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José Pérez Montiel
Jueves, 28 de julio de 2016
El incremento del turismo ha supuesto un aumento de los precios de los alimentos

ECONOMISTAS EN CUBA

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Este año fui invitado por primera vez a hacer una estancia en la Universidad de La Habana, junto a Gonçal López y Carles Manera, ambos amigos y profesores de historia económica en la Universidad de las Islas Baleares. Esta es una versión reducida de mis memorias del viaje:

Llego a La Habana por la tarde, Gonçal me está esperando. Nos hospedamos en la casa de unos amigos suyos, un lugar precioso, frente al mar, con todas las comodidades y un jardín verde maravilloso. Estamos muy alejados de la realidad cubana. Deshago el equipaje y de inmediato nos vamos a pasear, hay mucho que ver. Primera parada: el malecón. Pasear por el malecón es una experiencia única, imposible de describir con palabras. Gonçal, un pseudo aristócrata con phd por la universidad de Leeds, lo recorre con la camisa por fuera, con un habano en una mano y una botella de ron en la otra. Estamos en La Habana. Carles, respetado catedrático en economía y político que no hizo amigos durante su etapa al frente de la economía balear debido a su extraña manía de querer tener conocimiento de lo que nuestra Hacienda ingresaba y gastaba, se une a nuestras fechorías y pasea con nosotros. La noche es mágica. Las muchachas se concentran en la zona al acecho de yumas (extranjeros), se te acercan constantemente y, tras un: ven aquí papi, te preguntan si quieres compañía, aunque en realidad te están ofreciendo su cuerpo. No hay nada más anti revolucionario que la prostitución, pero el fenómeno ha alcanzado tal magnitud que al gobierno le es imposible controlarlo. Alguno diría que se trata de la irrefrenable ley de la oferta y la demanda.

 

Al día siguiente nos tocaba clase en la universidad. La experiencia en las aulas fue muy enriquecedora. Se trata de una clase de master, el nivel es alto. Hay unos cuarenta alumnos, todos titulados: historiadores, economistas, abogados, médicos, maestros, etc. Todos participan: preguntan, opinan, etc. de manera bastante acertada y con intervenciones que en más de una ocasión nos ponen en un aprieto. Más allá de lo sesgada que pueda ser la información que llega a Cuba (al igual que lo es la que recibimos en España), están bastante actualizados, conocen al detalle los problemas políticos y económicos que atravesamos en Europa en general y en España en particular. Llama la atención la presencia de un comisario político en el aula; se hace pasar por alumno pero todo el mundo sabe que es un esbirro del gobierno. En general creo que no dijimos nada que le pudiera perturbar de manera significativa, aunque Carles mencionó un par de veces que Venezuela es un auténtico desastre. Los dos días de clases han ido bien, al final de las sesiones los alumnos se acercan y nos felicitan, nos dan sus tarjetas y piden seguir en contacto con nosotros. El Departamento está contento y nos ofrece dar una asignatura entera el año que viene (30 horas). No damos un sí de manera inmediata, pero me huele que el próximo año estaremos de vuelta.

 

Para un economista, ahora mismo Cuba es uno de los lugares más interesantes del mundo, si no el que más. El incremento del turismo ha supuesto un aumento de los precios de los alimentos, al crecer considerablemente la demanda proveniente de los hoteles y los restaurantes.

 

A su vez, el turismo, el contrabando y las remesas están permitiendo que la transición del socialismo al capitalismo, es decir, la desregulación de la economía, no sea demasiado traumática. Cada vez más cubanos están conectados, en mayor o menor medida, con la economía informal: desde el operario que saca puros de la fábrica para venderlos en el mercado negro a yumas o a cubanos residentes en Miami y Europa, hasta el teniente que alquila habitaciones de su domicilio particular, pasando por las chicas que se prostituyen o el reportero de radio que, de camino a casa, “botea” (hace de taxista) y se gana unos mangos. Este dinamismo económico, sin duda permitido –e incluso hasta cierto punto incentivado- por el gobierno de Raúl, contribuye también al incremento de precios, algo que no supone un gran problema para aquellos capaces de moverse con soltura tanto en la economía formal como en la informal; sin embargo, quienes tienen un acceso limitado o inexistente a esta última han experimentado una notable disminución de su poder adquisitivo, lo que se ha traducido en un importante aumento de la desigualdad y en un éxodo hacia la Habana, el centro neurálgico de la economía informal. La progresiva privatización de la economía está comportando un aumento de la productividad importantísimo: el mecanismo de incentivos está dando frutos. El aumento de la productividad no se ve reflejado en la economía formal, pero es evidente que está ahí y que se ha traducido en un aumento del ingreso. No obstante, el mayor ingreso no se traduce en un mayor ahorro, ni si quiera en términos absolutos: por un lado el aumento de precios ya comentado lo dificulta, por otro, han aparecido nuevos productos de consumo: la Revolución de Internet. Cuba tiene el Internet más caro del mundo, sin embargo es el servicio más ansiado por los cubanos, pues es su ventana al mundo. Una buena parte del ingreso de un cubano corriente va destinado a Internet, pero no importa, abrirse una cuenta en Facebook o Twitter, o hacer videoconferencia con familiares y amigos que viven en Miami no tiene precio. Junto a Internet van los Smartphones, ya sean Samsung, Sony o Apple, objetos a cambio de los cuales un cubano se privará de comer si hace falta. Ya no hay marcha atrás.

 

Los días pasan volando, las conversaciones, las reuniones, las anécdotas y las experiencias se acumulan. Aunque me da vergüenza admitirlo, la Habana me ha absorbido y en mi mente no hay espacio para otra cosa; se me ha olvidado momentáneamente que en España tengo una familia. Se acerca el final del viaje y no me podía ir de la Habana sin visitar al Comandante Arsenio García Dávila. Supe de él gracias a la tesis doctoral de un chico mallorquín, Nicolás Moragues, en la que narra la Revolución Cubana mediante entrevistas realizadas a Arsenio en la Habana. Arsenio fue el más joven de los 82 expedicionarios que en 1956 partieron en el yate Granma, desde México, con el objetivo de derrocar la dictadura militar de Fulgencio Batista. De los 82 hombres que desembarcaron en Cuba solo 16 llegaron a ver triunfar la Revolución: un preciso bombardeo de la aviación de Batista, pocos días después del desembarco, acabó con la mayoría de ellos. En la actualidad solo viven 3 de los 16 que llegaron al final: Fidel, Raúl y Arsenio. Llegamos a casa de Arsenio y lo encontramos por los pelos: hay un coche fuera esperándole, él ya ha salido y se dispone a cerrar la barrera del jardín. –Buenas tardes, estamos buscando al Comandante García Dávila. Nos responde de manera seca y con el semblante serio: -Soy yo, pero justo estoy saliendo de casa, tengo una reunión. Le decimos que venimos de parte de Nicolás, de Mallorca, entonces una sonrisa invade su rostro: -Pasen! Vuelve a abrir la barrera del jardín y nos invita a entrar. Su casa es un auténtico museo de la Revolución, las paredes están repletas de fotografías, títulos, condecoraciones, etc., y hay como 10 maquetas del yate Granma esparcidas por la casa. Ahí estábamos… junto a un hombre que había combatido en Sierra Maestra, que había luchado codo con codo junto a Fidel, Raúl, el Che y Camilo, entre otros. Arsenio tiene la mente muy lúcida, recuerda todo tipo de batallitas, le encanta reproducir las anécdotas de Sierra Maestra, y a estas alturas ya se le ha olvidado que tiene una reunión y que un chófer le espera en la puerta. Gonçal y yo disfrutamos, nos gusta la microhistoria; sobre todo la microhistoria de una historia que, no sé si por suerte o por desgracia, se acerca a su fin.

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