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Fran Vega
Jueves, 4 de agosto de 2016
un problema de educación

Óliver Díaz

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Noticia clasificada en: Artes Música clásica Ópera Zarzuela

Ajena a los vaivenes producidos por la alternancia democrática en gobiernos autonómicos y municipales, la música clásica tendría que contar de forma permanente con un plan reglado de actividades que contribuyan con eficacia a la mejor compresión de esta faceta elevada del arte desde los primeros años de la infancia

Óliver Díaz

 

"Regreso a Asturias para afrontar una serie de conciertos didácticos dirigidos a jóvenes escolares. Y si bien es cierto que en los últimos tiempos se han impulsado políticas educativas dirigidas a los más pequeños, no lo es menos que la mayoría de los programas han venido adoleciendo de la continuidad necesaria como para surtir efectos pedagógicos adecuados y suficientes. Ajena a los vaivenes producidos por la alternancia democrática en gobiernos autonómicos y municipales, la música clásica tendría que contar de forma permanente con un plan reglado de actividades que contribuyan con eficacia a la mejor compresión de esta faceta elevada del arte desde los primeros años de la infancia. Espero y deseo que iniciativas como la de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias –a la que dirijo por segunda vez con esta finalidad– o la implantada en Gijón hace una década junto al comunicador Pachi Poncela y la Fundación de Cultura de la ciudad –bajo la denominación «Música, maestro» e inspirada en los ciclos formativos de Leonard Bernstein de mediados del siglo XX en EE.UU.– acaben por consolidarse definitivamente. Porque son el modelo esencial para que el público adulto del mañana pueda vivir intensamente la experiencia de cada concierto en toda su integridad sonora y significante. Y porque, al fin, la música y los músicos coexistimos para el supremo disfrute de unos espectadores que, en el futuro inmediato, tendrán mejores razones para seguir llenando los teatros"  

Óliver Díaz - Gijón, 9 de mayo de 2012

 

 

Es usted un director de orquesta nacido en un país con escasa proyección internacional en este campo. ¿Cree que se debe a la falta de educación musical o lo atribuye a otros factores?

 

Bueno, yo creo que principalmente la cuestión de esto radica en que España no ha tenido una escuela propia de dirección de orquesta hasta hace relativamente poco. 

 

No recuerdo en qué año exactamente, pero no más de tres décadas o cuatro hace que Enrique García Asensio, uno de los alumnos más destacados de Celibidache, creó la cátedra de dirección de orquesta en Madrid, que fue el primer lugar donde se pudo estudiar profesionalmente dirección de orquesta.

 

Posteriormente en otros lugares, Valencia, San Sebastian, Oviedo, en casi todos los conservatorios de España, se puede estudiar dirección de orquesta y además casi todos los profesores de una manera u otra están ligados a la escuela de Celibidache y por tanto a la de Enrique García Asensio. Yo creo que esa es la razón principal por la que efectivamente no han habido muchísimos grandes directores españoles, aunque sí un puñado de directores importantes en esa generación, por supuesto antes tenemos al gran Ataulfo Argenta, etcétera, etcétera.

 

Lo que sí creo es que se está ramificando mucho y que hoy en día ya hay una serie de directores más o menos de mi generación, unos años mayores, unos años menores, que están haciendo una carrera importante, tanto a nivel nacional como internacional, y vamos viendo que además vienen detrás jóvenes directores con una formación excelente y con muchísimo talento , que esperemos que sigan completando esta línea y haciendo que los directores españoles tengan la presencia internacional que yo creo que hoy en día ya se merecen.

 

Después de llevar un tiempo realizando conciertos didácticos para niños, ¿considera que se debiera potenciar desde la educación primaria la capacidad de aprendizaje musical?

 

Sí, sin duda. Esto tiene que ver un poco con la posición que ocupan las artes hoy en día en nuestra sociedad que desgraciadamente y a mi entender, no es la que debiera. No sólo ocurre con la música, sino también con la pintura, la danza, con todas las artes, y además no sólo es un problema en España, aunque sí es posible que aquí esté más acentuado que en otros países.

 

Esta tremenda crisis que hemos pasado ha sido también una crisis de identidad porque  parecía que en los últimos años previos se estaba apostando un poco más por la cultura, y así lo demuestra la creación de tantísimos auditorios. En ese sentido las infraestructuras avanzaron muchísimo pero lamentablemente se ha quedado en eso.

 

Es muy importante potenciar la cultura desde las edades más tempranas, porque es un problema que luego incide en la respuesta social de nuestros adultos. Hoy en día estamos viendo continuamente problemas de incomprensión, de racismo, de violencia, etcétera, y se resume en una palabra muy corta, es un problema de educación, y la educación sólo se puede transmitir a través de los planes educativos y la cultura.

 

Últimamente parece que se vuelve a incidir un poco en los conciertos didácticos, pero a mi siempre me da la impresión de que en la mayoría de los sitios todavía se hace para cubrir un número estadístico. Esto no sirve, es demasiado pobre,  hay que estructurar un tejido con la comunidad educativa, tanto en primaria como en secundaria, con los profesores, ellos son los que saben cómo enseñar, y nosotros decidir las materias importantes, ese trabajo conjunto para diseñar un plan cultural es absolutamente necesario y tiene que ser un trabajo a largo plazo, planificarlo con cuidado y hacer que nuestros jóvenes pasen por una etapa de aprendizaje en la que vayan conociendo todas las cuestiones interesantes que se deben conocer del lenguaje de la música.

 

Durante su trayectoria, ¿se ha sentido especialmente influido por algún director de orquesta?

 

Sí, sin duda. Desde luego por mi maestro Otto Werner Mueller, que desgraciadamente ha fallecido recientemente, que era un grandísimo maestro, representaba una de las grandes escuelas de dirección del siglo XX, ha sido profesor en Yale, Curtis, Canadá, Juilliard... uno de los grandes maestros como decía, pero el director que más he admirado, el más inspirador, si se puede decir así, es Carlos Kleiber, que aúna una plasticidad gestual maravillosa y un gesto que siempre está lleno de contenido, siempre con una cantidad increíble de información, que es lo más difícil para nosotros de conseguir.

 

Su repertorio abarca desde el barroco a la música contemporánea, pero ¿con qué estilo se siente más cómodo o con cuál cree que se comunica mejor con el oyente?

 

Es una pregunta difícil, no sabría decir. No tanto ahora, pero sí hace unos años me sentía muy identificado con la música del romanticismo, y sin embargo algunos de mis amigos  y conocedores de mi trayectoria opinaban que lo que mejor hacía era el clasicismo y otros que la música del siglo XX. No se qué hago mejor, quizá esa sea una pregunta que deberían contestar los demás y no yo, pero sí es verdad que me encuentro muy cómodo con la época romántica, también con la del siglo XX.

 

En los últimos tiempos he dirigido mucha música lírica, no voy a decir que me gusta más que la sinfónica porque estaría faltando a la verdad, pero sí diré que la teatralidad de la ópera o la zarzuela me atrae mucho.

 

Ha dirigido tanto ópera como zarzuela. ¿Cree que la zarzuela es una hermana menor de la ópera o considera que las dos alcanzan el mismo nivel musical?

 

Para nada pienso que la zarzuela sea la hermana menor de la ópera, hay óperas buenas, regulares, malas, muy buenas, obras maestras, y creo que en la zarzuela ocurre lo mismo. Meter toda la zarzuela en un sólo género es difícil porque hay que tener en cuenta que existe la zarzuela grande pero también el género chico, el teatro por horas, que cumple también una función completamente diferente. Es como si habláramos de ópera y opereta, con lo cual la palabra zarzuela abarca mucha diversidad de géneros. A nivel musical hay zarzuela que es muy buena, obras maestras, y las hay que no lo son tanto, como en todos los géneros, en cualquier caso, los dos están a la par.

 

Con la soprano Mariola Cantarero y el bajo Simón Orfila grabó el disco "Bel Canto". ¿Tenemos en nuestro país otras voces como estas capaces de competir en los escenarios internacionales?

 

Por supuesto, sin duda. No voy a dar nombres porque seguro que me voy a olvidar de muchos, no de uno ni de dos, pero desde luego ahora mismo tenemos una cantera de cantantes maravillosos con una proyección internacional impresionante, pero es que además no se puede olvidar la cantidad de cantantes que ha dado nuestro país, sin duda la tradición del canto es italiana y en buena parte también española, ahí están los grandes nombres que hemos tenido en la historia y que seguimos teniendo para demostrarlo. Goza de buena salud, sí, el panorama de nuestros cantantes goza de buena salud y creo que tenemos voces muy buenas que están ocupando los primeros escenarios internacionales, con todo merecimiento.

 

Durante el mes de junio presentó en Santander el disco "Guitar Concertos" con Miguel Trápaga y la Orquesta Sinfónica de Euskadi. ¿Qué opinión le merece el resultado final de esta grabación?

 

Para mi siempre es una cuestión muy difícil de evaluar porque nunca me gusta escuchar los trabajos que ya he hecho, ni los discos, ni veo los vídeos, nada, por ninguna razón especial, simplemente que uno mantiene cierto espíritu crítico, y cuando un trabajo está hecho le ve defectos porque hay cosas que haría de otra manera, estamos en constante evolución, con lo cual me resulta difícil juzgar mi propio trabajo.

Cuando escuchaba la obra de Frank Martin para ver cómo la había hecho en su momento, había cosas que en el directo en Santander ya hice diferente, más o menos un después.

 

¿Qué proyectos inmediatos tiene en su agenda de trabajo?

 

El principal es como director musical del Teatro de la Zarzuela, ya llevo unos meses y ahora iniciamos nuestra primera temporada, la programada por el nuevo equipo, con Daniel Bianco al frente. Es uno de los proyectos que más me ilusionan, de los más importantes, es una labor nueva para mi que estoy disfrutando mucho, tremendamente exigente.

 

En el plano de mi trayectoria como director, coincidiendo con esto que estaba hablando ahora, el estreno de "Las golondrinas" de Usandizaga, con Del Mónaco, uno de los directores de escena más conocidos del momento, también me ilusiona muchísimo volver al Palau de Les Arts, donde hice mi debut en abril, disfruté muchísimo en un teatro maravilloso, de una profesionalidad excelente y con una orquesta que es realmente fantástica, así que me hace mucha ilusión volver ahora en el mes de octubre, estaré allí haciendo la producción de José Carlos Plaza de "El gato montés". después el concierto de Navidad en el Teatro de la Zarzuela, una cita muy bonita, y en Valladolid en enero haré "Il Trovatore" con un elenco estupendo y una dirección de escena de uno de los grandes del momento, Gustavo Tambascio, sin olvidar que el 10 de octubre celebramos el 160 aniversario del Teatro de la Zarzuela y será un orgullo dirigir la gala para celebrar este cumpleaños tan especial.

 

 

 

Óliver Díaz

 

ÓLIVER DÍAZ

 

Óliver DíazOviedo, 13 de marzo de 1972

 

Director musical del Teatro de La Zarzuela de Madrid y titular de la Barbieri Symphony Orchestra, BSO.

 

Inició su formación en los conservatorios asturianos de Gijón y Oviedo, donde terminó sus estudios de piano, armonía, composición e instrumentación y contrapunto en 1999.

 

Coincidiendo con sus primeros pasos profesionales obtuvo premios en varios concursos de piano y recibió clases magistrales de solistas de renombre internacional como Jean-François Heisser, Michel Beroff, Irina Zaritskaya, Josep María Colom o Blanca Uribe.

 

Entre 1998 y 2001 se estableció en Baltimore, Estados Unidos, para cursar estudios en el Peabody Conservatory of the John Hopkins University, alternando su aprendizaje con el cometido de maestro correpetidor y asistente en la ópera de la universidad, así como del coro Peabody Singers.

 

En agosto de 2000 promueve el «New Millennium International Piano Festival» en colaboración con Julian Martin, a quien dirige en concierto junto a otros solistas de prestigioso relieve como Boris Slutsky, Blanca Uribe, Stephen Prustman o Jenny Lin, y funda la Orquesta Sinfónica Millennium, embrión de la futura Orquesta Sinfónica Ciudad de Gijón, de la que cogió las riendas en febrero de 2002.

 

Ese mismo año conseguiría ser el primer músico español –y único hasta la fecha– seleccionado, admitido y premiado con la beca «Bruno Walter» de dirección de orquesta para estudiar en la neoyorkina Juilliard School of Music con maestros de la talla de Otto Werner Mueller, Charles Dutoit o Yuri Temirkanov.

 

Dueño de un extenso repertorio que abarca desde el barroco hasta los tiempos contemporáneos, ha dirigido conciertos en España, Portugal, Francia, Alemania, Rumanía, Estados Unidos y Latinoamérica siendo invitado por la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias, Orquesta Sinfónica de la Comunidad de Madrid, Oviedo Filarmonía, Real Filharmonía de Galicia, Orquesta Sinfónica de Bilbao, Orquesta Sinfónica de Navarra, Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, Orquesta Sinfónica de Córdoba, Orquesta Sinfónica Gradus ad Parnasum, Orquesta Sinfónica de Aproarte, New Ámsterdam Symphony, Targu Mures Philharmonic Orchestra, Cluj Philharmonic Orchestra, Sibiu Philharmonic Orchestra, Concert Artist de Baltimore y Orquesta Sinfónica Ciudad de Lima, entre otras muchas.

 

En el terreno operístico ha conducido con afianzada solvencia «Lucia di Lammermoor», «Aida», «La traviata», «Rigoletto», «La bohème», «Tosca», «Madama Butterfly», «Carmen» y «El barbero de Sevilla» en distintos auditorios y coliseos.

 

En 2011 hizo su presentación en el Teatro Nacional de La Zarzuela al mando de la popular «Luisa Fernanda» y en 2012, tras rubricar una brillante versión de «Pan y toros» al cumplirse dos siglos de la muerte del escritor y político español Gaspar Melchor de Jovellanos, regresó al famoso escenario madrileño para dirigir «El Gato Montés» y un año después «Marina». Entre los títulos que ya ha liderado frente al atril figuran «Los gavilanes», «El bateo», «Agua, azucarillos y aguardiente», «El juramento», «La revoltosa», «Katiuska», así como «La del Soto del Parral» y «Doña Francisquita» en el Gran Teatro Nacional de Lima.

 

En 2014 sustituyó al recordado Rafael Frühbeck de Burgos en el reestreno de «Los diamantes de la corona», festejando con su batuta el segundo «bis» de la historia que, medio siglo después, escuchó el Teatro de La Zarzuela, y cuya producción ha sido nominada a los «International Opera Awards 2015». 

 

A día de hoy tiene en su haber más de una decena de CD y DVD realizados para los sellos discográficos Subterfuge Records, Infinity Studios, La Factoria Records, GijónDnota, Elemental Films, Warner Music Spain y 18 Chulos Records. La última grabación es un trabajo operístico titulado «Bel canto» que protagonizan, junto a la «Real Filharmonía», la soprano Mariola Cantarero y el bajo barítono Simón Orfila.

 

Su incesante entusiasmo sinfónico sube el diapasón en la propuesta educativa «Música, maestro», que plasma en numerosos conciertos didácticos dirigidos a niños en edad escolar –la última entrega, por ahora, fue la zarzuela fantástica «El paraíso de los niños» en el Auditorio de la Universidad Carlos III de Madrid­‒, y se proyecta en propuestas para todos los públicos como el espectáculo «Universo Celta» con motivo del 25 cumpleaños de la mítica banda irlandesa de folk Altan, en el estreno de nuevas obras como «Auga Doce» de Juan Durán para conmemorar el «Día de la Música», en celebraciones como la propiciada por la Asociación Musical «Alfredo Kraus» con repertorio ruso a costa de Prokofiev, Mussorgsky, Tchaikovsky y Borodin, en eventos singulares tal que la XXII edición del «Concierto de las velas» en la villa medieval segoviana de Pedraza, en programas de hondo calado social como el «Concierto Extraordinario de la Cruz Roja» coincidiendo con el 150 aniversario de la institución, y en ceremonias musicales como la entrega de los «Premios Líricos Teatro Campoamor».

 

Desde 2010 es miembro del jurado del concurso internacional de canto «Ana María Iriarte», instituido por la fundación homónima de la popular mezzosoprano española para descubrir nuevos talentos vocales en el ámbito de la zarzuela. Asimismo, es vicepresidente de la Asociación Española de Directores de Orquesta, AESDO.

 

El día primero de enero de 2013 hizo debutar oficialmente a la Barbieri Symphony Orchestra, BSO en el «Concierto de Año Nuevo» que tuvo lugar en Madrid y un año después se presentó con la flamante formación en el Auditorio Nacional de Música de la capital española.

 

En la primera mitad de 2016 y tras dirigir por primera vez a la Orquesta Sinfónica del Gran Teatro del Liceo de Barcelona y de alumbrar en Oviedo, al frente de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias, el estreno mundial del «Segundo concierto para cuatro guitarras y orquesta» de Flores Chaviano, conducirá a la Orquesta Titular del Teatro Real de Madrid, a la Orquesta de la Comunidad de Valencia y a la Orquesta Sinfónica de las Islas Baleares «Ciudad de Palma».

 

 


 

 

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