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Rosabel Serrano Llopis
Domingo, 11 de septiembre de 2016
una isla para nosotros solos

Cayo Blanco

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Trinidad amanece pronto, y sus playas, a escasos 15 kilómetros, también. En esta ciudad, una de las más turísticas de toda Cuba, se encuentra Cayo Blanco del Sur,  anteriormente llamado Cayo Ernesto Thalmann.

Cayo Blanco

 

Enclavada en el Mar Caribe, y a escasos kilómetros de la costa cubana, posee un grado de biodiversidad muy superior a muchos de los cayos de norte, mucho más famosos que éste, que suele pasar desapercibido para muchos turistas. Además, especies en peligro de extinción, como el coral negro, es posible encontrarlos aquí.

 

El cayo, debe su nombre a Ernst Thalmann, político del Partido Comunista Alemán KDP, que fue líder del partido durante la República de Weimar. A raiz de una visita oficial de uno de sus dirigentes, Erich Honecker, en 1.972, Fidel Castro decidió regalar esta isla y cambiar su nombre por  el nombre del  dirigente. En contrapartida, Cuba recibió la concesión del 6% del mercado de azúcar refinado en la RDA. Pese a la posterior caída del muro de Berlín, años después, Cuba todavía siguió enviando azúcar al mercado alemán.

 

La isla, a causa del cambio de nombre, pasó a llamarse popularmente ¨Playa de la República Democrática Alemana¨, y se instaló un busto de Ernest Thalmann en ella, con la presencia de varios miembros, tanto del partido europeo como del cubano. Por los años, y con la reunificación alemana, nadie reclamó la isla para el nuevo gobierno, y así ha seguido hasta ahora, siendo más un regalo simbólico que una aportación real.

 

Cayo Blanco

 

El busto pasó a mejor vida hace unos años, a causa de un huracán, pero sus cristalinas aguas y sus iguanas cubanas, siguen allí.

 

Para llegar a nuestro destino, salimos desde Trinidad con Julio, un taxista que nos va contando por el camino cosas de la isla.

 

Hoy por hoy, el puerto de partida hacia Cayo Blanco es un pequeño puerto, llamado La Marina, cerca de Playa Ancón. Dentro de poco, van a empezar las obras para ampliarlo y permitir así la llegada de barcos más grandes, y dar paso así al turismo de cruceros, el único negocio que todavía no ha llegado a esta zona de la isla.

 

Después de una espera de cortesía de cuarenta y cinco minutos, partimos en el catamarán, junto con otras veinte personas de todas nacionalidades, que, como nosotros, vienen a disfrutar de este precioso cayo. Una hora y media, y Cayo Blanco se presenta ante nosotros, con sus arenas blancas y los palmeras repletas de cocos, tal y como prometían las imágenes vistas en internet. El agua, totalmente cristalina, invitan a practicar snorkelling en la barrera de coral, aunque también hay quien prefiere sentarse debajo de las numerosas palmeras que completan la isla y disfrutar del paisaje.  

 

Cayo Blanco

 

Preguntamos a la gente del único chiringuito de la isla, quién más hay alrededor, y la respuesta es rápida “Están ustedes solos. La isla, ahora mismo, es suya”.  Así, exploramos la playa a nuestras anchas, para descubrir, a la hora del almuerzo, que no estamos solos realmente, sino que las iguanas, en la parte trasera del chiringuito, también son huéspedes del lugar.

 

No sé cuánto tiempo de anonimato le queda a Cayo Blanco, lo que sí que es seguro es que es un lugar remoto y paradisíaco que, vale la pena visitar cuanto antes. No todos los días se tiene una isla para uno solo/a... o si?.

 

Cómo llegar.

Llegar a Cayo Blanco por cuenta propia no es posible, solamente los grupos organizados por Cubatur tienen permiso para ello. Cubatur, organiza viajes semanales de un día a la isla (no hay ningún hotel ni vive nadie allí). Sólo hay que preguntar.

 

 

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