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Carlos Villarrubia
Miércoles, 15 de junio de 2016
NOMBRANDO LO INVISIBLE

VÍCTOR MANUEL

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Noticia clasificada en: Música popular

Trastean las palabras saltarinas por las alturas de Narcisos-Madrid; será que buscan luz y geografía, será-será que saben decir sí a la verdad del bloc y los atriles, a la ilusión que asoma de maitines al rítmico runrún sin retintín

VÍCTOR MANUEL, NOMBRANDO LO INVISIBLE.

 

Es cuando el autor huye de los esquemas y olvida el lenguaje-consigna, conecta con lo humano y tal vez marginado; con los seres que piden canción, esencia y melodía. Aún queda alguna antología del 27 rodando a la deriva por el marco abuhardillado.

 

Palabras de Aleixandre y Alberti trazando ruta, escena y utopía. Ahí está el lunático de guardia quedando con su mujer de nube, se cuela en tragaluz la sonatina de un errante acordeonista.

 

Pide espacio abierto Víctor Manuel; sabe que los hallazgos parten del extravío y en el empeño de cuando en cuando afina y sorprende con retratos de robinsones urbanos, de amores en retaguardia y cromos sin nostalgia enfermiza.

 

Atiende y escucha soledades, sobrevuela ventanales para huronear en las historias mínimas,negadas por los grandes titulares.

 

Víctor tiene empatía y simpatía con el descolgado de su cielo particular, también con quien vive su ensueño en la neblina de la intimidad. Todo con arte de ternura e ironía de trazo suave cuando no se demora en la canción-crónica. Pocos autores son capaces de perderse con tanta finura de explorador por los zarzales de una realidad invisible.Pareces transparente,

 

Érase una vez el año 2000, Mi gato nunca estudió...En el reparto de su pequeño Macondo hay xanas, trasgus, cuelebres tal vez ayalgas o ventolines trepando por Casomera, barquitas de esperanzas varadas en Cudillero o canciones de paciente enamorado a la pálida luz de la luna. Y ahí aparece el más luminoso Víctor, subido a la memoria popular de charangas, rondas, pasacalles y orquestinas como un neopescador coplero capaz de rumbear, amagar un pasodoble o admirar desde la barra las evoluciones del mambo o del cha cha chá.

 

A modo de flautista de Hamelín concita toda suerte de ritmos para acompañarnos de parranda por el hotel se su mente cuando la ciudad calla o la musa de Embajadores decide seguir la pista de Cole Porter por las calles de Madrid.

 

Tiene Víctor Manuel memoria activa y vinculante para que los personajes no languidezcan en el costumbrismo. Bestiario comprensivo con virtudes y debilidades, airado si es preciso pero con las puertas abiertas a pícaros y esperanzados, a ingenuos y desencantados. Al fin Cada uno es como es y cuando llega el arriba el telón es bueno contar con el aroma del cabaret centroeuropeo, con los aromas despendolados del Berlín más ácido, con los toques de opereta vienesa o el perfume a puro París.

 

Y cuando se trata de andar por la geografía erótica...de México a Chile, de Argentina a las Antillas las músicas del alma dotan de contenido a la palabra galopante...Como no estabas tú, Con un poco de ti tengo bastante...Sin dar la espalda a la sabia tradición pero con el cuaderno abierto al encuentro con nuevos paisajes, el autor compone magníficos retratos La hija del mago, El lanzador de cuchillos, María de las mareas. Personajes condenados al olvido en un mundo que todo lo magnifica en su fugacidad y que suele destruir lo que construye con cariño.

 

Los que amamos el privilegio oficio de songwriter y vemos crecer palabra y ritmo en divina armonía tenemos siempre a Víctor como referencia de un camino dado a la bella deriva de encontrar nuevas orillas, senderos-sorpresa, claros en el bosque de lo sonidos y con el añorado Lucio Dalla tal vez buscar el hilo melódico italiano en alguna Piazza Grande, donde algún prestidigitador de lo imposible inaugure un nuevo bazar de las utopías.

 


 


 

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