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Fran Vega
Viernes, 17 de junio de 2016
el menos romántico de los músicos románticos

El concierto para violín de Brahms

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Noticia clasificada en: Música clásica

Es difícil acercarse a las composiciones orquestales de Brahms sin haberlo hecho primero a las de Beethoven, en quien el músico de Hamburgo basó buena parte de su obra.

Y, al mismo tiempo, resulta indispensable tener en mente a Mozart, pues los dos se erigieron en pilares fundamentales de uno de los autores más importantes de la segunda mitad del siglo XIX.

 

El concierto para violín de BrahmsAños antes de que Brahms compusiera el Quinteto para clarinete en si menor op. 115 como descendiente tardío del Quinteto para clarinete en la mayor de Mozart KV 581, dio por finalizado su Concierto para violín en re mayor op. 77 tras haber aceptado y asumido la influencia del que Beethoven había escrito en 1806 para el mismo instrumento y la misma tonalidad (op. 61). Fue estrenado en Leipzig el 1 de enero de 1879 por el violinista, compositor y director de orquesta Joseph Joachim, amigo personal de Brahms.

 

Se ha escrito con frecuencia y argumentos que Brahms es el menos romántico de los músicos románticos. Y así es, porque la impronta de Bach, Mozart y Beethoven supuso durante toda su trayectoria una senda que rara vez abandonó. Y no fue necesario que lo hiciera para rozar con la punta de los dedos los nuevos movimientos musicales que llegarían a principios del siglo XX, de modo que al hablar de Brahms hablamos también de un curioso y fascinante puente tendido entre el clasicismo ortodoxo y los primeros pasos del jazz.

 

La composición de su primera sinfonía le costó veinte años de trabajo. Veinte años en los que avanzó, retrocedió y corrigió hasta que en 1876 consideró que ya estaba finalizada. Tras su estreno, y a pesar de su éxito, la Sinfonía n.º 1 en do menor op. 68 fue renombrada por el público alemán como La Décima, en referencia a las nueve escritas por Beethoven. Sin embargo, Brahms no se dejó amedrentar por esta comparación fácil y unos meses después terminó la segunda, en re mayor (op. 73), no mucho antes de escribir las primeras notas de su concierto para violín.

 

Para la escritura de esta obra tuvo que consultar en varias ocasiones a su amigo Joachim, pues la seguridad de Brahms ante el violín no era la misma que la demostrada ante el piano, aunque ello no impidió la incorporación de diferentes dificultades técnicas que en su momento llamaron la atención de críticos e intérpretes. Hubo quien escribió que no era un concierto para violín, sino «contra el violín».

 

El primer movimiento, Allegro ma non troppo, arranca con la aparición de fagotes, violas y violonchelos, que enseguida dan paso al instrumento solista. Dos breves temas preparan al oyente para el que se presenta a continuación, que el violín prolongará a través de una breve melodía hasta establecer un rápido diálogo con la orquesta. La cadencia, escrita por Joachim, anuncia la coda final.

 

Del Adagio que constituye el segundo movimiento se ha escrito que es, en realidad, una canción de paz, aunque algunos críticos han incidido en cierta fragilidad que el propio Brahms se reprochaba. Sin embargo, la introducción del oboe y las réplicas entre violín y trompa hacen de este movimiento lento uno de los más hermosos en la trayectoria del compositor.

 

Brahms pensó inicialmente en construir su concierto con cuatro movimientos, algo inusual en su género, pero decidió que el último sería un Allegro giocoso ma non troppo vivace con cierto aire húngaro, tal vez un pequeño homenaje a Joachim. El autor recupera en él la fuerza del primer movimiento y hace gala de un virtuosismo final que deja en el oyente, tras cuarenta minutos de audición, la inapelable sensación de haber asistido a una de las grandes obras para violín, acompañado en la orquesta por dos flautas, dos oboes, dos clarinetes, dos fagotes, cuatro trompas, dos trompetas y cuerdas. Una obra que es en sí una sucesión de contrastes y matices muy característicos de la trayectoria musical de su autor, el más clásico de los románticos.

 

Como ocurre en el caso del concierto de Beethoven, pocos violinistas han dejado pasar la ocasión de grabar el de Brahms, desde Arthur Grumiaux, Isaac Stern, Christian Ferras, Vadim Repin, Izthak Perlman y David Oistrach hasta Julia Fischer y Janine Jansen, entre otros intérpretes. En el sello discográfico Deutsche Grammophon pueden encontrarse las grabaciones de Anne-Sophie Mutter y la Berliner Philharmoniker, dirigidas por Herbert von Karajan, y de Lisa Batiashvili y la Staatskapelle Dresden, bajo la dirección de Christian Thielemann.

 

En el siguiente enlace pueden escuchar el Concierto para violín y orquesta en re mayor de Brahms interpretado por Hilary Hahn y la Frankfurt Radio Symphony Orchestra dirigidas por Paavo Järvi.

 


 

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