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Fran Vega
Domingo, 3 de abril de 2016
una de las piezas más conmovedoras de la historia de la música

El adagio de Barber

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Noticia clasificada en: Música clásica

El cine, la publicidad y hasta la política han contribuido a popularizar el Adagio for strings que Samuel Barber compuso en 1938, sin duda una de las piezas de cámara más conocidas del pasado siglo.

El adagio de Barber

 

En realidad, se trata de una versión para orquesta del segundo movimiento de su cuarteto de cuerda n.º 1 en si menor que había compuesto dos años antes. Treinta años después haría una nueva adaptación para coro mixto de ocho voces.

 

Barber, que había nacido en Pensilvania en 1910, compuso el cuarteto poco después de ingresar en la prestigiosa American Academy of Arts and Letters, y fue Arturo Toscanini quien le sugirió que hiciera una nueva transcripción del adagio, si bien la relación entre compositor y director no fue tan fluida como pudiera parecer, lo que en el caso del segundo no llama especialmente la atención.

 

A principios de 1938, Barber envió a Toscanini la partitura modificada del adagio, pero este se la devolvió sin ningún comentario, lo que irritó al autor. Sin embargo, el director argumentó no solo que la había memorizado, sino que la estrenaría al cabo de unos meses. El 5 de noviembre de ese mismo año, Toscanini se puso al frente de la Orquesta Sinfónica de la NBC —que la National Broadcasting Company había creado para él— y dirigió el adagio para todos los oyentes de la popular cadena de radio.

 

El éxito fue inmediato y Barber logró que su obra anterior también fuera interpretada, así como que sus composiciones siguientes —música de cámara, óperas y obras corales— fueran recibidas con interés y respeto hasta la fecha de su muerte, en enero de 1981.

 

Mientras tanto, el adagio para cuerdas incrementó su popularidad debido, entre otras razones, a que acompañó el anuncio radiofónico en el que se leyó el comunicado de defunción de Franklin D. Roosevelt en abril de 1945, unas semanas antes de que concluyera la segunda guerra mundial. También sirvió de fondo musical a la información radiofónica que anunció a los estadounidenses el asesinato de John F. Kennedy, en noviembre de 1963. Muchas décadas después sería interpretada durante la ceremonia que rindió homenaje a las víctimas del atentado del 11 de septiembre de 2001, en Nueva York. Para algunos críticos y musicólogos, este adagio es para los norteamericanos lo que las Variaciones Enigma, de Elgar, es para los británicos. Y muy probablemente es así.

 

La pieza, de unos ocho minutos de duración, se inicia con una línea melódica a cargo de los primeros violines, a los que siguen las violas, que enlazan con la sección central ejecutada por los violonchelos para que las cuerdas alcancen su escala más alta, momento en el que se produce un silencio demoledor. A continuación, los primeros violines y las violas, esta vez al unísono, reformulan el tema original para que después los violines ejecuten las cinco primeras notas en el registro más alto, tras lo cual se ejecuta un breve silencio antes del cierre final.

 

El adagio de Barber es, sin duda, una de las piezas más conmovedoras de la historia de la música y fue incorporada a la banda sonora de películas como El hombre elefante (David Lynch, 1980) y Platoon (Oliver Stone, 1986), además de haber sido objeto de numerosas versiones discográficas de variada fortuna y de formar parte de algunos videojuegos.

 

En cualquier caso, siempre es bueno regresar a la impresionante lectura original de la partitura que Barber escribió, como la que ejecuta la Detroit Symphony Orchestra dirigida por Leonard Slatkin. Ocho minutos en el que el mundo, por fin, se detiene.

 

 


 

 

 


 

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