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Ignacio Fernández Candela
Domingo, 25 de septiembre de 2016
La Retro-España sociopolítica del siglo XXI

Orígenes y causas de la radicalización (V)

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Noticia clasificada en: Ensayo Narrativa

De igual modo que un virus muta para encontrar el modo de propagarse y no ser neutralizado al ser reconocido por las defensas del cuerpo, fórmulas políticas demostradamente falibles y perjudiciales han evolucionado adaptándose a las corrientes generalistas al  amparo del arraigo democrático.

5- La nueva clase política del descontento popular

  

  Lo que antes se conseguía por la acción ofensiva de las armas, hoy se alcanza por la justificación de las urnas, aunque los efectos sean igual de contraproducentes.

 

  En esencia sólo han variado las formas pues el trasfondo sigue inamovible en la teorización marxista leninista, aunque  con distintos matices  en función de las zonas del mundo donde se impone el régimen socialista o comunista.

 
 

 Otrora la revolución se originaba en líderes que aportaban nuevas ideas para crear una desestabilización social contra el orden establecido. El pueblo era usado con el fin de instaurar un régimen por acoso y derribo de manera contraria a la democracia, que estaba tan demonizada entonces como el capitalismo en el presente. Actualmente se consiente lo democrático como se rechaza la economía de mercado. Una intención contradictoria puesto que se prescinde de la esencia de la democracia en países de economía de mercado pero sin renunciar a la seña de identidad de toda libertad respecto al gobierno del pueblo soberano. En apariencia. Hoy en día el pueblo es usado democráticamente para justificar la dictadura.


 

   En realidad una manera oportunista de aprovechar la decisión del pueblo para obligarlo a cambiar sus hábitos liberales de respeto a la propiedad privada y mínima intervención del Estado. Varía el mensaje evolucionado en las formas aunque la fenomenología extremista no se diferencie a la de la revolución rusa de 1917 o el frente populismo español incubado a la sombra de la II República.

 
 

  En esa reiterativa idea del descalabro contra todo lo que no es del pensamiento revolucionario siguen postulándose, acaso como si de una herencia genética se tratara, los diversos radicalismos que pretenden imponerse con la rúbrica del sufragio universal, así justificar lo drástico de los cambios obrando los mismos planes de antaño pero con la eficaz sordina electoralista.

  
 

  En Venezuela fue posible una transformación de índole castrista mediante el beneplácito del pueblo que votó mayoritariamente el yugo que los ha llevado a la miseria más absoluta. La llamada Constituyente que podía hacer realidad la revolución chavista, fue presentada mediante cauces electoralistas para luego obrar una transformación radical, proporcional a la justificación que conllevó el apoyo mayoritario a la ejecución de un plan cuyos puntos más controvertidos fueron impuestos mediante una Asamblea Nacional revolucionaria, donde la oposición era una mera representación testimonial de la víctimas del rodillo bolivariano.


 

  Una vez conseguido el poder por las urnas, el después es un calco a lo sucedido en toda la historia de estas influencias que conquistaron, ausentes las sutilidades, los propósitos más viscerales.

 

Las tablas políticas en España no son casualidad. El cansancio extremo por el bipartidismo da alas al oportunismo  como en otros lugares del mundo. La situación de radicalidad sigue ejemplos de revolución, mal llamada democrática, para continuar los mismos pasos que otros países ya han dado, aun estando de vuelta por tanta aventura socialista que ha arrastrado a la ruina a todo un pueblo, votara o no la ejecución de sus infortunios. Probablemente el pronto destino español sin guía ni norte que no sea la indignación sin ideas. Un seguro agujero negro en el que nos estamos adentrando para repetir, a este paso incierto, nuestra Historia.


 

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