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Antonio Ramos Maldonado
Domingo, 16 de octubre de 2016
Y llamó Dios al firmamento cielos

LO QUE NO SE SABÍA DE “EL SEÑOR DE LOS ANILLOS”

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Noticia clasificada en: Ensayo

En El señor de los anillos, el anillo lo encuentran en el agua, lo encuentra la parte negativa, Smigol, que es un elemento que permanece en el líquido o en los alrededores del líquido, todo lo cual es señal de peligro.

    “De cualquier modo, todo este material trata sobre todo de la Caída, la Mortalidad y la Máquina. De la Caída, inevitablemente, y ese motivo se da de diversos modos. De la Mortalidad, especialmente en cuanto afecta el arte y el deseo creador (o, como yo diría, subcreador), que no parece tener función biológica ni formar parte de las satisfacciones de la vida biológica corriente, con la cual, en nuestro mundo, está por cierto generalmente en contienda. Este deseo, a la vez, se relaciona con un apasionado amor por el mundo primordial real y, por tanto, pleno del sentido de la mortalidad, aunque insatisfecho de él. Tiene varias oportunidades de «Caída». Puede volverse posesivo, adherirse a las cosas que ha hecho «como propias»; el subcreador desea ser el Señor y Dios de su creación privada. Se rebelará contra las leyes del Creador, especialmente en contra de la mortalidad. Ambas cosas (juntas o separadas) conducirán al deseo de Poder, para conseguir que la voluntad sea más prontamente eficaz, y, de ese modo, a la Máquina (o la Magia). Por esto último entiendo toda utilización de planes y proyectos externos (aparatos) en lugar del desarrollo de las capacidades o talentos inherentes internos, o aun la utilización de estos talentos con el corrupto motivo del dominio: intimidar al mundo real o reprimir otras voluntades. La Máquina es nuestra forma más evidente de hacerlo, aunque más estrechamente relacionada con la Magia de lo que suele reconocerse…”, parte de la carta 131 de  JRR Tolkien dirigida a Milton Waldman.

 

     En otros trabajos literarios nuestros hemos hablado de la tierra media (mediterráneo), de ponderada relevancia en las leyendas de este tipo. Como su nombre lo indica, la tierra media significa que es una porción de tierra en medio de las aguas; esto es: una isla, tierra firme, lo firme, de donde emerge la palabra firmamento. Se torna relevante lo firme, el firmamento debido a que todas estas leyendas (o dramas filosóficos) tienen su principio en un lugar cubierto de agua, las cuales se retiran, y aparece lo seco (la separación de las aguas del Mar Rojo se refiere a este simbolismo). Este simbolismo vinculado con la parte sin agua, es decir la parte seca, también se la conoce como “costa”; en el libro de Julio César Cayo (o Gagio o Gallo, que se metamorfosea en Galo, dios Galo, de vinculación directa con las Galias y los galileos), a los habitantes de la parte seca no se los llama habitantes de la tierra media, sino los secuanos; estos dos términos tienen el mismo significado.

 

     “Dijo Dios: ‘Haya un firmamento por en medio de las aguas, que las aparte unas de otras. E hizo Dios el firmamento; y apartó las aguas de por debajo del firmamento, de las aguas de por encima del firmamento. Y así fue. Y llamó Dios al firmamento cielos.’” 

 

LO QUE NO SE SABÍA DE “EL SEÑOR DE LOS ANILLOS”

 

    La parte seca, la isla, es deseada siempre por los personajes que se mueven en estas leyendas; personajes que se trasladan de un lugar a otro, los peregrinos, aventureros del tipo de los caballeros andantes, del rey Arturo, etc.: “Historia de una ida y de una vuelta”…; por eso se habla del camino hacia la tierra prometida, ya que lo seco representa la paz, y lo líquido, la guerra, el peligro. No se puede permanecer mucho tiempo con vida en el líquido, lo húmedo: “Los numenoreanos moran apenas a la vista de la tierra «inmortal» del más extremo oriente, Eressëa; y como los únicos hombres que hablan una lengua élfica (aprendida en los días de su Alianza), están en constante comunicación con sus antiguos amigos y aliados, sea en la beatitud de Eressëa o en el reino de Gilgalad, en las costas de la Tierra Media. Se vuelven así, en apariencia y aun en las capacidades de la mente, apenas distinguibles de los Elfos, pero siguen siendo mortales, aunque recompensados por un triple, o aún más de un triple, número de años. Esta recompensa es su ruina o, al menos, el medio por el que son tentados. Su larga vida contribuye a los logros que obtienen en arte y sabiduría, pero alimenta la actitud posesiva que adquieren en relación con esas cosas, y se les despierta el deseo de disponer de más tiempo para disfrutar de ellas. Previendo esto en parte, los dioses impusieron a los numenoreanos desde un principio la Proscripción de no navegar nunca hacia Eressëa, ni hacia el oeste hasta perder de vista su propia tierra. Podían ir a su gusto en cualquier otra dirección. No debían poner pie en las tierras «inmortales» y de ese modo enamorarse de una inmortalidad (en el mundo) que estaba en contra de la ley que los regía, el hado o el don especial de Ilúvatar (Dios), y que su naturaleza, de hecho, no podía soportar.

 

     Hay tres fases en su caída del estado de gracia. Primero, consentimiento, obediencia que es libre y voluntaria, aunque sin cabal comprensión. Luego, durante largo tiempo, obedecen de forma involuntaria, murmurando cada vez más abiertamente. Por último, se revelan, y se produce una pequeña fisura entre los rebeldes hombres del Rey y la pequeña minoría de los Fieles perseguidos.

 

     En la primera etapa, siendo hombres de paz, su coraje se consagra a los viajes por mar. Como descendientes de Earendil, se convierten en supremos marineros, y por estar proscritos del Oeste, navegan hasta el máximo posible hacia el norte, el sur y el este. Sobre todo llegan a las costas occidentales de la Tierra Media, donde ayudan a los Elfos y a los Hombres en contra de Sauron e incurren en su odio imperecedero. En aquellos días llegaban al encuentro de los Hombres Salvajes casi como benefactores divinos, cargados de obras de arte y conocimientos, que se marchaban luego otra vez y dejaban tras de sí muchas leyendas de reyes y dioses salidos del crepúsculo”,  parte de la carta 131 de  JRR Tolkien dirigida a Milton Waldman.

 

 

      En este fragmento se aprecia con facilidad lo que se dice en el Génesis, aunque con otras palabras: “Esta recompensa es su ruina o, al menos, el medio por el que son tentados. Su larga vida contribuye a los logros que obtienen en arte y sabiduría, pero alimenta la actitud posesiva que adquieren en relación con esas cosas, y se les despierta el deseo de disponer de más tiempo para disfrutar de ellas”: “Y la serpiente dijo a la mujer: Ciertamente no moriréis. Pues Dios sabe que el día que de él comáis, serán abiertos vuestros ojos y seréis como Dios, conociendo el bien y el mal. Cuando la mujer vio que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y que el árbol era deseable para alcanzar sabiduría, tomó de su fruto y comió; y dio también a su marido que estaba con ella, y él comió.…”

 

     El anillo es un símbolo que en la Iliada está representado por Helena de Troya, hija de Zeus. Se trata de una parte esencial del drama filosófico. No es un anillo ni una mujer concretamente, sino un componente sustancial, un aumento de la potencia con aproximación al líquido, un aumento de la gravedad hasta alcanzar el punto de no retorno, en algunos casos.  En El señor de los anillos, el anillo lo encuentran en el agua, lo encuentra la parte negativa, Smigol, que es un elemento que permanece en el líquido o en los alrededores del líquido, todo lo cual es señal de peligro. El anillo en sí representa una fuerza que contiene el bien y el mal, dependiendo del uso que se le dé. Los orcos lo quieren para utilizarlo como un instrumento del mal; Frodo, en cambio, representa el bien, la fuerza mínima en reposo. Frodo y el anillo son una misma cosa, con la diferencia que el anillo en su poder no representa peligro pues Frodo controla su fuerza, la apacigua. Smigol, por su parte, quiere el anillo para echarlo en el agua, cargarlo con él.

     “Aquel día, Su Majestad estaba en Menfis, sentado en su trono de oro, la diadema de las dos plumas en la frente, cuando fueron a decirle que el jefe de las obras de la necrópolis estaba a la puerta de la sala de audiencia, así como el jefe de los dibujantes, el de los canteros que sacaban las piedras blancas de las canteras de la ciudad de Troya, los albañiles reales y los escultores que tallaban las imágenes divinas”, “Historias del antiguo Egipto”.

 

     Todo hobbit representa la potencia mínima, la mínima carga. En otros dramas filosóficos los hobbit aparecen como enanos, bufones, niños, liliputienses, gnomos, etc.; en un drama filosófico africano, a esta figura se la conoce  como kiquiricu, y en trabajo moderno muy famoso, aparece con el nombre de Principito, de principio, primero, pequeño, que, en relación con el tamaño, es lo opuesto a la andansonia, árbol que representa el peligro en El Principito, algo así como Mordor en El señor de los anillos.  “Los Hobbits son gente diminuta, más pequeña que los Enanos; menos corpulenta y fornida, pero no mucho más baja. La estatura es variable, entre los dos y los cuatro pies de nuestra medida. Hoy pocas veces alcanzan los tres pies.

 

     Galdalf  representa al dios Odín, al mago de Oz y a  otros personajes que practican la magia, como resucitar muertos, caminar sobre las aguas. Lo de caminar sobre las aguas como una manifestación de la magia significa controlar la fuerza o potencia máxima, es Frodo en la cima del volcán donde debe arrojar el anillo a fin de que se queme, y renazca o emerja otro sin el mal, lo cual guarda el mismo significado del ave fénix.

 

    “Desde los tiempos más remotos se trasmite de generación en generación, en el pueblo que habita a las orillas del mar del Norte, la misteriosa leyenda de un héroe que arribó a las playas siendo todavía un niño, traído por las aguas sobre un escudo que había sido rellenado con paja, a modo de cuna. Allí creció el muchacho, que con el tiempo llegó a ser un valiente guerrero, tan poderoso que fundó un reino que no tardó en superar en prosperidad y grandeza a todos los países del Norte”, Beowulf.

 

    Los elfos son los célucidas, los ángeles, con la imagen de Aquiles a bordo, que puede ser Eragón o Legolas…

 

LO QUE NO SE SABÍA DE “EL SEÑOR DE LOS ANILLOS”

 

     En El señor de los anillos se maneja la misma estructura de toda leyenda, el mismo patrón: “Antes de cruzar las Montañas, los Hobbits ya se habían dividido en tres ramas un tanto diferentes - los Pelosos, los Fuertes y los Albos. Los Pelosos eran de piel más oscura, cuerpo menudo, cara lampiña, y no llevaban botas; de manos y pies bien proporcionados y ágiles preferían las tierras altas y las laderas de las colinas. Los Fuertes eran más anchos, de constitución más sólida; tenían pies y manos más grandes; preferían las llanuras y las orillas de los ríos. Los Albos, de piel y cabellos más claros, eran más altos y delgados que los otros: amaban los árboles y los bosques.”

 

     “La Galia1 está dividida en tres partes: una que habitan los belgas, otra los aquitanos, la tercera los que en su lengua se llaman celtas y en la nuestra galos. Todos estos se diferencian entre sí en lenguaje, costumbres y leyes. A los galos separa de los aquitanos el río Carona, de los belgas el Marne y Sena. Los más valientes de todos son los belgas, porque viven muy remotos del fausto y delicadeza de nuestra provincia; y rarísima vez llegan allá los mercaderes con cosas a propósito para enflaquecer los bríos; y por estar vecinos a los germanos, que moran a la otra parte del Rin, con quienes traen continua guerra. Ésta es también la causa porque los helvecios se aventajan en valor a los otros galos, pues casi todos los días vienen a las manos con los germanos, ya cubriendo sus propias fronteras, ya invadiendo las ajenas. La parte que hemos dicho ocupan los galos comienza del río Ródano, confina con el Carona, el Océano y el país de los belgas; por el de los secuanos y helvecios toca en el Rin, inclinándose al Norte. Los belgas toman su principio de los últimos límites de la Galia, dilatándose hasta el Bajo Rin, mirando al Septentrión y al Oriente. La Aquitania entre Poniente y Norte por el río Carona se extiende hasta los montes Pirineos, y aquella parte del Océano que baña a España”, La guerra de las Galias, Libro primero.

 

     “Aquel día, Su Majestad estaba en Menfis, sentado en su trono de oro, la diadema de las dos plumas en la frente, cuando fueron a decirle que el jefe de las obras de la necrópolis estaba a la puerta de la sala de audiencia, así como el jefe de los dibujantes, el de los canteros que sacaban la piedra de las canteras de Troya, los albañiles reales y los escultores que tallaban las imágenes divinas”, Historia del antiguo Egipto.

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