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Manuela Vicente Fernández
Domingo, 11 de diciembre de 2016
I PREMIO "LAS NUEVE MUSAS " DE RELATO BREVE - OBRA FINALISTA

Destellos

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Noticia clasificada en: Artes Artes literarias Narrativa Relatos

Estáis ahí. Sois los buscadores de fama y gloria. Me llamáis, me perseguís, y después, apenas atisbáis un poco de luz,  os olvidáis de vuestros comienzos. ¿A cuántos habré visto invocarme para después volverme la espalda al cabo del tiempo? incontables traidores de pluma negra y guante blanco cuyas absurdas promesas nunca lograron conmoverme, aunque sí su profunda desesperación. Solo otro más, me digo, cuando os veo arrastrándoos por el fango de la maldición a la que vuestros instintos os avocan, vagando por las calles más solitarias de la ciudad, rebuscando en el vertedero de sueños en busca de alguna historia. No puedo menos que compadecerme de vosotros. Os amo al veros como lo que sois, seres doloridos, fragmentos de un instante que voláis en pos de un imposible, ese rayo de luna del que habló uno de mis preferidos, el mismo que tuvo la inmensa suerte de morir antes de corromperse. Sé que vuestro subconsciente colectivo os arrastra, como un tsunami de recuerdos perdidos de las vidas que no vivisteis, las que soñasteis, las que quisisteis vivir sin saber cómo, las que os esperan, flotando en las nubes de vuestras memorias, a la espera de la pluma maestra que las describa.

 

Sé que al principio la mayoría de vosotros podéis divisarme. Alcanzáis a contemplar mi rostro desde la ventanilla de un tren, entre tiempo y tiempo. Entráis, a través de la puerta entreabierta de mis desvelos, y conseguís vislumbrar parte del paisaje en el que habito.  Se os instala en el pecho entonces una bolsa de aire, que no conseguís exhalar sino es a través de letras sangrantes, de batallas en las que lucháis a muerte con vosotros mismos. Entráis en noches que se alargan infinitesimalmente, diluidas en la incertidumbre de lo que estáis haciendo. No sabéis qué perseguís ni qué ocultas ansias os mueven a vestir vuestro insomnio de extraños personajes que creéis imaginar en vuestras mentes.

 

¿Cómo no voy a conmoverme entonces con vuestras pesadumbres? Los vendedores de humo saben atraparos. Mediante anuncios en los que os prometen gloria y reconocimiento os instan a enviarles vuestras obras, y vosotros, pobres peces hambrientos en el río de lo absurdo, picáis de lleno en el señuelo esforzándoos en correr frenéticas carreras de méritos en las que dejáis de verme. Entonces viene el rechinar de dientes y el pánico ante el folio en blanco. Os acordáis del instante en el que lograsteis divisarme, cuando os rocé,  justo en medio de la desolación, y sentisteis por un momento que nada de lo que  sucedía era cierto; cuando tocasteis los pechos virginales de aquellas que os llevaron a la locura del desamor y el olvido forzoso; cuando todavía creíais en todo y escribíais sobre las hojas del viento para deshaceros de vuestros sentimientos excesivos. Recordáis que estuvisteis cerca de alcanzarme, e intercedéis para que os ayude.

 

¡Pobres buscadores de oro! En el crisol de vuestras mentes trabajáis por encontrar la fórmula perfecta. Os apuntáis  a talleres de escritura y leéis manuales de redacción, asistís a eventos y recitáis en altares de cartón piedra poemas en mi nombre.  Caéis en el error del que hablaba aquel cuento ruso, en el que un campesino, tentado por el diablo, acababa  entregando su alma, completamente extenuado al cabo del día, por su afán de hacer suyas todas las tierras que lograse pisar en una sola jornada. No sabéis que vosotros mismos sois la tierra y el abono que buscáis en el exterior.

 

Desconocéis que al rozarme estáis rozando vuestra propia materia. Porque todas las cosas que existen nacieron antes en la imaginación y vosotros mismos habéis sido imaginados. Bebéis de un río del cual formáis parte y son vuestros cuerpos de agua los que agitáis en busca de tempestades. Al principio, cuando sentís el impulso de las olas en vuestras sienes, estáis muy cerca de intuirlo, pero con frecuencia os desviáis por el camino triste del ego, entrando en la espiral de la fama que os anestesia y hace que dejéis la mochila al borde del sendero para internaros en un bosque de vanas alucinaciones en las que creéis subsistir separados del océano al que pertenecéis. Entonces, vendéis  muy caras vuestras firmas olvidándoos de la bolsa de aire que va creciendo dentro de vuestro pecho hasta enquistarse  y dejaros sin oxígeno, secos como el desierto, incapaces de escribir una línea más. Algunos afortunados, a medida que la bolsa de aire va aumentando de tamaño, comenzáis a volveros más y más ligeros hasta que salís volando y dejamos de veros.

 

A mí me atraen los más tenaces. Los que tiráis del hilo poco a poco y, en algún recodo del camino, os encontráis con vosotros mismos, aprendiendo a reconocerme en vuestros ojos hasta hacerme fluir en vuestras manos. Sois muy pocos, apenas un mínimo porcentaje, los que llegáis a sentir esto. Porque son muchos los caminos que conducen al mismo sitio pero algunos son más engañosos que otros.

 

He conocido pintores que retrataron fielmente el brillo de una mirada, la fiebre que a través de sus manos les llevó al encuentro con el delirio. Porque siempre hay un delirio que subyace en el arte, una esencia común que embriaga cuando se respira. 

 

Algunos habéis dicho de nosotras que somos nueve, como los meses de gestación, aunque la leyenda afirme que hemos nacido de nueve noches seguidas de amor y deseo. Lo mismo podríais decir que somos legión o que somos unidad, o que no somos, porque habitamos en cada ser y lo deshabitamos, a medida que este ser va creciendo hasta el punto en que comienza a decrecer, en un ciclo perenne.

 

He conocido plumas que jamás han escrito. Seres que se sentaron a la orilla del río para confundirse con él. Siempre son los seres más puros los que más se acercan al silencio, los que comprenden que su música va más allá de cualquier instrumento. En vano lo han intentado músicos de renombre como Mozart, Beethoven, Bach, aunque lograsen acercarse considerablemente. Siempre tropiezan con una partitura incapaz de escribirse y de  tocarse. Con una música inaudible que solo ellos oyen en algún lugar intraducible del alma, como una incontestable e irrebatible realidad. Por eso los verdaderos músicos saben que la composición suprema no puede llevarse a cabo, aunque algunos compositores clásicos casi lo consigan, obsesionados por traducir sus lamentos a ondas musicales, entendiendo que la música es un estado del alma y que, al igual que la escritura, de ser capaces de traducirlo podrían ser capaces también de modificarlo, y eso es algo que los científicos estudian cada día, sin lograr comprender que lo más simple es también lo más genuino. De hecho, si un escritor lograse escribir su vida tal y como la siente, esta sería la mejor obra jamás escrita. Si se lograse transcribir el impulso, el latido del corazón que despierta a la vida en todo su sistema corporal, esta sería, sin lugar a dudas, la obra perfecta, la suma de todas las obras.

 

Y ahora, que yo misma he intentado alzar la cortina que desciende invisible sobre cualquier realidad, advierto que, mientras vuestro desespero y angustia sigan rozándome, seguiré intentando despertaros, atraeros, cada vez más profundamente hacia el abismo que os habita, para que perdáis el miedo a encontraros con vuestro reflejo, ese que intentáis reproducir una y otra vez.

 

Y entretanto, lectores que buscáis la historia perfecta, esa que toque vuestro corazón y os demuestre que hay algo vuestro en cada línea, os animo a que emprendáis ese camino en lo profundo del bosque, porque también los ríos y las copas de los árboles componen melodías con el viento y juegan a leer en las hojas que arrastra la corriente, en las nubes que se reflejan en el agua o en el vuelo de los pájaros en el cielo.

 

Porque no hay más historia que la vida propia. Esa sucesión de momentos que se encadenan, y hacen que los percibamos como unidades aisladas, cuando forman parte de un único círculo que se entrelaza con otros tantos, hasta desembocar en una auténtica galaxia de planetas que componen un universo que gravita dentro de otro. Al modo de las muñecas rusas, esas matrioskas que guardan en su interior una muñeca cada vez más pequeña, es lo que pasa con las historias, que cuando uno se enfrenta a ellas no sabe si es él quien las está contando o son ellas las que lo cuentan a él, porque todo transcurre alrededor de un círculo, como si de un ovillo inmenso se tratase, un ovillo alrededor del cual todos transitamos y que, de vez en cuando, nos empeñamos en recoger en otros ovillos, que vamos devanando hasta formar una galaxia de ovillos, que proceden de un único hilo, como ríos que discurren por varios cauces y tienen el sueño de ser distintos, cuando son únicamente manifestaciones surgiendo de un tronco común.

 

Sí, las musas existimos, pero no somos como esas sirenas que trastornan a los navegantes y salvan a los náufragos cuando surge la tempestad. Porque la persona que escribe no lo hace para salvar a nadie ni para reconfortarlo, por mucho que así lo manifieste, sino para salvarse a sí misma, permitiéndose manifestar esa parte invisible que trae consigo dentro de ella; la parte original con la que nació  antes de ser palabra, esa parte en la que el lector se reconoce a si mismo e intuye como propia y que le lleva a buscarla cada vez que abre un libro, acude a un concierto, mira una escultura o contempla un cuadro que no sabe por qué le hechiza, por qué despierta en su interior sensaciones que no sabe de dónde vienen.

 

No podemos huir de nosotros mismos y, aunque lo intentemos con ahínco, acabaremos por reconocernos. Cuando escribimos, leemos, o soñamos, reproducimos aquellas regiones de nuestra alma a las que no sabemos acceder de otra forma, envueltos en las rutinas que nos absorben y nos precipitan al abismo de la soledad. Somos como veleros que han perdido el rumbo y con un golpe de viento advierten hacia dónde van.

 

Hay musas del dolor, que expresan su pena en versos que parecen derribar puertas, con frases que se clavan en nuestro pecho como estacas de plata que nos dejan sin una gota de sangre.

 

Hay musas de la ira, que escriben con trozos de cristal, rasgando, arañando la superficie de la piel hasta llegar a la fibra sensible donde se instalan.

 

Hay musas del amor, que juegan a estampar corazones sobre los árboles del bosque, sobre las lisas paredes de los muros más altos, o en las cometas que se alzan al viento volando en el cielo de verano.

Hay musas imposibles, que se contradicen y desdicen continuamente, que se estrellan contra el sentimiento de un corazón que navega a la deriva, contra el apenas perceptible aleteo de una mariposa que pasa a nuestro lado.

 

Y hay también musas que no saben que lo son. Musas que se pierden en las huellas de un mundo que no acaban de entender y se limitan a habitar. Son las que viven en el agua, como las ondinas, las que habitan el momento como vestales guardianas del ahora, las que mantienen el fuego en una eterna chispa que hacen brotar de cualquier ilusión.

 

Si buscáis musas sin saber que forman parte de vosotros mismos, que se nutren de vuestra sed y se alimentan de vuestros sueños, perseguís destellos que proceden de vuestros cuerpos, haces de luz que se encienden a vuestro paso, porque las chispas que veis arder solo forman parte de una hoguera mucho más grande de la que todos formáis parte.

 

 Sabed que la verdadera historia está siempre por escribir y, de igual  modo que vosotros tratáis de encontrarme cada vez que presentís mi roce, yo, en ese mismo intento que anima vuestra voluntad, también estoy buscando reconocerme, pues no es sino a través de vuestros ojos y de vuestras manos que persigo la ilusión de expresarme.

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18 Comentarios
Fecha: Jueves, 27 de octubre de 2016 a las 10:35
Mileina
En mi humilde opinión este relato entra dentro de la categoría de monólogo o soliloquio, que puede darse en todos los géneros literarios, incluido el relato mismo.

"En palabras de la Dtra en literatura, Helena Beristaín, el monólogo se incrusta en el discurso en forma de afirmaciones, preguntas o respuestas que aparecen como autodirigidas y sirven para dar animación al razonamiento. Este discurso es mantenido con uno o varios interlocutores ficticios, generalmente contrarios, y cuyo criterio se puede intentar refutar o analizar"

Uno de los tipos de monólogos es el interior, que sería el aplicable a este caso, en el que se desarrolla el manejo del pensamiento y se refleja como piensa el personaje e hilvana el discurso interno. Vendría a ser una especie de viaje al subsconciente del personaje (en este caso la musa) en el que se revela ría a través del pensamiento su propia opinión.

A mi juicio en este texto el personaje (musa) toma la palabra y, en forma de soliloquio reflexiona en voz alta expresando sus sentimientos e ideas (que no tienen necesariamente que coincidir con las del autor/a) al público en general.
Fecha: Lunes, 24 de octubre de 2016 a las 16:33
Amílcar
Como dijo Arrabal: El milenarismo va a llegar.
¿Por qué no les parece un relato este Destellos? ¿Y por qué son tan duros con él?
¡Qué fácil es ser críticos! Pero estos críticos duros como pedernal por ventura no serán autores de otros relatos, en fiera pugna comercial?
Fecha: Sábado, 22 de octubre de 2016 a las 20:03
Rafa25
Lo siento, pero a mí tampoco me parece un relato. O, al menos, no lo que yo entiendo por un relato. Y por supuesto que un monólogo interior se puede considerar relato. Pero entiendo que no es el caso. Aun así, el texto está bien escrito y bien puntuado. Teniendo en cuenta otros textos leídos, es de agradecer.
Fecha: Viernes, 21 de octubre de 2016 a las 07:08
Aída
Es verdad que un monólogo o una diatriba pueden constituir la forma narrativa de un relato literario. Y es verdad también que la estructura inicio - nudo - desenlace o el predominio de la acción hace mucho que dejaron de definir este género.

Sin embargo, "Destellos" no es un relato literario. Y no lo es porque a la pobre musa no se le dio la oportunidad de tener una voz propia, sino que se la amordazó y el autor habló a través de ella como un ventrílocuo, para imponer su propia voz y su ideología acerca de lo que debería perseguir un escritor.

Y le impuso además una voz inverosímil porque no se esforzó en darle alguna particularidad, que transmitiera su temperamento, sus caprichos... que la hiciera única en el universo de las musas imaginadas.

El texto parece un ensayo, que no carecería de ingenio, en el que se afirman verdades (con esto no quiero decir que lo que se afirma no sea discutible); pero no es un relato literario.
Fecha: Jueves, 20 de octubre de 2016 a las 20:43
Bertín
Una musa jamás se expresa con tanta labia (y esa dosis de encono). El autor se disfrazó de musa y no consiguió convencer al lector-autor. Las musas suelen ser SILENCIOSAS...las verdaderas musas.
Fecha: Lunes, 17 de octubre de 2016 a las 21:00
Mileina
Aporto aquí un enlace a un documento informativo sobre las distintas variantes del relato.

http://www.ieslaasuncion.org/departamento/documentos/apuntes/109.pdf
Fecha: Lunes, 17 de octubre de 2016 a las 20:58
Mileina
Respecto a los que comentan que este relato no es verdaderamente un relato, quería aclarar que, dentro de las clases de relato, el monólogo es una de las que se contempla, al igual que lo es la forma epistolar, la leyenda o incluso en forma de artículo periodístico; pudiendo darse también la mezcla de varios estilos.
Fecha: Lunes, 17 de octubre de 2016 a las 01:10
Bea Muñoz Muelas
Difiero enormemente con los comentarios de este relato, del todo erroneo llamarlo así. Considero que un relato debe estar bien estructurado para ser llamado tal: introducción, desarrollo, nudo y desenlace. Debe contar algo: un hecho, una historia...algo. Este texto no tiene nada de eso, como monólogo esta bien, pero un relato no es. Además, veo frases enormes que dificultan seguir el hilo.
Fecha: Domingo, 16 de octubre de 2016 a las 15:58
eli
Pues siento discrepar de los fans de este escrito.

En primer lugar no es un relato, es un monologo. Por lo que no entiendo como está seleccionado.

En segundo lugar el escrito es snob, irreal, pedante y no me cuenta nada. Sólo es una elucubración un tanto anacrónica

En tercer lugar detrás de la aparente y, sólo aparente, construcción, hay hasta errores en el tiempo verbales

"...Algunos compositores clásicos lo consigan"?

Será lo consiguieron ¿no?

Fallos imperdonables en la documentación

"...estacas de plata que te dejan sin sangre.."

¿hablamos de hombres lobos o de vampiros?

y por último

¿es lo mismo y tiene las mismas características una musa, una ondina y una vez tal, que es humana y no divina?

Sinceramente creo que el autor a través del acopio de palabras bonitas ha conseguido elaborar un texto que, aunque ha cautivado a algunos, no pasa un primer análisis serio. A veces menos es más

Eso sin contar que no es un relato, en realidad no cuenta Nada. Es un monologo.

Fecha: Sábado, 15 de octubre de 2016 a las 18:40
Selegna
Texto muy sugerente, poético. Aunque no sé si es realmente un relato. Lo de “noches que se alargan infinitesimalmente” me parece pedante y creo que fallido (¿seguro que es eso lo que quería decir el/la autor/a?). Pero globalmente me gusta.
Fecha: Miércoles, 12 de octubre de 2016 a las 16:46
Jorge
¡Sensacional! Ya era hora de que alguien le diera la voz a la musa. Lo ha aprovechado bien y ¡se ha quedado agusto!
Fecha: Domingo, 9 de octubre de 2016 a las 23:51
Jezasenj
Yo, que también hago mis pinos con la escritura, y que ahora llevo demasiado tiempo enfadada con mi página en blanco, lo he tenido que leer varias veces. Y cada una de ellas me ha añadido más información y más reflexión sobre el centro personal de una. Magnífico rapapolvo cariñoso de las musas, a las que, reconozco a veces también he culpado injustamente. Original y magistralmente escrito.
Fecha: Jueves, 6 de octubre de 2016 a las 18:05
M. Belén Mateos
Un Destello que se escribe desde la propia voz de la musa.
Con fuerza y profundidad, nos va desgranando su sentimiento hacia los que siempre desean atraparla y hacerla suya en cada idea, en cada línea… A los que maldicen por no alcanzarla y se arrastran en una promesa que nunca cumplen. A los nóveles, que solo exhalan un ínfimo aire de su luz, deshinchándose cada noche hasta perder la batalla.
Ironía de conmoverse ante quienes se creen en la cima de la gloria, en la perfección de un verso o una prosa, y tan solo son efímeros escritores, simples marionetas en su mano.
Musas de dolor, de ira, de amor; musas que no desean serlo o no saben que lo son.
Todo comienza de una misma manera, con el roce de las palabras que te arañan el corazón, con la respiración de un brote de letra y habitando en abisal espacio de tu interior.
Un fantástico texto que te muestra el otro lado de la fuente de inspiración, que busca llegar a la raíz de la razón sin abandonar nunca los sueños y que consigue trasportarte a ese mundo, donde la literatura es un viaje que te lleva a todas partes.
Fecha: Miércoles, 5 de octubre de 2016 a las 22:25
Patxi Hinojosa Luján
Magnífico texto sobre un tema apasionante, tratado de una manera muy original y valiente, y que invita a la introspección personal. Supongo que de alguna manera todo en esta vida está encadenado y es cíclico, y por eso me imagino al autor o autora de este bello relato convertido a su vez en musa de otros muchos amantes de la escritura, porque el texto da para eso y para mucho más. Permite y requiere plácidas segundas lecturas. Mi más sincera enhorabuena.
Fecha: Miércoles, 5 de octubre de 2016 a las 13:32
Ana Madrigal Muñoz
El autor de este relato está rodeado de musas y tiene el donde saber escuchar sus voces. Leyendo este bellísimo escrito se nota que está escrito desde el corazón.
Fecha: Martes, 4 de octubre de 2016 a las 00:34
Veronika
Es impactante y lleno de verdades profundas que todos llevamos dentro, pero que a veces no queremos ver. Felicidades, no es fácil mantener el tono y el hilo de pensamiento a lo largo de un escrito con forma de monólogo, pero lo has logrado y el resultado ha sido asombroso. Besos.
Fecha: Domingo, 2 de octubre de 2016 a las 20:34
Amaya Puente de Muñozgure
Gracias por este relato, me encanta, realmente vivimos rodeados por las musas y no somos capaces de capturar su esencia y los regalos que nos mandan cada día, gracias a ti porque lo has conseguido. Un saludo.
Fecha: Domingo, 2 de octubre de 2016 a las 02:36
David
Fantástico relato. La musa que alumbra a quien escribe ha decidido tomar la palabra para dar una lección de cómo debe ser la manera de encarar la pasión de la escritura.
Un texto rotundo y redondo. Felicidades!!

Las nueve musas
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