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Fran Vega
Miércoles, 22 de junio de 2016
Amadeus

Ave verum

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Noticia clasificada en: Música clásica

Tres minutos. Tres minutos es la duración aproximada de una de las composiciones más conmovedoras de la historia de la música. Fue escrita por Mozart en la primavera de 1791, pocos meses antes de morir.

Se trata de una pieza capaz de abrir los ojos de quien en un instante quiere despedirse de cualquier forma de vida. Una pieza delicada para recibir a quien llega por primera vez al mundo y escucha aún desnudo los latidos de su propio corazón. Una pieza perfecta para quien necesita, alguna vez, reconciliarse con el largo y difícil camino de los años.

 

El himno eucarístico Ave verum corpus fue escrito en el siglo XIV y su autoría se atribuye al pontífice de origen francés Inocencio VI. Se cantaba durante la consagración como una manifestación de fe en la transubstantación del cuerpo de Cristo.

 

El breve texto latino, que no ha sufrido modificaciones en los últimos siete siglos, expresa así la doctrina que sería definida en el concilio de Trento: Ave verum corpus, natum / De Maria Virgine, / Vere passum, inmolatum / In cruce pro homine, / Cuius latus perforatum / Unda fluxit et sanguine, / Esto nobis praegustatum / In mortis examine. / O Iesu dulcis, o Iesu pie, o Iesu fili Mariae!

 

La traducción castellana, que en ocasiones varía según las versiones, es la siguiente: Salve, verdadero cuerpo, nacido / de la Virgen María, / verdaderamente atormentado, sacrificado / en la cruz por la humanidad, / de cuyo costado perforado / fluyó agua y sangre. / Déjanos apreciarte / en el trance de la muerte. / ¡Oh, dulce Jesús, oh, Jesús piadoso, oh, Jesús, hijo de María!

 

Mozart en 1789, dos años antes de morirCuatrocientos años después de que el papa lo escribiera, el compositor Leopold Hoffmann, que era maestro de capilla en la catedral vienesa de San Esteban, cayó gravemente enfermo y Mozart vio en esta circunstancia la ocasión de obtener algún dinero, a pesar de que las composiciones sacras no se encontraban entre sus preferidas. Así que tras terminar el concierto para piano n.º 27 (KV 595) y el quinteto de cuerda n.º 6 (KV 614), y mientras transcribía las últimas notas de Die Zauberflöte (KV 620), La clemenza di Tito (KV 621) y el concierto para clarinete (KV 622), el maestro de Salzburgo compuso un motete para coro mixto, dos violines, viola, bajo y órgano: Ave verum en re mayor (KV 618).

 

Los últimos meses de la vida de Mozart fueron de una actividad frenética que culminaría con la inacabada misa de réquiem (KV 626), pero durante aquella primavera de 1791 encontró la serenidad suficiente para componer este motete para la fiesta del Corpus Christi, por lo que fue terminado el 18 de junio. Mientras tanto, su esposa Constanze permanecía en el balneario de Baden, razón por la que el músico dedicó la obra a Anton Stoll, director del coro parroquial de la localidad.

 

La simplicidad de la pieza es, precisamente, una de las razones de su belleza y perfección. Son cuarenta y seis compases en los que se incluye toda la parte coral desde la introducción hasta el fin con una única referencia dinámica: sotto voce. La sencillez es la nota predominante en el tratamiento del coro, mientras que la orquesta sostiene una función secundaria al separar e introducir las secciones vocales y facilitar la respiración de las voces mediante diseños melódicos con escasos contrastes.

 

El compositor austríaco Arthur Schnabel dijo de esta composición que era «demasiado sencilla para los niños, pero demasiado difícil para los adultos». Y no le faltaba razón, pues tras su audición surge siempre un mismo interrogante: ¿cómo es posible que algo tan breve produzca tanta emoción? Quizá a esta pregunta ni el propio Mozart hubiera sido capaz de responder.

 

Son tres minutos. Pero nunca antes ni después tres minutos de música han sido capaces de mostrar todo el genio de un compositor mediante una de las piezas más apacibles que hayan podido escuchar. Una pieza que inevitablemente consigue que la vida parezca mejor. No es poco.

 


 

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