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Valdemar Ramírez Loaeza
Sábado, 10 de septiembre de 2016
Hércules se ha convertido en Supermán o en Hulk

CÓMICS Y SUPERHÉROES

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Noticia clasificada en: Cómic

Cómic: narración gráfica que puede contener secuencias totalmente descriptivas, y que puede combinar imagen con texto, o prescindir total o parcialmente de éste.

CÓMICS Y SUPERHÉROES

 

CÓMICS Y SUPERHÉROES¿Qué es un cómic y qué es un superhéroe?

 

Narración gráfica con gran variedad de recursos, clichés, sorpresas, trucos baratos y muchas veces excelente factura, el cómic de superhéroes ha tenido una trayectoria tan sólida que mucha gente relaciona automáticamente el término cómic con el concepto de superhéroe. Evitaré cronologías que ocuparían el espacio del que dispongo, para señalar rápidamente algunas de las cosas que me interesan.

 

En vez de proponer definiciones, manejaré un par de ideas flexibles y escuetas. Cómic: narración gráfica que puede contener secuencias totalmente descriptivas, y que puede combinar imagen con texto, o prescindir total o parcialmente de éste. Superhéroe: personaje de cómic con cualidades superiores a las de los demás seres de su entorno, que usa sus poderes para hacer el bien, cualquiera que sea su idea de éste. Se trata, en un sentido estricto, de arquetipos, envolturas que contienen imágenes primordiales: por eso no hay diferencias sustanciales entre el modelo de héroe mitológico y el de superhéroe. Hércules se ha convertido en Supermán o en Hulk: sólo ha actualizado su imagen y contextualizado algunos de sus valores. El héroe y el superhéroe pueden presentarse mezclados con el mago o la bruja, el rey, el aprendiz, el sabio, etcétera.

 

Lo cierto es que resulta muy fácil hacer retroceder el proceso evolutivo de un arquetipo hasta convertirlo en estereotipo, como pueden confirmarlo los nuevos veinte mutantes que surgen cada mes en Marvel Worldwide, Inc.

 

Clichés acerca del cómic

 

CÓMICS Y SUPERHÉROESExisten entretenidos mitos que aún creen muchas personas dedicadas al Arte (Así, Con Mayúsculas). Sólo un par de ejemplos: a) “El cómic sólo vale si está supeditado a la literatura” (por ejemplo, si es una adaptación de alguna obra literaria importante); b) “El cómic no alcanza la categoría de Arte porque no ha producido ninguna obra maestra”. Quien sostiene cualquiera de estas dos opiniones seguramente no ha analizado con detenimiento Romances de andar por casa (1983-1985),1 de Carlos Giménez, Weapon X (1991) de Barry Windsor Smith, Sin City (Dark Horse, 1993-1994) de Frank Miller o “V” de Vendetta (DC, 1988), de Allan Moore y David Lloyd: reto a quien quiera a realizar un análisis literario y gráfico, que cualquiera de los títulos mencionados resiste sin dificultades. Estos mitos fueron derribados hace más de treinta años en Europa, como lo muestran ediciones de la talla de El Víbora o Metal Hurlant, pero en países como México los editores de historieta siguen pensando que el público es tonto. A pesar de estas barreras, se han hecho trabajos que vale la pena observar: es increíble el talento de Juan Alba para llenar 96 páginas de dinamismo en historietas de artes marciales con sólo dos viñetas (en ocasiones incluso una) por cada pequeña página, una explosión de movimiento que el mismísimo Val Mayerick no consiguió con medidas estándar, como se puede apreciar en cualquier ejemplar de la revista Mini Policiaca (saga que lamentablemente cayó en las garras de Televisa, que todo lo somete al cirujano estético).

 

Monstruos y superhéroes

 

Antes de que el cómic de superhéroes saliera a la luz, el tema de éxito eran los monstruos; de hecho, Jack “King” Kirby, antes de crear la imagen de los Cuatro Fantásticos, deleitó a sus lectores con My greatest Adventure y The House of Mistery. En ese sentido es curioso ver cómo, a partir de la salida de Todd McFarlane de las filas de Marvel Comics, para fundar con otros colegas la editorial Image (década de 1990), el cómic estadounidense vuelve a sus raíces con títulos como Spawn, y sus derivados, o Hellboy de Mike Mignola (editorial Dark Horse). El primero retoma el terror que causa la idea de la muerte y la mezcla con los modelos y las situaciones del cómic de superhéroes. El segundo trabaja con historias cortas y las enriquece con el folclore sobrenatural de diversos países, como podemos constatar en historias como “El cadáver”, donde rondan no sólo los duendes, sino incluso el héroe de la epopeya irlandesa por excelencia. Muchas veces el lector de cómics no lee otra cosa, pero los autores sí. Aquí, como en la literatura, hay magia: una obra nos lleva a otra y un autor nos conduce a otro, esto es lo que los críticos de literatura llaman pomposamente “intertextualidad”.

 

Videojuegos

 

Entre los encuentros que ha tenido el cómic con otros ámbitos, me llama la atención su acercamiento cada vez mayor con los videojuegos de peleas callejeras. El éxito de que gozan éstos últimos tiene un sencilla explicación: es como ver una película de acción (o ver un cómic de superhéroes), con la diferencia de que aquí el espectador se vuelve protagonista, lo que le permite decidir el rumbo de la historia que se narra (las más de las veces ni siquiera hay una historia que sea digna de tal nombre, y ésta sólo es contada cuando uno de los personajes ya derrotó a todos los demás.) Los personajes de Marvel aparecen en videojuegos donde pelean con y contra personajes que comenzaron siendo de videojuegos, o que conocimos así en un principio, por lo menos en América Latina. Dichos personajes cuentan con golpes especiales, combinaciones de golpes (combos) y una resistencia que ya nadie se molesta en explicar con meteoros, radiaciones ni nada por el estilo.

 

CÓMICS Y SUPERHÉROES

 

Mucho se ha hablado de la violencia en los cómics. Bueno, no sólo vivimos en un mundo violento: la violencia se ha plasmado en el arte desde hace siglos; basta leer a Homero. Hablar del motor de la violencia no es tan distinto: con una disculpa de mis amigos literatos, como no sea el Caballero Zifar o Don Quijote de la Mancha, la mayoría de los protagonistas de las novelas de caballerías españolas son casi unos buscapleitos. ¿Por qué escandalizarnos entonces porque Badrock destruya media ciudad cuando pelee? La misma Marvel publicó una serie cómica al respecto: Control de daños.

 

Ya a estas alturas estará algún lector preguntándose si soy un enemigo del cómic en general o por lo menos del cómic de superhéroes, y otro se preguntará si lo soy de la literatura. No niego que muchas cosas del cómic no me hacen feliz; sin embargo reconozco que hay piezas notables. Los cómics de superhéroes no son mis favoritos pero, junto con los libros, son una de las fuentes que me nutrieron.

 

Divorcio inexplicable

 

Ahora quiero saldar una deuda añeja: una de las grandes objeciones que se hacía a los cómics cuando yo era joven, junto con su poder de penetración ideológica, era su eficacia como medio para evadirse de la realidad. Todo esto es relativo. Un lector de literatura también puede leer con ese fin. Hay muchos caminos para analizar un cómic y existen autores que han trascendido barreras como el número de páginas, el concepto eurocentrista de la belleza, la calidad del lenguaje, los temas abordados; por eso considero de gran valía los textos poéticos de gente como Ricardo Peláez, en la primera época de la revista El gallito inglés: los textos y los dibujos forman una unidad, pero podrían también leerse independientemente. Durante un tiempo que acudí a las ferias del cómic y en otro tiempo conviví sólo con “gente de letras” y leí sólo revistas literarias. Un detalle me llamó la atención: la mayoría de los que podrían ser los nuevos valores del cómic en México no leen literatura, y de hecho, la mayoría de ellos, que son dibujantes o diseñadores gráficos, creen que el argumento no importa, que no es necesario cultivarse, y a eso debemos revistas donde salen heroínas “muy prehispánicas” blandiendo cimitarras, como La caneca, de Carlos Ostos.

 

Porque los estimo mucho tengo que decirlo: muchos dibujantes adultos de historieta “comercial” también carecen de esa sed de cultura, y aunque constantemente se quejan de cómo se maneja la industria, no se preocupan de formarse un acervo cultural que les permita estar a la altura de cualquier otro creador. Entre muchos jóvenes “de letras” se observa el mismo fenómeno a la inversa: con cualquier garabato ilustran sus páginas, como si la imagen no mereciera ningún respeto. Invito a los lectores de cómics que hayan leído estas líneas a que lean también libros, ya que éstos preservan nuestra capacidad de pensamiento abstracto... ¡casi nada!

 


 

 

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