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Ricardo Fernández Esteban
Sábado, 8 de octubre de 2016

EL RITMO DEL VERSO POR LA ALTERNANCIA DE SÍLABAS TÓNICAS Y ÁTONAS

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Noticia clasificada en: Artes Poesía

Un poema gana o pierde mucho en función del rapsoda que lo interpreta. Si se lee sin pronunciar también es fundamental hacerlo con tonicidad mental para poder disfrutar de esa musicalidad inherente al poema métrico.

En el primer artículo de esta serie di mi opinión sobre lo que creo que se puede cobijar bajo el genérico nombre de poema, destacando lo que lo distingue de la prosa, y en el segundo  indiqué la importancia de conocer las normas, aunque sea para saltárselas, comparando la poesía con otras artes como la pintura, la música o la danza. Voy ahora a “entrar en faena”, o sea en los fundamentos de esas normas de métrica poética, como explicación de la armonía fónica de los versos. Para ello, comenzaré por tratar del ritmo, de la alternancia de silabas tónicas o átonas, y en otros artículos continuaré con las longitudes de los versos (el cómputo silábico), y la similitud en los finales del verso (la rima).

 

Ante todo, ya que hablo de tonicidad y de ritmo, quiero destacar la importancia de leer un poema en voz alta, de recitarlo, para poder captar su fuerza y musicalidad. Un poema gana o pierde mucho en función del rapsoda que lo interpreta. Si se lee sin pronunciar también es fundamental hacerlo con tonicidad mental para poder disfrutar de esa musicalidad inherente al poema métrico.

 

En español el ritmo de un verso está determinado por la ordenación de sílabas tónicas y átonas en las palabras que lo componen.

 

Por ello, hay que empezar por determinar qué sílabas son tónicas y cuáles son átonas, lo que no siempre significa que vayan acentuadas con tilde o no, ya que ese es un criterio ortográfico y hablo de  fonética.  Además, y aquí discrepo algo de los manuales de métrica, no todo es blanco o negro, sino que hay una gradación en la tonicidad con sílabas tónicas más fuertes que otras.

 

En los manuales de métrica se pueden encontrar los tipos de palabras tónicas o átonas en español. Resumiendo, en español llevan una sílaba tónica: los sustantivos, los adjetivos, los pronombres personales y los posesivos, los demostrativos e indefinidos sean pronombres o adjetivos (me gusta esta casa, me gusta aquella, algún hombre, viene alguno), los numerales, los verbos sean principales o auxiliares, los adverbios (hay excepciones), las formas interrogativas y exclamativas (qué, dónde, cuándo, etc.) y los artículos indeterminados. También llevan tonicidad algunas conjunciones (no obstante, por consiguiente, a pesar de que, etc.) aunque la mayor parte son átonas. Por otra parte, sólo los adverbios acabados en “mente” tienen dos sílabas tónicas, y en las palabras compuestas hay una o dos sílabas tónicas según  se pronuncien como una sola palabra o no.

 

En cuanto a palabras átonas: los artículos determinados, las preposiciones (excepto según), los términos de tratamiento (Don), el primer elemento de los nombres compuestos (José María, tres mil), los pronombres átonos sean complementos o reflexivos (se lo expliqué, os esperamos hoy), los adjetivos posesivos, y una serie de formas (que, cual, quien, donde, cuando, como, cuanto) cuando no son interrogativas o exclamativas.

 

Hasta aquí la teoría, pero en la práctica hay tonicidades más fuertes, como los verbos principales, los sustantivos o los pronombres y algo más débiles como los verbos auxiliares o los adjetivos. Además, quien recita tiene una cierta facultad de reforzar o disminuir la fuerza tónica de las palabras. ¿Un lío?, no, hace falta tener sentido común, escuchar, y aceptar que hay zonas grises que podemos virar hacia el blanco o el negro, aunque al hacerlo quizás disminuya algo la fuerza rítmica del verso.

 

Para complicar las cosas, más adelante ya intentaremos simplificarlas, en español no pueden existir más de dos sílabas seguidas sin algún tipo de apoyo fónico. ¿Qué pasa entonces con las palabras largas o con las frases en que hay palabras átonas? Pues que al recitar incorporamos lo que se llama acentos secundarios, dando una cierta fuerza tónica a una sílaba intermedia para cubrir ese vacío, y eso funciona más o menos bien, según el contexto o la destreza del recitador. Por ejemplo, el verso de Quevedo “la noche tras las pardas sombras mudas” tiene tres sílabas seguidas sin tonicidad fuerte (-che tras las) y al recitarlo damos una cierta tonicidad extra a “tras” aunque sea una palabra átona.

 

Y para seguir complicando la sucesión de tonalidades, tampoco pueden existir en un verso en español dos sílabas tónicas fuertes seguidas. ¿Qué hacemos entonces? Pues al recitar rebajamos la tonicidad de una de ellas pasándola a secundaria o hacemos una pausa en el verso que detiene levemente la dicción y casi lo convierte en un verso compuesto. Los endecasílabos con acento en 6ª y 7ª son un buen ejemplo. Este verso de Góngora “como duerme la luz, niegan las flores” puede leerse como un endecasílabo con una leve parada tras “luz” o como un dodecasílabo compuesto 7+5 “como duerme la luz / niegan las flores”.

 

No adelantemos más, ya profundizaré respecto a tonicidades y división silábica y versal en siguientes artículos. De momento,  he planteado los fundamentos del ritmo basados en la concatenación de sílabas tónicas y átonas, y vuelvo a recordar que la métrica no es matemática y dos más dos no siempre suman cuatro, ahora bien tampoco suman ocho. El escuchar la musicalidad del verso y el sentido común resolverán la mayoría de dudas.

 

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2 Comentarios
Fecha: Sábado, 22 de octubre de 2016 a las 13:35
Ricardo Fernández Esteban
Valdemar, tienes mucha razón. La métrica subyace en muchos de los buenos versos libres y es la explicación de por qué algo nos suena con armonía.
Además, hay mucho falso verso libre porque analizándolo se encuentran estructuras métricas en sus versos.

Lo que pasa es que en aras de una mal entendida libertad de expresión no está de moda hablar de métrica. En estos artículos vamos intentar repasar todas esas normas o recomendaciones métricas para demostrar que no son una imposición sino una necesidad de la musicalidad de la poesía.
Pero no quiero ser dogmático, sino convencer a través de ejemplos y dejando claro que muchas veces no todo es blanco o negro sino que hay zonas grises que dependen del recitado o el gusto del lector.
Fecha: Jueves, 20 de octubre de 2016 a las 21:54
Valdemar Ramírez
La métrica es una característica poética que desgraciadamente ha perdido relevancia a partir del verso libre mal entendido. Pero, desde los trovadores del siglo XII, no se ha hecho nada más importante en la poesía occidental.

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