad cerca del río Pinios, en la llanura de Tesalia.

 

[Img #7328]

 

 Parte del origen de los monasterios se debe al tipo de terreno de las montañas donde se encuentran suspendidos (Meteora significa “suspendido en el aire”). Las rocas de Meteora son pilares de arenisca, arcilla o cemento silíceo. Estas columnas, han sido tan evidentes a lo largo de los años que, estilistas era el término utilizado en el pasado para hablar de los ermitaños que allí vivían (estilistas significa “columnas”). Seguramente, sin las características del terreno donde están localizados, habría sido muy difícil la construcción de los monasterios bizantinos griegos.  

 

El cine, también le dio su oportunidad, y John Glen, rodó la undécima de las entregas de James Bond, “Sólo para tus ojos”, donde Roger Moore, se dirige al monasterio de Saint Cyrilos, que no es otro que el Monasterio de la Santísima Trinidad, uno de los seis monasterios que todavía permanece activo.

 

Cómo llegar:

 

Para llegar a Meteora, hay que dirigirse a Kalambaka o Kastraki, en tren desde Atenas o Tesalónica. Una vez allí, la visita a los monasterios se puede realizar a pie, o mediante un circuito organizado en autobús. No solamente los monasterios son el atractivo del lugar: también lo son las formaciones rocosas por sí solas.

 

 Para terminar, una mussaka, o la carne a la brasa que se prepara en cualquiera de los restaurantes locales de Kalambaka, completarán nuestra visita a los ancestros ortodoxos de Meteora. Por supuesto, la cerveza griega por esos lares, el Alpha, completaría la larga y merecida caminata a lo largo de los monasterios de James Bond.

 

 

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1 Comentario
Fecha: Sábado, 1 de julio de 2017 a las 21:57
edgardo percara
que documental espectacular gracias lo ignoraba

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