Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
►w_adblock_title◄

►w_adblock_intro◄

►w_adblock_explain◄

►w_adblock_closed_btn◄

Carmen Panadero Delgado
Sábado, 11 de junio de 2016
UN TRIUNFO OLVIDADO

ALARCOS

Guardar en Mis Noticias.

Todo el que habla o escribe sobre la batalla de Alarcos se refiere al desastre acaecido en la fatídica fecha de julio de 1195, cuando el rey castellano Alfonso VIII resultó derrotado por los ejércitos almohades y andalusíes junto al río Guadiana.

Y, sin embargo, no es esta la única batalla de Alarcos protagonizada por cristianos y musulmanes españoles. Ciento nueve años antes de esa aciaga cita, tuvo lugar en el mismo escenario otra gran contienda, que resultó contundente victoria para Castilla y que, no obstante, ha sido borrada de la memoria colectiva; únicamente nos la recuerda alguna crónica arábiga.

 

Corrían las últimas décadas del siglo XI. La España musulmana se hallaba dividida en múltiples reinos de taifas, mientras los reinos cristianos del norte peninsular iban, lenta pero inexorablemente, desplazando sus fronteras hacia el sur. Era Castilla el reino que había logrado las plazas más avanzadas, adentrándose como una cuña en el corazón de al-Ándalus. Su rey, Alfonso VI, tras largo asedio había conseguido al fin la rendición de la emblemática ciudad de Toledo; el 6 de mayo de 1085 se firmaba la capitulación, y el 25 del mismo mes el rey de Castilla hacía su entrada triunfal en la más fuerte y vetusta plaza del río Tajo.

 

UN TRIUNFO OLVIDADOEl júbilo de los cristianos por la recuperación de la capital de la Hispania visigoda solo pudo ser comparable al dolor de los muslimes andalusíes. Como habíase estipulado en las negociaciones, el rey Alfonso sentó en el trono de Valencia al débil rey de la taifa toledana, al-Qãdir. La respuesta de los demás reyes andalusíes fue servil; enviaron al monarca castellano sus embajadores con gran copia de ricos presentes y le hicieron saber que se ofrecían como sus recaudadores de contribuciones[1], y esto a pesar de que Alfonso acababa de arrogarse el título de "Emperador de las dos Religiones".

 

Entre tanto, reinaba la desunión entre las numerosas taifas y graves desavenencias entre algunos de sus régulos. Para su desgracia, las mientes del sagaz rey castellano no conocían un solo momento de reposo. Advirtió el último intento de unión de los muslimes, que tuvo lugar con ocasión de los esponsales del hijo del rey de Zaragoza; había este repartido invitaciones por todo al-Ándalus para, con ese pretexto, lograr reunir a todos los reyes musulmanes. Pero Alfonso VI supo cómo volver ineficaces sus acuerdos.

 

Había establecido la capital de Castilla en la recién recobrada Toledo y había nombrado walĩ (gobernador) de dicha plaza a Sisnando Davidiz, conde de Coimbra. Mas, como se percatara del peligro constante y de la inseguridad que para la capital suponía la extrema cercanía de su frontera sur con los reinos musulmanes, concibió un eficiente plan para llevar los límites de su reino desde el río Guadiana, donde se hallaban, hasta Sierra Morena. Para ello, tramó distraer a los andalusíes a fin de ocultar sus verdaderos designios, y en la primavera de 1086 puso cerco a la ciudad de Zaragoza, al mismo tiempo que enviaba algunas de sus mesnadas a razziar por Badajoz. Aquel asedio y estas maniobras trataban de impedir que se llevara a cabo la pretendida unidad musulmana y procuraba desviar la atención del que habría de ser su principal objetivo: la comarca del Guadiana y, sobre todo, las poblaciones de Calatrava y Alarcos.

 

Encaminose entonces Alfonso hacia el sur antes de acabar la primavera con la vista puesta en la ansiada plaza fuerte de Calatrava; era esta noble ciudad fronteriza del Guadiana puesto avanzado y vigía de todos los reinos de al-Mutamid desde que Sevilla conquistara Córdoba. En aquel tiempo pasaba la taifa sevillana por su momento de mayor esplendor y, desde el gran cabo de al-Garbia ( al-Garbe, oeste) hasta el mar de Murcia, todo le pertenecía sin que intermediase territorio ni señorío que no fuese suyo y no estuviese bajo su fe y amparo, excepto las tres pequeñas taifas del sur: Granada, Málaga y Almería. Cuando al-Mutamid tuvo noticias de que el soberano de Castilla se aproximaba a sus fronteras con presumibles intenciones, concentró y acuarteló su ejército, reclutó por todas sus provincias gran número de voluntarios y logró el refuerzo de esos tres vecinos del sur. Con Valencia, cuyo débil rey al-Qãdir debía su trono a Alfonso, no se podía contar, y mucho menos con la asediada Zaragoza y con la raziada Badajoz. Los ejércitos de Granada, Málaga y Almería confluyeron en Córdoba, donde se unieron a las tropas sevillanas. Allí recibieron correos que traían la nueva de que Calatrava había logrado resistir la embestida del rey castellano, pero anunciaban asimismo la pérdida de otras plazas fronterizas menores. Sin poder contener su indignación y alarma, resolvieron salir con sus huestes al encuentro de su adversario y tratar de frenar su avance.

 

UN TRIUNFO OLVIDADO

 

Los dos ejércitos se avistaron en Alarcos, y en sus cercanías acamparon los muslimes. A simple vista ambas fuerzas contrarias podían parecer igualadas en número, lo que procuró no pocas esperanzas a los andalusíes, pero, cuando a la mañana siguiente se midieron y enzarzaron, las tropas castellanas infligieron despiadada derrota a los fieles de Alá, haciendo en ellos atroz carnicería. Los vencidos hubieron de dirigirse a sus respectivos reinos, aunque después de haber dejado la sierra erizada de defensas y los puertos bien fortificados, ya que la victoria cristiana de Alarcos amenazaba directamente a Córdoba.

 

Sucedió a finales de la primavera de 1086 (probablemente en junio). El cronista cordobés ben Jaldũn se refiere a esta batalla como gran desastre para los musulmanes, en el que él mismo perdió a varios de sus familiares. Esta derrota fue motivo de una concentración de alfaquíes[2] en Córdoba, pues desde hacía largo tiempo venían reprobando a los señores de los reinos musulmanes, culpándolos de todos los males que aquejaban a al-Ándalus y afeándoles sus costumbres relajadas, sus vicios, su impiedad y, sobre todo, el cobro de tributos ilegales a sus pueblos con el fin de pagar parias al rey cristiano. Alfonso VI cobraba a los reyes de las taifas los dineros que luego empleaba en combatirlos; eran los andalusíes los que financiaban su propia aniquilación. Los alfaquíes, como solución extrema, determinaron redactar la última y definitiva llamada de auxilio a los almorávides africanos, de la que resultaría una nueva invasión de la península, en esta ocasión por una secta de fanáticos.

 

Al mismo tiempo, el rey al-Mutamid convocaba a otros régulos en Sevilla y, unidos, tomaban idéntica resolución: solicitar la ayuda de los almorávides. Es entonces cuando al-Mutamid pronunció la conocida frase "Antes prefiero ser camellero en África que porquero en Castilla", ante el peligro que intuía en aquellos sectarios y violentos refuerzos.

 

¿Cómo fue posible el total olvido de esa victoria de Alarcos por parte de los cronistas y posteriores historiadores cristianos?[3] Probablemente porque la derrota sufrida por los castellanos en Zalaqa —Sagrajas (Badajoz)— en octubre del mismo año 1086, solo cuatro meses después, anuló los efectos del anterior triunfo. Misterios de nuestra memoria colectiva.

 

[1] - Casi todos los reyes de taifas se habían visto obligados a tener que pagar tributos o parias a Castilla.

[2] - Alfaquí, religioso estudioso del Corán.  Doctor o sabio de la ley entre los musulmanes.

[3] - "El siglo XI en primera persona. Memorias de Abdallãh, último rey zirí de Granada (1090)", Alianza Editorial, 1980.-  "El Libro de las Banderas de los Campeones", ben Saîd  al-Magribĩ, Edic. Seix Barral, 1978.- "Historia de la dominación de los Árabes en España, sacada de varios manuscritos y memorias arábigas", recopilación de José Antonio Conde, Marín y Cª Editores, 1874.- "La España musulmana según los autores Islamitas...", C. Sánchez Albornoz, Espasa-Calpe, 1986.- Reinhart Dozy.- Levi-Provençal.- "El Collar de Aljófar" (novela histórica), Carmen Panadero, Editorial Leer-e, 2014. 


 


 

Acceda desde aquí para comentar como usuario registrado. Ser usuario registrado tiene muchas ventajas. Una de ellas es la posibilidad de guardar sus noticias y comentarios. Acceda desde aquí para comentar como usuario registrado. Ser usuario registrado tiene muchas ventajas. Una de ellas es la posibilidad de guardar sus noticias y comentarios.
¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Las nueve musas
Las nueve musas • Política de Privacidad
© 2017 • Todos los derechos reservados - ISSN 2387-0923
Powered by FolioePress