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Diego Moreno
Domingo, 24 de julio de 2016
México: Historia, identidad y Literatura

Miguel Hidalgo y Costilla

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Noticia clasificada en: Ensayo

Este ensayo se pretende elaborar un bosquejo con influencia neohistoricista, mas no en su totalidad, de la figura mítica más notable entre las investigaciones historicistas y/o literarias: el héroe independentista Miguel Hidalgo y Costilla

 

Pero la propaganda no puede de ningún modo limitarse a una guerra única y aislada. Tiene que develar el contenido social y las condiciones y circunstancias

George Lukács

Emancipación y romanticismo eran, en efecto, corrientes paralelas y parecían alimentarse mutuamente

José Luis Martínez

Porque, o es falso que la literatura es el reflejo de la vida de un pueblo, o es preciso admitir que cada pueblo de los que no están sumidos en la barbarie es llamado a reflejarse en una literatura propia y estampar en ella sus formas

                                                                                                                     Andrés Bello

 

La historia política, económica y cultural de México desde sus comienzos como la idea de una nación en el siglo XVIII y su independencia de la colonia en el siglo XIX, hasta en nuestra actualidad, la del siglo XXI, han sido un eje de poder para la literatura y demás artes, lo cual contextualiza la construcción narrativa de la historiografía literaria mexicana. De esta manera, se puede teorizar que todo texto literario, principalmente el de valor histórico, contiene funciones de poder (Uwe Hohendahl 1992: 91); o como dijo Hayden White, cabecilla del New Historicism “[la obra histórica es] una estructura verbal en forma de discurso en prosa narrativa” (White 1992: 9); así que es menester la revisión, crítica y deconstrucción tanto de los textos históricos oficiales y de las novelas que competen para generar las pertinentes dialécticas entre textos y sus discursos.

Y también, claro, revisar la figura de Miguel Hidalgo.

 

Por eso mismo, en este ensayo se pretende elaborar un bosquejo con influencia neohistoricista, mas no en su totalidad, de la figura mítica más notable entre las investigaciones historicistas y/o literarias: el héroe independentista Miguel Hidalgo y Costilla.

 

De este modo, aunque vivamos en una contemporaneidad o posmodernidad bastante avanzada, este trabajo no es para nada ahistoricista, ya que se ha creído que la narrativa posmoderna o contemporánea, léase la novela Los pasos de López de Jorge Ibargüengoitia, es ahistoricista (Navarro 2002: 13) o que siempre los estudios comparados de las Américas “han estado tradicionalmente orientados hacia el análisis de la relación entre obras producidas en el Nuevo Mundo y sus modelos europeos” (Navarro 2002: 13); pero este no será este caso, aún cuando se haya pensado que las obras latinoamericanas, “o bien son ignoradas, o mencionadas como exóticas ilustraciones de teorías construidas sobre modelos europeos o estadounidenses”, México y los demás países latinoamericanos han tenido un largo camino sociohistórico independiente que no se puede solapar porque no son europeos o porque no son estadounidenses: las “latinoaméricas” tuvieron su propio desarrollo, su propia identidad, aunque sin rechazar su estrecha comunicación cultural hacia la cultura europea, América tuvo su propia evolución, por así decirlo, identitaria dentro de la ética, la estética y epistemológica: los países latinoamericanos son sus propios fundadores de sí mismos, sin necesidad de ser comparados con otros países transatlánticos.

 

¿Y por qué recalcar esto? ¿Cuál es la razón? ¿Dónde empezó esta búsqueda de identidad específicamente mexicana con Miguel Hidalgo? La historia, y la Historia liberal mexicana, empieza con la Nueva España, la colonia española que en la historiografía relativamente antigua, específicamente la del siglo XIX, la cual sigue siendo políticamente legítima, con fines de nepotismo, fue un Estado socioeconómico tirano y paupérrimo, pero los historiadores con afanes liberales calificaron con críticas exacerbadas contra aquel tipo de sociedad colonial[1], argumento que ha sido manipulado a lo largo de los años por los conjuntos políticos hegemónicos que han existido, tiñendo de blanco y oscuro eventos y acontecimientos, de lo cual aquí es pertinente recordar esta frase popular: la historia la escriben los vencedores.

 

Miguel Hidalgo, México: Historia, identidad y Literatura

 

Todo empezó cuando se levantaron en armas los insurgentes, donde hubo masacres y se escribieron actas, planes y constituciones; hubo sucesiones de rey a emperador; de emperador a presidente; se perdió territorio que se anexó al país vecino; hubo odas, baladas y anatemas; elementos históricos en conjunto que hoy en día se siguen escribiendo y reescribiendo en libros oficialistas y no oficialistas dentro y fuera de México; pero, ¿qué pasaba con la Historia como ciencia o ciencia empírica? ¿Qué fue del arte, de las Humanidades? ¿Qué fue de la Literatura en México? Son cuestiones que hasta hoy en día se plantean todavía con el aire de no haberse respondido con certeza. No obstante, existían intelectuales que discutieron encarnizadamente sobre qué fue México, qué era, cómo debía de ser tratada su historia, cultura y tradición… Y la literatura, particularmente la novela, tomó parte de esa discusión.

 

Según José Luis Martínez “La práctica del nacionalismo literario precedió a las teorías, pues éstas sólo aparecieron, en forma orgánica y significativa a partir de 1868” (Martínez 1955: 60) o como dijo el poeta Andrés Bello “porque, o es falso que la literatura es el reflejo de la vida de un pueblo, o es preciso admitir que cada pueblo de los que no están sumidos en la  barbarie es llamado a reflejarse en una literatura propia y estampar en ella sus formas” (Bello 1848: 372); ambas afirmaciones son acertadas, pues la purificación poscolonial mexicana empezó con un nacionalismo literario: antes de que existieran teorías económicas, históricas o sociológicas sobre México, las odas, los poemas épicos y las novelas históricas y costumbristas reafirmaron la historia mexicana como nación, y, así, escenificaron la Independencia de México y sus posteriores guerras. Sin desconocer esta tradición, hay que reconocer que también se encuentran las nuevas novelas históricas, cuyo auge se da a partir de la década de los sesenta, siendo sus principales objetivos: 1) la crítica hacia lo que se dijo que era la “historia objetiva/oficial”, así como 2) replantear las ideas antropológicas y filosóficas del individuo y su sociedad con el pasado y, en algunos casos, humanizar a los personajes principales de la Historia.

 

Para esto, ¿qué tan importantes fueron los eventos y acontecimientos por los que experimentó México en el siglo XX? México, todavía un siglo después, no dejó de ser un país embrionario sino hasta en 1910, con el inicio y después terminación de la afamada Revolución mexicana; México todavía en el siglo XX no tenía claramente definido lo que era ser mexicano, ni también si creer en sus orígenes, por eso se escribieron libros sobre “laberintos de la soledad”, “jaulas de melancolías” y “perfiles sobre el hombre y la cultura”, entre otros escritos como las contestatarias nuevas novelas históricas. Además, con los genocidios, los cantos populares, comidas típicas mexicanas e íconos que con el tiempo se reconocieron internacionalmente, el país mexicano tuvo varias metamorfosis en el campo político durante el siglo XX, que lo llevaron a repensar su historia. México sobrevivió a un convulso siglo XIX, único y formativo −así como las demás colonias que poco a poco se independizaban en América; pero también el siglo XX sorteó las cartas en su historiografía, de esta forma, podría decirse que México ha tenido dos caras en una sola moneda: la que surge de lo que dejó para una centuria la Revolución de independencia y, del otro lado de la moneda, la resultante que dejó para el siglo XX la Revolución mexicana de 1910.

 

Por eso mismo, es necesario investigar los distintos fenómenos y procesos históricos y culturales que se produjeron en México en el siglo XIX, los cuales formaron una valoración y representación determinada de la independencia de México junto a la figura de su principal gestor, Miguel Hidalgo[2]. Es por esta razón que Juan Díaz Covarrubias y Jorge Ibargüengoitia se deben de colocar como escritores importantísimos en el área de investigación literaria con un enfoque neohistoricista, ya que tanto en la historia y literatura de México es de gran utilidad para un enriquecimiento ontológico, porque al escribir la romántica novela histórica de Gil Gómez, el insurgente, o la hija del médico, se conforma un viaje al pasado, hacia los tiempos de los insurgentes mexicanos, particularmente hacia la época del levantamiento de Miguel Hidalgo y sus numerosas huestes, con una perspectiva ética y estética atractiva, la cual busca desarrollar integradamente los distintos elementos que intervinieron en el papel histórico de Miguel Hidalgo y el movimiento independentista que desencadenó; y, por otro lado, a Ibargüengoitia con Los pasos de López, en su versión contraoficialista, o, en términos menos solemnes, carnavalesca.

 

Y, así, se pudiera decir que todo se precipitó con un grito en una ciudad de lo que ahora es Guanajuato, pero lo demás, pues… es historia.

 

Y literatura.


[1] Lésae ensayos y libros de Histora de Lucas Alamán, y sus correligionarios; de igual manera se recomienda la lectura de planteamientos históricos contraoficialistas de investigadores contemporáneos.

[2] Entiéndase por figura con estos significados: f. Cosa que representa o significa otra.; f. Estatua o pintura que representa el cuerpo de un hombre o animal.; f. Actor que lo representa.; f. Persona que destaca en determinada actividad; información extraída de la vigésima tercera edición de la Real Academia Española (RAE)


 

 

 

 

 

 

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