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Humberto Robles
Sábado, 30 de julio de 2016
un poder con efectos mágicos

Algunas obras memorables

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Noticia clasificada en: Teatro

"El teatro, sobrevivirá, nos sobrevivirá y será cada vez más necesario. Cuanto más proliferen las pantallitas y formas no directas de comunicación, más necesario será (el teatro) porque es en él donde nos encontramos las personas cara a cara, cuerpo a cuerpo”. (José Sanchis Sinisterra)

 

Algunas obras memorables

 

Para muchos el hecho teatral tiene un poder con efectos mágicos: permanece en la memoria como una experiencia única e irrepetible. Antes de la proliferación del video, una buena obra quedaba vibrando en el recuerdo del espectador. Actualmente se suelen grabar la mayoría de los montajes, sin embargo nunca será lo mismo eso que el haber estado ahí, ante seres humanos que desbordan sus emociones sobre un escenario.

 

 

Desde muy niño tuve la fortuna de ir asistir al teatro y en mi mente se han grabado muchas obras casi de forma mítica. Aquí menciono algunas de las experiencias más memorables de lo que he visto en el teatro mexicano y que quedaron tatuadas en mi recuerdo.

 

Algunas obras memorables

 

Siendo un adolescente, en 1979, asistí al Teatro Milán para ver la obra “Sacco y Vanzetti”, de Rola y Vincenzoni, dirigida por Manuel Montoro. La obra se centra en el juicio contra los dos anarquistas quienes fueron condenados injustamente a la pena de muerte. Contó con grandes actores, entre ellos Claudio Obregón, Alonso Echánove y María Rojo. A esta última ya la había visto con anterioridad en “El cuarto de Verónica”, un thriller sicológico de Ira Levin, pero por ser menor de edad, no pude verla sentado entre el público sino tras bambalinas; a pesar de ello, la actuación de María Rojo me pareció estremecedora al transmitir la angustia progresiva de la protagonista secuestrada por un trío de psicópatas.

 

Algunas obras memorablesEn los años 80 tuve la oportunidad de asistir a la Carpa México, lugar emblemático de este género, para ver un espectáculo con Jesús Martínez “Palillo”, uno de los carperos más reconocidos, quien había alcanzado su fama entre las décadas de los 40 y los 60. Aún en el ocaso de su vida, Palillo continuaba satirizando a las figuras opresoras y realizando una crítica mordaz hacia los políticos de su tiempo y las problemáticas sociales.

 

A Claudio Obregón volví a verlo en “Contradanza” de Francisco Ors, donde interpretó a Elizabeth I de Inglaterra. Partiendo de la hipótesis de que la reina era en realidad un hombre gay y que por seguridad debió permanecer travestido toda su existencia, esta obra habla del amor, la diversidad y la libertad. La actuación de Obregón reafirmó lo que ya se sabía de tiempo atrás, que era uno de los más grandes actores de su generación.

 

Aunque Jesusa Rodríguez ocupa un lugar preponderante en el cabaret, su labor como directora teatral también ha sido sobresaliente. Destaco entre todos sus montajes “Donna Giovanni”, una versión transgresora de la ópera de Mozart hecha por Jesusa y Alicia Urrieta, la cual realizó una gira por Latinoamérica, Estados Unidos y Europa cosechando un éxito inusitado.

 

Sin duda uno de los más reconocidos directores del siglo XX fue Julio Castillo. La obra que repercute en mi memoria es “De película”, dirigida por él, con textos de Blanca Peña; en una sala de cine se hace un recorrido por la vida citadina a través de los años, por medio de películas de cada época. Contó con las actuaciones de Julieta Egurrola, Marta Navarro, Damián Alcázar, Arturo Ríos, Juan Carlos Colombo, Lourdes Villarreal, Rosario Zúñiga y el entonces niño Diego Luna, entre muchos más.

 

Algunas obras memorablesOtro pilar de la dirección escénica fue Ludwik Margules y la obra que destaco es “La Señora Klein” de Nicholas Wright, montada en 1988, con tres extraordinarias actrices, Ana Ofelia Murguía, Margarita Sanz y Delia Casanova. Desde mi perspectiva, la dirección de Margules poseía una cualidad poco común: era sumamente simple y a la vez sumamente complejo y profundo. Más allá de la forma se adentraba en el fondo de una manera bergmaniana.

 

Notable por el texto y las actuaciones, “La Marquesa de Sade” de Yukio Mishima, dirigida por José Caballero, con las impecables actuaciones de Angelina Peláez y Margarita Sanz, es otra de las obras que permanecen en mi recuerdo.

 

En la primera década del 2000, el director Boris Schoemann tradujo y montó “El canto del Dime-Dime” de Daniel Danis, dramaturgo canadiense, uno de los textos más hermosos que he leído y que he visto representados en escena, el cual narra las vicisitudes de los tres hermanos Durante y su enigmática hermana muda quienes se enfrentan a los truenos y a una sociedad que no los comprende.

 

He visto muchas obras con Ofelia Medina, sin embargo las que más recuerdo son “Exiliados” de James Joyce, “Traición” de Harold Pinter, y particularmente “Íntimamente Rosario de Chiapas”, escrita y dirigida por la propia Ofelia, con producción de Begoña Lecumberri. Ofelia creó la dramaturgia a partir de una selección de poemas de la escritora chiapaneca llevándonos por la vida de esta, pasando por momentos humorísticos, hasta su trágico final. Fue un monólogo donde una actriz consagrada llenaba todo el escenario con su voz, su presencia y su calidad histriónica.

 

Algunas obras memorables

 

Aunque es más conocido como actor y como director teatral, Juan Ríos escribió y dirigió “Pazword”, una dramatización de poemas suyos, y las obras “Atari” y “Dramarama”, esta última conformada por textos breves de otros autores, donde Ríos realizó la dramaturgia para conformar una obra sumamente redonda que él mismo dirigió. A partir de la pregunta “¿Qué es la vida?” se entrecruzan varias historias para al final volver a cuestionarnos con la misma interrogante.

 

Por razones de espacio no menciono todas las obras que me han marcado y que evidentemente son muchas más que estas; agregaría también “Hamlet por ejemplo”, escrita y dirigida por Héctor Mendoza; “Carta al artista adolescente” de Luis Mario Moncada y Martín Acosta, dirigida por este último, y “La noche de Epifania” de Gerardo Mancebo y Alfonso Cárcamo, dirigida por Ana Francis Mor.

 

Este es un brevísimo recuento de algunas de las obras que más me impactaron y de cómo la magia del teatro queda grabada en la memoria del espectador.

 

más información en la web de Humberto Robles

 

 

 

 

 


 

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