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Ignacio Fernández Candela
Viernes, 16 de septiembre de 2016
Libertad de actuación

Libertad terrenal para entender lo que concierne al espíritu

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Noticia clasificada en: Ensayo Narrativa

  En este mundo todo es relativo desde un entendimiento que intenta asimilar una  fenomenología adscrita a la ilimitada Creación que abarca lo más grande y lo más pequeño, infinitamente.

La aptitud de la inteligencia puede analizar el entorno pero no ser él mismo; nace de él pero ignora su origen. La importancia pensante es relativa pues no es pensamiento de lo Eterno sino que se desarrolla fuera de sus insondables secretos. Todo tan inmenso para tornar a lo irrelevante ante la perspectiva segura de la sepultura.

 

  Una intención oculta rige la oportunidad de existir y permite un libre albedrío que explica los desórdenes morales y la degeneración de las normalidades en un mecanismo universal de perfecto encaje. Un libre albedrío para conculcar los órdenes aunque no para zafarse de las consecuencias de ellos. Pues ya se advirtió, a modo de guía,  que con la misma medida que midiéramos seríamos medidos.

 

  Libertad de actuación es la clave que interpreta este conjunto de sensaciones vivas que nacen de la nada y parece que a la nada se van con cada individualidad que experimenta un nacimiento para insoslayablemente morir.

 

Libertad proporcional al ocultamiento de la intención que con la razón solo puede intuirse sin encontrar una verdad absoluta. Libertad por un tiempo contado en lo terreno, pero libertad en la inmensidad del Infinito del que se es consciente durante unos años de protagonismo vivencial. Todo en una inmensidad consistente con una importancia humana relativa. El Universo es sólido frente al pensamiento que lo estudia o lo adivina. Poderoso pensamiento en esencia e insignificante como fin último para un ser creado temporalmente con fecha de caducidad.

 

  Que el entendimiento sea corto respecto a la ilimitación de lo que está siempre por conocer, es una de las verdades implícitas en las debilidades humanas que en la práctica ninguna teoría puede rebatir. La negación de Dios forma parte de la libertad de acción, pero no la negación de la muerte que es la clave para entender el porqué del vivir siendo inescrutable el misterio de su determinación ignota. No es casualidad que frente a la ambición el brío humano sea templado por el horizonte de la Parca. Por si quedaban dudas sobre la insignificancia de la obra humana, el polvo es un destino inesquivable.

 

  Una gran Sabiduría actúa creando las condiciones donde el hombre ha de desenvolverse sin saber nada del objeto de una supervivencia destinada a la extinción. Proporcional su misterio como ser vivo y racional al balance de la razón sea cual sea la disciplina científica o de pensamiento que resulte de su práctica.

 

  Libertad para entender o desentenderse de la oportunidad de vida para obrar según una conciencia que no es casualidad como árbitro de las acciones. La humanidad está condicionada para observar y adaptarse a la existencia en su aspecto fungible de realidad, en tanto en cuanto posee entendimiento para aceptar las reglas universales que rigen el mecanismo natural de un Infinito que lo abarca todo pero donde es efímero.

 

  El hombre dispone de un conjunto al que pertenece salvo en la percepción de los orígenes y la justificación de la vida. Paradójico.  Poseerlo todo en una infinitud donde se extravía el pensamiento por muy poderosa que sea la capacidad de inteligibilidad o análisis para evolucionar. Todo para que cada elemento se fusione con la muerte. Dicotomía vida-muerte, origen y final que canaliza la razón de ser de una humanidad en constante evolución como finito contraste frente al infinito Universo que la Ciencia solo puede imaginar con guarismos y sucedáneos de una realidad que está fuera del alcance de la sabiduría terrena.

 

  El perfecto e insospechado-ególatra es el hombre en su sueño de conquistas dispares- laberinto terreno donde evolucionar el alma. Libertad para caminar en busca de la salida que consiste en quedarse quieto y mirar desde el interior la revelación de la entelequia mundanal  que extravía. Intención en la libertad, libertad en la solución del espejismo.

 

  Intención en la libertad para actuar, como en la libertad para renunciar al espejismo terreno y la vanidad de descubrir el conocimiento de su causa;  atendiendo a la intuición que entiende detrás del libre albedrío la razón de la existencia más allá de su magnificada apariencia. Despertar en la humilde consciencia de quien sin entender el misterio que lo asombra,  sabe comprender el porqué de una razón limitada ante un Infinito inescrutable: un aprendizaje de humildad en un simulador existencial cuya clave está en salir de él por el entendimiento del espíritu que mira en su interior, como gesto divino para acceder a otros órdenes fuera del laberinto terrenal. Libertad para entender el que pueda; así entienda y evolucione.

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