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Jorge León Gustá
Sábado, 11 de junio de 2016
EXCURSO SATÍRICO

DOS ENTREMESES CERVANTINOS Y UN SAINETE ESPAÑOL

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Noticia clasificada en: Teatro

Algunas voces se han alzado quejándose de que el año Cervantes carecía del esplendor que se merece el autor del Quijote. Y pronto la comparación con los actos realizados en Gran Bretaña alrededor de Shakespeare  este mismo año, ha hecho palidecer al más valiente.

DOS ENTREMESES CERVANTINOS Y UN SAINETE ESPAÑOL

 

No solo eso: mientras en la pérfida Albión el primer ministro se adelantaba a hacer públicos los grandes actos para conmemorar la muerte del vate de Avon, aquí en España, el primer ministro, Mariano Rajoy, ni salía a la palestra ni anunciaba nada —¡vaya novedad!

 

Lo que ocurre es que, en este país, como indicó el mismísimo Mariano... José de Larra, en un memorable artículo, la confianza que tenemos los españoles en nosotros mismos es solo comparable a la capacidad del Gobierno a reaccionar ante los problemas reales y urgentes que le surgen al paso, y son unos cuantos.

 

Así, desde las páginas de El País Jesús Ruíz Mantilla se quejaba de que mientras “el primer ministro británico David Cameron, lanzaba un artículo a nivel mundial para anunciar que 2016 será un año dedicado en cuerpo y alma a la conmemoración de la muerte de su autor universal [...] en España, diferentes instituciones se muestran entre ofendidas y preocupadas ante el secretismo con que se llevan las conmemoraciones de Estado.”

 

Aparecía una vez más aquí “la injusta desconfianza que de nuestras propias fuerzas tenemos”, como escribía Larra, y el paso del tiempo ha acabado mostrando que el pesimismo que se apuntaba a finales de enero no era real, sino mera desconfianza en las autoridades culturales de nuestro Gobierno, siempre dispuesto a potenciar la cultura sea cual sea su signo y su carácter: escrito, musical, pictórico, teatral, incluso dramático... si va asociado a algún titular de prensa. ¿O podía alguien pensar lo contrario?

 

“Hagamos más favor o justicia a nuestro país, y creámosle capaz de esfuerzos y felicidades”, escribía el gran Mariano... José de Larra. Y es que la desconfianza en nosotros mismos había hecho que no nos diéramos cuanta de cuál era el grandísimo esfuerzo y empeño que están poniendo las instituciones en homenajear a Cervantes en este año tan complejo, convulso y algo carnavalesco.

 

Veámoslo.

 

Los más adelantados de todos, aunque pueda sorprender a más de un despistado, están en Cataluña. No hay que dudarlo. Llevan años rindiendo homenaje al autor del Quijote. Es cierto que quizá de una forma muy original, tanto que, como en las performances del arte contemporáneo, resulta muy difícil encontrarles su verdadero sentido. O, simplemente, sentido, verdadero o falso. Todos sabemos que el espíritu de Cervantes está fuertemente arraigado en Cataluña. No olvidemos que es allí donde acaba sus días el bueno de don Quijote: en la playa de la Barceloneta, en duelo singular frente al caballero de los espejos. Quizá la Generalitat quiso devolver el famoso elogio a la capital, aquello de “Barcelona, archivo de la cortesía, albergue de los extranjeros, hospital de los pobres...”

 

El elogio cobra últimamente nuevo sentido, y se ha querido ir más allá del manido “archivo de cortesía”. Tenemos, por un lado, lo del “albergue de los estranjeros”, pues es en lo que se está convirtiendo la ciudad desde un tiempo a esta parte (si la alcaldesa no lo remedia con sus moratorias de hoteles, etc.), sobre todo desde que se ha descubierto que, puesta en pause transitoria la especulación inmobiliaria, el turismo se ha convertido en la nueva burbuja especulativa, el medio rápido y eficaz que unos cuantos han encontrado para seguir sacando tajada económica. En cuanto a lo de “hospital de pobres”, dejemos que solucionen el indigno problema del Centro de Internamiento para Extranjeros (CIE) de Zona Franca y el asociado a los manteros antes de seguir hablando de la cuestión.

 

 “Hagamos más favor o justicia a nuestro país, y creámosle capaz de esfuerzos y felicidades”. Eso es lo que pedía Mariano... José de Larra en su artículo: confiar en nosotros mismos y ser capaces de sacar de donde no se sospechaba lo mejor de nuestras posibilidades. Original tributo es aprovechar la realidad para rendir un merecido homenaje al más universal de nuestros autores.

 

Aunque algunos incrédulos sean reticentes, empeñados en que en Cataluña se está perdiendo el español, ha sido esta comunidad la que ha iniciado, ya hará un par o tres de años, los tributos y homenajes. No hay nada como calentar motores. Claro, que no con el Quijote (que ya tuvo su propio cuatricentenario el año pasado) sino con otras obras. Y se ha contado con la participación entusiasta de miles (dicen que millones) de personas. ¡Eso es movilización! ¡Eso es capacidad de convocatoria! No todo el mundo ha sido lo suficientemente fino y avispado como para comprender –con, quizá, la excepción de Els joglars, en una efímera función– el tributo realizado a uno de los más afamados entremeses de don Miguel. Me refiero, por supuesto, al Entremés del retablo de las maravillas.

 

El retablo de las maravillas, por el Teatro de la Abadía 

 

En esta breve pieza, vemos a dos personajes, dos cómicos de la legua, Chanfalla y Chirinos que intentan engañar mediante algún embuste a su público como sea. Este público serán lo que podrían considerarse las fuerzas vivas del pueblo, es decir, el gobernador, el alcalde, el regidor y el escribano. Tras la consabida adulación a las autoridades, presentan su espectáculo, conocido como el Retablo de Maravillas:

 

GOBERNADOR: ¿Y qué quiere decir retablo de las maravillas?

 

CHANFALLA: Por las maravillosas cosas que en él se enseñan y muestran, viene a ser llamado retablo de las maravillas; el cual fabricó y compuso el sabio Tontonelo, debajo de tales paralelos, rumbos, astros y estrellas, con tales puntos, caracteres y observaciones, que ninguno puede ver las cosas que en él se muestran, que tenga alguna raza de confeso, o no sea habido y procreado de sus padres de legitimo matrimonio; y el que fuere contagiado destas dos tan usadas enfermedades, despídase de ver las cosas jamás vistas ni oídas de mi retablo.

 

Evidentemente, cuando el retablo, un tapiz vulgar y corriente, empieza a mostrar sus maravillas, nadie ve nada, ni el Gobernador, ni el alcalde ni ningún otro personaje, pues no hay nada: todo es un engaño urdido por los actores. Pero nadie de entre el público se atreve a decir la verdad, pues podrían ser tenidos por bastardos o por judíos conversos, grave estigma social que relegaba a las personas a poco menos que a ciudadanos de segunda –o tercera– categoría.

 

Así que aquella tarde, el retablo empieza a mostrar sus maravillas, y todos asienten, y se emocionan y siguen el parecer común y general, participando de la falsedad, del engaño que existe entre lo que prometen, lo que se suponen que muestran, y la vacuidad real que existe.

 

¿Qué mejor tributo cervantino, homenaje en los años previos al centenario, adelantándose incluso a las fechas oficiales (es para calentar motores), que ofrecer el paraíso a la vuelta de la esquina, la felicidad suprema en la independencia, y que toda la familia se concentre ante el televisor de las maravillas el 11 de setiembre, o gritando ante urnas de cartón (con civismo, sí, y alegría cumbayá y chiruquera), sin que nadie se atreva a levantar un juicio adverso, so pena de ser considerado catalán de segunda –o tercera– categoría.

 

Y aunque las cosas cada vez se les están poniendo más difíciles a los indepenmaravillistas –sus disputas internas sí que son cosas “jamás vistas ni oídas”–, parece que, aunque caigan de bruces el día anterior, al siguiente siempre abren su discurso con las palabras finales del entremés cervantino: “la virtud del retablo se queda en su punto, y mañana se lo podemos mostrar al pueblo”.

 

Vaya por delante que todas las personas que han salido a la calle (un millón, dos, los que sean), merecen mucha mayor consideración, mejor respuesta, que la callada que ha dado, como de costumbre, el Gobierno.

 

Pero el retablo de las maravillas sigue con sus funciones, y ahora se prometen más y mejores cosas “jamás vistas ni oídas”, para de aquí a catorce meses.

 

No contentos con esto, el Gobierno español, en sana competición, que es lo que en este país genera la cultura, ha decidido emular al autonómico, y realizar, una adaptación contemporánea de otro entremés cervantino que, además, consiga movilizar a todo el país. Y no han buscado otro que el Entremés de la elección de los alcaldes de Daganzo.

 

La acción se sitúa en un pequeño pueblo próximo a Alcalá de Henares. La escena presenta a unos aldeanos que han de elegir a sus alcaldes. Tienen cuatro candidatos, “hombres todos de chapa”, es decir, de valor. Como no saben por cuál decidirse (tomen nota, señores candidatos), se presentan ante ellos y cada uno explica cuáles son sus cualidades o, al menos, sus características. No se hace en forma de debate (¡lástima!), sino que los candidatos son examinados por el escribano, el bachiller y los regidores.

 

Empiezan con Juan Humillos, que tiene en común con algún candidato el ser analfabeto, pues considera que en su familia no ha habido nunca

 

...persona tan de poco asiento,      

que se ponga a aprender esas quimeras,  

que llevan a los hombres al brasero,         

y a las mujeres, a la casa llana.       

 

Es decir, si no sabe leer es porque la lectura no puede traer nada bueno: a los hombres, al brasero, es decir, a morir quemados en la hoguera, por pensamiento heterodoxo, alejado del pensamiento único, que diríamos hoy en día; a las mujeres, a las casas de prostitución, la casa llana.

 

Uno de los aldeanos le pregunta si con esos escasos conocimientos piensa que puede ser un buen alcalde, a lo que Humillos responde, seguro de sí mismo, del honor y confianza en la tradición:

 

Con esto, y con ser yo cristiano viejo,        

me atrevo a ser un senador romano.

 

El siguiente candidato, Jarrete, ya sabe leer algo, aunque tampoco podemos echar campanas al vuelo: “sé leer, aunque poco; deletreo, / y ando en el beabá bien ha tres meses”, lo cual ya es todo un logro para un cargo público. Para que luego no se diga que los candidatos no se preparan de cara a las elecciones. Ahora bien, se considera (aunque no está demostrado que lo sea), de lo más honrado, pues se declara “cristiano viejo como todos”.

 

Berrocal es el tercer alcaldable, que presenta, una habilidad aparentemente interesante: “Tengo en la lengua /toda mi habilidad”, lo cual nos podría hacer suponer que es un hábil orador, pero no van por ahí los tiros: es un gran catador de vinos, pues “sesenta y seis sabores estampados / tengo en el paladar, todos vináticos”. Confiesa que “cuando estoy armado a lo de Baco / así se me aderezan los sentidos”, cosa que lo convierte en un candidato tan campechano como prometedor.

 

El cuarto, Pedro Rana, posee una rarísima habilidad, extraña en los tiempos antiguos y más todavía en los modernos: no piensa dejarse sobornar, ni hacer favores ni recibirlos

 

Yo, señores, si acaso fuese alcalde,

            mi vara no sería tan delgada          

            como las que se usan de ordinario:

            de una encina o de un roble la haría,        

            y gruesa de dos dedos, temeroso   

            que no me la encorvase el dulce peso       

            de un bolsón de ducados, ni otras dádivas,          

            o ruegos o promesas o favores,      

            que pesan como plomo, y no se sienten   

            hasta que os han brumado las costillas     

            del cuerpo y alma.

 

Este parece el candidato ideal. Pedro Rana lo pinta todo tan bien y tan bonito, que el candidato Humillos, al ver que pierde puntos, recurre a una estrategia nunca antes vista ni oída: sugiere que lo que hace su oponente es prometer lo que la gente quiere oír, para después hacer todo lo contrario:

 

Esos ofrecimientos que ha hecho Rana,    

 son desde lejos. A fe que si él empuña     

vara, que él se trueque y sea otro hombre

del que ahora parece.

 

Y aunque Humillos promete no cambiar en el momento en el que tenga el poder (“si me dan la vara, verán como / no me mudo ni trueco, ni me cambio”) al final la elección queda interrumpida, pues entran músicos y bailarines en escena, e interrumpen el acto.

 

¿Cuál es el resultado? No podía ser otro: puesto que no han podido ponerse de acuerdo, deciden posponer la elección para otro día. Y se ven obligados a repetir la elección. No sabemos si al día siguiente o seis meses después.

 

Después de esto, ¿quién tiene el valor de decir que en este año Cervantes no se rinde tributo a tan grande autor? y, como afirmaba el valentón del soneto cervantino,

 

...el que dijere lo contrario, miente.

Y luego, incontinente,

caló el chapeo, requirió la espada,

miró al soslayo, fuese, y no hubo nada.

 


 

 

 

 

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1 Comentario
Fecha: Domingo, 19 de junio de 2016 a las 02:21
Luis Peinado
Sin duda alguna nadie es profeta en su tierra. Muchas gracias por esta aportación.

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